martes, 24 de junio de 2014

La sombra de la Ruta de la Seda

La sombra de la Ruta de la Seda

Colin Thubron
Península, 2014
429 pp.

En 'La Sombra de la Ruta de la Seda' Thubron habla de China, Pakistán, Irán, Turquía... Creo que el libro no va a defraudar a nadie y que quien lo empiece terminará sus más de cuatrocientas páginas sin darse cuenta...


Colin Thubron
Península, 2014
429 pp.





Voy a empezar diciendo una obviedad y es que Thubron es uno de los grandes de la literatura de viajes y afirmando también que en esta Sombra de la Ruta de la Seda lo confirma con creces al ofrecer al lector un interesantísimo relato sobre el presente y el pasado de una parte del mundo que cobró y que cobra todavía un protagonismo singular.

Hablamos de China, Pakistán, Irán, Turquía... Creo que el libro no va a defraudar a nadie y que quien lo empiece terminará sus más de cuatrocientas páginas sin darse cuenta, llevado de la mano de un viajero con una cultura extensa, con una curiosidad enorme y una sensibilidad llamativamente fina a la hora de atravesar desiertos, de enfrentarse a dificultades o de relacionarse con personas extraordinariamente diferentes y todas ellas interesantes porque el autor sabe extraer de ellas conocimientos y sentimientos profundos que se hubieran perdido sin esa, al mismo tiempo, aguda y sosegada mirada que hace de Thubron un viajero excepcional.

Nada como el título del libro ‘La sombra de la Ruta de la Seda’ podía describir mejor el propósito de Thubron de proponer el diálogo entre el presente y el pasado a lo largo de este corredor histórico que sigue siendo, lo mismo que hace siglos, un importante foco de atención, un área en ebullición donde convergen pueblos y culturas muy diversas y por donde transitan una corriente de relaciones y de intereses que le dan hoy una renovada vitalidad.

Insisto en que, a pesar de las evocaciones míticas del título, el libro es actual, o casi actual. Se publicó en inglés en 2006, de modo que habla de un escenario que desde esta fecha hasta hoy ha variado poco, que se ha mantenido intacto hasta el presente.

Seguramente, por el hecho de ser occidentales, los autores que se han referido a la Ruta de la Seda han contado su periplo, del mismo modo que lo recorrió Marco Polo, viajando de occidente a oriente. Pero la Ruta de la Seda que nos cuenta Thubron discurre en sentido contrario. Y ese discurrir es significativo en sí mismo, porque pone el énfasis en una dirección que hoy quiere recuperar a la que fue históricamente y que reconoce la primacía de oriente en un flujo de intercambios, sorprendente para todos, basado en la fabulosa contribución de China difundiendo hacia occidente su sofisticada riqueza y su exquisita cultura.

Thubron empieza su relato en Xian, en esa capital que para tantos es el final de la famosa ruta y que le sirve para introducirnos en la China de hoy. Bloques de cemento, modernidades sin cuento, energía a raudales, cambio y más cambio. “El futuro apenas puede esperar. La ciudad entera está en obras. De cada dos solares, uno exhibe una gigantesca imagen informática de lo que allí se construirá...” nos dice.

Esa China volcada en si misma, rodeada de una muralla que Thubron se pregunta si fue hecha para prevenir el asalto de los extranjeros o para poner puertas al deseo de los propios chinos de salir al exterior, se ha dislocado. En lugar de una población acomodada a sus tradiciones y a su forma de vida, los jóvenes de las ciudades como Xian ahora sienten la angustiosa necesidad de prosperar. Una angustia inimaginable hace solamente una generación porque la ambición de subir cada vez más alto les obliga a buscarse la vida como sea. Pone en suspenso la vieja moral, el respeto a los consejos de los padres y justifica cualquier cosa con tal de que conduzca al éxito.

