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sábado, 20 de agosto de 2016

Cosas que no caben en la maleta. Vivencias de un diplomático novato en el Congo

Cosas que no caben en la maleta

Enrique Criado
Aguilar, 2016
318 pp.

Enrique Criado cuenta cómo es el Congo -especialmente Kinshasa-, cómo es la vida allí, cómo es la gente, el día a día y también la historia reciente. Y puede hacerlo porque en su condición de diplomático ha vivido en la capital congoleña, ha pisado la calle, ha hecho amigos y ha conocido bien el país.


Enrique Criado
Aguilar, 2016
318 pp.






Poco sabemos del Congo más allá de lo que contaron en el s XIX quienes lo exploraron o recalaron en él como colonizadores. O quienes más tarde escribieron sobre dichos personajes.

Cazeneuve, Stanley, Conrad, Brazza, Burton, Gide ... componen esta familia que llevaron a Europa noticias de esclavitud, de injusticia, de sacrificio y también de fascinación por el poderoso influjo de ese corazón africano de tamaño enorme, insondable, amenazador muchas veces y lleno de misterio.

Enrique Criado cambia de registro y nos habla del Congo de hoy. De ese Congo cuyo nombre oficial es la República Democrática del Congo, que antes se conocía como Zaire y que es el heredero del antiguo Congo Belga. Y lo hace en un libro absolutamente recomendable, de escritura fresca, en un tono informal que deja transmitir la vida que late detrás del relato.

Criado le da la vuelta al Congo como un calcetín para contar lo que ocurre dentro del país especialmente en Kinshasa, cómo es la vida, cómo es la gente, el día a día y también la historia reciente. Y puede hacerlo porque en su condición de diplomático es destinado a la capital congolesa donde permanece años, aterrizado de nuevas, con los ojos abiertos y con la oportunidad de picotear de aquí y de allí, de relacionarse por motivos de su trabajo con personas muy distintas y de recibir información y puntos de vista tanto de gentes del país como de extranjeros que lo conocen bien.

Como el subtítulo del país indica, 'Vivencias de un diplomático novato en el Congo', nada de lo que encontramos en el libro está dicho en tono magistral ni engolado. El lenguaje llano y el tono le parecerá al lector agradablemente próximo y ameno. Un cierto sentido del humor o un deje de ironía discurre a lo largo del libro y convierte en humano un relato que por muchos motivos podría parecer ajeno, como de otro mundo.

Y lo cierto es que mucho de otro mundo tiene. 'El Congo es para mí -dice- el país más africano de África'. Una frase que resume la densidad de complejidades, de desajustes y particularidades que tiene el país, cuya dimensión es comparable a la de Europa. Criado nos habla de la vida cotidiana, del fútbol, de las comidas, de las fiestas, las bodas y los entierros, de los conjuros y de esa medicina mágica que sigue tan viva como la otra, la que trajeron los europeos, de los bulos que corren por el país y de la precariedad que lo domina todo, desde la salud, a la seguridad o al suministro eléctrico que en la misma capital aún no está resuelto.

Pero donde el autor hace su trabajo más fino es seguramente en el tema de la política y en el de las guerras que se han cebado en el Congo y que llevan a dudar de si la guerra es la continuación de la política por otros medios o es justamente en lo contrario donde está la verdad. Aunque Criado toca de refilón -no hay espacio para todo en un libro- el tema de la independencia con esos nombres míticos de Kasavuvu, Lumumba y el Che Guevara, es en el entorno más reciente de los conflictos nacidos a partir del de Ruanda donde fija su atención y desgrana con claridad admirable las líneas maestras de un embrollo terrible, prolongado en el tiempo, latente al día de hoy y que costó la vida a millones de personas.

Los intereses contrapuestos, los apoyos internacionales a las partes en conflicto, las diversas bandas y guerrillas, la magia que detiene las balas, los hilos de la política son analizados en no muchas páginas y dan al lector una visión seguramente mucho más ordenada de la que tenía antes de conocer unos hechos que suelen aparecer en los periódicos de forma confusa porque es la confusión su principal caldo de cultivo.

