domingo, 20 de febrero de 2011

Fotografía de viaje


Fotografía de viaje
Richard l'Anson
Geoplaneta/Lonely Planet, 2009
368 pp.

¿Compraría usted un libro dedicado a la fotografía de viajes?¿Y si el autor del libro es un fotógrafo estrella de Lonely Planet y sus imágenes ilustran una buena parte de sus guías?...



Richard l’Anson
Geoplaneta/Lonely Planet, 2009
368 pp.





¿Compraría usted un libro dedicado a la fotografía de viajes? Depende. Cuesta pensar que el hecho de viajar a cualquier lugar, estar de vacaciones, vivir sobre escenarios distintos de los que encuentra uno en su entorno habitual afecte a la fotografía. Y esta duda persigue al aficionado cuando encuentra un título tan simple como Fotografía de viaje.

Pero puede empezar a disiparse cuando el autor del libro es un fotógrafo estrella de Lonely Planet y sus imágenes ilustran una buena parte de sus guías y de la galería de fotos que cuelgan de la web de los editores más importantes de guías de viajes.

Seguramente, no hay reglas que se apliquen solamente a la toma de fotografías cuando se viaja, pero puede haber una experiencia casi ilimitada que haga aconsejable prestar atención a lo que cuenta un experto como es Richard l’Anson, el autor del libro.

De hecho, l’Ansom es consciente desde el principio de esta especie de suplantación que se produce cuando el viaje abarca a toda la realidad. Lo que vale para los viajes, dice a poco de arrancar el libro, vale para casi todo tan pronto como uno se aleja del garaje de su casa. Pero como su pasión va ligada a los viajes –y su medio de vida también- hace un recorrido de la A a la Z de todo lo que considera debe conocer el aficionado y de todo lo que para él constituye la práctica de su profesión.

No sé si quien lea el libro se va a convertir de un fotógrafo sobresaliente, pero sí es seguro que prestando atención a todos los asuntos de los que trata tendrá criterio para orientarse en un mundo que quien no ha pasado por una escuela maneja a base de intuición y que el profesional, además, ha sistematizado para no cometer errores y para mejorar paso a paso la calidad de su trabajo.

Como anunciaba la célebre película de Woody Allen, todo lo que usted quisiera saber sobre fotografía … aparece en este libro. Nos habla de cámaras, de objetivos, de filtros, de carretes para los nostálgicos y de tarjetas de memoria. Nos habla de formatos digitales y de los metadatos que acompañan a la información de cada imagen. Y aunque las ‘technicalities’ ocupan un lugar importante, se ocupa también de lo que no es pura técnica y que hace la diferencia entre las fotos mediocres y las excelentes.

Después de aleccionarnos sobre máquinas y accesorios sorprendentes nos devuelve a la realidad del fotógrafo y enfría nuestro entusiasmo cuando nos advierte de que “pueden hacerse buenas fotos con cualquier cámara y por cualquier medio. En los últimos ciento ochenta años –nos dice- se han realizado muchas fotografías memorables con las máquinas de cada momento…”, de modo que el secreto está en otra parte.

Y ahí empieza con un exhaustivo repaso de la luz, de la composición, del punto de vista, de los contenidos… y de los temas. Temas de todos colores y variedades saca Richard l’Anson a relucir, cada uno con su matiz y su intención, y todos desde la experiencia de quien se ha enfrentado a ellos y ha tratado de sacar lo mejor de cada uno. Cuanto más grande es el mundo, más numerosos los temas y cuanto más se acerca uno a ellos más derivadas encuentra, todas ellas con sus particularidades: la ciudad, el campo, la vida animal son algunas de ellas. Pero, a continuación, se multiplican y dan lugar a otras mucho más precisas que hay que ‘comprender’ para extraer de ellas esta foto que sorprende y embelesa.

Todas las fotos, nos viene a decir l’Anson, están ya hechas. Pero hay aún un hueco en el que explorar y donde encontrar una imagen extraordinaria y todavía inédita. Fotografía de viaje quiere ayudar al lector a encontrar este camino y aporta para ello una información verdaderamente masiva. Cuenta los ingredientes y explica el camino para componer la fórmula. Pero el resultado dependerá también del cocinero, de su inspiración y de esa práctica insustituible que hace al buen fotógrafo: tirar miles de fotos para aprender de todas ellas y acercarse a ese mito que es la perfección.

