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jueves, 11 de febrero de 2016

A flor de piel

A flor de piel

Javier Moro
Seix Barral, 2015
496 pp

Quien quiera dejarse arrastrar por una aventura singular y por un hecho, aunque desconocido, de dimensiones históricas, tiene con A flor de piel la ocasión de hacerlo y de disfrutar de una buena lectura.



Javier Moro
Seix Barral, 2015
496 pp





Una película de buenos. Esto es lo que nos trae Javier Moro con esta flor de piel que da título al libro y que nos habla del terrorífico mal de la viruela cuando no había remedio para curarla y del  extraordinario viaje que hizo falta emprender para llevar hasta América la milagrosa vacuna que consiguió vencer la enfermedad.

A flor de piel es en primer lugar un viaje en el tiempo. Un viaje bondadoso porque la distancia y también el dramatismo de las situaciones obligan, a toro pasado, a buscar un relato sereno con el que acercarse a los hechos. El lector actual lo necesita para no dejarse arrastrar, él mismo, por ese terror hacia la enfermedad sembrada de forma arbitraria y sin forma de escapar de ella. Y el narrador también se ha sentido cómodo en esa serenidad para buscar un equilibrio en el relato y no apostar solamente por la tragedia de sentir el desamparo abrumador y la condena sin remedio ante una muerte que rondando casa por casa lo impregnaba todo.

En ese viaje en el tiempo Javier Moro nos lleva a la Galicia rural del siglo XIX, una tierra mísera e inhóspita donde el hambre era el pan de todos los días. Nada jugaba a favor de quienes nada tenían, en una sociedad sobre la que el autor no quiere cargar las tintas. Los más pobres entregan a sus hijas a quienes las puedan alimentar, cualquiera que sea el precio. El cura se compadece de sus parroquianos y ejerce una precaria caridad con ellos para echarles una mano. Incluso los señores, que también los hay, se muestran generosos para hacer un poco más humano un mundo que no lo es. Menos la muerte por la viruela y la miseria, todo parece humano en el relato de Javier Moro y todo parece mostrar una sociedad que con los siglos y en medio de la desgracia ha ido buscando una forma de acomodo para que la vida siga.

Pero no todo es la pobre Galicia, rural y lluviosa, aislada en un rincón atlántico. El relato novelado de Javier Moro nos lleva también al Mediterráneo, nos habla de los militares, del interés por la ciencia, de las guerras y de esa otra España de la que nos hemos olvidado y que era la de las colonias americanas. Unas tierras próximas y lejanas al mismo tiempo, que extienden la percepción del territorio nacional a lugares de los que llegan noticias contradictorias pero que son hermanos.

Para la península, América es una suerte de anticipo de la globalización. Es el motivo para extender un puente sobre el Atlántico y sobre el Pacífico hasta Filipinas y es el motor de este proyecto enorme para la época que es llevar la vacuna contra la viruela de un continente a otro.
La precariedad de las comunicaciones, su lentitud y la dificultad de alcanzar los lugares remotos convierten, a esta expedición de niños, médicos, marinos en un barco fletado expresamente, cargado con material de laboratorio y con todas las bendiciones de la Corona e incluso del Papa, en una hazaña extraordinaria.

El viaje real, que es el que hace la vacuna a cuyo servicio están niños, médicos, marinos, autoridades, obispos y curas... está lleno de incertidumbres. Nunca antes se había planteado una vacunación masiva de esas proporciones y nunca se había intentado con una fórmula tan inestable y tan difícil de mantener activa a lo largo de tanto tiempo y a pesar de distancias tan enormes.

Por supuesto, no hay película de buenos sin que aparezca algún malo en escena y sin que los contratiempos no sirvan para darle emoción a la trama. Las buenas intenciones chocan, con frecuencia, con la realidad, tienen sus sinsabores, generan incomprensión y envidias. Sin echar una mirada a las dificultades, la epopeya de la vacuna hubiera quedado corta y la imagen del mundo en que se desenvolvió hubiera perdido consistencia.

El relato de Javier Moro sostiene su pulso a lo largo de las páginas y mantiene viva la atención del lector. En su transcurso, va presentando episodios novelados, unos, y verdaderos, otros, de un pasado que quien lee sentirá unas veces familiar y otras veces lejano y olvidado. Y al mismo  tiempo Javier Moro devuelve a la actualidad un acontecimiento casi desconocido que ayudó a cambiar el mundo y que hoy debería despertar la mayor admiración.

Quien quiera dejarse arrastrar por una aventura singular y por un hecho, aunque desconocido, de dimensiones históricas, tiene con A flor de piel la ocasión de hacerlo y de disfrutar de una buena lectura.