Pero este viaje pegado a la tierra que emprende Thubron le lleva –y lleva al lector- primero a reencontrarse con las huellas del pasado y segundo a descubrir otros ‘presentes’ que sin desmentir nada de lo que representa Xian muestran también que el mundo es mucho más complejo y tiene fracturas que disuelven su uniformidad.

El pasado aparece por todas partes como no podía ser de otro modo en un área del mundo tan cargada de historia. Y aparece desde una óptica que en lugar de presentarlo como distante nos lo acerca ofreciéndonoslo como lo que es: un pasado nuestro y no ajeno, como pudiera parecer dada la distancia geográfica que nos separa de él. La descripción casi poética de los famosos guerreros de terracota hace sentir humana la tarea inhumana y cruel de construir un imperio y tiende hasta nosotros, los europeos, un hilo que nos hace también herederos de la sabiduría china y de los grandes inventos que sin darnos cuenta cambiaron nuestra historia.

Y el presente se hace, a medida que avanza la lectura, cada vez más rico porque salir de la ciudad y avanzar hacia occidente cambia poco a poco los decorados y los personajes y abre al lector mundos diferentes y tan reales como el de Xian. Seguramente, parte del atractivo de cuanto escribe Thubron se debe a que habla mandarín y puede relacionarse con personas que hubieran resultado opacas de no haber habido modo de comunicarse con ellas. Cada encuentro es un nuevo matiz, es una capa añadida a esa cebolla que recubre con el tiempo a lugares y a gentes y se convierte en eso tan complejo que para entendernos llamamos cultura.

He hablado de lenguaje poético para esa capacidad de conmover que tiene Thubron. Dejémoslo en un lenguaje evocador que es el que requiere la historia profunda para hacerse inteligible, que es lo mismo que decir para hacerse humana y para hacer sentir al lector que se está hablando de algo que le concierne, que no ha perdido continuidad desde el pasado hasta hoy, que es la raíz cuya sabia alimenta sin que nos demos cuenta el presente.

La Ruta de la Seda no representa toda la historia  de la humanidad, pero sí, constituye una parte importante de ella. “Desde  China se difundieron hacia el oeste la naranja y el albaricoque, la mora, el melocotón y el ruibarbo junto con las primeras rosas, camelias, peonías, azaleas y crisantemos. Desde Persia y Asia Central, viajando en sentido contrario, la vid, y la higuera echaron sus raíces en China, junto con el lino, las granadas, los dátiles....”

De esta larga ruta, que termina en el Mediterráneo nos habla Thubron en un constante diálogo que se refiere al pasado y al presente. Se trata de un viaje apasionante que La sombra de la Ruta de la Seda pone en nuestras manos. Lo mejor será emprender el camino y participar en él. Seguro que la experiencia resultará apasionante.

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miércoles, 11 de junio de 2014

Viaje al Tíbet

Viaje al Tíbet

Robert Byron
Abada editores, 2013
287 pp.

"Viaje al Tíbet", además de un viaje al corazón de Asia, es también el viaje a una época de viajeros heroicos y románticos que terminó hace tiempo. Es sin duda un libro para pasar un buen rato.




Robert Byron
Abada editores, 2013
287 pp.





Apetece de vez en cuando regresar a la literatura de viajes clásica, que viene a ser lo mismo que decir inglesa, con ese aroma de un poco antigua y con un escribir irónico de quien desde lo alto relativiza las cosas y sabe echar gotas de humor incluso a las penurias.

Nos ocupamos de Byron de nuevo, de quien se siguen reeditando textos a cargo de editores cuidadosos, amantes de su oficio y de los libros. Éste del que hablamos ahora vuelve a ser un libro cuidado, de formato pequeño y letra, para quienes nos gustan ya los tipos grandes, también pequeña. Como pensada para lectores jóvenes.