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martes, 15 de febrero de 2011

Un general confederado de Big Sur


Un general confederado de Big Sur
Richard Brautigan
Blackie Books, 2010
167 pp.

Ni un cinco por ciento de los libros que pueden tener que ver con la literatura de viajes muestran algún género de humor. Éste lo tiene a raudales y por esto merece que se le preste atención...


Richard Brautigan
Blackie Books, 2010
167 pp.





Ni un cinco por ciento de los libros que pueden tener que ver con la literatura de viajes muestran algún género de humor. Éste lo tiene a raudales y por esto merece que se le preste atención.

¿Pero es sólo eso? Ni mucho menos. Resulta que el autor, es un escritor, como se llama ahora, de culto. Un hombre rematadamente maldito, de la generación de los que se dedicaron a la contracultura, entre hippy y ácrata, absolutamente inapropiado en sus opiniones y aficiones y olvidado, para más señas. Y que sigue una tradición literaria que viene del humor inglés, que entiende que el humor es legítimo y un signo de inteligencia. Y viene también del humor de la ‘colonia’ norteamericana, que además se siente libre para explorar temas y situaciones sin cortapisas morales, hijas todavía del “qué dirán”.

Mark Twain asoma tras Un general confederado de Big Sur con la picaresca descarada de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn. Y todavía más, se hace presente en las páginas de este libro que comentamos Tom Sharpe o John K. Tooke y su Conjura de los necios hecha de personajes desharrapados, directamente desagradables, pero hilarantes en su cutrería, falta de escrúpulos y de criterio, y adaptados a su manera a la realidad en la que deben vivir, una vez ‘tuneada’ para hacerla no sólo tolerable sino apropiada a sus experiencias y desvaríos.

Richard Brautigan, el autor de nuestro “general confederado”, inventa una trama, pero se diría que es él mismo quien está en el centro del relato. Un relato norteamericano hasta la médula. Californiano, soleado, libre-libertario y enloquecido que discurre alrededor del Big Sur.

¿Sabe alguien qué es el Big Sur? Brautigan lo rescata del olvido como manifestación del absurdo. Es un pedazo de tierra que presenta como desértica, perdida en mitad de ninguna parte entre el Pacífico y la sierra de Santa Lucía, olvidada en el camino entre San Francisco y Los Ángeles, convertida en secarral donde sólo algunos gatos, y unos desheredados –felices a pesar de todo ¿o no?- viven y despliegan los mitos de ese viejo (¿?) país que es Norteamérica, construido a base de batallas medio olvidadas y de personajes confusos que ayudan a huir de la realidad y crear otra absurda en la que se mueven nuestros personajes.

“La primera vez que oí hablar de Big Sur no sabía que había formado parte de los difuntos Estados Confederados del América, un país que pasó de moda igual que pasan las ideas, las pantallas de las lámparas o un tipo de comida que la gente ya no cocina.”

Con esa aproximación, Brautigan nos habla del envés de esa moneda cuya cara brillante es Sausalito, el Silicon Valley o la universidad de Stanford y que en nuestro caso muestra la vida mísera, tramposa e improvisada de personajes de derribo envueltos en el humor que genera el absurdo.

Una cara de América poco habitual es la que se muestra en Un general confederado de Big Sur . El título ya es desmitificador porque el lector se entera pronto de que el general es una entelequia: que no existió nunca. A lo sumo hubo un soldado fuera de lugar con vocación de cualquier cosa menos de héroe. Un buen tazón de una América sin gloria es lo que nos ofrece Richard Brautigan y un buen rato de lectura también entre sonrisas alimentadas por una sucesión de situaciones disparatadas.

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domingo, 6 de febrero de 2011

Calle Amazonas. De Manaos a Belém por el Brasil olvidado


Calle Amazonas
Bernardo Gutiérrez
Altair, 2010
198 pp.

