jueves, 22 de octubre de 2015

Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses

Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses

Chesús Yuste
Xordica Editorial, 2015
193 pp.

Diez cuentos sobre temas tan diversos como inesperados componen este 'Regreso a Innisfree', irónico, entretenido y de aroma inconfundiblemente irlandés.


Chesús Yuste
Xordica Editorial, 2015
193 pp.





La literatura irlandesa tiene suficientes escritores de primerísimo nivel como para que no haga falta que ninguno venido de fuera cuente lo que es el país. Pero incluso no haciendo falta, es más que bien venida esta selección de diez cuentos que Chesús Yuste reúne en este Regreso a Innisfree. La literatura irlandesa nos tiene acostumbrados a los relatos que condesan el alma del país. El whiskey -con i griega al final- la camaradería en el calor del pub, las discusiones interminables entre contertulios, y también el recuerdo de la miseria y la sordidez de la clandestinidad en la lucha por la independencia han sido los temas sobre los que se ha construido en buena parte de la literatura el paisaje de la Irlanda cotidiana.

No está claro si el carácter tan especial de Irlanda y de la vida de los irlandeses es el resultado de la dura confrontación con la poderosa Inglaterra o es el origen de ella. Pero es cierto que los irlandeses han disfrutado poniendo de relieve sus particularidades y sus rarezas, a menudo contadas con ingenio y con indudables dosis de humor.

Con Chesús Yuste la perspectiva cambia. Sigue centrado en escenas o relatos de la vida cotidiana pero con él la atmósfera deja de ser opresiva y el sabor de la cerveza y de las conversaciones a voces que llenan el aire de los pubs se disipan para hacerse más transparentes y livianos.

El humor y la sorpresa son los aliados de Yuste cuando trata de esos mismos temas alrededor de los cuales se han movido tantos autores irlandeses. Pero con él el relato es fresco, y los secretos que esconde son un guiño que ayuda a quitarle tensión a una vida sobre la que pesa la niebla, el frío, la lluvia y una vieja historia llena de penalidades.

Las honduras del alma irlandesa están presentes en los cuentos que va hilvanando Chesús Yuste en este Regreso a Innisfree. Cuentos en los que aparece tanto la Irlanda del presente como el continuo reflejo de esa otra Irlanda cuyas raíces siguen vivas y sin la cual el país que contemplamos hoy perdería su sustancia.

Diez cuentos sobre temas tan diversos como inesperados componen esta colección de aroma inconfundiblemente irlandés. Diez cuentos que entretendrán al lector con una sonrisa en el semblante y que le acercarán, desde ángulos distintos cada vez, a la Irlanda de siempre.

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jueves, 8 de octubre de 2015

Asán

Asán

Vladimir Makanin
Acantilado, 2015
509 pp.

Asán es una excelente novela, llena de humor, sobre una historia terrible: la guerra de Chechenia


Vladimir Makanin
Acantilado, 2015
509 pp.






El desarrollo de Rusia no se entiende sin sus fronteras, convertidas siempre en zonas de fricción, e incluso, en tiempos de paz, en áreas de potencial enfrentamiento. Ucrania ahora, Crimea ayer, Osetia un poco antes, Abjacia como aperitivo de Osetia y Chechenia. Una Chechenia que dio para dos guerras y que sigue latente como conflicto sofocado aunque no enfriado del todo.

¿Serán los países Bálticos los próximos, como ha sugerido Putin con la boca pequeña?

El asesinato del líder opositor Boris Nemtsov  ha vuelto a levantar la liebre sobre el viejo conflicto en el Cáucaso cuando las primeras sospechas han abierto el melón de la pista chechena y, de nuevo, el díscolo país caucásico ha vuelto a la primera página de los periódicos y ha recuperado su puesto destacado en la lista de las peores amenazas de Rusia.

¿Pero cómo fue el conflicto checheno, esa guerra relegada al olvido y cuyos rescoldos siguen amontonando interrogantes acerca de cómo va a terminar? Vladimir Makanin regresa al tema con una novela totalmente alejada del análisis político. Aunque con horizontes suficientemente amplios para que el lector pueda dar rienda suelta a sus propias interpretaciones y llegar por sus medios a conclusiones entre interesantes y sabrosas.