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viernes, 29 de mayo de 2015

El huérfano

El huérfano

Adam Johnson
Seix Barral, 2014
616 pp

Para divertirse un rato, El huérfano cumplirá su papel en la categoría de literatura relajante, de lectura rápida y como una manera de aproximarse a Corea del Norte tan entretenida como fantasiosa.



Adam Johnson
Seix Barral, 2014
616 pp





Arropada por un premio Pulitzer nos llega esta novela que promete emoción y la posibilidad de descubrir algo nuevo porque su trama transcurre nada menos que en Corea del Norte. Relatos sobre la Corea al norte del paralelo 38 habían llegado con un sabor de documental o con un sabor de denuncia. Pero novela, pura novela de ficción, resulta una novedad y por ello, también, una explicación del gozo con el que ha sido recibida El huérfano.

Lo de Corea -del Norte, se entiende- tiene el aliciente de lo incomprensible. Millones de personas dominadas como si fueran miembros de una secta, con la voluntad secuestrada y los sentimientos polarizados por una extraña energía hacia un Olimpo donde reinan, por este orden, el Presidente Eterno, el Querido Líder y el Líder Supremo resulta cuando menos una rareza que despierta a partes iguales incredulidad y temor. De ahí que cualquier perspectiva que ayude a penetrar en el misterio del país más cerrado del mundo es bien venida y vista con especial interés.

El huérfano, en su condición de novela, se beneficia de no estar limitada por los cánones de los discursos del análisis social o de la literatura de denuncia. Es libre de fabular dentro de ese oscuro caldo que es Corea y de crear una historia cuyo desarrollo pone de relieve,  mirando en mil y una direcciones, cómo es el país.

La propuesta es, pues, interesante y el argumento es perfecto para mantener entretenido al lector. Todas las negruras del régimen dictatorial se ponen en juego para crear el retrato de un mundo de pesadilla donde no hay más objetivo que la obediencia a unas órdenes perversas cuyos fines son tan oscuros como los medios empleados para conseguirlos.  Un joven, crecido en un orfanato y entrenado para la guerra en la más completa oscuridad es reclutado para realizar misiones secretas, a cada cual más dura y sacrificada y más inconfesable también.

¿Y cuál es el problema? Pues, depende. Si lo que se espera del libro es encontrar una novela de aventuras con sus dosis de suspense y de emoción en un entorno desconocido donde además todo es posible de puro absurdo, El huérfano cumple a la perfección su cometido. Pero si lo que se espera es un poco de luz sobre Corea y un poco de sensación de realidad, es probable que pensemos que nos hemos equivocado de libro, que el autor se ha pasado de la raya.

Por absurdo que sea el régimen de Corea del Norte, nadie puede pensar que es el resultado de una improvisación  o de una secuencia de chapuzas encadenadas una a la otra. Ni se construye una bomba atómica a base de alambres y cordeles ni se levanta un régimen que parece no tener fisuras a base de cuatro aficionados sin recursos y sin horizontes claros. Y ahí es donde el lector se encontrará y deberá decidir si le importa o no le importa esa licencia que se toma el autor de presentar una Corea rematadamente malvada, hecha con decorados de cartón piedra.

El huérfano no trata de bombas nucleares, ni de la ideología del régimen porque no es ese su objetivo. Pero en su deseo de buscar la aventura y un poco de adrenalina, ese contexto que hace de Corea algo realmente singular y convierte en misterioso todo lo que ocurre en el país, se difumina. En el libro del que estamos hablando, no se percibe la huella de una maquinaria ciega que mueve, bien o mal, los hilos de un país entero. Todo está contado en clave individual, todo parece obra de unos marginados dedicados a sus maquinaciones. Las complicadas acciones secretas encargadas a nuestro hombre resultan, fuera de cualquier contexto, simple fantasía, todo improvisación y chapuzas mayúsculas. Los enfrentamientos con el enemigo son, de puro disparatados, inverosímiles y maldad del régimen aparece tan ingenua como la de las películas mudas donde la caricatura ocupaba el espacio de la realidad.

Para divertirse un rato, tomando prestado el espantajo de Corea del Norte, lo mismo que a los niños se les asusta con el hombre del saco, El huérfano cumplirá su papel como literatura relajante, de lectura rápida y con el aliciente de averiguar qué va a pasar en la siguiente página. Como una manera de aproximarse a Corea del Norte y comprender mejor que es lo que se cuece en el país, el lector encontrará en otros libros noticias más ajustadas e informaciones con un contenido menos delirante para satisfacer su interés.