Equipado con un cuaderno de notas, una cámara de fotos –profesional- y con tiempo por delante, Bernardo Gutiérrez se sitúa en la Amazonia y nos la cuenta. Oficio tiene para ello...



Bernardo Gutiérrez
Altair, 2010
198 pp.





Equipado con un cuaderno de notas, una cámara de fotos –profesional- y con tiempo por delante, Bernardo Gutiérrez se sitúa en la Amazonia y nos la cuenta. Oficio tiene para ello. Es periodista y viajero. Ha publicado en Nacional Geographic, en Geo, en El País, en La Vanguardia… hasta en Playboy. Y ha vivido cuatro años en Brasil. No es pues un recién llegado al mundo de la escritura ni a ese otro mundo vital y rico en paisajes, en gentes y en historia que es el gigante brasileño.

Todo lo que rodea al Amazonas está envuelto por el mito. El río es el más largo del mundo. Sí, sí. Bernardo nos lo cuenta, porque no hace mucho, los cartógrafos descubrieron que su nacimiento estaba en un lugar distinto del que se creía y desde su nuevo origen añade suficientes kilómetros a su curso como para ponerse en el primer puesto del ranking mundial. Bien. Río largo, caudaloso, rodeado de selva, lleno de vida, desconocido, impenetrable e inexplorado en algunas de sus regiones, dueño de una riqueza a ojos vista y de tesoros no desvelados aún, pero que se suponen inmensos, el Amazonas está rodeado de un halo que hace difícil distinguir donde acaba la imaginación de los hombres y donde empieza la realidad de la imagen que nos llega.

Por ello Bernardo Gutiérrez se propone borrar la amazonia ficticia y esforzarse por contarnos lo que hoy es. Quiere bajarnos del cómodo sillón de espectadores de una selva literaria e idealizada para devolvernos a la realidad. “La selva no es tan solo un santuario de la biodiversidad. Es mucho más. Principalmente, el hogar de millones de seres humanos.” Y para ello, emprende un recorrido que empieza en Manaos para terminar en Belém, a orillas del Atlántico, embarcando en naves grandes y chicas, incómodas casi todas, y deteniéndose en los más diversos lugares para conocer rincones y gentes que el viajero no suele encontrar en los recorridos turísticos.

Manaos es el origen, porque es la gran capital y porque está en el imaginario que todos tenemos de esa relación entre la mayor masa de verde y de agua dulce del planeta, la mano del hombre y la ambición por dominar la naturaleza. Sirve para hablar del pasado y del presente. Y para advertir de los quiebros de la historia que sin avisar apenas conduce a la mayor opulencia, lo mismo que a la ruina y busca caminos inéditos como el de la alta tecnología para dejar de extraer madera y sacar, en cambio, de la selva chips, motocicletas y software.

Pero Manaos, su espléndido teatro y los ecos de Fitzcarraldo son sólo el principio. Tras él se desarrolla un largo viaje que da pie a hablar de muchas cosas más, siempre con el tono real de la experiencia vivida y del testimonio de lo que cuentan –y de lo que callan- las personas que se van encontrando a lo largo de los días y de las sucesivas etapas.

La matanza –por millones- de indios que acompañó a la colonización de la Amazonia surge tras rascar sólo un poco en la memoria. Los mitos indígenas y la indigencia absoluta en que vivieron algunas tribus, los intentos de interpretación de los blancos que vinieron de fuera, con resultados y con intereses tan diversos: Levi Strauss, por el lado académico, Casaldáliga comprometido, optimista y solidario, las instituciones, provisoras en origen y criminales con el paso del tiempo después de asociarse a intereses perversos… van encontrando hueco en las páginas del libro

La vida en la Amazonia ha cambiado a pasos agigantados y la cultura urbana ha planchado las formas tradicionales a una velocidad y con una contundencia inapelables. En mitad de la selva, lejos de la ciudad, las camisetas ‘urbanitas’, los piercings, las crestas punkis, las bolsas de basura y la música a todo volumen de nuevos grupos a la moda se mezclan con el mensaje de las sectas evangelistas y contribuyen a la extinción de una cultura que estuvo viva hasta hace muy poco tiempo.

