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martes, 3 de marzo de 2015

El dios del desierto

El dios del desierto

Wilbur Smith
Duomo, 2015
434 pp

'El dios del desierto' es un entretenimiento. Bien fundado históricamente y en tono de aventura, busca mantener viva la atención del lector en un Egipto que sólo conocemos por la arqueología.


Wilbur Smith
Duomo, 2015
434 pp





Egipto es para el viajero al 50% un país real y al otro 50% un país anclado en el pasado. Dos mil años de imperio faraónico, una sólida civilización que se mantuvo en época romana y un legado arqueológico desbordante hacen de este país remoto algo real, al alcance de nuestras miradas y que podemos tocar aún hoy con nuestras propias manos.

Pero ese algo real resulta ahora parte de la arqueología, dominio de los estudiosos encargados de mantener y de revisar las teorías sobre un viejo patrimonio atrapado en el pasado. El Egipto faraónico es sobre todo un Egipto muerto. Y sin embargo se hace inevitable preguntarse ¿cómo fue la vida de quienes construyeron todo aquello?¿Cómo fue realmente ese imperio y cómo lo vieron quienes vivieron en él?¿Qué sentido tuvo, al margen de esa visión arqueológica que parece haberlo congelado en un pasado lejano y haber ocultado el lado humano que sin duda tuvo?

Wilbur Smith es un clásico de la novela histórica convertida en bestseller y ha encontrado en Egipto una fuente de inspiración. Su libro, El dios del desierto, es propiamente un libro de acción que se sitúa en torno al siglo XVIII a.C. Relata las aventuras que se desarrollan con ell objeto de recuperar el dominio del norte de Egipto del que ha sido expulsado el pueblo egipcio tras la invasión de los hicsos. No estamos ante un relato de vida cotidiana. El foco que dirige la mirada del autor no es el del pueblo. Es el del entorno del faraón, después de su derrota frente a un pueblo extranjero más poderoso pero menos culto y a ojos de los egipcios inferior. Los asuntos de estado, que vienen a ser la diplomacia y la guerra, alimentan el desarrollo de la aventura que capta enseguida el interés del lector. Y la perspicacia y aguda personalidad de quienes mueven los hilos de la trama dan sabor a la historia y añaden intriga a la continua sucesión de acontecimientos.

El dios del desierto es un entretenimiento. Bien fundado históricamente, busca mantener viva la atención del lector creando para él una entretenida aventura. Pero es también un relato vivo y lleno de personajes que sin duda añadirán a ojos de quien lo haya leído una dimensión humana al espectáculo espléndido pero impersonal que ofrecen los magníficos restos que se conservan de la antigua civilización egipcia.

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viernes, 21 de noviembre de 2014

El Arca de Noé

El Arca de Noé

Khaled al Khamissi
Almuzara, 2014
357 pp

Crítico, comprensivo y agudo Khaled al Khamissi, con El Arca de Noé, vuelve a llevarnos a un Egipto lleno de vida y matizado por el distinto color que le da cada uno de los personajes que crea.



Khaled al Khamissi
Almuzara, 2014
357 pp





Khaled al Khamissi practica lo que podríamos llamar la narración especular, es decir la que elige distintos reflejos para componer, a través de todos ellos, la imagen que desea mostrar. Se estrenó, al menos en España, con Taxi, ese recorrido por El Cairo en compañía y en diálogo con el taxista que día tras otro le iba tocando en suerte a nuestro autor camino al trabajo.
Ahora, con un horizonte màs amplio porque se sale de El Cairo e incluso de Egipto, vuelve a tratar con diversos personajes, egipcios todos y además jóvenes, para trazar una imagen del país a base de las experiencias de cada uno, de sus aspiraciones y de sus afanes y también de sus ilusiones.

Pero no es de un reportaje, aunque fuera ficticio, de lo que estamos hablando. Estamos ante una novela y ante unos personajes de creación propia, que no por inventados dejan de representar la realidad del Egipto de hoy. ¿Nos enfrentamos a una historia de frustración y de sufrimiento? ¿A la historia de una generación joven que desborda las fronteras de lo que el país ofrece y desea romper por donde sea el espacio estrecho en el que vive después de ver por la televisión que existen otros mundos? Pues sí. Es una historia de sufrimiento pero de una juventud que no se deja vencer por él y sobre todo contada con humor y desparpajo admirables.

El Arca de Noé de la que hablamos, que no es más que la comunidad de ese grupo de jóvenes, salidos cada cual de su padre y de su madre, cogidos a lazo para armar el relato, y braceando para mantenerse a flote y terminar indemnes a pesar del diluvio.

Khaled al Khamissi es directo y familiar en el lenguaje, porque es directo también expresando sus ideas sin tapujos. Tiene la frescura de quien conoce la calle y la sabiduría práctica de quien se ha pateado el bazar. Seguramente por ello, lo que cuenta –sobre todo en la primera de las historias- tiene resonancias de Las mil y una noches. Su historia es una fantasía tan pegada a tierra que se convierte en la realidad. La realidad de su país y de su gente. De un país absurdo que tropieza consigo mismo en cuantos pasos da, y de una gente amarrada a ese país y a esa cultura convertidos, país y cultura, en pasión y cárcel al mismo tiempo.

Ahmad, el personaje con el que arranca la novela de Khaled al Khamissi es como Aladino, inocente por un lado, pero lo suficientemente sabio para desentenderse de la escuela porque, quien ve mucho más allá, no está para perder el tiempo acudiendo a clase. Bajo el lema de sobrevivir y de prosperar hay que hacer piruetas para mantener los principios. Fidelidades, si, pero las justas, porque empezando por el propio país todo es un disparate.