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viernes, 22 de febrero de 2013

Cambios

Cambios

Mo Yan
Seix Barral, 2012
127 pp

Con Cambios, Mo Yan hace de la escritura un pequeño juego, realizado sin esfuerzo y que se lee sin esfuerzo también, con rapidez y con una leve sonrisa a lo largo de las páginas....



Mo Yan
Seix Barral, 2012
127 pp





La concesión a Mo Yan del premio Nobel de literatura se justificaba porque “Con una mezcla de fantasía y realidad, de perspectiva histórica y social (había creado) un mundo que en su complejidad recordaba a los escritores como William Faulkner y Gabriel García Márquez, tomando al mismo tiempo como punto de partida la tradición literaria china y la cultura narrativa popular”.

Con Cambios, Mo Yan apunta más bajo. Hace de la escritura un pequeño juego, realizado sin esfuerzo y que se lee sin esfuerzo también, con rapidez y con una leve sonrisa a lo largo de las páginas. Cambios es una narración ligera, entretenida y reveladora del discurrir de China en los años recientes, tal y como se propone contarlo el autor.

Por supuesto, el discurrir de China es un tema de complejidad enorme y de unas honduras políticas que admiten las posiciones más diversas. La historia no es nunca neutral y los intereses y la ‘memoria’ de cada cual marcan sin remedio su relato. Pero Mo Yan apuesta aquí por unas pinceladas donde se refleja su propia vida. Habla de la evolución de China a través del pequeño retal de su experiencia. “Lo que describo son básicamente recuerdos –dice-; si en ellos hay alguna creatividad histórica es porque se trata de cosas acontecidas hace muchos años y me falla la memoria”.

Sin duda esta afirmación es un guiño al lector, que sabe que no son tantos los años ni tan pobre la memoria del premio Nobel. Mo Yan nos advierte de que va a tomarse alguna licencia y que se va a sentir libre para colorear su relato dejando un espacio a la creación. Nada como poder darse el capricho de escribir la historia y de matizarla al gusto de uno mismo.

Mo Yan habla de este extraño país que empezó siendo –en su niñez- rabiosamente comunista y terriblemente pobre para volverse, en un abrir y cerrar de ojos, rico y no se sabe muy bien qué en lo que se refiere a la política. La de Mo Yan es una visión irónica de la vida –de la vida oficial de sus años jóvenes- amablemente crítica en asuntos cotidianos siempre marcados por las reglas y las consignas oficiales, pero comprensiva y cariñosa en sintonía con los recuerdos juveniles donde asoma siempre un deje de nostalgia.

Su narración se nutre de historias pintorescas con anécdotas y personajes de sabor costumbrista, como de comedia: el cuadro del partido, el campesino pobre y el menos pobre, los profesores, los ‘técnicos’, los oficiales y los soldados… Unos personajes cuya suma da la imagen de esa China que hoy parece antigua y que fue la de los años que siguieron a la revolución.

Tanto Mo Yan como el lector se sorprenden de la velocidad y la magnitud de los cambios experimentados por China. Pekín y cualquier ciudad de provincias aparecen a los ojos de joven Mo Yan con aspecto pueblerino y dimensiones enanas comparadas con el tamaño y la desbordante vitalidad que tienen hoy. Ni un centímetro de autopista, recuerda, se había construido en todo el país algunos años después de la muerte de Mao. Auténticos desiertos se desplegaban donde ahora aparece un auténtico mar de invernaderos de los que salen hortalizas que los campesinos no habían visto jamás.

Pero no es únicamente la apariencia externa del país lo que cambia. Es, además, la vida de las personas empezando por la suya, que pasa de un humilde campesino a importante hombre de letras, y continuando por la de sus compañeros de escuela con una trayectoria tan sorprendente como la propia. China no para de generar libros y títulos que alimentan las mesas de novedades de las librerías. Está de moda. Entre todas estas novedades Cambios resulta peculiar. Se lee en un momento, es un libro amable y lleno de interés y da un reflejo más de China para ayudar a comprender, disfrutando de la lectura, uno de los fenómenos más importantes del presente.

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domingo, 16 de diciembre de 2012

Al este de Occidente

Al este de Occidente

Miroslav Penkov
Seix Barral, 2012
285 pp.

Se dice de algunos países que no existen en la realidad. Bulgaria -lo mismo que algunos lo han dicho de Albacete- podría ser uno de ellos.Pero está ahí y Miroslav Penkov se ocupa muy bien de recordárnoslo.



Miroslav Penkov
Seix Barral, 2012
285 pp.