“El primer contacto (con la civilización) para muchas tribus indígenas significa una hecatombe.” Pero Calle Amazonas, no es un libro que se deje llevar por la catástrofe, ni melancólico. Cuenta esta hecatombe sin dejarse arrastrar por ella porque habla además de la vida y de cómo ella descubre nuevos cursos a medida que el entorno va penetrando las fronteras, en el pasado impermeables, que hacían de la Amazonia un mundo poderoso y aparte.

Calle Amazonas es un excelente libro de viajes y un testimonio singular de la realidad que surge en torno al gran río brasileño. Es un relato con opinión que ayuda a entender ese mundo poco visible y en evolución que es la Amazonia y que se desarrolla dentro de ese otro mundo lanzado hacia el futuro que es Brasil. Quien sienta curiosidad, nostalgia o interés por acercarse al Amazonas llevado de la mano de un guía bien dispuesto y buen conocedor de lo que habla, tiene ahora con Calle Amazonas la mejor ocasión de satisfacer sus deseos.

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domingo, 30 de enero de 2011

Nueva York


Nueva York
Henry James
Sexto piso, 2010
695 pp.

El título no puede ser más explícito. Hablamos de Nueva York. Pero de un Nueva York en segunda o en tercera derivada. Es decir, de un Nueva York esencial, próximo a las raíces que lo animan...


Henry James
Sexto piso, 2010
695 pp.





El título no puede ser más explícito. Hablamos de Nueva York. Pero de un Nueva York en segunda o en tercera derivada. Es decir, de un Nueva York esencial, próximo a las raíces que lo animan, que desvela el ámbito profundo de su carácter y el de sus gentes. Lejano, pero real todavía.

Henry James conoció Nueva York de pequeño, una ciudad que nada tenía que ver con la que unos años más tarde creció de forma espectacular para saturar con sus calles y edificios la isla de Manhattan, hasta entonces pueblerina y ‘natural’. Los años centrales del siglo XIX fueron de frenético desarrollo para la ciudad, que cambió de aspecto y de población a medida que los emigrantes llegaban a su puerto de manera continua y aglomerada, animados por una actividad y por una creación de riqueza desbordantes.

Pero James no nos habla directamente de ello. Sus personajes son neoyorkinos de verdad, habitantes de la ciudad y no notarios. Y en consecuencia desarrollan sus vidas con la naturalidad de lo cotidiano, en medio y a pesar de tanto movimiento como se produce a su alrededor.

James es sobre todo un creador de tramas. Inventa historias en cuyo interior se desenvuelven los personajes, arropados por una sociedad que los anima y los justifica. Es un observador de comportamientos que dibujan relaciones, caracteres, formas de vivir y de ocupar un espacio entre otros personajes. Y ahí es donde asoma este Nueva York que da título al libro. Son los particulares neoyorkinos que pueblan los relatos de James quienes reflejan esa ciudad en la que viven. Una ciudad 'antigua' porque los habitantes viven de tradiciones y de fórmulas sociales generadas por el tiempo, pero inédita también porque todo es nuevo y está en la conciencia de muchos que la ciudad crece desaforadamente y que la 'colonización' de las tierras baldías del norte con más calles y edificios es imparable.

Aunque todo ocurre en Nueva York, sólo algunos indicios permiten visualizar la ciudad. En algún momento aparecen en el texto imágenes de guardias vestidos de blanco y con sombrero de paja, de los ómnibus que recorren las calles, del cerco de madera que protege el centro de Washington Square, de las casas color chocolate que hoy llamamos ‘brownstones’... Pero poco más nos conduce a lo concreto, porque este NY que da título al libro no está hecho de accidentes sino de esencias.

Nueva York de Henry James se presenta como una antología. Es una meditada selección de relatos con historias diversas. Relatos vinculados todos ellos y de distintas maneras a la ciudad, de longitud desigual y algunos editados por primera vez en castellano. Ofrece una mirada cargada de sentimiento al Nueva York de ayer y ofrece también la ocasión de aproximarse a la obra de uno de los mejores novelistas norteamericanos. Es literatura y nostalgia. Dicen los críticos que es un ajuste de cuentas entre el autor y la ciudad. Es, desde luego, una buena ocasión para entretenerse en el alma de una capital, de vida intensa, que no ha parado de reinventarse desde que nació.

