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miércoles, 4 de julio de 2018

Colombia sobrevive. Crónica de una paz incierta

Colombia sobrevive. Crónica de una paz incierta

Aitor Sáez
Círculo de Tiza, 2018
380 pp.

Guerra revolucionaria y narcotráfico. Trescientos mil muertos y siete millones de desplazados no son cosa que permita mirar hacia otro lado. De esto es de lo que nos habla Aitor Sáez en Colombia sobrevive, Crónica de una paz incierta. Un excelente libro, lleno de interés para quienes deseen saber más de Colombia.


Aitor Sáez
Círculo de Tiza, 2018
380 pp.






Como no puede ser de otro modo, las situaciones traumáticas dejan en la literatura de los países una huella que perdura y aflora a la superficie una y otra vez. En el caso de Colombia, el conflicto, en forma de guerra abierta, que ha mantenido durante más de cincuenta años, ha marcado el país. No sólo ha dejado su impronta en las conciencias de los colombianos sino que modificó la realidad del país entero.

Para los visitantes, el paisaje y las ciudades siguieron siendo las de la Colombia de siempre, pero para la población la cotidiana cosecha de cadáveres transportada por el agua de los ríos, la inseguridad en los caminos, la constante aparición de noticias en los periódicos o la televisión relativas al conflicto y la contaminación de la política como consecuencia del mismo creó una realidad distinta y mucho más dura.

Trescientos mil muertos y siete millones de desplazados no son cosa que permita mirar hacia otro lado o que deje libre de salpicaduras a nadie. Pero esas salpicaduras no fueron iguales para todos, no generaron una posición común en la población respecto a la guerra y respecto a la paz. Unos vivieron el conflicto arriesgando diariamente sus vidas, con el miedo de quienes están en primera línea, y otros desde el análisis lejano, desde el fastidio, a veces, de quien asiste a una situación absurda e incómoda, costosa en términos económicos, impuesta desde fuera a la que hay que derrotar.

El libro de Aitor Sáez nace en este punto, en el momento en que se han firmado unos acuerdos de paz que el país, en referéndum, ha tardado pocas semanas en rechazar para sorpresa de casi todos. ¿Qué pasa en Colombia, cómo es el país que rechaza el fin de una guerra que el ejército ha sido incapaz de terminar después de varias décadas?.

 “Colombia siempre ha sido un manojo de contradicciones, una paradoja en forma de república (…)”, cuenta en un periódico el escritor Juan Gabriel Vásquez. “En el último medio siglo, este país que ha vivido en estado de guerra permanente ha sido también el único de su vecindario que ha sabido evitar las autocracias y las dictaduras (…) con su cultura de corrupción y su mentalidad mafiosa, es también un país de instituciones que misteriosamente han seguido funcionando, y que han logrado, aun en los momentos más críticos, producir sus propios anticuerpos”.

Es más, y ahora quién lo dice es el autor del libro: “Colombia había sufrido el conflicto interno más extenso y uno de los más sangrientos de todos los tiempos. Sin embargo los colombianos aparecían siempre en las primeras posiciones de los países más felices”.

Para acercarse a la Colombia del hoy, para desvelar lo que el viajero o el simple lector de periódicos no puede ver y sin embargo conforma la realidad del país, es para lo que Aitor Sáez emprende la aventura de escribir su libro. Porque Colombia sobrevive es una aventura que seguramente desborda al propio autor. Y ojalá sea así. Porque la posición de Aitor Sáez sobre el presente y el futuro de Colombia es poco halagüeña, está cargada de amenazas y el lector va a desear que sea la dureza de lo que ha sido el pasado lo que empaña el optimismo del autor más que el peso de los retos que el país afronta en la nueva etapa de empeño a favor de la paz. El subtítulo del libro, Crónica de una paz incierta, destaca las dudas del autor sobre un final feliz en el proceso de pacificación emprendido.

La situación de quiebra de Colombia como estado ‘normal’ viene de lejos. Viene de los tiempos cuando América Latina entera estaba envuelta en guerras alimentadas por los distintos bandos de la guerra fría. Y la investigación de Aitor Sáez, pues de eso se trata, se apoya en testigos que vivieron los diversos episodios de la violencia y en el análisis de la situación de cada uno de los momentos. No es nada sencilla esta aventura de la que hablamos.