“Si tuviera hijos en el extranjero ¿volvería a Egipto para que se educaran aquí? –se pregunta Ahmed-. Ni de coña. Como mucho vendría de visita pero no más” –se responde él mismo y responde también Khaled al Khamissi para orientar al lector de por donde van los tiros.
Ahmed primero y luego en mayor o menor medida el resto de los personajes sufren el síndrome de Cándido. Son de natural almas bondadosas en un mundo de lobos, incapaces muchas veces de conjugar sus principios con la realidad del mundo que les ha tocado vivir. Y por ello no hay más remedio que tomarse las cosas con un cierto humor y con todo el cinismo. “La economía sumergida es la base de este país. Si nos ajustáramos a la legalidad habríamos muerto todos de hambre”

Crítico, comprensivo y agudo Khaled al Khamissi vuelve a traernos un Egipto lleno de vida con el distinto color que le da cada uno de los personajes que crea. Un Egipto que habla de la calle y de los jóvenes, de las esperanzas y de los obstáculos que se interponen en el camino. En definitiva, habla del presente que dibuja con trazos magistrales para que el lector llegue más allá de lo que le cuentan los periódicos y además tenga la ocasión de pasar un buen rato con la lectura.

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lunes, 15 de abril de 2013

Siria: Guerra, Clanes, Lawrence

Siria: Guerra, Clanes, Lawrence

Jesús Gil, Ariel José James y Alejandro Lorca
Algón Editores, 2012
230 pp.

¿Será culpa de la crisis y del desconcierto que genera? El caso es que este blog se parece cada vez más a un espacio de comentario político que a un lugar dedicado a la literatura de viajes....


Jesús Gil, Ariel José James y Alejandro Lorca
Algón Editores, 2012
230 pp.





¿Será culpa de la crisis y del desconcierto que genera? El caso es que este blog se parece cada vez más a un espacio de comentario político que a lo que inicialmente debía haber sido, es decir un lugar dedicado a la literatura de viajes.

Déjenme hacer una micro-teoría al respecto y divagar un solo segundo. Seguramente parte de lo que ocurre es que la mentalidad de los viajeros ha cambiado y la realidad de los viajes también. Por supuesto, sigue habiendo por el mundo exotismo y escritores dispuestos a trasladarlo a los libros, pero los medios de comunicación, la extensión del turismo a todo el planeta y el acercamiento de unos países a otros han cambiado la sensibilidad del que viaja y la realidad de los lugares a los que se viaja. Los viajeros han perdido cualquier esperanza de parecerse a los que hace unos años escribían artículos en el Nacional Geographic y quienes preparan un viaje ahora empiezan a interesarse más por la actualidad que por la vieja historia y por las tradiciones culturales en vía de desaparición.

Nos toca hablar del presente. Y de un presente inestable, para sorpresa de muchos, porque la caída del imperio soviético y los acuerdos de Dayton hacían pensar en un futuro de paz que iba a superar una era de enfrentamientos. Pero es otra realidad la que se ha impuesto con la extensión de los conflictos a territorios que parecían al margen de las grandes tensiones y tenían aspecto de pacíficos.

Bienvenidos pues a una literatura de viajes aderezada por la política y a una visión que junto a las sensaciones propias del ejercicio de viajar deja un lugar importante a las explicaciones de los conflictos que condicionan el presente.

Siria: Guerra, Clanes, Lawrence indica ya en el título por dónde va la cosa. Y lo que cuenta debiera ser interesante porque la visión que tenemos de los países árabes, lo que vemos tanto cuando viajamos como cuando leemos historia acerca de ellos, no nos desvela una realidad social que resulta muy distinta de la de los países de occidente. La idea de país o de nación, la visión que tenemos de una población compuesta por ciudadanos no se corresponde con una sociedad hecha de clanes o de tribus cuya realidad sigue viva y conforma el comportamiento y el espíritu del país. La retícula de fidelidades y de afinidades que articula a las sociedades de muchos de los países árabes o arabizados no se ve pero explica mucho de lo que sí se ve y atribuimos a las explicaciones más diversas.

Siria: Guerra, Clanes, Lawrence empieza con un interesantísimo prólogo de Rafael Estrella que apunta sucintamente numerosos temas que ponen al lector en estado de atención y le abren perspectivas de largo alcance. Pero lo que es una especie de aperitivo cargado de promesas, pierde brillo cuando emprende su andadura el libro y desarrolla lo que se anuncia al principio. ¿Qué ocurre? Ocurre que el texto es más un informe que un libro. Es más un estudio para asesorar al ministerio de asuntos exteriores o al de defensa que para un lector poco aficionado a las maneras de los dossieres deudores de conceptos académicos, de notas y de referencias que responden a estilos de comunicación poco ágiles y algo pesados.

Pero todo ello no impide que la lectura del libro ofrezca información, puntos de vista e ideas que por venir de expertos resultan esclarecedores y abren los ojos a una realidad tan compleja como confusa. Tanto como Siria, los protagonistas del libro son el conjunto de países musulmanes del Magreb y Oriente Próximo y la llamada primavera árabe. Y el hilo conductor del libro es averiguar el por qué de los movimientos sociales que han roto las costuras de los estados de una forma imprevista por los analistas de los países de occidente.

Pillados por sorpresa, y liderados por las opiniones improvisadas de su prensa, los occidentales enfocaron las revueltas acudiendo a la explicación de las nuevas tecnologías en manos de la población joven. Una explicación que los autores aseguran que airearon también, y a su favor, los regímenes corruptos de los diversos países afectados. Pero algunos habían previsto ya la explosión de descontento que debía producirse cuando el aumento del precio internacional de los alimentos empujó a una población empobrecida hasta el borde del hambre. La chispa del desabastecimiento puso en marcha, según los autores, una marea con la que los gabinetes de análisis no contaban, basados en el cálculo de un comportamiento social orientado hacia la búsqueda de un beneficio.

Desencantadas y humilladas, las sociedades árabes dieron la espalda al beneficio y se refugiaron en ‘valores sagrados’, en elementos que sostenían la dignidad individual y colectiva basados en las tradiciones, y que sin importar el coste alentaban la rebelión. “En el mundo ´árabe’ los lazos de sangre y hermandad son mucho más poderosos que la autoridad del Estado, las instituciones políticas o religiosas”, sostienen los autores. Y así, desengañados del Estado, los protagonistas de las distintas primaveras rompieron el consenso que había permitido que ejercieran el poder reyes, presidentes y autoridades varias y pusieron en crisis la obediencia que hasta el momento había sostenido a los estados totalitarios.