Makanin no vuela en la elevada atmósfera de la geoestrategia ni en la interpretación del laberíntico proceder del Kremlin. Va directamente a tierra, a un microcosmos dentro del ejército federal (es decir el ruso) a través del relato de un oficial de graduación media. Habla de la guerra. Y, como todas las cosas que se alargan en el tiempo, habla de ella como algo cotidiano donde, lo mismo que en el mundo en tiempos de paz, los hay que prosperan y se buscan la vida y los hay que la sufren dentro de ese pelotón de los torpes compuesto por quienes no se han sabido espabilar.

Makanin evita el horror. Y apuesta por la caricatura, por ese juego donde, siguiendo las mismas convenciones de las películas de dibujos animados, los muertos bien muertos no causan dolor sino más bien risa y se añaden, como la leña al fuego, al cúmulo de despropósitos que componen la historia que se cuenta.

Nada hay en el relato de Makanin de la angustia de los soldados amenazados de muerte por continuas emboscadas ni de los partisanos chechenos enfrentados al ejército de una potencia a la que no podrán vencer. Su mirada se centra en los tejemanejes de unos cuantos oficiales que se dedican al trapicheo con gasolina o con armas en una especie de suplantación de la guerra por un reflejo de la vida civil donde lo importante es el negocio y el sacar provecho de cualquier cosa que se mueva.

La verdad es que Asán resulta una novela divertida y totalmente amoral. Pero el enfoque de Makanin no parece un azar. Seguramente, su versión despiadada de las trapacerías que cuenta resulta la única manera de hacer digerible el horror de la guerra y de volver a hablar de ella y de su absurdo. La verdadera protagonista de la novela es la corrupción, una corrupción que según se mire es casi una bendición porque engrasa los engranajes del sistema. Permite que la guerra fluya.

En la ficción de Makanin la realidad es que nada funciona. Toda la maquinaria de guerra, la aviación, los helicópteros, los vehículos blindados, las comunicaciones componen una madeja de incompetencia absoluta donde la corrupción ayuda a poner orden. Desde fuera del sistema -o desde dentro, según se mire- la corrupción echa una mano para resolver lo que el ejército no consigue. Aporta combustible, hace favores y actúa casi de ong con la población chechena que necesita para sobrevivir lo mismo que el ejército ruso: gasolina y armas.

En el tejido de ese disparate que es la guerra en lugar del horror Makanin tira de los hilos del humor. Y confunde los papeles de los personajes que se convierten o en ridículos o en unos delincuentes contumaces que dominan el oficio de nadar en las aguas más revueltas. Los 'chechis' son los enemigos, o los amigos según se tercie, el compadreo es la relación entre los oficiales demasiado resabiados para ceñirse al torpe sistema de la jerarquía, la picaresca contribuye al juego de farol al que obliga la guerra para hacer tratos, tanto con los amigos como con los enemigos.

Asán es una excelente novela, apta para no sufridores, sobre una historia terrible. Y es una novela que a pesar de los años transcurridos desde la guerra de Chechenia sigue siendo actual. Cuenta de Chechenia y también de Rusia y, por ello, atraerá el interés del lector que se verá arrastrado por la curiosidad de hasta dónde llegará todo ese absurdo.

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viernes, 25 de septiembre de 2015

La memoria del Ararat. Viaje en busca de las raíces de Armenia

La memoria del Ararat

Xavier Moret
Península, 2015
270 pp.

La poderosa atracción de lo desconocido es la llama que prendió en el ánimo de Xavier Moret para viajar a Armenia y contar su experiencia a lo largo de un recorrido que lo iba a llevar por los rincones más diversos. Y será el estímulo que llevará al lector a no perderse este libro lleno de interés.



Xavier Moret
Península, 2015
270 pp.





Para buena parte del mundo, Armenia se sitúa entre alguno de esos mitos envueltos en la nebulosa de la historia llenos de interrogantes y de incertidumbres. Presente y pasado se mezclan para dar al país la imagen de una tierra desconocida y con el misterio de estar situado entre Europa y Asia, perdido entre las montañas del Cáucaso y del que llegan noticias más propias de una leyenda que de la realidad.

