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jueves, 9 de abril de 2015

Los siete hermanos

Los siete hermanos

Aleksis Kivi
Nórdica libros, 2014
391 pp.

La novela de Aleksis Kivi es un clásico en la literatura finlandesa. Es un relato costumbrista, socarrón y con propósito pedagógico que se lee como una curiosidad y como un juego divertido de justificaciones, de alianzas y amigables desencuentros entre los personajes.



Aleksis Kivi
Nórdica libros, 2014
391 pp.





La novela de Aleksis Kivi es un clásico en la literatura finlandesa. Una novela que se desarrolla en alguna medida como una obra de teatro. Los diálogos entre personajes son una parte esencial del texto y llevan al lector a sentirse espectador y a los personajes a convertirse en actores de una comedia, de tono contenido, que gira en torno a siete hermanos unidos por lazos intensos y, como es de esperar, con líneas de fuga divergentes sobre las que se articula la trama.

Aunque escrita en el siglo XIX, la actualidad de la novela y el interés que se le reconoce todavía hoy, proceden de que permite aproximarse a lo que se puede llamar el alma de Finlandia, un poso de relaciones, convicciones y comportamientos que desvela las raíces del país cuando, se supone, era todavía virgen, su universo no alcanzaba más allá del mundo rural y la población vivía del campo, de lo cual no hace tampoco tanto tiempo.

Los siete hermanos es un relato costumbrista, socarrón y con propósito pedagógico. Compartiendo algunos rasgos de la novela picaresca, es un discurso moral, en forma de caricatura, que genera la sonrisa del lector por ingenuo y simple al mismo tiempo. Siete hermanos, cada uno con su carácter y sus aspiraciones, amantísimos como corresponde a buenos cristianos, perezosos como es propio de su condición juvenil y enfrentados a un futuro incierto y a las responsabilidades propias de dar los primeros pasos para hacerse hombres, sostienen la novela. Y se encuentran ese momento crítico del fin de la adolescencia que sirve de punto de partida para que el coro de voces poco afinado de los hermanos se exprese y debata sobre temas importantes de la vida.

Por supuesto, temas que pillan hoy muy lejos de las preocupaciones del lector aquí y en Finlandia, y que se ven como una curiosidad y como un juego divertido de justificaciones, de alianzas y amigables desencuentros entre los hermanos.

No es evidente la importancia que tiene esta novela todavía hoy en el país nórdico, ni la insistencia de quienes la comentan sobre el hecho de que recoge de manera singular las esencias del alma del país.  Finlandia es un país de existencia muy reciente. Sueca desde el final de la edad media y rusa desde principios de XIX, necesitaba construir señas de identidad que le dieran cohesión nacional para afrontar su independencia y para mantenerlas en el recuerdo hasta hoy. Los siete hermanos forma parte de este patrimonio histórico, de esa aportación de la cultura a la nación, y es todavía el reflejo de la Finlandia de cuando no era más que un Ducado de Rusia y se preparaba para convertirse en el país independiente, con identidad propia, que conocemos hoy.

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lunes, 20 de enero de 2014

Auroras de medianoche. Viaje a las cuatro laponias

Auroras de medianoche

Luis Pancorbo
Fórcola, 2013
398 pp.

Zorros, osos, exploradores, explotaciones mineras, polución, bases militares, pescadores y granjeros se alternan en este 'Auroras de medianoche' que ilumina una tierra donde casi no luce el sol durante la mayor parte del año....



Luis Pancorbo
Fórcola, 2013
398 pp.





Luis Pancorbo nos habla en este libro de Laponia. Ha visitado las tierras laponas una y otra vez, año tras año hasta haberlas convertido en un lugar familiar. Un lugar conocido que ya no causa la sorpresa de la primera vez pero que sigue despertando la curiosidad de lo extraordinario, de los espacios extremos donde tantas cosas resultan inexplicables para quien llega desde lejos.

Laponia, enorme, cubierta de blanco, no tiene más que un discreto relieve y una exigua población. Las distancias son enormes, el tacto del suelo mullido por la nieve que todo lo acolcha y ese hielo que se ha dado en llamar permafrost insensible al cambio de las estaciones. Temperaturas gélidas, silencio y muy pocos rastros de lo que los hombres pudieron hacer tiempo atrás porque a la hostilidad del frío se unió los efectos de la retirada alemana en la Segunda Guerra Mundial que se produjo en medio de la destrucción de todo lo que encontró a su paso.

¿Y que nos puede contar Pancorbo de lo que ocurre en un escenario tan arisco y desprovisto de medios?¿Que hay detrás de la nada o de la casi nada que es en apariencia Laponia? Pues aunque parezca mentira hay casi cuatrocientas páginas de libro donde se cuenta poco a poco y con detalle cómo es Laponia, cómo es la gente que allí vive y cual ha sido la dura historia de esta gente para hacer de su entorno el lugar de sus vidas.

Corre la leyenda, que seguramente es cierta, de que los esquimales disponen de más de cien palabras para definir el blanco. Disponen de ellas porque sus ojos han aprendido a ver el detalle que escapa a quien no ha mirado con suficiente atención ni ha tenido tiempo para detenerse a escrutar en detalle lo que tiene ante sus ojos.