¿Y cuál es el futuro? Pues el libro lo anuncia muy incierto, porque a la crisis de los gobiernos se une la de un modelo que Europa diseñó tras la caída del imperio Otomano, dibujando fronteras y creando países que nunca antes habían existido. Renacen, nos dicen, las fidelidades tribales y cobran relieve los diversos pueblos que ignoraron quienes crearon estados basados en una racionalidad que nada tenía que ver con la realidad de esos lugares. Las guerras civiles en Siria, en Irak, las tensiones tribales en la nueva Libia, la situación difusa del Kurdistán anuncian una especie de balcanización que mantuvieron congelada las distintas dictaduras y que renace cuando la mano de hierro de los autócratas pierde la fuerza y emergen las discordias entre las viejas comunidades étnicas, religiosas o ambas cosas a la vez.

Siria: Guerra, Clanes, Lawrence por su tono puede parecer poco estimulante para el lector y sin embargo resultar también enormemente interesante. La mezcla es curiosa y servirá para acercarse a unos temas de máxima actualidad, de desarrollo incierto y de una importancia primordial para esa enorme región que abarca desde el Mediterráneo hasta el Índico.

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lunes, 23 de enero de 2012

Egipto: Las claves de una revolución inevitable

Egipto: Las claves de una revolución inevitable

Alaa Al Aswany
Galaxia Guntenberg, 2011
253 pp.

El título ya nos avisa de que no es éste un relato de viajes, al menos no es uno de esos relatos donde el autor nos descubre pedacitos del mundo a partir de descripciones más o menos oníricas y experiencias personales...



Alaa Al Aswany
Galaxia Guntenberg, 2011
253 pp.






Publicado por María Rodríguez

El título ya nos avisa de que no es éste un relato de viajes, al menos no es uno de esos relatos donde el autor nos descubre pedacitos del mundo a partir de descripciones más o menos oníricas y experiencias personales. Egipto: Las claves de una revolución inevitable explica y juzga la situación política y social que ha sufrido el país durante el régimen del dictador Hosni Mubarak. Y lo hace a través de la recopilación de artículos y crónicas periodísticas publicadas en periódicos locales desde el 2009. Su autor, el escritor y periodista Alaa Al Aswany argumenta con una gran claridad expositiva los motivos que hicieron levantarse al pueblo egipcio en la ya emblemática plaza Tahrir el pasado Enero del 2011.

Con sus escritos, Alaa Al Aswany coloca al lector ante el hecho de un pueblo que ha sufrido la atrocidad de un régimen injusto y cruel con sus ciudadanos y para mostrarnos esta realidad utiliza la razón y el arte de la persuasión mediante la palabra. No existe en todo el contenido espacio para manipulación ni más ideología que la defensa del derecho a la libertad.

Dicho esto, por su carácter analítico y su contenido social, podríamos pensar que nos hallamos ante un ensayo político más propio del periodismo de investigación que de la literatura, pero no es así, el autor ejerce con maestría un estilo adaptado al lenguaje del pueblo y al interés del lector. Cada frase está justificada para no perderse entre divagaciones o hechos confusos. Además, cada artículo es independiente del siguiente, con lo que los distintos temas quedan bien delimitados, se van cerrando e incluso permiten una lectura desordenada sin que ello afecte a la comprensión del contenido.

El libro se organiza en tres capítulos: La presidencia y la sucesión, El pueblo y la justicia social y Libertad de expresión y represión del estado. Cada apartado está compuesto por una serie de artículos de opinión que explican hechos relevantes como la corrupción del régimen, la falsa religiosidad, la pobreza, la frustración de los jóvenes o la discriminación de las mujeres. Todos los artículos siguen una estructura recurrente de tipo inductivo, es decir, que el autor plantea un problema y lo argumenta limpiamente, sin juicios categóricos, ni tampoco engaños. Su discurso se basa en un diálogo coherente para buscar la verdad y llegar siempre a una única conclusión: La democracia es la solución. Se mire por donde se mire existe una gran influencia platónica en todo el libro tanto por su retórica argumentativa como por su ideal democrático.

También hay más, un final feliz como en los cuentos para niños.

Alaa Al Aswany se acerca al pueblo egipcio por la vía racional del entendimiento y es que razones no le faltan. Sus artículos son un ejemplo de valentía, una batalla por esclarecer las injusticias en un país donde la libertad de expresión sufre graves restricciones.

Esta obra constituye un viaje al interior de una civilización, se adentra en la piel de los ciudadanos egipcios y alza sus voces para que podamos escucharles. Nos recuerda que hoy por hoy alcanzar derechos básicos como la libertad de expresión o el respeto a la dignidad todavía constituye una lucha.

De la mano de Alaa Al Aswany conoceremos una parte mucho más real de Egipto que la que se muestra en algunos folletos turísticos. Leer Egipto: Las claves de una revolución inevitable es un paso hacia la comprensión de su cultura, de su historia, de su situación actual, es decir, supone la realización de un auténtico viaje al corazón del país. Es una invitación a que no nos quedemos solo con el sabor de un apacible paseo por el Nilo o con la impresión que deja en el viajero la imponente majestuosidad de sus pirámides.

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domingo, 21 de agosto de 2011

Hezbolá le desea feliz cumpleaños. Encuentros inesperados en Oriente Próximo

Hezbolá le desea feliz cumpleaños .

Neil MacFarquhar
Turner, 2010
381 pp.

La referencia en el título a la organización radical lleva a pensar en el conflicto del Oriente Próximo y la realidad es que el libro va mucho más allá porque cubre, en alguna medida, el mundo islámico en su conjunto y se refiere a muchos más temas que el que enfrenta a Israel con su entorno...



Neil MacFarquhar
Turner, 2010
381 pp.