Se dice de algunos países que no existen en la realidad. Bulgaria –lo mismo que algunos lo han dicho de Albacete- podría ser uno de ellos. Suena en el imaginario colectivo, está relativamente cerca, pero no ocupa un lugar relevante en las noticias de los periódicos ni parece que ningún conocido, por aficionado a los viajes que sea, haya estado nunca en él.

Aunque lo cierto es que está ahí y Miroslav Penkov se ocupa muy bien de recordárnoslo con un libro compuesto de ocho relatos, lleno de talento, de imaginación y de buena escritura. Un libro que se lee a gusto y que explica que el autor, muy joven, reciba con justicia el piropo de ‘estrella literaria’.

Miroslav Penkov, tratando asuntos distintos, creando personajes, dejando fluir afectos y situaciones, nos habla de su país. Un país donde el presente está condicionado por una historia que asoma por todas partes y por toda la región que lo rodea y con la que comparte buena parte de su destino. Bulgaria no es nada sin los Balcanes. Y los Balcanes tampoco se entienden sin echar la mirada a ese mosaico de países medio hermanos y siempre en conflicto que comparten fronteras y que pelearon por ellas a lo largo de los siglos.

No es de extrañar que en muchos de los relatos esté presente el peligro, la lucha por la supervivencia, la guerra con el enemigo… Y es que enemigos lo han sido todos y los ha habido en cada generación. Bulgaria, como toda la región de los Balcanes, es tierra de frontera y como tal ha sido el campo de mil batallas. Batallas entre países vecinos, batallas entre las grandes potencias que movieron allí sus peones y batallas personales y familiares por seguir viviendo y por recuperar un lugar en la historia.

Los relatos que componen Al este de Occidente muestran la complejidad de esta Bulgaria y lo hacen con enfoques muy distintos unos de otros, pero con un telón de fondo que el lector reconoce enseguida, que les da unidad a todos ellos y que construye una imagen del país tan rica como agitada. Una Bulgaria turca surge en el recuerdo, fiel a la tradición musulmana y sujeta a la crueldad arbitraria del sultán, una Bulgaria rebelde aparece, también, con los combatientes que esperan recuperar Macedonia y recobrar la grandeza de cuando hubo zares búlgaros y un verdadero imperio bajo su manto, otra Bulgaria habla de los albores de la revolución y de la lucha por el comunismo, una Bulgaria más es la que resulta de la caída del muro de Berlín al lado de una Serbia aparentemente próspera y de una Europa todavía lejana y que se perfila como la tierra prometida.

Dos siglos de la vida de Bulgaria es lo que nos trae Miroslav Penkov mediante unos personajes que adquieren enseguida un tono familiar y cuyas vidas transcurren por situaciones dramáticas a veces, absurdas y con un toque de humor otras, pero siempre tan únicas que se diría que solamente podían haber ocurrido en este país. En la estela de Joyce con Dublineses o de Pamuk con Estambul -dice la contraportada del libro- Miroslav Penkov nos habla de su tierra en un ejercicio de excelente literatura. Sin dudarlo, va a mercer la pena dejarse llevar por sus relatos para disfrutar de un buen rato de la mejor lectura.

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lunes, 30 de enero de 2012

París insólito

París insólito

Jean-Paul Clébert y Patrice Molinard
Seix Barral, 2011
351 pp.

Estamos ante un libro muy singular, una extraña joya. Eso que ahora se llama un libro ‘de culto’. Además estamos ante un libro que debiera llevar un breve folleto de instrucciones....




Jean-Paul Clébert y Patrice Molinard
Seix Barral, 2011
351 pp.





Estamos ante un libro muy singular, una extraña joya. Eso que ahora se llama un libro ‘de culto’. Además estamos ante un libro que debiera llevar un breve folleto de instrucciones. Imprescindible avisar que hay que leerlo con el ordenador encendido o con la tableta a mano, con google maps abierto y el plano de París bien ampliado en pantalla.

Jean-Paul Clébert es el autor, el autor del texto. Un tipo marginal, bohemio, de aspecto miserable, voluntariamente rebajado a eso que la gente de bien llama pobres y holgazanes. Su foto ilustra la portada del libro. Un tipo interesante, duro, joven aún y de vestir desastrado. Irónico, sabe lo que quiere. “Mi aspecto –dice- me preserva por fortuna de la ofensiva denominación de intelectual o, lo que es peor, de existencialista”.