Las víctimas más directas del conflicto muestran la brutalidad escalofriante de lo sucedido y ponen números a lo que ha resultado ser una matanza que nunca pudo ser perseguida en los tribunales internacionales porque la ‘desaparición’ de los muertos libraba de pruebas y de cargos con que acusar a los asesinos. Pero no son sólo las víctimas las que aparecen en ese panorama del horror. Aitor Sáez se introduce en los vericuetos de los violentos y rebeldes y consigue entrevistar a paramilitares que cuentan su punto de vista lo mismo que a miembros de las FARC, a campesinos, a soldados, a secuestrados, a políticos….

Y penetra en el crisol donde se amalgaman -o se confunden- la violencia y la vida en apariencia limpia de la política y los negocios, con personajes de corbata que resultan la punta de un iceberg cuyas profundidades albergan un mundo dantesco.

El tema del ‘narco’ es casi un libro dentro del libro porque, conectado con las raíces de la violencia y convertido en su alimento principal, nace de un negocio tan singular como el de la droga, lejos de la selva, en las ciudades, y se desarrolla hasta apoderarse, si no del todo sí de una buena parte, del estado. Sus personajes, con la increíble vida de Pablo Escobar en primer término, su estrategia y el éxito de su proyecto componen la base de una atalaya más desde la que mirar a Colombia y desde la que prestar atención a voces que hablan en el mismo idioma que el lector como la del sicario que cuenta, de primera mano, la experiencia de una vida hecha a base de muertos.

Aitor Sáez termina su libro contando algunos detalles de la negociación entre el gobierno y las FARC y de la implantación por las partes de las condiciones pactadas en el proceso de paz. Detalles escamoteados al público, sumamente interesantes y sustentados, como en el resto de temas, en entrevistas -que no debió ser fácil conseguir- y que muestran una cara oculta en la labor de muchos de los protagonistas. El autor muestra una realidad llena de contradicciones donde el empeño humanitario de conseguir la paz se envuelve en una atmósfera espesa propia de jugadores de un póker endiablado, desconfiados de sus compañeros de partida y dispuestos a ir de farol en compromisos y propuestas sin mover un músculo de la cara.

Excelente es el libro de este periodista joven e incansable perseguidor de la realidad. Y sumamente interesante para el lector, que a lo mejor recuerda aquella ‘Noticia de un secuestro’ que escribió García Márquez, y que no había vuelto a tener ocasión de retomar el contacto con el detalle para darse cuenta de cómo sucedieron las cosas en Colombia.

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martes, 17 de abril de 2018

América

América

Manuel Vilas
Círculo de Tiza, 2017
217 pp.

Nada puede decirse de América que no se haya dicho ya. Pero Manuel Vilas, en su 'América' consigue sorprender y atrapar la atención del lector con sus guiños, sus intuiciones y su aguda mirada.


Manuel Vilas
Círculo de Tiza, 2017
217 pp.





Una cubierta llena de estrellas deja bien claro que la América de la que hablamos es Norteamérica, los Estados Unidos. El autor, Manuel Vilas, escribe mirando al presente para hablarnos de una América viva y sobre todo vivida. Una América de fuerte personalidad, llena de manías y singularidades, atractiva y envidiable. Pero una América contradictoria y oscura también, que en el momento de entregar el autor al editor el libro terminado, deshoja la margarita de si mirarse al ombligo, renunciar a su virtud y elegir a Trump como presidente. Nada está escrito. Ni siquiera que América, la envidiable y estimulante América, tenga el camino claro y sepa a dónde va.

En Manuel Vilas llama la atención la forma de decir, de llegar a la idea por un camino tortuoso, sorprendente y brillante a la vez. Sus licencias cobran sentido bordeando siempre la exageración. La aproximación de Vilas a América, a su América, porque ha vivido en ella y la conoce bien, es creativa, e inesperada y contradictoria. De ahí el gozo que el lector experimenta a lo largo de su lectura.

Malabarista de ideas y de palabras, seguramente, el secreto que esconde Vilas es que es un poeta. Un poeta de verdad dedicado a la poesía, aunque para tranquilidad de los posibles lectores de su libro, lo que cuenta de esta América es pura prosa. Prosa animada, eso sí, por una singular disposición a hallar huecos y ángulos imprevistos y a hacer piruetas que son la sal y la pimienta del relato.