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Aunque llamativa, es muy probable que la elección del título no haya sido muy feliz. La referencia a la organización radical lleva a pensar en el conflicto del Oriente Próximo y la realidad es que el libro va mucho más allá porque cubre, en alguna medida, el mundo islámico en su conjunto y se refiere a muchos más temas que el que enfrenta a Israel con su entorno.

El autor es Neil MacFarquhar, periodista norteamericano, con larga experiencia en los países árabes y en puestos muy diversos. Larga experiencia como pocos pueden haber tenido porque se crió en Libia, aunque en un entorno de familias extranjeras y con poca relación con el ‘país real’. Pero suficiente como para haber conocido en el desierto y en las orillas del Mediterráneo oriental el sabor de una tierra y de un mar que le atraerían a lo largo de su vida.

Convertido en periodista, y habiendo aprendido árabe, cubrió guerras y las situaciones más diversas en los países musulmanes. Los conoció a fondo, escribió sobre ellos, conoció también la posición de Occidente en la multitud de acontecimientos que han marcado la historia reciente en la región, estuvo en contacto con colegas locales con quienes compartió información y opiniones, entrevistó a primeras figuras y se hartó de ver televisión –que es lo mismo que decir que bebió de las mismas fuentes de las que bebieron millones de ciudadanos de ese mundo del que ahora nos habla.

Neil MacFarquhar muestra, sin duda, sentido del humor. Y aunque lo que cuenta tiene poco que ver con el jolgorio, en sus crónicas se advierte la soltura y el distanciamiento que permiten aproximarse con ironía a los temas, por trascendentes que sean. Hablamos de crónicas porque el personaje de cronista está siempre presente y porque los capítulos se centran en temas desde los que mirar bajo prismas diversos la sociedad.

Pero el lector descubre pronto que esos ‘temas’ son una excusa para poner en orden las páginas del libro. Que Neil MacFarquhar no pretende agotarlos ni llegar a la verdad en cada uno de ellos. Nada más lejos de su ánimo que pontificar. Al destacarlos y en su papel de cronista lo que busca es abordarlos con distancia, fuera del calor de la polémica, y con la reflexión que se deriva de una experiencia larga en el tiempo y amplia por la diversidad de referencias en las que se apoya. Escrito con anterioridad a las recientes revueltas en los países árabes, la lectura de Hezbolá le desea feliz cumpleaños parece anunciarlas una y otra vez. Quizás por el interés que pone Neil MacFarquhar en señalar la distancia que separa el mundo oficial del mundo de la calle en tantos países musulmanes. Un mundo oficial, que aparece en las páginas de los periódicos a través de los avatares políticos, y un mundo ciudadano del que no se tiene noticia pero que es el de las familias, las mujeres, los hombres y los jóvenes hartos y enfrentados a una cotidianidad marcada por la ineficacia de las administraciones y el descrédito absoluto de los políticos.

Empieza Neil MacFarquhar hablando de Libia. El tema es jugoso, porque Gadafi se presta a la parodia. Todavía no ha habido la revuelta que ha terminado en guerra y que ha puesto en primer plano la tragedia. Todavía hay espacio para conjugar lo serio y el disparate y para presentar al lider de la ‘revolución verde’ como un quebradero de cabeza por sus salidas de madre, sus extravagancias y por el desgobierno que tanta ‘creatividad política’ supone para el país.

La televisión, por sacar otro tema, ocupa la atención de Neil MacFarquhar que examina la aparición de Al Yazzira como el gran éxito en medio del erial de las televisiones oficiales, sin interés para nadie, aburridísimas, previsibles y sin posibilidad de evolucionar, presas por el único propósito de ser el medio de propaganda de gobiernos y de poderosos intereses religiosos.

La situación de la mujer, lógicamente insostenible, aparece una y otra vez y entronca con otro de los temas con enjundia, el de las fetuas. El asunto da para toda clase de anécdotas divertidas y sorprendentes porque en los países regidos por las normas del Corán, la interpretación a las situaciones de hoy no siempre es clara y obliga a la intervención de los eruditos. Pero en una religión donde no hay una sola cabeza que decida sobre la ortodoxia, el título de erudito se adquiere, a veces, por el fervor que un religioso concita, lo cual no es ninguna garantía de rigor. Así, se emiten fetuas para todos los gustos y aumenta el número de creyentes que en lugar de buscar la luz en la interpretación de los textos sagrados, anda en busca del sabio que emitirá la fetua que se ajuste a sus intereses. Y para colmo, desde que las operadoras de móviles ofrecen fetuas a través de sus líneas y que por Internet se pueden pedir sentencias religiosas lo mismo que antes se pedían al más venerable de los doctores de la ley, la interpretación de la doctrina se ha disparatado y el personaje de a pie vive en medio de un guirigay plagado de absurdos y de escándalo.

Más trascendente es el tema que toca también Neil MacFarquhar, que se relaciona con lo anterior porque tiene que ver con la religión pero que es distinto. Se trata de la conciencia. Y aquí vuelve a aparecer otro de los temas cruciales en las sociedades musulmanas: el de la tolerancia o la intolerancia religiosa que en último grado alimenta el terrorismo. Y el lector no puede menos que preocuparse a partir de los razonamientos que se exponen porque el Islam resulta una doctrina por naturaleza tolerante que hace que los musulmanes no puedan verse a sí mismos más que como ejemplos de la tolerancia en grado superlativo. El Islam habla a las personas, se compadece de ellas, fomenta la caridad, desarrolla los mejores sentimientos, busca la paz … En estas circunstancias el creyente, cuanto más riguroso, más próximo de la bondad se siente y más amante y tolerante con el prójimo se ve. Desde esta óptica, el recurso a la violencia es un mal sobrevenido o una obligación para preservar todas las virtudes que adornan al ser humano temeroso de Dios. ¿Han visto ustedes la cara beatífica de Bin Laden y su sonrisa paciente en las fotos que aparecen en la prensa? No hace referencia a ello Neil MacFarquhar, pero lo que cuenta muestra lo confuso de línea que establece el límite de la lucha frente al infiel. Una lucha para contener la amenaza que afecta a ese mundo bondadoso al que aspira el musulmán.