El París del que Clébert nos habla es el de inmediatamente después de la Guerra. ¿Y qué interés puede tener ese París que tanto ha cambiado después de cincuenta años? De entrada el de la capacidad narrativa del propio Clébert. Clébert es un prodigio de expresividad y lo es también de observación. Y lo es de atrevimiento por elegir el París al borde de la ruina como tema de su libro. París insólito. Podía haber elegido, como singularidad cualquier otro rasgo que no fuera el París más humilde y también el más débil. El primero que caería cuando la ciudad se levantara, curara las heridas del pasado -las de la guerra y otras que llevaba a cuestas- y lavara su aspecto para recuperar el puesto de capital opulenta y moderna comparable a las más ricas del mundo.

Clébert, que de chaval se escapa del colegio y que malvive escondido y fugitivo por las calles de París enrolado en la resistencia, no abandona ya las calles que lo atraen y en las que se siente como en casa. Recorre cada palmo de París, sin más objetivo que el de vagabundear. Con el propósito de no dejarse absorber por la sociedad trabajadora y ordenada que pone obligaciones y límites a la natural aspiración de ser cada cual dueño de sí mismo. Y toma apuntes sin parar, porque no es un hombre amigo de la disciplina, pero sí es un escritor.

“Tengo tantas notas tomadas en dos o tres años de vagabundeo –dice al empezar el libro- tantos rostros, diálogos, decorados de fondo, vistas de los barrios bajos donde la vida es animal, peligrosa, oculta….”  Notas que alcanzan a París entero, barrio por barrio y que nunca se refieren a las grandes avenidas, a los edificios monumentales o al París ‘oficial’. Lo suyo son las calles estrechas, las tabernas, las casas de comida donde se reúne la gente y discurre la vida de una población de la que no habla nadie porque en el discurso de la riqueza y del progreso que anima a una sociedad entera, la miseria, la vieja y tan extendida miseria, tiene poco de ejemplar.

El París subterráneo del que habla Clébert está, en realidad bajo el sol. Está al lado del otro, del que brilla y del que se tiene noticias. Por ello es por lo que el lector conviene que vaya provisto de un buen mapa. Para poder seguir los pasos de su guía y saber en qué rincones se detiene, dónde está el bistrot del que da noticias, dónde paran esas mujeres de mejor o peor vida con las que es encuentra, o esos hombres que se entretienen con él jugando a cartas y charlando o que mira en la distancia con respeto y a veces con temor.

Está claro, como asegura Clébert que su libro está lejos de ser “un Baedeker para el turista”. Mucho más que las piedras, más que las casas le interesan, tal y como reconoce, “sus habitantes, tipos extravagantes, curiosos, insólitos e inesperados”.  Tipos que para él no son la escoria. Son personajes que mueven su afecto y que reivindica como valiosos, depositarios de una sabiduría ancestral, virtuosos a su manera porque lo suyo es vivir y dar vida a un París que desaparece.

Clébert es un poeta, de pluma agilísima y de ‘estar’ generoso. Se siente un privilegiado en cada rincón de su ciudad y con el deseo de abrir los ojos a quienes pasan de largo de este mundo que conoce, incapaces de dejar de mirar a otro lado. “Los parisinos aman pero no conocen su ciudad. La verdadera vida de una ciudad está vedada al publico, reservada para los iniciados, para los contadísimos poetas, para los numerosísimos vagabundos…”.

Poeta, vagabundo, escritor –aunque nunca intelectual-, hombre amable y generoso Clébert se mueve por esta corte de los milagros que se entremezcla con la gran capital. Escribe su libro y para una segunda edición repite sus paseos del brazo de Patrice Molinard que prepara una soberbia colección de fotografías. Fotografías sin concesiones, lo mismo que el texto, en blanco y negro, tomadas al paso, de rincones desolados muchas veces y de la gente humilde que los frecuenta. Extraordinarias todas ellas, sintéticas. Económicas en su expresión pero tan sugerentes y llenas de contenido como el texto de Clébert.

Seix Barral edita ahora este libro que bien se merece el apelativo ‘de culto’, en una edición tan sobria, como cuidadosa. Nadie que busque en París la Ciudad de las Luces debe perderse en este magnífico libro. No es un Baedecker, como dice Clebért. Pero quien sienta admiración por esta capital enorme y con tantas vidas como es París disfrutará con la lectura lenta y extensa y con las imágenes sobre unas gentes y una vida que han quedado en el recuerdo y que forman también parte del mito de la ciudad.

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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Chowringhee

Chowringhee

Sankar
Seix Barral, 2011
539 pp.

Calcuta, a mediados de siglo XX. Este el escenario en el que se desarrolla esta novela, que fue un éxito editorial en la India y está siendo recibida ahora, con alborozo, en occidente...



Sankar
Seix Barral, 2011
539 pp.