Los olores en América, esos sótanos de las casas americanas que aparecen en las películas para lo bueno y para lo malo, los almacenes Walmart o los lavabos de los aeropuertos son incidencias que componen la abigarrada y tantas veces divertida visión de Vilas sobre América. Pero son incidencias por las que asoman una y otra vez la literatura, la música y la capacidad creativa que tanta personalidad han dado a Norteamérica, que tanto interesan al autor y que tanto contribuyen a definir la modernidad de la cultura norteamericana. Lou Reed y David Bowie están ahí como lo está Warhol marcando su impronta en el presente americano. Y marcando también el contradictorio suceso de ver -en el momento de terminar el libro- a Trump a las puertas de la Casa Blanca.

Trump, según Vilas, lo mismo que los Simpson, ofrece al americano medio un bálsamo y un consuelo, aunque sea hiriente, para que todos sigan siendo dichosos en medio de las ruinas del capitalismo de empresa familiar. La clase media empobrecida se ve reflejada en un entorno que la invita a ser feliz arropada por los valores tradicionales. Provocador, el buceo en el alma americana que propone Vilas saca a la superficie conexiones inéditas que ayudan a comprender un país tan contradictorio. Los pueblerinos Simpson, bocazas muchas veces, añorantes del calor de la familia y en el fondo de las virtudes americanas coinciden con un fenómeno como es Trump que predica y defiende desde la realidad el mismo patrón que da vida a los entrañables personajes de la tele-serie.

Amor y rechazo destila la visión de América que nos trae Vilas. Pero sobre todo amor y reconocimiento incluso por la comida rápida que tantas reservas suscita entre los europeos. En su discurso Vilas busca un horizonte lo más amplio posible para moverse a lo largo y a lo ancho con admirable libertad. Neruda y Santa Teresa de Jesús aparecen en las páginas del libro lo mismo que Dalí y Buñuel, que se enzarzaron de mala manera en el Moma. Y lo mismo que la Coca Cola, objeto de un encendido y brillante elogio para divertimento de todos.

Nada puede decirse de América que no se haya dicho ya o se esté diciendo ahora mismo. Estrecho parece el espacio para sorprender al lector hablando del tema. Pero el hecho es que Manuel Vilas consigue sorprender y atrapar la atención con sus guiños, sus intuiciones y su aguda mirada. Seguramente, hay que repetir que su oficio de poeta lo convierte en un espectador nada habitual de la realidad y al mismo tiempo le da la llamativa soltura que desborda cada página del libro.

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martes, 26 de septiembre de 2017

Polinesia, paraíso encontrado

Polinesia, paraíso encontrado

J. Dumont D'Urville y R.L. Stevenson
Círculo de Tiza, 2017
361 pp.

'Polinesia, paraíso encontrado' reúne fragmentos de dos de los mejores relatos que dio el siglo XIX sobre ese paraíso lejano y seductor que fueron para Europa las islas de la Polinesia.


J. Dumont D'Urville y R.L. Stevenson
Círculo de Tiza, 2017
361 pp.





Círculo de Tiza continúa alimentando su colección de relatos a dos voces sobre lugares remotos y siempre con un tinte exótico. Polinesia es el título que se añade a la serie y que de nuevo viene ilustrado con cuidadas imágenes de época -estampas, fotografías- que ponen en contexto lo que cuentan los autores y que hacen del libro un objeto grato y atractivo.

Jules Dumont D'Urville, francés, marino, geógrafo, explorador y presidente de la Sociedad Geográfica de París es el autor del primero de los textos que recoge el libro: Viaje pintoresco alrededor del mundo. Hawái y Tahití.

De Robert Louis Stevenson, escocés, célebre novelista, poeta y ensayista, se recoge en el libro una parte de En los mares del sur, que escribió en los últimos años de su vida.

Nada mejor para situar este Polinesia, paraíso encontrado que la nota con la que lo presentan los editores:

“El libro que el lector tiene entre sus manos -dice- reúne fragmentos extensos de dos de los mejores relatos que dio el siglo XIX sobre el "paraíso encontrado" de las islas de la Polinesia. En primer lugar ofrecemos los capítulos dedicados a los archipiélagos más importantes, Hawái y Tahití, por el viajero francés Jules Dumont D'Urville, en los que narra su viaje de 1831 a esas por entonces casi desconocidas tierras insulares del remoto Pacífico suroccidental, apenas sesenta años después de su descubrimiento y conquista a cargo del británico sir James Cook. (...)