Uno tras otro va desgranando el autor temas que le permiten referir sus experiencias en Líbano y en Irán, en Siria y en Egipto o en Arabia. En todos los casos, el fracaso de los estados en crear espacios de bienestar y la inoperancia que los caracteriza, aparecen reflejados como aparece también la torpeza, la cicatería y el mal hacer de occidente en su relación con estos estados. La incapacidad de los Estados Unidos y de Europa de crear una relación de confianza basada en una actitud inteligente y efectivamente provechosa para las sociedades de los países musulmanes aparece una y otra vez. Hay en el discurso de ­ Neil MacFarquhar una crítica dura hacia los dirigentes de los países del Próximo Oriente, ineficaces, apegados al poder, corruptos muchas veces y responsables siempre del fracaso de sus respectivas políticas. Pero no se anda el autor con disimulos a la hora de afirmar que los países desarrollados han fracasado también, y con estrépito, en el propósito de crear puentes de entendimiento y en convertirse en aliados de las sociedades de los países musulmanes ayudándolas a prosperar.

Entretenido, divertido a veces, bien informado y cargado de temas de interés, de la condición y la importancia más diversas, Hezbolá le desea feliz cumpleaños da una visión particular del mundo islámico desde la experiencia de uno de los periodistas que mejor lo conoce. Y da la oportunidad al lector de compartir esta experiencia para comprender una situación llena de contradicciones y muy diversa alrededor de la cual se mezclan a partes iguales información y prejuicios.

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lunes, 3 de mayo de 2010

La epopeya de los harafish


La epopeya de los harafish
Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.

La contraportada del libro asegura que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz.El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas ...


Naguib Mahfuz
MR ediciones, 2010
411 pp.





La contraportada del libro asegura, quizás exageradamente, que se trata de una de las obras cumbre del Mahfuz. Pero poco importa el puesto que ocupe en el ranking de la literatura del autor. El caso es que tiene el aroma inconfundible del Nobel egipcio y que revela en sus páginas otra de esas historias en las que el ambiente que rodea a los personajes y el espacio reservado a la intimidad de sus pensamientos y de cuanto rige sus conductas vuelve a adentrarnos en el Egipto popular donde el discurrir de vida nos habla de un mundo lleno de humanidad y, lo que es lo mismo, de contradicciones.

La epopeya de los harafish es una saga que transcurre velozmente. No se entretiene demasiado en ninguno de los personajes y está escrita en bloques de longitud y contenido muy desigual. La forman capítulos que unas veces no ocupan más que unas pocas líneas y que definen el ambiente de un momento, un presentimiento, una reflexión. Y otras que se extienden un buen número de páginas y desarrollan una historia alrededor de la vida de alguno de los protagonistas de la narración.

Una forma tan libre de escribir configura ya el tono de la novela que juega al mismo tiempo con el mundo interior de los personajes y con el exterior. La acción pudiera suceder en alguna población asimilada a El Cairo, en alguno de sus barrios, pero no importa, porque la mirada del autor se centra allí donde está la escena. Y cuánto la rodea queda en un fondo confuso del que se tiene alguna noticia pero poco más. Por lo que respecta al tiempo, la acción ocurre en un momento que el lector supone que debe ser hace no muchos años, pero que resulta igualmente indefinido. No siente Mahfuz necesidad de precisar más. Y al no hacerlo, tanto en lo que toca al espacio como en lo que se refiere al tiempo, nos sitúa de alguna manera fuera de cualquier referencia concreta. Nos pone en un lugar que pudiera ser cualquiera y ante una sociedad convertida en universal.

En más de un pasaje, lo que cuenta Mahfuz resuena como un relato de las Mil y una noches. Como una narración que bien pudiera suceder en la edad media y que sin embargo es claramente actual. El mundo que describe Mahfuz es el de una sociedad musulmana, con sus instituciones particulares y con una moral y una religiosidad que lo impregnan todo. Hablamos de un mundo atado y bien atado, sujeto por los candados que imponen la religión y la tradición, pero abierto a pesar de todo a la maldad, a la transgresión de los principios, a la degeneración a la que conduce el mal…

Por eso el relato de Mahfuz es una epopeya con proyección universal que habla, desde una visión y una sensibilidad de raíces firmemente musulmanas, del bien y del mal y sobre las contradicciones que engendra en la vida la lucha entre ambos.

Un mundo tradicional se despliega ante el lector que tiene acceso a los sentimientos de los personajes. Comerciantes ricos y pobres, taberneros, prostitutas, alcahuetas, criados, clérigos, funcionarios y caciques desfilan ante él y componen un retablo que va desgranando a lo largo del tiempo situaciones bien diversas. Y son vistos desde una perspectiva moral donde el bien y el mal están continuamente presentes, lo mismo que el respeto a las tradiciones, al honor, al deber o al recuerdo de los antepasados.

Los harafish son la capa más baja de la sociedad, los pobres de solemnidad, los miserables, abandonados por la suerte. Mahfuz elige el título de La epopeya de los harafish, no para hablar de ellos, sino sorprendentemente para hablar de los poderosos. El universo moral de Mahfuz –el universo musulmán- no rompe la continuidad que une a los seres humanos. La condición de los desposeídos depende de las acciones de quienes disponen del poder, de forma que la epopeya que representa su difícil existencia puede leerse en el relato de la vida y las acciones de quienes pueden hacer algo por ellos y lo hacen, para bien o para mal.

Un Egipto representado por numerosos personajes envueltos en todas las circunstancias de la vida abre un rico escenario que permite al lector asomarse al complicado acontecer de una singular y extensa familia y le permite prestar atención también al relato paralelo que la propia sociedad hace cuando reflexiona sobre el comportamiento y sobre todo cuanto ocurre en su interior. La Epopeya de los harafish explora los sentimientos y las acciones de los hombres, sus fidelidades, su compromiso con los demás. Explora la espiritualidad de quienes bajo las estrellas escuchan el canto de los derviches y se sienten reconciliados con el universo. Explora, en definitiva, y a través de una familia en un pueblo de Egipto, una sociedad musulmana situada fuera del tiempo, y por ello mismo universal y eterna porque eternos y de todos son los problemas a los que se enfrenta y las virtudes y pecados que conforman la realidad en la que se desenvuelve.