Calcuta, a mediados de siglo XX. Este el escenario en el que se desarrolla esta novela, que fue un éxito editorial en la India y está siendo recibida ahora, con alborozo, en occidente. Cuenta la solapa del libro que el autor, con unos cuantos best sellers en su haber, es uno de los novelistas más leídos en la India contemporánea.

Sin duda, Calcuta da materia para novelas de tono y contenido muy distintos. El drama viene enseguida a la mente, pero está claro que hay una raza de escritores indios a quienes el desparpajo les puede, por encima de todo lo demás, y el humor es la clave con la que se sienten cómodos a la hora de dar vida a sus ficciones.

Sankar es en este libro uno de ellos y apuesta por un tono pícaro para contar las andanzas del protagonista, un joven empleado de oficina que pierde el trabajo y ha de buscarse la vida en un entorno inhumano y amenazador.

¿Una tragedia? Nada de eso, porque la vida cuando se mueve a ras de suelo evita los sentimentalismos y obliga a espabilar para salir del atolladero. Y el autor, colaborando con la vida, inventa soluciones y se busca artificios para que la acción discurra por cauces que invitan mucho más a la sonrisa que a las lágrimas.

Por supuesto, a nuestro atribulado personaje lo persigue la desgracia. El mundo es arisco para él y aprieta pero no ahoga. Y justamente, en ese acontecer de las cosas, donde siempre hay escapatorias que ayudan a sobrevivir (a veces casi milagrosas) es donde nuestro hombre, joven, ingenuo y dotado de bondad natural, descubre una filosofía de la vida. Descubre el camino de la ‘maldad’.

“Estaba solo en este mundo egoísta y la única manera de seguir mi propio camino era a través del ingenio y la astucia (…) Jamás sería invitado de honor a esos alegres festejos de la vida, de modo que tendría que colarme por la puerta de atrás”.

Y Sankar cuela a su personaje por la puerta de atrás en el opulento mundo del lujo y de la riqueza poniéndolo tras el mostrador de la recepción del más elegante hotel de Calcuta. Clientes ricos que van y vienen, cargados con sus manías y sus historias, componen el nuevo paisaje que se abre ante sus ojos, además de un plantel de compañeros de trabajo, todos ellos cargados, también, con una buena dosis de extravagancia.

Los ingredientes están sobre la mesa para cocinar con ellos las situaciones más absurdas. Más que los incidentes propios de la vida en un gran hotel son los líos propios de la vida misma los que se enredan ante los ojos de nuestro hombre, lo involucran y crean mil y una situaciones con sus respectivas dosis de humor. La India desfila, así, ante el lector, y compone una comedia, donde los personajes se ríen de sí mismos. El mundo de Calcuta se hace caricatura y los duelos se convierten en regocijo.

Chowringhee es el barrio elegante donde se asienta el hotel Shahjhan que para su novela ha construido Sankar. Un microcosmos por el que asoman retazos de la ciudad entera y de mucho más allá. Quien desee acercarse a la India con la falta de rigor que lleva consigo la picaresca y la falta de complejos que demuestra el autor deberá dirigir sus pasos a Chwringhee con la seguridad de que pasará un buen rato entretenido en la lectura.

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martes, 7 de junio de 2011

Testamento mortal


Testamento mortal
Donna Leon
Seix Barral, 2011
318 pp.

Le toca a Venecia bajar al nivel más plano de la cotidianidad para entrar, de la mano de Donna Leon, en el género de la novela negra....

Donna Leon
Seix Barral, 2011
318 pp.





Venecia está presente desde todos los ángulos en la literatura de viajes. La fascinación por la ciudad se muestra en los escritores románticos, en los viajeros clásicos y en los modernos que no pudieron resistir la tentación de destacar su personalidad única, sus encantos y sus muchas particularidades -no siempre merecedoras de elogio.

Le toca ahora a Venecia bajar al nivel más plano de la cotidianidad para entrar, de la mano de Donna Leon, en el género de la novela negra. Donna Leon es una experta en el tema. Su comisario Burnetti protagoniza una larga serie de novelas ambientadas en la ciudad y que rezuman sabor a Italia, país que la autora –norteamericana- conoce bien. Y con el que se identifica. Su gusto por lo italiano recuerda esa afición de los anglosajones por el exotismo mediterráneo y se refleja en las palabras. El texto entero está salpicado por términos en italiano que pretenden situar al lector en primera fila frente al escenario y por vía del lenguaje acercarlo a la realidad. La novela negra es justamente lo que pide. Necesita que se pueda escuchar la respiración de los personajes y transmitir la atmósfera de la calle o del bar donde transcurre la vida. Y esto es lo que hace Donna Leon hablando de Venecia.