Aclaro que no me refería a lord Byron, que se fue a Grecia con la curiosidad de fisgonear en el mundo otomano y de echar una mano en la lucha por la independencia de los griegos. El Robert Byron, del que hablamos ahora, procede de una familia modesta, aunque su paso por Eaton y por Oxford le ha enseñado qué es eso de vivir como un aristócrata y nos cuenta que entre viajar a lo rico, que no puede, o a lo pobre, que no quiere, lo suyo es buscarse la vida para que las cosas se pongan a favor de viajar a lo rico.

Y es con ese argumento tan impecable como organiza el viaje que lo llevará a la India, a Sikkim y al Tíbet, en una época en que los europeos que habían pisado estos lugares no eran más que cuatro gatos. Byron es todavía jovencísimo pero no ha parado de moverse a la sombra de sus amigos potentados, aunque también por méritos propios porque se ha convertido en un narrador perspicaz y ha sabido sacar de sus viajes conocimientos y relatos con los que ha sabido mantenerse. Mantenerse bien, porque como creo que ha quedado claro, lo suyo no es la bohemia.

El viaje al Tíbet que ahora se edita, no es en realidad un libro. Es el compendio de algunos artículos que Byron escribió en ese viaje para el Daily Express en cumplimiento del acuerdo con el editor por el que éste se comprometía a patrocinarlo generosamente a cambio de que nuestro hombre escribiera sobre su singular periplo. El editor, por supuesto era un lord, encantado de seguirle la corriente a un joven atrevido y educado en las mejores escuelas.

El viaje hasta la India interesará ya al lector, porque los preparativos y la forma de viajar son de otra época y contienen dosis importantes de exotismo. No hace falta llegar al Tíbet para gozar de lo extraordinario, porque Byron se apunta a los primerísimos vuelos que desde Inglaterra van a la India. Tan primerísimos que, cuando nuestro hombre hace el viaje, la Imperial Airways lleva solamente una semana operando la línea y el recorrido obliga a aterrizar y a amerizar cada dos por tres. Se trata del primer servicio de correo aéreo, que emplea una semana en hacer su recorrido, y que debe detenerse en bases tan precarias como perdidas en la geografía para repostar e ir cubriendo las numerosas etapas que necesitan los aviones de la época.

Por supuesto, la descripción del vuelo -de los muchos vuelos, en realidad- está llena de interés, porque la altura y la velocidad de su aeroplano son tan escasas que se distinguen desde el aire las huellas de los camellos que andan por la arena del desierto. Tanto como un viaje en avión parece que lo que Byron cuenta es un viaje en globo a baja altura.

El plato fuerte del viaje es, sin embargo, Oriente, ese mundo casi de fantasía que se pierde en las faldas del Himalaya y en los valles de clima inhóspito que se adentran en la cordillera para dar cabida a estos reinos, prohibidos del todo o medio prohibidos, que son Sikkim y Tíbet. El viaje de Byron y los amigos que lo acompañan es una auténtica expedición y si las cartas de recomendación que le permiten acceder a gobernadores, altos oficiales del ejército y funcionarios importantes allanan la obtención de permisos y de contactos, de  poco sirven para enfrentarse al frío y a la extrema dureza del camino.

Distancias enormes, llanuras de piedra entre montañas coronadas por glaciares, decenas de kilómetros a caballo por caminos remotos, colores sorprendentes envolviendo el paisaje, pequeños pueblos en el camino, otros viajeros y un sentimiento indefinido de haber hecho realidad lo que para el resto de los humanos es sólo una mancha de color en el mapa van dibujando una experiencia extraordinaria para la época, pero sobre todo para un amante de los viajes que puede al fin conocer una parte de mundo que está fuera del alcance de cualquiera que no sea un privilegiado.

Viaje al Tíbet es todo eso. En un alarde de atrevimiento, el responsable de esta edición, se hace eco de quienes advierten que Robert Byron no es un escritor dotado para la mejor literatura. Es cierto y nadie le pidió ni en su época ni ahora que lo fuera. Porque su capacidad para el relato, su forma de contar, su humor cuidadosamente administrado, su perspicacia, su extensa cultura sobran para retener el interés del lector y mantenerlo pendiente de todos los episodios hasta el final.