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viernes, 26 de marzo de 2010

Alejandría. Historia y guía. Faros y Farallón


Alejandría. Historia y guía
E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp

Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. Hoy Alejandría es una ciudad envejecida donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa ...


E. M. Forster
Almed, 2009
538 pp.





Es más que probable que cualquiera que viaje a Alejandría sufra una considerable decepción. La imagen que tenemos de la ciudad está tan cargada de resonancias que la realidad no puede más que defraudar. Y no es que los mitos siempre desborden a las cosas tal como son. Lo que ocurre es que hoy Alejandría es una ciudad envejecida y deteriorada donde el brillo de todo cuanto la hizo famosa se ha perdido bajo una gruesa capa de abandono y de desidia.

Sé que es una introducción bien poco amable hacia una ciudad histórica que ha generado la admiración de quienes la visitaron o de quienes vivieron en ella hasta fechas relativamente recientes. Poco amable y seguramente imprudente porque alguien habrá que sepa mirarla con ojos lúcidos y descubrir aún el rastro de todo aquello que fue y que le dio gloria.

¿Por qué empezar de este modo la reseña de un libro? Porque, justamente, lo que hace la Alejandría de Forster es desvelar al viajero –viajero real o viajero literario, que para el caso da lo mismo- lo que encierra la ciudad en sus cimientos, en alguna de sus calles, en su puerto y en su dilatada historia para ayudar a verla hoy relacionada con su antiguo esplendor. Para recuperar ese brillo oculto a través del conocimiento y de la posibilidad de reconstruir ese riquísimo y complicado escenario que consiguió levantar y que la convirtió en la ciudad más importante del Mediterráneo oriental.

El libro puede desanimar por su tamaño. Va a ser poco práctico como guía de viaje, a pesar de que el subtítulo da a entender que se trata de una guía. Hay que explicar brevemente de qué va el asunto. Y dar algunas claves que van a estimular el gusanillo de la lectura. El autor, Forster, es ni más ni menos el mismo que el de Habitación con vistas y el de Howard’s end. Es también el autor del famoso Pasaje a la India que entró en la literatura de viajes por la puerta grande. Estamos pues ante un escritor de peso. Y por ello mismo, ante un texto con posibilidades de deslizarse fuera del árido campo de la erudición.

Alejandría Historia y guía, es en realidad la suma de dos libros. Forster viajó a Alejandría después de la Primera Guerra Mundial como voluntario en una labor humanitaria. De su larga estancia en la ciudad surgieron dos textos que se publicaron por separado y que se editan ahora como complemento uno del otro. Y, como introducción a los dos libros, los precede un extenso prólogo, documentado y minucioso que interesará sin ninguna duda a quienes tengan interés en profundizar en ambos textos y en el autor.

No quiero sugerir la idea de que esta introducción resulte excesiva y por ello prescindible. Pero sí que quien desee entrar en materia sin prolegómenos, por la razón que sea, puede hacerlo sin riesgo de sentirse huérfano o falto de orientación cuando entre en contacto con el escrito de Forster. La edición de la que hablamos, además, contiene unos extensos añadidos en forma de notas y apéndices, que se disponen al final del libro. Son escritos a parte que vuelven a dar la oportunidad al lector de renunciar a ellos si lo que pretende es centrar su atención en el libro de Forster. Quinientas páginas pues, pero en realidad muchas menos en un libro que va añadiendo complementos a la obra central para quien quiera sumergirse en ella.

De la mano de Forster, Alejandría surge a los ojos del lector como si un arqueólogo trabajara a la vista y fuera desplegando ante su mirada las sucesivas capas que dan sentido a la ciudad. Y es que en buena medida, la guía que escribe, más que atender al presente, lo que hace es asomarse a la historia para dejar que nos emocionemos ante una ciudad que como pocas emite reflejos de su antigua grandeza.

Sin historia, Alejandría sería poca cosa. Y ahí es donde el talante –y el talento, por supuesto- literario de Forster juega a favor. Porque ante el riesgo de caer en un tratado denso, propio de un académico, el autor se convierte en divulgador y nos cuenta de la Alejandría antigua con detalle pero también con fluidez. De manera comprensible y nada abrumadora, Forster va rescatando a través del texto aspectos de lo más diversos y acercando épocas diferentes y, sin embargo, todas esenciales para ayudarnos a comprender y a saborear la vieja Alejandría y hacer así más grata la Alejandría avejentada y venerable que nos encontramos hoy.

Alejandría. Historia y guía es una excelente introducción a la ciudad. Según se mire, es casi imprescindible. Ahonda en el pasado, pero trata también de anécdotas y de episodios mucho más recientes a los que Forster saca jugo literario con la ironía que utiliza cuando examina comportamientos y costumbres de los personajes que crea en sus obras de ficción. Por ello la lectura, además de instructiva, se hace agradable y estimulante. Quien quiera acercarse a Alejandría de una manera informal, quizás no muy rigurosa pero con deseos de profundidad y de la mano de un cicerone de lujo tendrá con Alejandría. Historia y guía, la oportunidad de hacerlo y la ocasión de disfrutar.

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viernes, 27 de marzo de 2009

Taxi


Khaled al Khamissi 
Almuzara, 2009
215 pp.







Una idea tan simple como resultona sostiene el libro de Khaled al Khamissi de la primera a la última página. Khaled al Khamissi, licenciado en ciencias políticas, y a buen seguro de natural curioso acerca de la sociedad que lo rodea, decidió sacar provecho de su inclinación por el uso del taxi y de la costumbre, parece que universal, de los taxistas de enhebrar conversación con sus clientes.

El resultado, un libro que arranca con un jugoso prólogo del propio autor y sigue con casi sesenta historias, todas ellas muy cortas, que recogen relatos episódicos cogidos poco menos que al dictado en el curso de los desplazamientos por las atestadas calles de El Cairo.