'Mi deseo es que el protagonista del libro sea el propio Congo', dice el autor. Y poniéndose en la piel del lector indica que 'puede interesar esta obra a quienes hayan visitado o se planteen visitar la RDC (República Democrática del Congo, para distinguirla de su vecina República del Congo) a quienes conozcan la realidad de otros países del África subsahariana, a quienes viajen por lugares que, aunque alejados físicamente del Congo, compartan con él no estar en la pista pisada del turismo y, last but not least, a los viajeros de sillón con los que comparto el disfrute de recrear en la lectura las aventuras de un desconocido'

Está todo dicho. Sólo queda ponerse a leer.

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lunes, 12 de septiembre de 2011

Historia del Congo

Historia del Congo

Isidore Ndaywel è Nziem
Catarata/Casa África, 2011
294 pp.

El Congo ocupa una enorme extensión de África central. Es el corazón del continente, y su historia es en alguna medida la historia de África entera ...


Isidore Ndaywel è Nziem
Catarata/Casa África, 2011
294 pp.






De lector a lector, un consejo. Sáltense la primera parte del libro y algunos capítulos de la segunda sin ningún reparo y lo disfrutarán mucho más. Me explico. Poner en un solo volumen la historia entera de un país que ocupa una parte sustancial del continente africano resulta una proeza que el autor realiza con éxito. Pero obliga a extender el abanico de temas a tratar hasta extremos que es muy probable que interesen solamente a unos pocos.

Justamente, por alguno de estos temas empieza el libro y su lectura pudiera disuadir a alguien de seguir adelante. Si eso ocurriera, nada como echar una mirada rápida hasta entrar en otras materias.

El Congo ocupa una enorme extensión de África central. Es el corazón del continente, y su historia es en alguna medida la historia de África entera. Escribirla no es fácil cuando las sociedades de las que se habla no han dejado rastros escritos de su desarrollo hasta épocas muy recientes. Por ello, el principio del libro sabe más a antropología y a prehistoria que a historia. Y por ello, y porque el lector seguramente estará poco familiarizado con mucho de lo que trata, puede este principio resultar opaco, todo y que aporta toda la luz posible para introducirnos en este espacio enorme que desde el río Congo alcanza hasta los grandes lagos que se asientan en el Rift.

Pero pasadas las páginas más descriptivas que se dedican a la antropología, geografía, poblaciones, lenguas… se llega a esa historia que empezamos a conocer porque arranca con la llegada de los portugueses a la desembocadura del río y a los primeros contactos que hacen que para Europa el Congo empiece a existir.

Pero ¿y para el Congo?. Ese es precisamente el gran atractivo de esta Historia del Congo. Una historia que mira también con los ojos del país africano y que a menudo nos deja ver los hechos desde ángulos desde los que no es habitual hablar. La llegada de los portugueses es vista por los dirigentes africanos como una oportunidad de progreso. No hay, desde el punto de vista de Isidore Ndaywel, una entrega infantil de los negros a los cultivados europeos. Hay un cálculo que reconoce en los portugueses un avance cultural y técnico que los africanos desean para abrirse un camino hacia la modernidad. De ahí que los reyes envíen a sus hijos a Lisboa y que pidan a la corona portuguesa gentes instruidas de los que aprender. Los africanos comprenden la importancia de lo que ahora llamaríamos transferencia de tecnología y buscan con Europa una alianza que pasa por aceptar, entre otras cosas, la religión cristiana y a sus enviados.

¿Qué falla en el proyecto africano para que del contacto con Europa no resultara el despegue económico y social? La respuesta es compleja pero Isidore Ndaywel nos da algunas pistas claras. En primer lugar, la llegada de los portugueses tiene un efecto desestabilizador en el Congo, porque la apuesta por aliarse con los europeos tiene costes evidentes y no es compartida por todos. Las tensiones entre los visionarios que juegan la vía europea y los que, viendo en ella una amenaza, la rechazan produce muy pronto enfrentamientos y conflictos de poder muy importantes.

Pero en segundo lugar, la actitud de Portugal se muestra decisiva en la deriva que toman los acontecimientos. Portugal fluctúa, por un lado, entre la ayuda, la pretensión de acercar a los reinos africanos al cristianismo y la colaboración comercial y, por otro lado, la explotación pura y dura de todo lo que puedan aportar los descubrimientos: el rendimiento económico.