A continuación ofrecemos la primera parte, dedicada a las Islas Marquesas, del que se considera uno de los mejores relatos de viajes de la literatura universal, En los mares del Sur, la narración que realiza Robert Louis Stevenson de sus viajes y permanencia en Polinesia durante los últimos años de su vida, entre 1888 y su fallecimiento en Samoa, en 1894. Esta primera parte del libro de Stevenson, que consta de cuatro partes, contiene las reflexiones más profundas y la visión más cargada de sorpresa y frescura de toda la obra. (...)

Desde el espíritu científico y la óptica pragmática que anima a obra de Dumont D'Urville, hasta la visión antropológica y empática de Stevenson, pasando por la tristeza mal disimulada que aflora en los rostros de los indígenas retratados por los fotógrafos del siglo XIX, a lo largo de este libro vemos la transformación de este "paraíso encontrado" en una especie de infierno terrenal, en el que la población aborigen se va viendo diezmada por las enfermedades, la aculturación forzosa, la sujeción a los intereses comerciales de las potencias coloniales. Desde su perspectiva profundamente humanista, Robert Louis Stevenson denuncia a su manera las secuelas del colonialismo, sin dejar de ponderar las ventajas de la civilización, siendo uno de los primeros occidentales en advertir los peligros de aquel: "la experiencia comienza a demostrarnos (...) que un cambio de costumbres resulta más mortífero que bombardeo."

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martes, 31 de enero de 2017

Constantinopla, eterno viaje a Ítaca

Constantinopla, eterno viaje a Ítaca

Théophile Gautier y Konstantinos Kavafis
Círculo de Tiza, 2016
475 pp.

Théophile Gautier, Kavafis y una magnífica colección de ilustraciones se alían para hablarle al lector de Constantinopla, en un libro tan apetecible de leer como cuidado y agradable de tener entre las manos


Théophile Gautier y Konstantinos Kavafis
Círculo de Tiza, 2016
475 pp.






Un nuevo dueto sale de las manos de Círculo de Tiza y llega a las librerías. Si antes se reunieron Kipling y Nitobe para hablar de Japón, o Darwin y Melville para hacerlo de las Galápagos, ahora son las voces de Théophile Gautier y Kavafis las que suenan y acompañan al lector a Estambul. O mejor a Constantinopla como reza el título del libro, cediendo a la idea romántica de la poderosa capital de Oriente, siempre misteriosa y desconocida.

Aunque esta vez el libro es menos simétrico en cuanto al contenido que aporta cada autor, sin que ello importe. Es más, enriqueciéndolo, porque al texto masivo de Théophile Gautier le acompaña Kavafis cuya participación en forma de leves pinceladas de poesía se convierte en un sutil aroma y en poderoso ejercicio de solidez en la expresión.

Kavafis es la concisión. Sus poemas son parcos en palabras y precisos. Nada sobra en ellos ni es excesivo. Y poco es el espacio que ocupa en las páginas del libro. Théophile Gautier, a su lado, ejerce de mago de los sentidos. Es el viajero que todos hubiéramos querido ser: culto, atento al detalle, abierto a la belleza, encantado en el encuentro con lo diverso y locuaz.

Lo suyo, lo que recoge esta Constantinopla de la que estamos hablando, fueron crónicas publicadas en periódicos para llevar a los lectores de una sociedad que aún no viajaba a mundos cargados de exotismo ahorrándoles penalidades y ofreciéndoles todos los elementos de disfrute que un espíritu curioso y ansioso por descubrir otros mundos era capaz de desvelar.

Descripciones exhaustivas de los cafés o de las calles y las casas o de los vestidos y del aspecto de las personas se abren paso en los relatos Théophile Gautier. Surgían de su gran capacidad para describir ambientes reparando en los toques sutiles de cada atmósfera o de la particularidad de los sonidos o de la coloración del humo que desprende una pipa. Detalles que permiten descubrir los matices de la cultura y de la vida las gentes de cada lugar y compararlos luego, para destacar el contraste, con los propios del occidente de la época. Un occidente que al lector hoy le parecerá casi tan exótico como le debió parecer oriente a Théophile Gautier cuando escribía sus crónicas.

La ausencia de cualquier señal que signifique prisa está presente en todo lo que Théophile Gautier cuenta y tiñe su relato. De ahí la importancia del detalle, la demora en cualquier tema para detenerse en él y descubrir sus esencias. Las boquillas que se ofrecen a los fumadores en las tiendas del bazar o las tiendas mismas y los comerciantes que las atienden son objeto de una mirada meticulosa que sabe poco de urgencias. La mirada de quien se convierte en un conversador exquisito o en un autor capaz de cautivar a sus lectores con sus finas y bien traídas observaciones.