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viernes, 21 de enero de 2011

Ilustrado


Ilustrado
Miguel Syjuco
Tusquets, 2010
382 pp.

Miguel Syjuco, el autor del libro, se muestra en ésta, su primera novela, como una revelación de las letras filipinas. Porque lo cierto es que Syjuco es un personaje tan brillante como difícil de clasificar y que su novela, moderna donde las haya, obtuvo dos galardones de primerísimo nivel...

Miguel Syjuco
Tusquets, 2010
382 pp.





Miguel Syjuco, el autor del libro, se muestra en ésta, su primera novela, como una revelación de las letras filipinas, o quizás mejor de las letras en lengua inglesa y de raíces filipinas. Porque lo cierto es que Syjuco es un personaje tan brillante como difícil de clasificar y que su novela, moderna donde las haya, obtuvo dos galardones de primerísimo nivel: el Man Asian Literary Prize y el Palanca Award, el más importante premio literario de Filipinas.

No me ando por las ramas hablando del autor. De familia de emigrados a Canadá –emigrados políticamente ilustres- estudia en Manila, pasa por la universidad de Columbia en Nueva York, por la de Adelaida en Australia, reside en Montreal… Es un hombre de todas partes, pero filipino. Y en medio de esta mezcla de lugares y países que parecen desdibujar su personalidad, se convierte, él mismo, en personaje de su propia novela, porque el protagonista se llama también Miguel Syjuco, estudia en Nueva York y despliega en la ficción un conjunto de características que lo asemejan al personaje real.

La novela de la que hablamos es Ilustrado y es un reflejo, distorsionado por una trama de fantasía, de la realidad de unas Filipinas donde los intelectuales tienen mal encaje, han emigrado al mundo sajón y se enfrentan en su vida diaria a una sociedad contradictoria, desordenada y caótica.

Miguel Syjuco, el autor, y, por un efecto de cascada, el protagonista de la novela, ejerce de enfant terrible. Y lo transmite en su narración, desarrollando frentes diversos, que parecen crear un coro a distintas voces, tratando de hacerse hueco cada una de ellas entre las otras y generando una especie de griterío que sostiene discursos diversos pero relacionados. Griterío que no nace sólo de la diversidad de voces, sino, y sobre todo, de una especie de incontinencia verbal que acumula ideas, pensamientos, asuntos y situaciones que se van amontonando y crean una atmósfera de desorden hiperactivo que define la marcha de la ficción.

El protagonista es, sin duda un disparatado. Disparatado dentro de un orden, porque es un personaje de familia bien, educado, joven promesa y bohemio. Bohemio porque su vocación de escritor pasa por ajustarse al cliché del inconformismo y de cierta marginalidad. Y también "ilustrado", porque es un vivo ejemplo de esa plétora de burgueses filipinos que fueron a educarse a España, a Francia y ahora a América, para regresar al país de origen con la formación y las ideas aprendidas en los lugares donde se cuece la cultura y se adquieren las herramientas del poder.

La trama es, lo mismo que el protagonista, disparatada. Trata de un escritor de éxito, pero provocador e incómodo, que deja Manila y se instala en Nueva York con la amenaza de escribir un libro que denunciará la corrupción de políticos y de las grandes familias y pondrá patas arriba a la sociedad filipina. La muerte de este personaje peligroso pone en marcha las pesquisas de nuestro Miguel Syjuco, que intuye una mano criminal y decide buscar el manuscrito del libro que el muerto llevaba entre manos y descubrir los intríngulis del asesinato.

Filipinas, la Filipinas de hoy y también la del pasado, transita por el libro como transita el paisaje por la ventanilla del tren a medida que éste sigue su camino. Es la Filipinas de los expatriados, de gentes de la cultura, de personajes singulares. La Filipinas que se deja ver a través de un protagonista que procede de la mejor sociedad, que vive su propio país con distancia, pero que no puede separarse de él, al que regresa y al que se aferra.