Este mito y la poderosa atracción de lo desconocido fueron la llama que prendió el interés de Xavier Moret por viajar al país y por contar su experiencia a lo largo de un recorrido que lo iba a llevar por los rincones más diversos. No hay mucho escrito sobre Armenia y menos aún escrito en español y en fecha reciente, de modo que el libro que ahora se publica está lleno de interés. Un interés al que se añade el hecho de que Armenia se presenta ante el lector, lo mismo que se presentó ante Moret, como un lugar a descubrir, lejos de los destinos demasiado trillados a los que viajar.

La memoria del Ararat tiene el formato de un libro de viajes. Es casi un diario, escrito con agilidad y de lectura fácil. Discurre, siguiendo el recorrido del autor, por distintos ambientes de Armenia -por ciudades, por el campo, por pueblos, montañas, monasterios y lagos...-  y se sostiene en buena parte en las conversaciones que Moret va teniendo con quienes entra en contacto y de las que espera entender lo que ha sido el país y lo que es hoy. Un continuo diálogo basado menos en las preguntas que en las respuestas porque lo cierto es que Armenia es un país muy particular que pide desentrañar el origen de su extraordinaria  personalidad y los pormenores de su historia única.

Armenia ha sido siempre un bastión en lucha con sus poderosos vecinos. Y, situada en el corredor que unía Europa con Asia, un país sujeto a amenazas constantes. Ningún otro pueblo pudo sobrevivir a lo largo de un período de tiempo tan largo en medio de un territorio tan hostil. Pocas naciones han tenido como la armenia que sostenerse a base de alianzas con el menos malo de sus enemigos para no sucumbir frente a los demás, aun peores. Persas, bizantinos, otomanos, rusos, turcos... han mordido sus fronteras y han generado en la población un espíritu resistente y un orgullo nacional de solidez inquebrantable.

Pero por supuesto, la gloria de sobrevivir a tanta adversidad ha tenido un enorme precio. Armenia se sostiene sobre la tragedia y sobre el desgarro que acompaña a la violencia. Una violencia que se ha cebado sin piedad sobre la nación armenia y que tuvo su punto culminante en la matanza de 1915 a manos de los turcos que exterminó a dos millones de personas. Y que dio lugar a una diáspora de la que resulta que la mayor parte de los armenios -diez millones en números redondos- vivan hoy fuera de Armenia.

¿Armenios, cuando son argentinos, iraníes o norteamericanos de segunda o de tercera generación? Armenios, porque la nación armenia se sostiene sobre símbolos y mitos que la han unido y le han dado conciencia propia a lo largo de los siglos frente a las más diversas circunstancias. El alfabeto armenio, las traducciones de textos griegos y romanos cuando Europa estaba sumida en la edad media, la condición cristiana de la población cercada por el mundo musulmán, la arquitectura, y los héroes -reyes, santos, guerreros- dieron lugar a una cultura que se conserva hasta hoy y en torno a la cual gravita el país y esa enorme diáspora que desborda la frontera y compone otra especie de país que añora al primero, al real, y hace de él otro mito.

Y es ese mito el que trata de desentrañar Moret y que causa una suerte de decepción cuando se contrasta con la realidad. Armenia resulta ser un país pobre y en buena parte destruido. Montañas agrestes, más apropiadas para convertirse en refugio que para ser tierras de labor, y espacios pedregosos y áridos componen buena parte de un territorio con clima extremo, sin salida al mar y con pocos recursos. Un territorio empobrecido además por su condición, hasta no hace mucho tiempo, de república integrada en la Unión Soviética y por la pérdida de una gran parte de la población.