El universo de los taxistas –de los de El Cairo- como el de los socios del Real Madrid o del Barcelona no alcanza a cubrir a la sociedad entera. Ni mucho menos. Pero según se mire, puede uno llegar a pensar que se le aproxima bastante. Reúne a un colectivo numeroso, de perfil, condición y procedencia diversa. No hay en El Cairo, por supuesto, mujeres taxistas. Pero desde licenciados universitarios hasta campesinos llegados de la lejana Nubia, el autor ha encontrado a personajes para situar en cualquier punto intermedio de la escala entre ambos extremos.

Ochenta mil taxis son muchos taxis. Madrid no alcanza los veinte mil. Y la profesión de taxista se convirtió para El Cairo en refugio para una población en busca de trabajo sin más requisito que el de ser capaz de conducir un automóvil y de aguantar al volante una agotadora jornada.

Las anécdotas y relatos que dan vida a Taxi expresan el sentimiento de una sociedad modesta. Son la voz de los trabajadores hablando de sus vidas y de la de sus familias. Y en esta extraña relación de confianza que se establece en el taxi, tratan de los más diversos temas que surgen con espontaneidad y con expresión sincera. No es todo Egipto el que habla, pero es una importante capa de la población que con seguridad comparte, más alla del propio gremio, con otras gentes igualmente humildes opiniones e inquietudes.

La precariedad de la economía familiar está presente en muchos de los relatos. La corrupción de las instituciones también lo mismo que el escaso aprecio hacia la política,  los políticos, los funcionarios y el gobierno. La religión, la guerra de Irak, los americanos, el vestido… se deslizan en la conversación de manera accidental o en forma de un chiste, envuelto todo en el lío en que se han convertido las calles de la ciudad de El Cairo. 

Khaled al Khamissi, además de darlos a conocer, enmarca los relatos. Los pone en contexto, dibuja, para el lector una breve semblanza del taxista y de las circunstancias –el escenario- que acompañan a la conversación. En definitiva, muestra una imagen de El Cairo viva y fresca que surge de sus gentes y llega al lector sin más intermediarios que el del personaje del autor en el papel de pasajero del taxi. 

Taxi ha sido un éxito editorial en su país de origen, seguramente es excesivo asegurar que traza una “imagen realista y precisa sobre la sociedad árabe actual”. Pero que se aproxima a una visión tan cierta como parcial de la sociedad egipcia y que lo hace de un modo ágil y entretenido es un hecho. Como lo es también que la lectura no  defraudará a quienes deseen acercarse con los pies en la tierra a las pequeñas historias que componen la vida de las gentes de la calle.

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viernes, 23 de enero de 2009

Equipaje de mano


Fernando Bellver
Ellago Ediciones
80 pp.





¡Por fin un libro gozoso! Sin más adjetivos ni adornos verbales. Un libro para disfrutar viendo y leyendo. Una pequeña joya que se recorre de principio a fin con una sonrisa y con tranquila satisfacción.

El autor: Fernando Bellver que pasó del mundo del arte al mundo del arte y los libros, y que nos regala con su particular diario de viajes.

Si en lugar de artista Bellver fuera editor, hubiera añadido al título del libro "mis viajes por Egipto, Sudán, Venezuela, Senegal, India, Kenia y Pakistán", que de todos estos países trata su libro. Pero no. Se ha contentado con un escueto Equipaje de mano, haciendo un guiño conceptal al tendido como hubiera hecho a modo de brindis su admirado Joan Brossa, al que también se menciona en el prólogo.

No hay mucho más que decir en una reseña, porque todo lo que sea explicar sobra. Hay que mirar y leer. Para los no advertidos, aviso de que no es un libro 'compuesto' como se componían antes los libros en las imprentas, echando mano de una linotipia. Todo, dibujo y texto, viene de la mano -sin más mediación que la del lápiz- de Fernando Bellver. Y viene de su inteligencia y de su manera fresca y directa de contar. O lo que es lo mismo, de viajar y de vivir con gusto la experiencia del viaje.

Dejo aquí el comentario para que cada cual juegue con el suyo propio, después de disfrutar y de admirar el libro. Sólo un apunte, casi técnico. El mismo fair play que Bellver y su editor Paco Villegas muestran en lo referente al título lo aplican a la distribución del libro en librerías. Que nadie piense que lo va a encontrar fácilmente por ahí. Y es que, en eso, también parece haber un guiño de independencia compartida con los lectores. Una independencia que se añade al resto de virtudes que posee el libro y que hará más grata, todavía, la lectura.

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domingo, 20 de abril de 2008

El edificio Yacobián



Alaa Al Aswany
Maeva, 2007
216 pp.






La aparición de una película con el mismo título vuelve a poner de actualidad este libro de reciente publicación en nuestro país. No me gustan las novelas costumbristas, y me horrorizan los libros con muchos protagonistas de nombres extranjeros, difíciles de recordar. Así que me costó empezar a leer El edificio Yacobián, a pesar de conocer su éxito editorial en Francia.

¿Es posible contar la vida de una ciudad, el pulso de una sociedad, y el alma de sus gentes relatando únicamente los aconteceres de los vecinos de un edificio de El Caino? Nada más empezar a leer El edificio Yacobián se comprende que es posible, y que puede dar lugar a una lectura apasionante.

El libro va retratando a distintos personajes unidos por el mismo cordón umbilical, vivir en un edificio del centro comercial de El Cairo en 1930. El propio autor, Alaa al Aswany, un dentista egipcio nacido en 1957, tuvo su primera consulta en el edificio Yacobián. Un edificio que, tras la revolución, fue abandonado por extranjeros y judíos, perdió su glamour y pasó a dar cobijo a dos mundos diferenciados: uno en los apartamentos y otro en la comunidad de la azotea.