Se entiende el desconcierto de los reyes africanos que aceptan solemnes promesas y se avienen a tratados de sumisión a la corona portuguesa y sin obtener de Lisboa los beneficios esperados. Y se entiende la catástrofe que se produce cuando en este contexto se implanta de manera masiva la trata de esclavos. Isidore Ndaywel cuenta muy bien, que para desgracia del Congo, Brasil es la gran apuesta de los portugueses y África no es más que la cantera de la que sacar recursos para explotar el privilegiado solar brasileño.

El libro entra con detalle en la trata de esclavos. Los nobles se enriquecen con el comercio humano y desbordan la autoridad de los reyes, los intermediarios florecen y llevan la trata a todos los rincones, las guerras se generalizan para conseguir prisioneros que vender, árabes, europeos, blancos y negros se involucran en el comercio y generalizan la violencia…

Pero no todo es agua pasada. Tan interesante como la llegada de los primeros europeos resulta la entrada del Congo en la historia moderna con la aparición de Leopoldo II y la creación de ese enorme estado que sería su propiedad privada. Isidore Ndaywel no sólo habla del horror de un régimen de explotación inhumano. Habla también de los proyectos políticos del soberano belga, interesado en una jugada maestra que consistiría en llegar hasta el Nilo y en convertirse en árbitro de África entera. Y presenta, desde una lógica africana acontecimientos periféricos como la aventura de los mahdistas en Sudán, que conocíamos desde la óptica británica tras la dramática caída de Jartum, y veíamos solamente como la obra de unos iluminados, precursores de los talibanes de hoy.

El libro sigue y sigue acumulando interés. La descolonización: Lumumba, Kasabubu, Tshombe, los simbas, los paracaidistas belgas, la secesión de Katanga, los mercenarios extranjeros, Mobutu…, un desfile de personajes y de hechos, casi todos terribles y que pusieron al Congo en primera página de los periódicos durante demasiado tiempo convertido en el campo de batalla que la guerra fría estaba librando en África.

Nada panfletaria –y el tema se presta para más de un exabrupto, siendo obra de un autor congoleño- Historia del Congo llega casi hasta hoy y pone las piezas del complicado rompecabezas africano en su sitio para darles claridad. La resaca de la guerra en Ruanda y su mortífera edición congoleña en épocas muy recientes acerca el final de libro a acontecimientos que están en la memoria de todos, envueltos en confusos intereses.

Es cierto que algunas de las páginas pueden sonar a demasiado académicas y algunas otras a muy descriptivas de la articulación de las administraciones, de las instituciones de gobierno o de los grupos de interés. Pero, sin duda, son la minoría. La gran mayor parte del libro captará la atención de cualquier lector, busque o no entrar en el detalle, y es una aportación única para conocer la historia reciente y menos reciente de un país como es el Congo, que se revela central en el panorama africano.

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martes, 7 de diciembre de 2010

La tragedia del Congo


La tragedia del Congo
G.W. Williams, Roger Casement, A. Conan Doyle y Mark Twain
Ediciones del Viento, 2010
419 pp

La última novela de Vargas Llosa, El sueño del celta, ha puesto de actualidad el asunto del Congo y ha desvelado a los lectores de hoy una catástrofe olvidada y de enorme magnitud...


G.W. Williams, Roger Casement, A. Conan Doyle y Mark Twain
Ediciones del Viento, 2010
419 pp.






La última novela de Vargas Llosa, El sueño del celta, ha puesto de actualidad el asunto del Congo y ha desvelado a los lectores de hoy una catástrofe olvidada y de enorme magnitud. Y por ello mismo ha dado fuelle a este libro, La tragedia del Congo, que documenta de manera precisa una parte sustancial de lo que el reciente Nobel cuenta desde la óptica mucho más libre del novelista.

Los aficionados a la literatura de viajes sabíamos de ese Congo del s.XIX por la impronta que dejó en nuestra imaginación El corazón de las tinieblas, un alegato extremadamente duro. Tan duro e incomprensible que se instalaba en el terreno de la irrealidad, de los mundos de ficción ante tanta crueldad y opresión como destilaba el texto.