Orgullo nacional, orgullo por disponer de un país independiente tras el desmoronamiento de la URSS, orgullo por la solidaridad de la nación armenia en la diáspora que ha volcado sobre la vieja patria cantidades ingentes de dinero forman la cara luminosa de un país que mira al futuro con determinación. Pero hay también una cara oscura llena de interrogantes. En su recorrido, Moret nos avisa del panorama desolador que resulta de ver que en las calles de los pueblos 'muchos (de los balcones) están deteriorados y amenazan ruina. Y no sólo los balcones: las casas están hechas polvo'. Al mismo tiempo, y a pesar de su compromiso con el país, muchos armenios que siguen viviendo en él no le ven futuro y piensan en emigrar. Y tampoco la relación con los vecinos es fácil. Turquía y Armenia sostienen un viejo y grave desencuentro que nace del genocidio de 1915 y con Azerbayán Armenia mantiene un alto el fuego en una guerra inconclusa por la que esta última se apropió de la región del Alto Karabaj cuando Azerbayán era un país pobre y no disponía de los ingresos del petróleo ni del ejército del que se ha dotado en la actualidad.

La memoria del Ararat es un vuelo sobre la superficie de Armenia con el que Moret busca encontrar las claves para entender la realidad de este país nuevo y antiguo al mismo tiempo, lleno de contradicciones y asentado sobre antiquísimas raíces que parecen no haber perdido fuerza en la configuración del presente. Es un libro oportuno para quienes sienten interés por la situación siempre inestable del Cáucaso, ante el centenario que vuelve a poner de relieve la tragedia del genocidio armenio y para los amantes de los viajes que sienten curiosidad por ese país esquivo para la literatura y que ahora encuentra en Xavier Moret quien fija la mirada en él.

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jueves, 20 de agosto de 2015

Australia. Biografía de una nación

Australia. Biografía de una Nación

Phillip Knightley
Almed, 2014
544 pp.

Con la lectura de Australia-libro, el suflé idílico de Australia-país se deshincha y una realidad hecha de penalidades, de tremendas injusticias y de feroz violencia toma cuerpo para componer un mosaico más equilibrado y objetivo de cómo han sido las cosas


Phillip Knightley
Almed, 2014
544 pp.






No hay países sin historia, por corta que ésta nos parezca. Y no hay historia que no sea interesante y mucho más compleja de lo que pueda aparentar a primera vista. Tampoco hay país que no sorprenda cuando se bucea en él y se busca lo que hay debajo de su superficie. Por ello es oportuno recomendar la lectura de este libro, Australia, que profundiza en un país del que, por lo general, sabemos poco y del que nos llegan sobre todo imágenes de una población próspera y feliz, alegre, juvenil y saludable.

A pesar de las apariencias en Australia no ha sido todo fácil, ni su historia ha transcurrido sin contradicciones y fuertes desgarros. Aislado, enorme en extensión y escasamente poblado, el país no ha sido un lugar libre de incertidumbres y amenazas: libre de las mismas 'maldades' que han afectado a los demás. Al menos así lo expresa quien asegura "Me gusta la forma en la que hemos sido capaces de joder aquí las cosas, tan bien como en cualquier otro sitio y en la mitad de tiempo".

Con la lectura de Australia-libro, el suflé idílico de Australia-país se deshincha y una realidad hecha de penalidades, de tremendas injusticias y de feroz violencia toma cuerpo para componer un mosaico más equilibrado y objetivo de cómo han sido las cosas.

Phillip Knightley, el autor, es periodista, un oficio que para un país tan joven como es Australia es quizás más conveniente que el de un historiador para hacer las radiografías sobre las que componer un relato. Desde luego, Australia no es un país 'normal'. El autor recoge al principio del libro una serie de escenas de vida cotidiana que sitúan al lector ante un lugar donde la vida es distinta a la del resto del planeta. Un lugar hecho de enormes distancias, con una población muchas veces aislada, con inventiva, solidaria y positiva.

Australia es un país sin complejos, de gente satisfecha, de individuos y familias que corrieron el riesgo de apostar por lo desconocido. Gentes para quienes disfrutar de la vida no es sinónimo de holgazanería sino un signo de identidad y de reconocimiento de las virtudes de su país. Incluso se diría que la evolución ha buscado aquí un camino distinto del que nos contó Darwin y en lugar de embarcarse en la lucha por la supervivencia del más fuerte eligió el camino de la cooperación como manera de sobrevivir a un entorno generalmente hostil. El compañerismo y la confianza mutua están en las raíces de la relación de unos con otros en Australia.