Viaje al Tíbet es, además de un viaje al corazón de Asia, también el viaje a una época de viajeros heroicos y románticos que terminó hace tiempo. El lector pasará un buen rato escuchando su voz y entretenido en este libro divertido y lleno de noticias que nos ayudarán también a entender el presente.

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martes, 20 de mayo de 2014

Cevdet Bey e hijos

Cevdet Bey e hijos

Orhan Pamuk
Mondadori, 2013
654 pp.

Estambul ha alimentado la imaginación de los mejores escritores. Con 'Cevdet Bey e hijos' Pamuk nos habla de la mítica ciudad cuando el Imperio Otomano está a punto de caer...

Orhan Pamuk
Mondadori, 2013
654 pp.




Muy pocas son las ciudades que pueden aspirar al selecto club de las que reciben el nombre de ‘eternas’. Estambul es una de ellas. Las culturas griega, romana y musulmana, la capitalidad del imperio de Oriente y del Otomano, su condición de puente entre Europa y Asia, su asentamiento a las puertas del Bósforo hacen de ella una ciudad única, cargada de historia y de secretos también. Estambul es inagotable.

Pamuk escribió su primera novela situando la escena en la ciudad, en un Estambul todavía otomano al principio del siglo XX. Luego seguirían otras novelas, pero esta quedó sin publicar en español. Ahora se publica y esta es la razón de que se hable de ella.

¿Es la mejor novela del celebrado Nobel turco? Sin duda no. Pero no por ello es menos interesante. Estambul, poco antes de la primera Guerra Mundial que certificaría la muerte del 'enfermo de Europa', es una ciudad viva y atravesada por toda clase de contradicciones. Pamuk habla con toda seguridad de un mundo del que ha oído noticias a través de sus abuelos y de los más mayores de su familia. Habla de un mundo que en el momento de escribir ha cambiado ya pero cuyos ecos no se han extinguido todavía.

La historia -la de la ciudad y la del imperio- se abren camino a través de la trama que muestra cómo es la sociedad y cómo era el mundo en aquel momento. Cevet, joven, salido de una familia de lo más modesto, va a casarse con la hija de un bajá. Es un comerciante ambicioso y de éxito. Ha levantado su tienda de la nada. Y es una excepción, porque los comerciantes -no los tenderos de tres al cuarto, sino los comerciantes, los que pueden mirar a Europa y sobre los que se va a construir una ciudad moderna- son judíos, armenios y rumíes pero no musulmanes. Esa sola noticia introduce ya al lector en el ambiente de un mundo distinto.

El hermano es militar. Es un funcionario que vive dentro de los entresijos de ese estado atrasado e ineficaz a cuya cabeza, inabordable y sordo, está el Sultán. Es militar pero desafecto, crítico con el atraso del país e imbuido de las ideas renovadoras de sus colegas revolucionarios a las que se ha aficionado cuando ha vivido en París.

Cada personaje aporta su propio bagaje, ilustrativo de una época y de una sociedad con una identidad tan fuerte como la de Estambul. Pamuk va colocando paso a paso las piezas de un mosaico que cobran relieve y ganan en complejidad y en significado a medida que el relato avanza. Desde el ambiente de los comerciantes, la novela escala hasta la alta política y, desde el bazar, a las relaciones internacionales cuando se perciben las primeras sombras que anuncian la Gran Guerra.

Estambul resulta inagotable y siempre interesante. En ella se refleja un universo entero compuesto de innumerables luces. Y son estas luces las que aprovecha Pamuk para narrar una historia que no conocíamos y que nos ofrece ahora un buen rato de grata lectura.

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jueves, 8 de mayo de 2014

Bloody Miami

Bloody Miami

Tom Wolfe
Anagrama, 2013
624 pp.

