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viernes, 8 de abril de 2016

El último tren a la zona verde

El último tren a la zona verde

Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.

Con 'El último tren a la zona verde' Paul Theroux vuelve a seducirnos. Es su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.


Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.






Paul Theroux vuelve a seducirnos con su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.

El último tren a la zona verde relata el viaje del autor por tierras sudafricanas y por esa África pegada al Atlántico que componen Namibia y Angola. Un libro de viajes, aunque no uno más porque está lleno de conocimiento, de sensibilidad y de experiencia.  Y porque en sus raíces hay un deje de humildad que le da al relato un tono especialmente humano.

Paul Theroux, el gran viajero y exitoso escritor, se ha hecho mayor para seguir andando por estos mundos. La edad le pesa y la energía no es la misma que la de años atrás. No soy yo quien lo dice. Es él. Es el hombre que quiere mostrar que el tiempo pasa y que su sensibilidad es quizás otra: más trascendental, de perspectiva más larga y más profunda de lo que fue antes, y seguramente más desesperanzada.

Dos preocupaciones sobrevuelan el libro y de alguna manera le dan un sabor especial. No es que estas preocupaciones sean un lastre para el viaje desde Ciudad del Cabo hacia el norte siguiendo el perfil occidental de África. Pero sí que articulan su mirada y las reflexiones que hace llegar al lector.

Una de ellas es personal e íntima. Es la que tiene que ver con la vejez y con los miedos que con ella se generan.  No es un ataque de melancolía de quien descubre que ya no es joven. Es un ejercicio de realidad, una especie de balance que resulta interesante por la personalidad de Theroux y por la perspectiva que aporta quien ha sido un viajero impenitente desde su juventud.
La otra preocupación que revela el libro tiene un carácter más social o más político. En definitiva más actual y que revela el gran dilema que plantea África: tras los últimos cincuenta años, y una vez hemos llegado al presente. ¿Cuál es el resultado de este balance?¿el continente avanza o ha retrocedido? No es fácil contestar a estas preguntas porque son muchos los elementos que intervienen en el juicio. Pero muchas son las informaciones que nos llevan a concluir que estamos ante una catástrofe.

'Mi bisabuelo, el difunto jefe Kabazembi, nunca fue a la escuela pero tenía veinticinco mil cabezas de ganado en 1903, antes de que nos conquistaran. Yo tengo un título universitario pero no soy dueño ni de una gallina' figura en la declaración de un miembro de la etnia herero ante una comisión de la ONU en Dar es Salam.
El viaje que emprende Paul Theroux persigue, entre otros asuntos, ver en qué han quedado las tribus bosquímanas que habitan el África meridional. Unas tribus que han tenido un valor incalculable para la antropología porque resultaban el eslabón humano más próximo a la vida en la edad de piedra. Se trataba de comunidades enraizadas en un mundo que había desaparecido ya del resto del mundo pero que seguía vivo y sostenía a una comunidad humana culta estructurada y autosuficiente.

El mundo de los bosquímanos es solo un ejemplo de un proceso de exterminio y de expolio que ha afectado al continente entero con resultados devastadores. Y que es una pérdida para el conjunto de la humanidad. Theroux es lector tanto como escritor. Conoce la historia y el trabajo de los antropólogos. Sabe lo que encontraron los primeros que se adentraron en el continente y lo estudiaron en el siglo XIX y conoce lo que sucesivamente han escrito los que vinieron detrás.

Los encuentros con personas son el empedrado sobre el que discurren los libros de viajes. Pero en este caso, dichos encuentros encuentran a un testigo informado, atento a lo que escribieron otros y a lo que sus ojos ven, y sin las urgencias de un escritor joven por destacar, jugando con los hechos o las penalidades del viaje.

La miseria que acompaña a estos pueblos 'primitivos' que resultan auténticos monumentos del patrimonio humano, la dureza del clima y las penalidades que pesan sobre los lugares más perdidos pesan también sobre aquellos donde la modernidad supuestamente ha triunfado. A Theroux le puede la curiosidad y las ganas de salir del camino trillado. Por ello las ciudades aparentemente exitosas le descubren -y descubren al lector- sus enormes deficiencias. Se diría que de la mano de Theroux nada es lo que parece.