Ilustrado forma parte de los raros libros de la literatura filipina contemporánea que alcanzan las librerías españolas. Y, en este caso, que viene precedido de un éxito singular y de las mejores críticas. Para el Washington Post la novela "desenfrenadamente entretenida, (…) logra un tono muy personal, gran sofisticación literaria y un humor satírico". Quien se sienta tentado por estas palabras sabe que en Ilustrado encontrará un buen rato de lectura y el reflejo de unas Filipinas que sólo llega a los lectores en lengua española con cuenta gotas y muy de tarde en tarde.

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viernes, 14 de enero de 2011

Mayombe


Mayombe
Pepetela
El Aleph Editores, 2010
313 pp.

La guerra domina esta novela, y la política. Pero una guerra y una política que nada tienen que ver con la obsesión del recuerdo que afecta a la literatura que nace en los Balcanes o en Oriente Próximo. En Mayombe es un escenario distinto el que se abre y un tono distinto también, esperanzado, reflexivo...



Pepetela
El Aleph Editores, 2010
313 pp.







De nuevo es la guerra la que domina esta novela, y la política. Pero una guerra y una política que nada tienen que ver con la obsesión del recuerdo que afecta a la literatura que nace en los Balcanes, en Oriente Próximo o en Chile donde no hubo guerra abierta pero sí la profunda herida de una durísima represión militar.

En Mayombe es un escenario distinto el que se abre y un tono distinto también, esperanzado, reflexivo, liberador… Porque la guerra que sostiene el relato es la de la lucha por la independencia de Angola y por el nacimiento, a partir de esta vieja colonia portuguesa, de una nueva nación.

Y es la guerrilla la que envuelve la trama de la novela y la que se abre al lector, que seguramente no habrá tenido muchas ocasiones de conocer sus interioridades. Choca la precisión con que el autor retrata a esta especie de familia que compone un grupo de combate instalado en la selva. Y llama la atención también el juego que este pelotón de guerrilleros da a la hora de ir descubriendo temas que afectan a la política, a los hombres, a la guerra y en definitiva al país.

La guerrilla sostiene la trama y está todo el tiempo presente, pero no es el ambiente cuartelario el que domina la atmósfera. Casi al contrario. El protagonista, Si Miedo, es un intelectual maduro y alejado de todo fanatismo. Es el jefe militar del comando, riguroso y al mismo tiempo comprensivo y sabio. Un jefe de operaciones, un comisario político, un maestro forman con el comandante la élite del grupo guerrillero y los personajes cuyos puntos de vista y cuyas sensibilidades permiten explorar un mundo de sentimientos, de prejuicios y de fidelidades en los que se refleja el futuro de esta Angola que lucha por su liberación.

Por supuesto se trata de una guerrilla de corte marxista y de raíz netamente africana. Y se trata, en el discurso que aflora a través de cada personaje, de un llamativo retrato de la forma de enfrentarse a la acción y al pensamiento, marcada siempre por la fidelidad a la ortodoxia política. Puro marxismo que suena a agua pasada desde la realidad de hoy.

¿Estamos ante un panfleto? Ni de lejos. Hay que avisar que este discurso ortodoxo, que parece hoy casi teatral, en ningún momento va a empachar al lector. La novela es profunda pero resulta ligera, incluso con temas tan duros como los que trata. Y el autor es hábil a la hora de domesticar el discurso político de los personajes y la tensión militar que podrían lastrar el relato hasta hacerlo naufragar.

Pepetela –pseudónimo de Artur Pestana-, el autor, escribió la novela estando él mismo en la guerrilla. La escribió en medio de este paisaje africano de matorral, bosque y montaña donde transcurre la ficción, al borde de la frontera con el Congo. La escribe siendo responsable militar e importante cargo político del Movimiento para la Liberación de Angola. Y con ella -con la novela- consolida una carrera que cosecha los más importantes premios de la literatura en lengua portuguesa. Mayombe hace honor a estos reconocimientos porque es una novela magnífica. Resulta un relato excelente, con tensión desde la primera a la última página, y una ocasión singular para el lector de asomarse a una Angola poco conocida y que es hoy lo que en la novela no es más que un proyecto lleno de esperanzas y de incertidumbre.