Con envidiable soltura verbal, sin la menor intención de morderse la lengua y con su habitual capacidad para la caricatura Tom Wolfe nos introduce en Miami y de rebote en los EEUU...


Tom Wolfe
Anagrama, 2013
624 pp.






Con envidiable soltura verbal, sin la menor intención de morderse la lengua y con su habitual capacidad para la caricatura Tom Wolfe nos introduce en Miami y de rebote en los EEUU. Wolfe maneja la sátira con maestría y con evidente mala intención para darle agudeza al relato y se atreve a jugar con lo políticamente incorrecto apostando por la exageración y el humor y creando situaciones tan absurdas como divertidas.

La caricatura es eso, una pizca de humor y otra de exageración. Pero contiene también su pizca de realidad. O mejor, es sobre todo realidad con la distorsión de una forma de mirar distinta que el lector acepta porque sabe que se trata de un juego.

El Miami de Wolfe es sin duda una ficción. Pero es que el Miami real resulta una ficción, dentro de los Estados Unidos, de la que parece que no nos hemos dado cuenta. Los americanos, los americanos de verdad, los de piel blanca, los que crearon el país, los protestantes aunque hoy sean casi todos unos descreídos, resulta que forman una minoría en extinción en la ciudad. La mayoría, los ricos, los que llevan la voz cantante y los que tienen el futuro en sus manos son los cubanos.

El absurdo del que se cuelga Wolfe para construir su novela es justamente esa evidencia de la que los americanos no se han dado aún cuenta y que les pilla por sorpresa. Resulta que los extranjeros son ellos. Resulta que el país ya no es lo que era y se ha convertido en una fuente de desagradables sorpresas porque parece que los que triunfan –y los que mandan- ahora son otros que se colaron sin avisar. Son otros que han nacido ya en el país pero no son los de antes. ¡Jodida Miami! que es lo que sin remilgos expresa el título de la novela.

Pero no son solamente los ‘americanos’ los que se equivocan. Se equivoca todo el mundo porque todos padecen en versiones distintas del mismo mal que es la estupidez. ¿Qué les pasa a todos y qué nos pasa a todos -porque al final la crítica tampoco deja fuera al lector? El mal de todos es la miopía. Una miopía que hace a cada cual coherente en su minúsculo mundo y por ello mismo insistente en sus errores y convencido de llevar la razón. Pero que lo convierte en ridículo tan pronto el zoom se aleja un poco de la escena y se contempla el disparate de unos y de otros encerrados en sus convicciones miserables y pequeñas.

No hay compasión para Wolfe que carga las tintas en el relato y, al hacerlo, le da al lector alas para su divertimento. Porque casi siempre, esa miopía convive con todas las pasiones mezquinas que el día a día da por descontadas. Pasiones que forman parte de la vida de cualquiera, pero que, modificada la escala sobre la que se mueve la realidad, resultan campo abonado para la mirada más mordaz. No hay compasión para los estúpidos en esta comedia humana que es capaz de construir Wolfe allá donde otros no verían más que pura normalidad. (Pueden ustedes cambiar la r de pura por lo que les apetezca y estarán en el ambiente de Wolfe todavía más inmersos).

Bloody Miami es sobre todo Miami, porque en sus enredos toca los temas más diversos que dan carácter a la ciudad y que retratan a sus habitantes. Aunque no cuesta mucho extender la ácida ironía que el autor maneja magistralmente a esa América que nosotros llamamos Norteamérica y al final a todo el mundo. Bloody Miami, incisiva y malévola, ayudará sin duda al lector a pasar un buen rato de lo más entretenido.

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miércoles, 23 de abril de 2014

Viajar con niños. El manual para preparar tus vacaciones en familia

Viajar con niños

VV.AA.
La editorial viajera, 2014
216 pp.

Rotundamente sí, Es posible viajar con niños, incluso pequeños, sin necesidad de que los padres sean unos héroes. Y además es posible pasarlo muy bien....


VV.AA.
La editorial viajera, 2014
216 pp.