Pero esta visión tan positiva se vuelve enseguida confusa porque por debajo discurren contradicciones que empujan al mismo tiempo en direcciones contrarias. Muchos de los australianos son descendientes de antiguos presos, deportados de Inglaterra o expulsados por el hambre de Europa. Seguramente esta extracción les alejó, por un lado, de las ideologías radicales y fomentó un entendimiento en torno a un ideal de justicia y de búsqueda de lo razonable. Mucho de ello hay, sin duda, en el hecho de que, al cabo del tiempo, al llegar el año 2000, más de la mitad de cada dólar recaudado por el gobierno se gaste en salud y en asistencia social. Pero por otro lado, la ambición, la búsqueda del poder, los mismos vicios e intereses insanos que los siguientes inmigrantes trajeron desde Europa o que impuso la administración del Imperio Británico afloraron también en Australia y lo hicieron con la misma intensidad con que lo habían hecho en cualquier otro lugar.

La discriminación de la mujer estuvo a la orden del día y se defendió con ahínco. Y sobre todo el racismo se desarrolló de forma violenta y cobró carta de identidad entre los australianos más cultivados y los menos. La idea de la supremacía del hombre blanco, la de la limpieza de la sangre, el horror a la mezcla se introdujo en la mentalidad de las gentes y se convirtió en una de las bases de la conciencia nacional. Y de ahí a la caza del nativo no había más que un pequeño trecho. He dicho caza, porque ese es el término que mejor describe el exterminio que se produjo de la población maorí.

Y no sólo eso, porque no hay campaña de grandes vuelos que no se apoye en alguna teoría. Los australianos argumentaron bien a las claras la necesidad de alinearse con el racismo. "(Las) personas de sangre aborigen casi invariablemente se emparejan con blancos de la peor calaña y, en muchos casos, las hembras se convierten en prostitutas" decía un informe oficial, de modo que el peligro de propagación de esa tara afectaba al país entero. Una operación de control de los mestizos se desarrolló al mismo tiempo en forma de secuestro de los hijos de sangre mezclada que el Estado apartaba de sus familias y llevaba a centros de reeducación para borrar cualquier traza de sus orígenes.

Y ¿de qué época estamos hablando? Pues de los años 30 hasta mediados de los años 60 del siglo XX. ¿Y de cuántos casos? Pues de cien mil, que no es poca cosa. Un apunte más: hasta 1973 no se legisla que para ser australiano no hace falta ser blanco.

Pero vayamos un solo paso más allá para llevarnos otra sorpresa. "Entre 1931 y 1932 Australia estuvo más cerca de la guerra civil que en ningún otro período de su historia" nos dice Phillip Knightley refiriéndose a los conflictos sociales que se agudizaron con el descalabro económico que siguió a la crisis del 29. Movilizaciones del ejército federal, los de los estados, de los ejércitos clandestinos de las 'derechas' y de las 'izquierdas' sembraron el país de violencia y lo dividieron de forma que parecía irreconciliable.

Nada de todo eso imagina quien en Sidney pasea hoy por The Rocks o junto al extraordinario edificio de su Ópera. Nada de este pasado traumático aparece ante quienes viajan hasta el gran arrecife de coral y toman el sol en las playas plácidas y alegres de la costa este. Por ello, esta 'biografía de una nación', como indica el subtitulo del libro, resulta tan interesante y se hace tan aconsejable. Para quienes no conozcan de cerca lo que fue Australia, su lectura será la mejor ayuda para poner en su sitio a esa nación-continente que contemplamos como un país de éxito pero que tampoco lo tuvo fácil para llegar al punto donde la encontramos hoy.

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jueves, 6 de agosto de 2015

La casa de hielo. Veinte pequeñas historias rusas

La casa de hielo. Veinte pequeñas historias rusas

Serena Vitale
Marbot, 2014
197 pp.

'La casa de hielo' es un pequeño divertimento hecho a base de veinte relatos cortos ambientados en la Rusia que va desde principios del siglo XVIII a finales del XIX.


Serena Vitale
Marbot, 2014
197 pp.







Hay libros de historia y los hay de historias. La casa de hielo es más bien de los segundos. Serena Vitale, la autora, es especialista en literatura rusa y, de pasada, lo es también en cultura rusa. Y con estos mimbres ha emprendido lo que parece un pequeño divertimento que consiste en crear una serie de veinte relatos cortos ambientados en la Rusia que va desde principios del siglo XVIII a finales del XIX.