Pero no tema el lector. El último tren a la zona verde no es para nada un libro apesadumbrado. Y menos aún un panfleto de denuncia. Es un libro ponderado, que huye de los aspavientos, pero que plantea una realidad que invita a una profunda y grave reflexión y que contribuye de manera muy positiva a tomar posición sobre muchos de los problemas que padece África.

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domingo, 19 de febrero de 2012

Luuanda

Luuanda

José Luandino Vieira
Sol de Ícaro, 2011
126 pp

Un libro modesto como las historias que cuenta, como los personajes que las animan. Esto es Luuanda, la sucesión de tres relatos cortos de José Luandino Vieira que tienen como escenario la capital de Angola...



José Luandino Vieira
Sol de Ícaro, 2011
126 pp





Un libro modesto como las historias que cuenta, como los personajes que las animan. Esto es Luuanda, la sucesión de tres relatos cortos de José Luandino Vieira que tienen como escenario la capital de Angola.

¿Y cómo es la capital de Angola? Pues, casi no es. Y no es, porque para un angoleño queda sumida en la pura cotidianidad. Es lo que hay y el lugar donde transcurre la vida. Algo en lo que tan siquiera se repara, porque lo que llama la atención son los acontecimientos.

Y los acontecimientos están contenidos en tres historias, que el autor llama ‘estorias’ porque así es como habla la gente. Y lo que él cuenta, de tal modo forma parte de la piel de estas personas que protagonizan el relato, que solo pueden expresarse como se expresan ellas.

Luuanda es, por supuesto, una ‘declinación’ de Luanda y un indicador de que estamos en el plano de la ficción. ¿Hace falta avisarlo? Pues, de alguna manera, sí hace falta para que el lector sintonice desde el principio con el discurrir de unas vidas inventadas, pero tan pegadas a la realidad que podrían ser reales. El título avisa de que el texto, se separa, se desliza por encima de la realidad.

No son amables las ‘estorias’ que cuenta José Luandino Vieira. Pero son entrañables de puro directas, por lo inmediatos que hacen sentir a los personajes y por el afecto que despiertan sus miserias. No es nada fácil la vida en Luanda, cuando todavía Angola forma parte del mapa ampliado de Portugal. Y no aparece fácil, a la mirada del lector, porque José Luandino fija la atención en las barriadas pobres donde la vida transcurre a salto de mata y donde las personas se agarran a un clavo ardiendo para seguir en pie.

Pero no es un drama exactamente lo que nos trae el Luandino Vieira. Más bien al contrario, pues la adversidad da pie a forzar la inteligencia, la del autor, la de los personajes y la del lector que si no anda listo, por ejemplo en algunas de las páginas de la ‘historia del ladrón y el papagayo’, pierde pie y no caza las medias palabras, las intenciones y las maldades puestas de refilón en la escena para que las cace el buen entendedor.

Un recuerdo a la maliciosa prosa de Quevedo se abre paso en este libro, humilde solo en apariencia. Y puede hacerlo porque José Luandino Vieira es un escritor tan desconocido para el gran público como reconocido en el mundo de la literatura. Un escritor angoleño cargado de premios y sobresaliente en el entorno de las letras portuguesas.

Háganme el favor y lean esta frase con cuidado:
“Así como, a veces, por donde el sol se zambulle en el mar, una pequeña y gruesa nube negra aparece para recorrer el cielo azul y, en la carrera, empieza a hacerse grande, a extender los brazos por todas partes, esos brazos que se convierten en otros brazos y ésos aún en otros más finos, y no tan negros, y todo ese apresurado caminar de la nube en el cielo parece el espeso ramaje lleno de hojas de una ‘mulemba’, con barba y todo, con las hojas de muchos colores, algunas secas con el colorido que el sol les da y al final, ya nadie sabe cómo nacieron, donde empezaron, donde acabaron esas locas hijas de la nube corriendo sobre la ciudad, dejando ir el agua pesada y caliente que traían, riendo con  largos y tuertos relámpagos, hablando con la voz grave de sus truenos, así, en esta tarde tranquila, empezó la confusión.”