Rotundamente sí, Es posible viajar con niños, incluso pequeños, sin necesidad de que los padres sean unos héroes. Y además es posible pasarlo muy bien.

Pero no es lo mismo que viajar sin niños. Y tener esto claro es la primera de las claves del rompecabezas que conducirá al éxito del viaje. Por esto, porque pasarlo bien es posible y porque es mejor conocer las claves que lanzarse a la piscina a ver qué pasa, es por lo que la nueva La Editorial Viajera ha publicado este Viajar con niños.

Se trata de un libro práctico, de un manual sencillo pero que nadie había caído en la cuenta de que hacía falta escribir y llevarlo a las librerías. De ahí el mérito y la acertada idea de los editores que han puesto en manos de los padres algo así como un camino para su liberación, para salir de casa y lanzarse a recorrer mundo.

Como ocurre con la solución de tantas cosas complejas, el truco es casi siempre de sentido común. Nada de lo que cuenta el libro resulta sorprendente. Y siendo así, la pregunta es ¿cuál es su secreto?

El secreto, el principal activo del libro, es la experiencia. Como en muchas aventuras otros las emprendieron antes y se enfrentaron en ellas a multitud de problemas previstos, unas veces, e imprevistos, otras. Algunos problemas para los que era posible prepararse antes de salir de viaje y otros que simplemente había que resolver por el camino. Y siempre mucho menos dramáticos de lo que la imaginación augura cuando aún se está en casa.

Cómo preparar el viaje, qué llevar en la maleta, cómo debe ser el equipaje, qué juegos ayudarán a pasar las horas muertas, cómo abordar el asunto de las comidas, qué precauciones tomar para proteger la salud son cuestiones prácticas con soluciones al alcance de la mano y que los padres agradecerán verlas bien ordenadas para tenerlas presentes. Como también agradecerán los comentarios acerca de la programación del viaje, es decir, de la ocupación del tiempo y de su buena administración para que los pequeños se sientan satisfechos y no vivan la actividad de viajar como un sacrificio.

Balancear la estancia en ciudades con el disfrute de la naturaleza, hacer de la ciudad algo divertido para ellos y para todos, evitar el aburrimiento y el cansancio también es el resultado, como en la cocina, de disponer de distintos ingredientes y de mezclarlos de una manera apropiada.

Viajar es cambiar de escenario y es una magnífica escuela para la familia. Representa romper las rutinas, abrir a los niños las puertas de un mundo distinto y a los mayores estrenar una experiencia en familia tan novedosa como enriquecedora. Sólo es cuestión de saber navegar en ese mar abierto que es salir lejos de casa. Y como la improvisación no suele dar el mejor de los resultados cuando hay que cuidar a niños que necesitan y desean cosas distintas de los adultos, nada como dedicar un poco de tiempo a prepararse y a escuchar la opinión y el consejo de quienes no sólo se atrevieron una vez sino que repitieron y se animan ahora a convencer al resto de los padres de que merece la pena seguir sus pasos.

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lunes, 7 de abril de 2014

Y las montañas hablaron

Y las montañas hablaron

Khaled Hosseini
Salamandra, 2013
384 pp.

De sentimientos, en esa tierra tan áspera como es Afganistán, es de lo que trata realmente "Y las montañas hablaron" ...




Khaled Hosseini
Salamandra, 2013
384 pp.





De la experiencia resulta que, sean del lugar que sean, los hombres son iguales. O aproximadamente iguales. Al menos, en lo que se refiere a los sentimientos. ¿Todos sienten lo mismo?¿No hay diferencias que dependen del lugar donde se ha nacido? Pues si y no. Hay diferencias de matiz, de conjugación. La cultura juega su papel, el modo como se han articulado las sociedades también y las circunstancias del entorno, eso que llamamos el presente, influye igualmente de manera importante. Pero el amor, la soledad, la inquietud que nace de la incertidumbre, la solidaridad, la alegría, la generosidad, la compasión… están en las raíces del ser humano y afloran en cualquier lugar y en cualquier momento.