El libro del que ahora hablamos es todo lo contrario en cuanto a sensaciones, aunque no en lo que se refiere a la realidad de la que habla. Es todo "luz y taquígrafos", porque los autores, salvo Mark Twain, actúan de notarios y elevan informes en los que buscan claridad. Quieren detener el horror, juntar pruebas y denunciar del modo más eficaz posible un atentado contra la humanidad que exige testigos solventes y claridad en las explicaciones. Las evidencias del desafuero son abrumadoras y el sufrimiento de la población negra inmenso.

En diez años, de 1893 a 1903 la población de Botumu paso de 500 a 80 habitantes, la de Ngombe de 500 a 40, la de Irebu de 3.000 a 60, la de Boboko de 300 a 35, la de Nwebe de 700 a 75... y así hasta agotar el nombre de pueblos y ciudades. ¿Y donde están las personas que faltan? Murieron o desaparecieron como consecuencia de la colonización.

¿Estamos ante un libro curioso sobre la rebelión de algunos intelectuales frente a un hecho que pasó a la historia? No, La tragedia del Congo es mucho más que eso. Habla de una catástrofe cuyos efectos se prolongaron a lo largo del tiempo. Se refiere a un viejo acontecimiento que presenta una viva actualidad para el lector. Cuenta cómo fue la colonización. Cómo era la vida en los países africanos cuando llegó el hombre blanco. Habla de países y de gentes de los que nos separan solo cien años. Habla, tanto como de historia, de la más pura actualidad. Escarba en las raíces que dan sentido a ese lamento o a ese reproche que afirma que "de aquellos polvos estos lodos".

Cuatro autores se reúnen en este libro para componer un sólido abanico de denuncias. Cada cual con su estilo y todos ellos de interés. El primero es G.W. Williams, militar norteamericano, negro y universitario -toda una excepción en la época- que escribe al rey Leopoldo de Bélgica después de haber visitado la colonia. Escribe a la máxima autoridad, que es al mismo tiempo el máximo instigador del atropello, su primer responsable. Lo hace sin pasión, ciñéndose a los hechos, con el respeto debido a un superior, y sin concesión alguna al apaciguamiento. Es la objetividad en estado puro y la denuncia fría y literal.

Casement, el segundo de los autores, es el protagonista de la novela de Vargas Llosa. Pero en el libro que nos ocupa es un personaje bien real. Cónsul de la Gran Bretaña escribe un extenso informe oficial sobre los desafueros de la colonización belga. Pretende acopiar datos para una intervención de su gobierno y para una movilización internacional. Destaca los horrores, habla con la gente, cita nombres, transcribe conversaciones, detalla atropellos terribles -torturas, mutilaciones, secuestros y encarcelamientos, quemas de pueblos enteros, robos- y toda clase de calamidades…

Conan Doyle vuelve sobre el tema. Pero no es una repetición de lo anterior lo que cuenta. No es una denuncia al rey causante de los estragos, ni un informe al gobierno para que intervenga. Elabora los hechos, y saca a la luz lo que ahora definiríamos como causas estructurales de este episodio de la colonización tan exageradamente perverso. Como nota curiosa, habla con respeto de quien fue la mano derecha del nefasto rey Leopoldo, el famoso explorador Stanley que entró en la nómina de colonizador para negociar con los indígenas contratos que eran en realidad expolios, dejándose sorprender, según Conan Doyle, en su buena fe.

Y por último, el libro recoge un texto de Mark Twain, que en tono de ficción recrea un soliloquio de Leopoldo, enloquecido y consternado por lo que ocurre y por la magnitud de lo que le reprochan como dueño de esa colonia -en realidad, posesión personal - que era el Congo.

Casi todo el mundo conoce la época dorada de la colonización europea de África. Pero han sido muy pocas las noticias concretas sobre cómo se desarrolló y aun menos las que documentan la magnitud de la tragedia que supuso. El caso del Congo ha pasado a la historia por ser de una crueldad extrema. Pero es el espejo que con matices refleja también la historia de una buena parte de África. A pesar de su dureza, La tragedia del Congo es un libro ameno y con el atractivo de descubrir una realidad que no nos es nada ajena. Su lectura está llena de interés y es más que recomendable.

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