Los relatos se van entrelazando al mismo tiempo que se entrelazan las vidas de los vecinos, seres de carne y hueso que aman, sufren y viven. Políticos corruptos, jóvenes que forman parte de células terroristas, hijos de derrocados pachás que estudiaron ingeniería en París en la época anterior a la revolución y ahora, dedican todo su tiempo al alcohol y las mujeres, sastres, viejos verdes, periodistas y gente de a pie ponen en juego todos sus recursos de supervivencia, y dan rienda suelta a sus impulsos más primarios.

El autor desgrana las historias personales de cada uno, sin juzgarlos. Aunque todos ellos tienen claros y oscuros en sus vidas y se mueven en la tenue línea que separa la bondad de la maldad.

La contradicción de las biografías que se entrelazan en una sociedad al mismo tiempo viva y decrépita, sale a la luz también en el terreno literario donde El edificio Yacobián ha representado una sacudida y ha llevado un punto de escándalo. No ha sido fácil aceptar que un dentista aterrizado por afición en la novela haya encendido en los lectores unas pasiones que los escritores consagrados no conseguían despertar.

Javier Martín dice en Babelia acerca del libro y de su impacto en la literatura árabe lo siguiente:
El Edificio Yacobián, primera novela del escritor egipcio Alaa al Aswany, ha desatado un tsunami en el mundo literario árabe y ha insuflado ilusión a un género, el narrativo, muy fecundo pese a que se hallaba deprimido por la escasez de lectores. Su áspero y descarnado retrato de los males que acosan a la sociedad egipcia se ha convertido en un fenómeno de ventas en todo el mundo y despertado de nuevo el interés en Occidente por la novela árabe.

Y Jacinto Antón, también en Babelia, hace un retrato Alaa al Aswany y de su libro lleno de interés.

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martes, 15 de abril de 2008

Los días. Memorias de infancia y juventud



Taha Husein
Ediciones del Viento, 2004
271 pp.






Una biografía es mucho más que el relato de una historia personal. Lo es también del entorno donde se desenvuelve la aventura de vivir. Y también de las costumbres, de la cultura, de las personas, de las relaciones entre las personas que componen dicho entorno.

Los días es el fiel reflejo de la vida cotidiana en Egipto, muy a principios del siglo XX, en una aldea perdida, alrededor de una familia modesta como muchas otras y centrada en un personaje excepcional. Un niño ciego que al cabo de los años se doctoraría primero en la Universidad de El Cairo, después en la Sorbona, llegaría a Ministro de Educación y se convertiría en uno de los más brillantes escritores de la literatura moderna en lengua árabe.


Egipto, El Cairo, el ambiente rural de los primeros años, la escuela y sobre todo el aprendizaje del Corán, los estudios en la tan celebrada escuela –luego universidad- de al Azar, los vecinos, la familia… son los auténticos protagonistas de la historia a los que el niño da voz después de haberlos conocido a través del oído, del olfato o del tacto y los que generan en este niño los sentimientos, los conocimientos y las experiencias que conforman su vida.

El fluir de Los días no es lineal. Se entretiene, se agiliza, casi se atasca en algunos escenarios. Porque el relato de un ciego se rige por tiempos y por escenas, donde demora la atención, muy particulares y muy distintos de aquellos que imponen el ritmo, la atmósfera e incluso los temas de una narración escrita por por quien ve aquello de lo que habla.

Los días es una autobiografía excepcional, aleccionadora y emocionante. Y es un retrato del Egipto de la época. Sólo alcanza los años de niñez y adolescencia de Talah Husein. Pero tan corto horizonte es más que suficiente para acercar al lector a un mundo perdido en el pasado y, sin embargo, suficientemente próximo para iluminar la realidad de hoy. Un prólogo magnífico de Emilio García Gómez, traductor y extraordinario conocedor de la literatura y la cultura árabes, enriquece el texto y le añade, si cabe, mayores atractivos e interés.

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Diario de un fiscal rural




Tawfiq Al-Hakim

Ediciones del Viento, 2004
160 págs




Con mayor claridad de lo que en la literatura de ficción se acostumbra, el Diario de un fiscal rural más que como una novela se lee como una autobiografía. Porque la realidad es que refleja un período de la vida de Tawfiq Al-Hakim que antes de convertirse en escritor célebre y de llegar a director de la Biblioteca Nacional de El Cairo, ejerció de fiscal y en este puesto tuvo ocasión de conocer ese Egipto rural del que nos habla.

Siempre teñida por un deje de humor, la lectura del “Diario de un fiscal rural” no puede ocultar que el Egipto a la vuelta del primer tercio del siglo XX era mucho más parecido a la España de la época de lo que es en la actualidad. Y esta similitud es lo que da pie a comparar pasado y presente y a comprender que las diferencias entre un país y otro son menos radicales de lo que parecen.

Un hombre de ciudad, el fiscal, es destinado a un pueblo alejado en el delta del Nilo. La existencia del campesino es mísera, como miserable es la cultura del medio agrícola del que no ha salido nunca.

Pero si inmóvil y atrasada es la sociedad en la que vive el campesino, activos e imparables son el Estado y la Justicia llegando a todas partes con sus funcionarios, sus procedimientos y el peso de su autoridad. De esta contradicción se deduce que nuestro fiscal cae de bruces en un mundo ruinoso, tanto en cuanto a la riqueza material se refiere como a la espiritual y se convierte en un abnegado defensor de la causa de la razón y la justicia consciente, muchas veces, de rozar lo quijotesco.

Con ironía, al borde de la desesperación, el relato del fiscal desgrana la tarea ingente de aplicar la ley allí donde la vida hace desfilar los delitos que siempre han acompañado a la convivencia de hombres y mujeres, de vecinos, de rivales… Ironía al contemplar a los demás y sus faltas, picaresca en la relación de unos y otros y cansancio -cansancio casi extenuante- del fiscal en su ingente y escasamente reconocida tarea.

Diario de un fiscal rural es un libro delicioso y divertido también que nos muestra un Egipto no tan lejano, humano y pegado a la vida, lleno de pequeñas historias que dan relieve a un lugar y a sus gentes y ayudan, en la distancia que da el paso de los años, a comprenderlo.

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