Todos los relatos -las pequeñas historias rusas, como las anuncia el subtítulo del libro- tienen un trasfondo histórico explícito. No hay en ellas campesinos pobres ni más miseria que la imprescindible para construir la periferia del argumento. Los personajes son miembros de la familia real, nobles, hombres ricos, funcionarios... aunque no a todos la vida les haya ido bien.

Justamente, eso es la Rusia indómita y en tantas ocasiones cruel que trata de desvelar la autora. Detrás de la literatura compuesta por dramas enormes a lo largo de una historia poblada de personajes terribles, de gobernantes opulentos y de tragedias y maldades extraordinarias, Serena Vitale busca construir, en forma de historias cortas, una suerte de vida cotidiana que acompañe a la gran historia. Se inventa, a partir de un exhaustivo conocimiento del mundo ruso, una especie de historia menor, a escala más doméstica, para servir de contrapunto a los grandes acontecimientos.

Quienes no estén muy versados en la historia de Rusia harán bien en asomarse a wikipedia para situar a zares y a emperatrices y otros acontecimientos que marcan los tiempos del relato. El hacerlo no es ningún estorbo porque con ello cada una de las pequeñas historias que componen el libro cobra la dimensión histórica que le corresponde.

Si a la autora le interesa descender del zócalo donde se sitúa la gran historia para enmarcarla en la cotidianidad sobre la que transcurre, al lector le será útil recorrer el camino contrario y poner la cotidianidad en relación con la historia de la que forman parte y son partícipes los personajes principales.

Veinte pequeñas historias inventadas, distintas unas de otras, llenas de guiños a la realidad, cargadas de detalles, mundanas o trágicas, inverosímiles o razonables se ofrecen al lector para jugar con la gran literatura y sacarla de la ficción, desde la que fue escrita, a través de esta otra ficción que pretende hacerla aterrizar para acercarnos a una Rusia mucho más real.

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lunes, 6 de julio de 2015

El camino cruel

El camino cruel

Ella Maillart
La línea del horizonte, 2015
226 pp.

Apasionante el viaje de Ella Mallart por Turquía, Persia y Afganistán y su relato lleno de sensibilidad y de inteligencia.


Ella Maillart
La línea del horizonte, 2015
226 pp.






No hay dos viajes iguales, del mismo modo que tampoco ha y dos libros de viajes iguales, aunque el recorrido sea el mismo y sean escritores de talento y experimentados quienes hablen de él.

El autor, o en este caso la autora, es especialmente relevante porque su relato mezcla a la persona con el viaje y es esta combinación 'esencial' la que añade profundidad al libro, le da sentido y le da también su carácter extraordinario. Es decir la que lo convierte en un relato único.

Hablemos un momento de la autora, porque 'El camino cruel' se enmarca en esta literatura escrita por viajeros ingleses y centroeuropeos que se asoman al mundo cuando todavía eran pocos los que viajaban, cuando podíamos hablar de una aristocracia viajera compuesta por escritores cultos, pero sobre todo, personalidades singulares que miran casi siempre a Oriente tratando de alcanzar el mito o el misterio de algo que Europa perdió en su carrera hacia el progreso o que nunca tuvo, porque su cultura resulta menos sabía de lo que imaginábamos.

Ella Maillart forma parte del selecto grupo de estas personalidades únicas. Nace en Suiza a principios del siglo XX y muy pronto se va a vivir a Francia, a Inglaterra y a Alemania. Se dedica al deporte, en una época en que pocos hombres y menos mujeres aún lo hacían, y participa en los Juegos Olímpicos de 1924. Viaja, todavía joven, por este mundo cerrado que era la Unión Soviética y abre con ello la puerta a una serie de viajes extraordinarios que efectuará por Asia.

¿Por qué un camino cruel? Porque el viaje por Asia del que nos habla la autora no va a ser un camino fácil a pesar de la ilusión con que lo emprende. El objetivo, llegar a Hindu Kush desde Suiza en un flamante Ford para investigar una tribu perdida entre montañas, resulta embriagador. Una aventura apasionante, llena de retos, de incertidumbres y de promesas, se abre ante una viajera que ya no es tan joven a pesar de su espíritu atrevido.