Pero hay más, porque en este caso, en lugar de dueto, sería más propio hablar de trío para referirnos a las voces que se dirigen al lector. Voces cuya expresión comprende también las ilustraciones, abundantes y afortunadas todas ellas, que han sido cuidadosamente elegidas para dar vida al libro.

Como en otros títulos de la misma colección, en esta ocasión la edición ha sido igualmente meticulosa con los detalles. Ha consistido en un trabajo exquisito y atento a destacar lo mejor de cada una de las páginas del libro. Y ha resultado una labor de la que disfrutará el lector no sólo leyendo sino también teniendo entre las manos un objeto bello con el que entretenerse hojeando las páginas sin prisas y gozando con la mirada tal como hubieran querido, sin duda, sus autores.

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viernes, 28 de octubre de 2016

Japón, el paisaje del alma

Japón, el paisaje del alma

Rudyard Kiping y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.
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Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad.


Rudyard Kipling y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.






Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad que encaja a la perfección con el tema del que trata: Japón y su personalidad singular, llena de sutilezas y de refinamiento.

Hablamos de dos textos publicados ya en otras ocasiones, porque se trata de clásicos, de dos visiones contemporáneas pero desde ángulos totalmente distintos, escritos con intenciones y con un interés diferentes y por autores cuyas trayectorias poco tienen que ver, aunque quisieron ambos dar a conocer Japón a sus lectores y trasladar a occidente los secretos de un país y de una cultura muy poco conocida. Escriben ambos a finales del siglo XIX cuando Japón se abre al exterior después de haber estado encerrado dentro de sus fronteras, aislado y con la voluntad activa de evitar el contacto con el mundo que lo rodeaba.

Como introducción, cuenta el prólogo del libro lo siguiente: "el 11 de febrero de 1889 se promulgó la primera Constitución japonesa, destinada a acabar definitivamente con el régimen feudal que había imperado durante siglos en el país, proclamando la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A las pocas semanas arribó al puerto de Nagasaki el joven periodista angloindio Rudyard Kipling, quien hacía escala en Japón como parte de un largo periplo que lo llevaría hasta Estados Unidos, escribiendo crónicas de sus impresiones para el diario hindú The Pioneer.  (...) Por aquellos días, en la ciudad alemana de Bonn, un joven economista japonés se proponía escribir un libro que le ayudara a explicar a sus amigos europeos y norteamericanos, y a su futura esposa Maty Elkinton, los principios que regían los valores morales del Japón tradicional, tan ajenos y difíciles de entender para la mentalidad de Occidente."

El resultado del propósito de cada uno iba a ser dos textos que han conservado todo su interés hasta hoy. De la narración de Kipling hemos hablado aquí y con elogios. Ya poco queda, en la superficie, del Japón tradicional que él encontró y que se hallaba ya en el curso de una transformación profunda que conduciría al país hasta la modernidad. Pero mirando al Japón de hoy y más allá de su epidermis, el lector reconoce en lo que cuenta Kipling una cultura, una sensibilidad y unas formas de vida que definen todavía al país oriental.

El economista japonés del que habla el prólogo es Inazo Nitobe, nacido en el seno de una familia aristocrática, diplomático y que ocupó el puesto de subsecretario de la Sociedad de Naciones. Su texto busca resumir de forma clara los elementos culturales y morales que sostuvieron a esa institución que vertebró el Japón feudal que fueron los samuráis. Hombres con inclinación militar que constituyeron una aristocracia y que cultivaron un complejo código de virtudes, derechos y obligaciones y que definieron un entorno espiritual que acabó por marcar la cultura entera de Japón y establecer los principios de las relaciones por las que debían regirse los miembros de la sociedad.

El Bushido, que es el nombre por el que se conoce el texto de Nitobe, está, como el texto de Kipling, cargado todavía de interés y permite penetrar en lo más profundo del alma de Japón, en su compleja sutileza y en muchas de las costumbres y de las formas del comportamiento de los japoneses que siguen aún vivas.

Casi tanto como el contenido de lo que relatan los autores, llamará al lector la atención la personalidad de los autores mismos. Kipling tiene solamente 23 años cuando pisa Japón y sorprende su agudeza, la madurez y la profundidad de su mirada. Y Nitobe, poco más mayor, impresiona por su conocimiento de la cultura occidental y por esa erudición que le permite citar a autores contemporáneos y clásicos europeos para trazar paralelismos y diferencias entre Japón y occidente y para transmitir las ideas llenas de contradicciones y matices que sostienen el universo de la cultura samurái en términos y utilizando conceptos familiares a los occidentales para facilitar su comprensión.