Venecia baja aquí del pedestal de lo sublime porque para lo que se presta es para sostener una historia de delincuencia sorda poco en línea con la gloria que envuelve a la ciudad.

Donna Leon habla de las calles, de los vaporettos, de las plazas… con la naturalidad con que los ven los venecianos, dedicados a sus menesteres diarios. Y aunque, según dictan los cánones del género negro, todo debiera discurrir en los términos de desgana que acompañan a la rutina –la rutina del trabajo, la rutina de la familia, la rutina de la relación con los compañeros- la realidad es que Donna Leon no resiste, de vez en cuando, a caer en el elogio que el extranjero no puede reprimir ante tanta belleza como acumula la ciudad y que delata al admirador.

Estaríamos ante una novela negra contenida en cuanto a negrura y respetuosa con el escenario y con sus habitantes que, como buenos latinos, están cerca de la vida y muestran una sabiduría natural admirable.

Es verdad que Venecia representa sólo el decorado. Que presta nombres de calles y de lugares que podían haber sido los de cualquier otra ciudad de Italia. Pero el solo hecho de que el lector sabe que es en ella donde ocurre la trama da a la historia un color especial y nos lleva a la Venecia de hoy, más humana y real que la que nos viene a la memoria idealizada cuando sólo mira a iglesias, museos y palacios.

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lunes, 31 de mayo de 2010

El olvido que seremos


El olvido que seremos
Héctor Abad Faciolince
Seix Barral, ed. 2010
274 pp.

Continuas reimpresiones y una elogiosa referencia de Vargas Llosa en el diario El País vuelven a poner sobre la mesa "El olvido que seremos". Esto y la realidad de Colombia...


Héctor Abad Faciolince
Seix Barral, ed. 2010
274 pp.





Publicado por Marta Varela

Continuas reimpresiones y una elogiosa referencia de Vargas Llosa en el diario El País vuelven a poner sobre la mesa El olvido que seremos. Esto y la realidad de Colombia, atravesada por la espada de la violencia política.

Colombia hoy no puede entenderse sin llevar la mirada a esa corrupción que mina sin tregua la convivencia pacífica de los ciudadanos y que entra en el ámbito doméstico proyectando sus sombras en familias y personas. Por eso, hablar de Colombia es también hablar del horror.

Lo han hecho grandes maestros. García Márquez se lanzó al ruedo con su impresionante Crónica de un secuestro. Héctor Abad Faciolince, otro de los grandes, nos trae El olvido que seremos. Pone en escena la vida de una familia en la ciudad de Medellín, una familia ilustrada y privilegiada. Pero aquí aunque la historia también se basa en la realidad, como ocurre en el libro de García Márquez, no estamos hablando de otros. El autor se refiere a su propia familia. Reconstruye un drama personal y lo hace con la sensibilidad a flor de piel.

La pasión cruza transversalmente los 3 ejes de la narración: la relación entre padre -su padre- e hijo, la historia de la familia y las luchas político-sociales de los últimos 20 años del siglo pasado.

La relación entre padre e hijo es llamativamente carnal. Transmite muy bien la vulnerabilidad, la necesidad de "padre" que tiene el hijo y la personalidad apasionada y determinada de este padre: su valor y su compromiso en la lucha social.

La familia vive en Medellín y es mayoritariamente femenina. Y es a través del mundo femenino que Héctor Abad nos asoma a las costumbres y creencias de la sociedad burguesa colombiana. Un mundo cultivado y sólido, compuesto por mujeres pías que transitan del papel de ama de casa al de empresaria sin que, aparentemente, haya rupturas bruscas ni discontinuidad en la posición.

Y, en el plano social, la lucha del padre por la salud pública. La pasión determinada por el empeño de conseguir una vida mejor para los colombianos que lleva al padre primero al exilio y, posteriormente, a la muerte por asesinato.

Héctor Abad nos permite vivir de manera muy cercana la desesperanza que le produce esa la fractura sin remedio de la sociedad colombiana. Nos presenta no sólo la ferocidad de los que mataron a su padre –los supuestos ganadores de esta guerra- sino también la generosidad y la entrega de una vida dedicada a ayudar y a proteger a los otros. Y termina diciendo:

"Si recordar es pasar otra vez por el corazón, siempre lo he recordado (a su padre). No he escrito en tantos años por un motivo muy simple: su recuerdo me conmovía demasiado para poder escribirlo….Ahora han pasado dos veces diez años y soy capaz de conservar la serenidad al redactar esta especie de memorial de agravios. La herida está ahí, en el sitio por el que pasan los recuerdos, pero más que una herida es ya una cicatriz. Creo que finalmente he sido capaz de escribir lo que sé de mi papá sin un exceso de sentimentalismo, que es simpre un riesgo grande en la escritura de este tipo. Su caso no es único, y quizá no sea el más triste. Hay miles y miles de padres asesinados en este país tan fértil para la muerte….. "

Una reflexión generosa también y ejemplar, en estos tiempos que corren.