Pero la intensa emoción del viaje encierra el profundo desasosiego de una huída, de dejar atrás una Europa amenazada por el inicio inminente de la Segunda Guerra Mundial. Una guerra que se siente tan próxima que empieza a vivirse ya y enturbia la ilusión de cualquier proyecto. Y aún hay más: la autora viaja con su amiga y amante, depresiva e inestable para quien el viaje es también una huida y una promesa de recuperación como si de un bálsamo se tratara.

El viaje de Ella Maillart es un viaje profundo y en su relato aflora toda su inteligencia y su desbordante sensibilidad. No es sólo la historia personal que lleva a cuestas lo que condiciona y da vida a su relato. Es además la larga y extraordinaria historia que encierra el camino que recorre -Turquía, Persia y Afganistán- lo que añade nuevas dimensiones a todo lo que cuenta.

No es la primera vez que Maillart hace este viaje. Lo ha hecho antes a la sombra de su dedicación a la etnología y de misiones arqueológicas que le han permitido conocer a fondo la historia, la cultura y las gentes de este viejo crisol de civilizaciones que es la ruta entre Europa y Asia, en el que dejaron huella los más diversos pueblos.

Ahora Maillart vuelve cuenta su experiencia con la intensidad de quien vive cada momento y con la admiración de quien se sabe en la cresta de una aventura como es la de dos mujeres solas en coche por caminos donde todo es azaroso y donde la suerte y la picardía intervienen en el día a día para seguir camino adelante.

Ella Maillart se mueve por países y por ambientes que en buena medida son hoy diferentes aunque hayan heredado muchos de los rasgos que ella descubrió. Impresiona el modo como cuenta la atmósfera turbadora que la desborda en el mausoleo del Imán Reza en la ciudad santa de Mashad. Una abrumadora expresión de religiosidad que la envuelve, cargada de misterio y de amenazas, sofocante pero al mismo tiempo que desvela la profundidad de un islam que el extranjero nunca alcanza a comprender porque parte de raíces distintas a las suyas y no tiene los medios para introducirse en él.

Impresiona también su arrebato ante el aparentemente sencillo dibujo de los azulejos persas en los que ve un destello de perfección que refleja, lo mismo que la armonía en la música o el rigor de la lógica, la fascinante complejidad de la arquitectura de la inteligencia humana.

E impresiona su embelesamiento ante el carácter de los afganos, salvaje e íntegro como en ningún otro lugar puede hallarse, y que hace de Afganistán un país tan excepcional en el entorno de Asia como lo es Suiza en el de Europa.

Reflexiones profundas, consistentes y siempre oportunas discurren y al lado de las incidencias prácticas -que son muchas- a lo largo del viaje. El paso de las fronteras, el hacer de los funcionarios, el alojamiento tantas veces precario, la gente... y el encuentro con paisajes poderosos y con monumentos -los malogrados budas de Bamián- que ya eran míticos entonces, componen, junto a tantas reflexiones, el relato de esta experiencia apasionante. Una experiencia, como resalta la autora, también cruel porque las dificultades de la vida y todas sus contradicciones asoman a lo largo de todo el relato y muestran la torturada complejidad de la inteligencia humana.

Apasionante el viaje de Ella Maillart y su relato. Oportunísima la reedición del libro ahora, cuando dábamos por leídos a los clásicos y habíamos casi olvidado su gran atractivo. Y especialmente interesante el regreso a los años cuarenta en países como Afganistán, Irán y Turquía que hoy son el centro de atención por tantos motivos.

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martes, 23 de junio de 2015

Océano África

Océano África

Xavier Aldekoa
Península, 2014
296 pp.

No hay lloriqueo en Océano África, hay reflexión, hay información, hay la experiencia de un viajero acostumbrado a contar y a extraer de cuanto ve mucho más que un puro suceder de acontecimientos.



Xavier Aldekoa
Península, 2014
296 pp.