Luis Pancorbo es en este sentido ya un esquimal. Lleva demasiado tiempo para no haberse dado cuenta de los matices que dan vida a un paisaje aparentemente plano y para no poder hablar de él mostrando sus diferencias y la inmensa variedad de elementos que contiene. Y demasiado tiempo también para no hablar de la cultura y del pueblo sami, esa comunidad aislada, que el hombre blanco lleva siglos empujando hacia el norte y que hizo su vida entre renos y en una lucha silenciosa para sobrevivir en medio del frío.

Laponia, de la mano de Luis Pancorbo resulta un espacio tan extenso como vivo. Porque para sentir la vida que late en esta infinitud helada hay que conocer a las personas y mezclarse con ellas. Mezclarse para sentir también el paso de las estaciones, el calor de sus tradiciones y de sus fiestas y el discurrir del día a día. No todo es igual en Laponia. No es igual el invierno que el verano cuando la nieve deja paso al color verde de las plantas que germinan y cuando los ríos corren caudalosos por efecto del deshielo y la superficie de los lagos se descubre y pone a la vista el agua que se oculta bajo el hielo la mayor parte del año. Tampoco son iguales las distintas laponias, la finlandesa, la sueca, la noruega y la rusa. En cada una la historia ha dejado su huella o mejor dicho, la dejaron los recién llegados que trataron de colonizarla y de integrarla en sus territorios como una región más.

Zorros, granjas, osos, exploradores antiguos, explotaciones mineras, polución, bases militares, pescadores y auroras boreales se alternan en este relato que ilumina una tierra donde casi no luce el sol durante buena parte del año. Ellos son los protagonistas de la narración y componen las señas de identidad de una parte del mundo en buena medida virgen y de la que Luis Pancorbo nos trae noticias para que empecemos a descubrirla.

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lunes, 19 de septiembre de 2011

Mi abuelo llegó esquiando

Mi abuelo llegó esquiando

Daniel Katz
Libros del Asteroide, 2011
237 pp.

Para quienes hacen literatura, incluso lugares tan inhóspitos como Finlandia podían convertirse en universos donde reflejar con buen humor el mundo y el transcurrir de la vida, envuelta en recuerdos y tradiciones, como si no existiera un más allá....



Daniel Katz
Libros del Asteroide, 2011
237 pp.






Existen tantos 'centros del mundo' como lugares donde han nacido personas dispuestas a hablar de la vida y de la tierra que las rodea. Para quienes hacen literatura, incluso lugares tan inhóspitos como Finlandia  -cuando lo de vivir en los países nórdicos era un martirio más que una medalla- podían convertirse en universos donde reflejar con buen humor el mundo y el transcurrir de la vida, envuelta en recuerdos y tradiciones, como si no existiera un más allá.

El de Finlandia era un mundo pequeño, pero no tan pequeño. Era pequeño, por lo que tenía de ‘local’. Pero Finlandia mantenía contactos con Alemania, por ejemplo, que caía lejos pero no tanto, o con Austria, cuyas guerras acababan por arrastrarla, o con Rusia de la que era un ducado y con la que tenía una relación más que contradictoria.

La historia es lo que al fin y al cabo hacía de Finlandia lo que era y lo que, a trancas y a barrancas, discurre en el relato de Mi abuelo llegó esquiando.

A trancas y a barrancas, digo, porque el relato de Mi abuelo llegó esquiando dispone de una lógica tan libre, y sus anécdotas están tan traídas por los pelos, que a pesar de que los acontecimientos que narra ocurrieron de verdad y figuran en los libros serios, la microhistoria que inserta en ellos los confunde y los acaba moldeando con ortodoxia bastante dudosa.

Insisto en lo de la historia, porque a ella se refiere la contraportada del libro. Y porque es verdad que todo ocurre bajo el reflujo de la guerra ruso-japonesa, de la primera Guerra Mundial y de la Segunda, por no hablar de otras intermedias y que por poco conocidas quedan en la penumbra. Pero la historia es cosa seria y a poco que se piense en ella son más las lágrimas que las sonrisas las que asoman, se mire por donde se mire.

Y es aquí donde sorprende agradablemente Mi abuelo llegó esquiando. Porque desde la primera página arranca con humor y lo mantiene brillantemente hasta el final. Mal que nos pese, la historia cuando busca lo trascendental en lo dramático es más historia, que cuando se sube a las ramas del humor y desde ellas se pone a contar lo mismo que contaría la historia seria, pero con muchas menos restricciones.

Daniel Katz el autor, finlandés, colmado de premios, es judío, lo mismo que los personajes del libro. Y porque es judío tiene recursos para hacer humor, desde dentro, sobre esta condición que tiñe con colores específicos a quienes pertenecen a ella y que se presta a hacer broma de sus manías y sus particularidades.

El libro de Daniel Katz sitúa al lector en la Europa nórdica, pero flota sobre ella. Encadena historias que por lo disparatadas, parecen tener poco que ver con la realidad. Pero el largo camino que recorre –historias del abuelo, de los tiempos del padre, del narrador mismo- se desliza por el tiempo y poco a poco construye un relato que va perfilando los rasgos del país, de Finlandia, y los de su carácter.

No es habitual la literatura con alta intensidad de humor. Mi abuelo llegó esquiando está en este género. Aunque sólo sea porque ofrece un buen rato de lectura de lo más fresco y jocoso habría que recomendarlo. Si además nos habla de un país y de una parte de Europa que por lo lejana conocemos mal y se le reconoce el mérito de ser una obra literaria excelente, habría que concluir que es de lectura casi obligada.

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