De sentimientos es de lo que trata en realidad el último libro de Khaled Hosseini, que ya conquistó al público con Cometas en el cielo y con Mil soles espléndidos. De sentimientos, en este caso, en un lugar tan problemático como Afganistán. Un lugar que el lector conoce por las noticias de la prensa y del que solamente le llegan imágenes sobre la sucesión de atentados y sobre los hechos violentos que componen el repertorio de actualidad de los noticiarios.

Pero resulta -igual que comentaba no hace mucho haciendo referencia a otro libro sobre Somalia- que por todas partes la vida sigue, las personas necesitan reconstruir un espacio donde dar curso a esa realidad ineludible que es la del día a día y que, sea en Afganistán o en Somalia, detrás del terror o en medio de él hay siempre personas que sienten y tratan de establecer lo que llamaríamos una vida cotidiana.

El libro de Kaled Hosseini comienza con un cuento y es él mismo una especie de cuento, la historia de unas vidas que arrancan años atrás, cuando el país vivía encerrado en sí mismo y las familias, más humildes todavía en el campo que en la ciudad, tenían que sobrevivir a base de grandes sacrificios en medio de una naturaleza arisca, extremadamente dura. La caída del rey, el dominio de los señores de la guerra, llegada de los talibanes van marcando una senda de declive que golpea a los personajes y va dibujando un paisaje cada vez más melancólico donde las condiciones de vida se deterioran hasta acabar sumidas en una catástrofe.

Alguno de los personajes no resiste la crueldad de la situación, otros la afrontan huyendo a países lejanos donde rehacer sus vidas, otros aguantan y otros, extranjeros acuden en ayuda del país sacrificándose por él. Cada uno se apoya en sus convicciones y trata de ganar días a la vida en busca de un horizonte un poco mejor. Los que se han quedado, resignados al monumental descalabro que se les ha venido encima y adaptándose como pueden y con un hilo de esperanza en el futuro. Lo que se exiliaron, tratando de compaginar el confort de sus nuevas vidas en el extranjero con el desgarro que sienten al contemplar su país y una situación que remueve todavía lo más profundo de su alma.

Es verdad que los sentimientos acaban siendo los mismos en cualquier parte donde pueda haber personas. Pero la mirada que nos ofrece Khaled Hosseini sobre Afganistán nos habla de una modulación particular que constituye en si misma los rasgos de carácter de un pueblo. Un pueblo que arrastra el pesado lastre de una historia difícil y violenta, al mismo tiempo que ofrece a través de las personas grandes lecciones de humanidad. Esto es Afganistán, al margen de los episodios que aparecen en los periódicos y esa es la imagen que Khaled Hosseini transmite para hacer conocer al lector que existe también un país amable donde florecen los sentimientos.

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miércoles, 26 de marzo de 2014

El héroe discreto

El héroe discreto

Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2013
392 pp.

Perú y una buena ración de excelente literatura se combinan en 'El héroe discreto' para placer del lector ...


Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2013
392 pp.





Si hay alguien que no necesita reseñas porque sus libros ocupan espacio en periódicos y revistas culturales incluso antes de llegar a las librerías es Vargas Llosa. Vaya pues por delante que no se trata aquí de dar noticia de un libro de sobras conocido y aireado por todos los medios de comunicación. Un libro, por lo demás, excelentemente escrito, con una trama que despierta interés desde el principio y que se sigue, con una lectura ágil, hasta el final.

Hay quien dice que el libro pierde intensidad a medida que avanza. Puede ser. Pero en mi opinión, la curiosidad por el desenlace sigue viva de principio a fin y, a lo largo de sus páginas, el libro ofrece al lector todo el placer que destila la buena literatura.