Xavier Aldekoa tiene la habilidad de contar sus viajes como si fueran cuentos. Lo suyo es jugar con la realidad y con la ilusión de haber encontrado lo desconocido, es aproximarse a lo terrenal y al mito que el viajero tiene en mente. Un mito del que saca ánimo para ir más allá y alcanzar horizontes nuevos. Aldekoa cuenta que pertenece a dos familias, la de los reporteros y la de los viajeros. Dos familias que podrían confundirse aunque son distintas porque a una la mueve la realidad y a la otra la curiosidad.

Hay algo de recuerdo infantil en Xavier Aldekoa. Algo que no desmerece sino todo lo contrario. Es el aroma de la seducción que el lector sentía al escuchar los cuentos de pequeño y que ahora ve aflorar al recorrer las calles de una ciudad que no es la suya, al escuchar los murmullos y las voces de gentes desconocidas al hablar, al sentirse envuelto en un mundo de colores, de olores y de luces que no son los propios porque pertenecen a otro lugar, porque le son desconocidos.

Pero el relato de Xavier Aldekoa, con todo el encanto que pueda tener el hecho de poner un pie en lo desconocido, no es un relato necesariamente amable. Es África y el continente africano no es algo que se pueda mirar bajo foco de una sola luz. Los lados oscuros son muchos y nuestro autor los conoce bien.

Xavier Aldekoa ha vivido en África y ha ejercido allí de corresponsal en guerras, en países que las sufrieron no hace mucho y en países que las han tenido menos cerca y no por ello se puede decir que estén en paz consigo mismos. África es un continente duro y amable a la vez, extremadamente cruel y humano, un continente donde el miedo profundo y la alegría se dan la mano y conviven a veces a lo largo de generaciones.

Océano África es eso. Es, en primer lugar, el reconocimiento de la inmensidad y de la hondura que posee todo cuanto encierra en su territorio. Y es, a través del título, el homenaje y el reconocimiento a un continente ignorado y a menudo maltratado.

Un recorrido por buen número de países a lo ancho y lo largo de las tierras africanas articula el libro de Aldekoa. Un recorrido que al lector le da la sensación, a cada poco, de estar empezando un libro distinto y de estar aprendiendo cosas nuevas contemplando este inacabable abanico de realidades a las que se asoma en su lectura.

"Yo viajo a África -dice el autor- para explicar que una niña congolesa se ata bolsas de plastico en los pies porque no tiene zapatos (...). Para intentar entender que en el Congo la gente no mata por salvajismo, mata por interés (...) y para contar también que hay gente que no mata, que decide proteger a los suyos, arriesgándose a ayudar al vecino y aceptar que puede morir en el intento".

Mali, primero, el Congo después, luego Sudáfrica, a continuación Angola, después Camerún y la República Centroafricana... y así hasta cubrir veinte países distintos. Ninguno de ellos con una vida fácil, aunque tampoco vistos desde la óptica del pesimismo.

Allí donde el encuentro con el mundo moderno ha sido lento, se mantuvo el aire de esa África tradicional con sus tradiciones y su sabiduría. Cuando el encuentro fue más brusco, el resultado fue más traumático también y más desestabilizador porque el deseo de progreso de grandes masas de población se ha visto defraudado y ha creado el caldo de cultivo de toda clase de excesos y de aventuras por donde se abre paso la violencia.

Con todos los matices, África es un continente traumatizado. Si en Europa el optimismo es el resultado de la razón, porque la experiencia muestra que la sociedad entera ha seguido una senda de progreso, en África el optimismo nace del deseo, del deseo de alcanzar una vida mejor a pesar de la dura realidad sobre la que se asienta la vida de todos los días.

No hay lloriqueo en Océano África, hay reflexión, hay información, hay la experiencia de un viajero acostumbrado a contar y a extraer de cuanto ve mucho más que un puro suceder de acontecimientos. Y hay un lugar para el optimismo allí donde se abren espacios para que aflore una vida más humana. Leer Océano África es para el lector un encuentro con el África de hoy, con sus problemas, con sus herencias, sus amenazas... Es una pequeña lección acerca de lo que ocurre al continente que tenemos más próximo, dosificada con acierto y contada por una voz a la vez experta y cálida.

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