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viernes, 7 de enero de 2011

El botones de Kabul


El botones de Kabul
David Jiménez
La esfera de los libros, 2010
278 pp.

Dos personajes forman los hilos con los que se teje esta novela que transcurre en el Afganistán de la época de los talibanes, hace muy pocos años. Uno es un botones de hotel. El otro un extranjero...


David Jiménez
La esfera de los libros, 2010
278 pp.







Dos personajes forman los hilos con los que se teje esta novela que transcurre en el Afganistán de la época de los talibanes, hace muy pocos años. Uno es un botones de hotel. El otro un extranjero, de mentalidad práctica, que asume el papel de mercenario de los negocios para una ‘haliburton’ cualquiera, dispuesto a dar un pelotazo vendiendo lo que sea que los talibanes quieran comprar. Nada que reprocharse, porque al fin y al cabo se trata de comercio y de estrechar relaciones entre el régimen islámico y América.

La novela discurre en un terreno de ansiedad, porque la vida en Afganistán es dura. Lo es el clima y lo es el país sometido a una dictadura cruel. Ni siquiera nuestro vendedor, acostumbrado a faenar en plazas poco cómodas, casi siempre a la sombra de duros conflictos, lleva bien la pesadumbre excesiva que impone el régimen de los clérigos. Todo es abrupto y todo acaba por contaminarse en la realidad de un país a cuyo rigor no escapan ni los extranjeros que van a hacer su trabajo sin más preocupación que terminar cuanto antes y volver a las comodidades de la vida en occidente.

David Jiménez, el autor, conoce bien el tema. Es periodista, ha sido corresponsal en Asia y ha cubierto las guerras que durante años se han cebado con las regiones más conflictivas de continente. Afganistán ha estado en su campo de acción y ha buscado en la novela el modo de sacar a la luz la realidad cotidiana y la vida de la gente.

No hay poesía en el texto, ni recompensa por la vieja cultura del país o por la solidez de sus tradiciones, recias, antiguas y admirables. Kabul, no está para florituras porque lo que aparece a primera vista es la desolación. Es la vida cotidiana hecha ruinas, y soportada por personas que se esfuerzan por seguir viviendo en medio del desorden, en un entorno miserable. El extranjero, un norteamericano joven, empuja el desarrollo de la novela con las escenas que va abriendo su actividad comercial y con su mirada de turista como llegado de Marte a una tierra en la que es difícil entender casi todo.

El botones es el contrapunto indígena que el autor desdobla como para dar más oportunidades al país a expresarse y al lector a enterarse de lo que se cuece en él. Primero este botones es un hombre mayor que ha conocido épocas de esplendor en el mejor hotel de la ciudad. Luego es su hijo quien hereda el puesto y deja espacio a una voz joven para cubrir así una diferencia generacional, igualmente sometida y desgarrada.

Con todo su dramatismo, El botones de Kabul es una suerte de novela de aventuras que en cualquier momento podríamos ver en el cine. El guión tiene los aderezos de un relato de intriga, que deja en el lector esa inquietud melancólica de los paisajes sobre los que planea la desgracia. Desasosiego, remordimientos, ambición, amistad son los sentimientos contradictorios que van orientando la acción que aproxima a personajes tan dispares como el vendedor y el botones. Y son las lentes a través de las cuales el lector se asoma a ese Afanistán inhóspito y peligroso.

No es habitual encontrar a un autor español en un tema de ficción que nos parece lejano y más propio de escritores de países con más tradición en asuntos relacionados con el Oriente Medio. David Jiménez que publicó con éxito Hijos del monzón se ha atrevido a ello y ha conseguido una novela que se lee casi de un tirón. Intriga, por un lado, y también un conocimiento sobre Afganistán desde un ángulo poco corriente es lo que encontrará el lector en este libro, además de un buen rato de entretenimiento.

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