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domingo, 30 de noviembre de 2008

Heroica tierra cruel. Crónicas africanas

John Carlin
Seix Barral, 2004
412 pp.






Cuando vuelven a llegar noticias de guerra desde la regiones de África próximas a los Grandes Lagos, cobra nueva actualidad Heroica tierra cruel, de John Carlin.

Carlin es un escritor polífacético con raíces de periodista. Su punto fuerte es África, que conoce bien y donde ha vivido largo tiempo. El prólogo, cortísimo, de Nelson Mandela al libro pone de relieve el afecto que el político sudafricano profesa a Carlin y avisa a los lectores de que deben prestar atención a lo que se dice en el libro.

Para mi, el secreto de Carlin es la concreción, su modo de llegar a lo general partiendo de los hechos más concretos: su defensa de las ideas a partir de realidades evidentes, que investiga para hacerlas más evidentes aún y que acaban por convertirse en auténticos alegatos.



Heroica tierra cruel tiene dos partes, ambas impresionantes. La primera hace referencia a Sudáfrica en el momento en que inicia –con la liberación de Mandela- su transición desde un régimen de apartheid a un régimen democrático. La segunda que hace referencia Ruanda, a la terrible guerra que vivió con la operación de exterminio más sangrienta que el mundo ha conocido desde la Segunda Guerra Mundial, y a los años posteriores de regreso a la normalidad y a la convivencia de las partes enfrentadas.

¿Qué es lo que impresiona de Carlin? Para mi, la eficacia de su discurso y su visión. Me explico. Leo en los periódicos el desastre en el este del Congo, leo sobre el descalabro en Zimbabwe, leo sobre muertos por asuntos de religión en Nigeria, leo sobre Darfur, Somalia, Chad…  Pues bien, ante un panorama tan desolador, Carlin aporta la mirada positiva de quien analiza la situación con más elementos que los que juegan exclusivamente a favor de la catástrofe y abre la perspectiva de que otra solución es posible.

La realidad es que Carlin no está solo. Su voz forma parte de una estela más amplia –Jeffrey Sachs, por ejemplo- que parece hoy utópica frente a la contundencia de los acontecimientos que refleja la prensa. En los periódicos se habla poco de la construcción de la paz porque la noticia necesita del aspecto escandaloso de los hechos de guerra.

¿Y cuál sería el motor que trabaja a favor de la paz según Carlin? El título del libro no es casual y encierra la respuesta a esta pregunta: el heroísmo y la dignidad de una enorme población dispuesta a recomponer los horrores de la guerra.

De Sudáfrica el papel de Mandela, su fina inteligencia, su olfato y su absoluto rechazo al rencor y a la revancha explican esa transición que necesitó también que muchos otros actores confluyeran hacia el mismo proyecto y con la misma actitud y, desde posiciones opuestas, en situaciones muy difíciles, alcanzaran acuerdos, comprendieran que tenían grandes intereses en común y abrieran un espacio a la colaboración para construir juntos el futuro.

De Ruanda vuelve Carlin a poner de relieve el mismo proceso basado en la disposición de los dirigentes a mirar hacia el futuro y a cerrar heridas por crueles que hubieran sido, con generosidad.

Las élites –Mandela, Kagame en el caso de Ruanda- han sido providenciales, pero el heroísmo al que hace referencia Carlin, por supuesto, no se refiera solamente a ellas. Habla de la población entera. Destaca la capacidad de millones de personas dispuestas a reconocer lo que pasó, a perdonar y a mirar hacia el futuro. Destaca, sorprendido y admirado, después de tratar con una población maltratada, perseguida y sufriente, su dignidad y su apuesta decidida por la reconciliación.

¿Será que África, con su cultura oral y no escrita, es menos rehén de la historia de lo que son los pueblos de otros lugares donde se guarda la memoria en libros? ¿Será el éxito de Sudáfrica y de Ruanda un espejismo o el resultado parcial de un partido que está lejos de concluir?

Todo es posible. Pero el caso es que el libro de Carlin ilumina sobre aspectos de la realidad poco conocidos, los ilumina con una claridad y precisión muy poco habituales y desvela la posibilidad de un final feliz en medio de ese panorama cruel que parece haber condenado sin remedio a África al fracaso y a la desesperación.


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