Ni un solo punto, ni seguido ni aparte. Puro sentido común. Puro sentido. Poesía elemental y a ras de suelo. Simple y compleja, a la vez, de puro natural.

Es difícil reparar en Luuanda, publicado, además, por una pequeñísima editorial. Pero merece la pena hacerle un hueco entre otros libros con mayor presencia, para acercarse a Angola y para asomarse a estas ‘estorias’ trazadas con nervio, con humor también, con ternura y con mucha inteligencia.

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viernes, 14 de enero de 2011

Mayombe


Mayombe
Pepetela
El Aleph Editores, 2010
313 pp.

La guerra domina esta novela, y la política. Pero una guerra y una política que nada tienen que ver con la obsesión del recuerdo que afecta a la literatura que nace en los Balcanes o en Oriente Próximo. En Mayombe es un escenario distinto el que se abre y un tono distinto también, esperanzado, reflexivo...



Pepetela
El Aleph Editores, 2010
313 pp.







De nuevo es la guerra la que domina esta novela, y la política. Pero una guerra y una política que nada tienen que ver con la obsesión del recuerdo que afecta a la literatura que nace en los Balcanes, en Oriente Próximo o en Chile donde no hubo guerra abierta pero sí la profunda herida de una durísima represión militar.

En Mayombe es un escenario distinto el que se abre y un tono distinto también, esperanzado, reflexivo, liberador… Porque la guerra que sostiene el relato es la de la lucha por la independencia de Angola y por el nacimiento, a partir de esta vieja colonia portuguesa, de una nueva nación.

Y es la guerrilla la que envuelve la trama de la novela y la que se abre al lector, que seguramente no habrá tenido muchas ocasiones de conocer sus interioridades. Choca la precisión con que el autor retrata a esta especie de familia que compone un grupo de combate instalado en la selva. Y llama la atención también el juego que este pelotón de guerrilleros da a la hora de ir descubriendo temas que afectan a la política, a los hombres, a la guerra y en definitiva al país.

La guerrilla sostiene la trama y está todo el tiempo presente, pero no es el ambiente cuartelario el que domina la atmósfera. Casi al contrario. El protagonista, Si Miedo, es un intelectual maduro y alejado de todo fanatismo. Es el jefe militar del comando, riguroso y al mismo tiempo comprensivo y sabio. Un jefe de operaciones, un comisario político, un maestro forman con el comandante la élite del grupo guerrillero y los personajes cuyos puntos de vista y cuyas sensibilidades permiten explorar un mundo de sentimientos, de prejuicios y de fidelidades en los que se refleja el futuro de esta Angola que lucha por su liberación.

Por supuesto se trata de una guerrilla de corte marxista y de raíz netamente africana. Y se trata, en el discurso que aflora a través de cada personaje, de un llamativo retrato de la forma de enfrentarse a la acción y al pensamiento, marcada siempre por la fidelidad a la ortodoxia política. Puro marxismo que suena a agua pasada desde la realidad de hoy.

¿Estamos ante un panfleto? Ni de lejos. Hay que avisar que este discurso ortodoxo, que parece hoy casi teatral, en ningún momento va a empachar al lector. La novela es profunda pero resulta ligera, incluso con temas tan duros como los que trata. Y el autor es hábil a la hora de domesticar el discurso político de los personajes y la tensión militar que podrían lastrar el relato hasta hacerlo naufragar.

Pepetela –pseudónimo de Artur Pestana-, el autor, escribió la novela estando él mismo en la guerrilla. La escribió en medio de este paisaje africano de matorral, bosque y montaña donde transcurre la ficción, al borde de la frontera con el Congo. La escribe siendo responsable militar e importante cargo político del Movimiento para la Liberación de Angola. Y con ella -con la novela- consolida una carrera que cosecha los más importantes premios de la literatura en lengua portuguesa. Mayombe hace honor a estos reconocimientos porque es una novela magnífica. Resulta un relato excelente, con tensión desde la primera a la última página, y una ocasión singular para el lector de asomarse a una Angola poco conocida y que es hoy lo que en la novela no es más que un proyecto lleno de esperanzas y de incertidumbre.

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