¿Por qué, pues, seguir hablando de este ‘héroe discreto’ cuando hace ya meses que apareció publicado? La respuesta, para un espacio dedicado a la literatura de viajes como es éste, es que resulta un magistral ejercicio ‘creación’ de un país -Perú en este caso- para introducir al lector en él y sumergirlo en su ambiente. No hace falta leer más que unas pocas páginas para que a través de las palabras se construya la sólida imagen de la vida tanto en una ciudad de provincias como en la capital peruana con la atmósfera cargada de matices que la rodea.

No estamos hablando del Perú en general. Hablamos de la vida de unos personajes a través de la cual descubrimos un Perú que da la impresión de ser el que ven y sienten los mismos peruanos. No hay una descripción del país. El país surge del día a día, de los accidentes y los incidentes, de las relaciones, de los contactos, de los encuentros, de los recuerdos que rodean a los personajes y que van dibujando tanto la trama como el escenario –Perú- por el que discurre la novela.

Pero la eficacia con la que Vargas Llosa introduce al lector en la atmósfera de su país da la impresión de que no es sólo un ejercicio de buena literatura sino además el resultado de una intención premeditada. Por supuesto el autor es un excelente observador y por ello mismo capaz de recrear la realidad que envuelve a sus personajes.

Pone nombre a restaurantes y a comidas. Cuenta del ambiente de la calle, de los almacenes que bordean las aceras, del discurrir en la comisaría de policía, de los tenderetes callejeros con sus platos de tamales y su Inka Kola. Descubre Vargas Llosa el interior de las tiendas modestas de los barrios humildes a los que el viajero nunca llegará. Repara en las telarañas, en las estanterías ‘añosas’, en las bolsitas de hierbas para vender a los clientes, en los cachivaches y las vírgenes que componen el precario abanico de mercancías que se ofrecen al comprador. Aquí y allá, con apuntes de la realidad de la calle o de la vida, va asentando un paisaje que cobra fuerza casi inmediatamente.

Pero que se apoya, sobre todo, en el recurso a palabras que inmediatamente agitan la imaginación del lector. Vargas Llosa juega con ello porque su hablar no es el de un escritor a secas, es el de un peruano. Los nombres que elige para sus personajes son para el lector pura esencia de Perú: Felícito, Tiburcio, Lituma, Rigoberto, Edilberto, Lucindo, Floralisa… Y los lugares de los que habla vuelven a remitir a las raíces del país andino con nombres del estilo de la Cruz de Chalpón, Las Huaringas, Huancabamba, Jirón de Carabaya, Pucusama, Catacaos o el río Zanjón.

Vargas Llosa no ahorra recursos a la hora de emplear el lenguaje para construir su escena utilizando ese habla peruana que tan determinante resulta. Palabras que sorprenden a cada poco al lector español, que necesita un instante de reflexión para comprenderlas: farrearse, chambear, churre, lisura, descachalandrada, yanacón, chulucano… Ni tampoco elude el uso de esos diminutivos tan ajenos al duro castellano peninsular y que hacen del español un idioma suave y que entiende de afectos: lluviecita, fiestecitas, blanquito, hembrita.

Vargas Llosa es un maestro del lenguaje y en este caso también de la construcción de la intriga. Una intriga provinciana, de trazos más groseros o quizás más humildes, que corre en paralelo con otra intriga, de ambiente capitalino, centrado en familias pudientes y cultas, que parecen desarrollarse como novelas distintas y casi extremas en esa línea que une los polos de una sociedad por naturaleza desigual. La intriga es lo que mueve la novela del mismo modo que la dignidad y la rectitud de los personajes ponen los límites a su desarrollo para convertir el libro entero en una especie de cuento moral con el que Vargas Llosa se permite la licencia de aleccionar, través de la literatura, amparado en la autoridad que dan la madurez y las canas.

No hay que perderse este ‘héroe discreto’, ni la oportunidad de disfrutar de la escritura de un maestro y de unas aventuras que tendrán al lector en vilo a lo largo de todas las páginas del libro.

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