Japón, el paisaje del alma es un libro singular, agradable de sostener entre las manos. Y representa una excelente ocasión para regresar a las raíces de Japón y a su cultura, siempre llamativas y nunca acabadas de asimilar por quienes las contemplamos desde la lejanía como algo ajeno, sutil y complejo al mismo tiempo.

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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Las Encantadas. Derivas por Galápagos

Las Encantadas. Derivas por Galápagos

Charles Darwin – Herman Melville
Círculo de Tiza, 2015
195 pp.

Una edición extremadamente cuidada combina ahora dos textos clásicos, uno de Darwin y otro de Melvile, y muestra al lector la fascinación que, tiempo atrás, despertaron las islas Galápagos.


Charles Darwin – Herman Melville
Círculo de Tiza, 2015
195 pp.






Para el mundo de la cultura, el descubrimiento de las Galápagos supuso el encuentro con un paraíso que no tenía parecido en el planeta. Fue, para la ciencia y la literatura, motivo de fascinación.

Las versiones de dos viajeros contemporáneos se reúnen ahora en un solo libro que recoge el Cuaderno de bitácora de Charles Darwin a las islas Galápagos junto al relato del aventurero Herman Melville sobre esas mismas islas a las que llamó Las Encantadas.

Darwin es un aprendiz de naturalista cuando inicia este viaje, pero muy poco de lo que vino después habría sucedido de no haber participado en él. Hubo que esperar al cénit de sus capacidades como científico para que cuajara su famosa tesis sobre el origen de las especies.

En su cuaderno de viaje va enumerando sus encuentros con la fauna y con la flora que descubre:

“El día en el que visité los pequeños cráteres hacía un calor asfixiante, y me era difícil y fatigoso abrirme paso por la superficie áspera y rugosa, y entre la maraña de matojos, pero me di por bien pagado al contemplar una escena ciclópea: en mi camino hallé dos tortugas gigantes cada una de las cuales debía de pesar al menos 90 kilos. Una comía un trozo de cactus, y al acercarme, me miró y luego se alejó tranquilamente, la otra soltó un silbido penetrante y escondió la cabeza.”

“Había abundancia entre las rocas de grandes lagartos negros, de entre metro y metro y medio de largo; y en las colinas, otra especie en igual número. Vimos varios ejemplares de esta última, los había que se alejaban torpemente de nosotros. Otros reptaban al abrigo de sus agujeros. Describiré a su debido tiempo con mayor detalle los hábitos de ambas especies de reptiles."

Y junto al texto de Darwin, está también el relato de Melville, como dos caras de una misma moneda. Porque a diferencia de Darwin, Herman Melville tenía la mirada puesta en la trascendencia y su relato de Las Encantadas está saturado de signos de la naturaleza que presentan, por ejemplo, a las tortugas y las ballenas como animales poseídos por una rara razón, como seres de otro mundo.

“Aquella noche, mientras yacía en mi hamaca, puede escuchar los pasos cansinos de los tres pesados huéspedes por la atestada cubierta del buque. Tan grande era la estupidez o la obstinación de aquellas criaturas que jamás se desviaban ante ningún obstáculo. Una de ellas dejó de moverse justo antes de la guardia de medianoche. Al alba la encontré empotrada como un ariete en la base firme del palo mayor, luchando encarnizadamente para abrirse un paso imposible. La creencia de que estas tortugas son víctimas de una condena, o de un hechizo maligno, o tal vez de un encantamiento diabólico, parece sustentarse en ese caprichoso afán que con tanta frecuencia las domina.”

Charles Darwin, por su parte, se asoma a la naturaleza con la mirada desprejuiciada que le permite acercar los animales al ser humano, incluso los de formas más extravagantes. Una mirada que acabó por demostrar nuestro común e incuestionable parentesco con ellos.

Otra diferencia entre ambos relatos es que las Galápagos cambian de nombre. Melville las llama Las Encantadas, como las conocían los navegantes españoles, pues todo en ellas parece obra de un encantamiento. En la descripción inicial del archipiélago parece estar hablando de un paisaje lunar, una erupción de gibas surgidas de un mar de ceniza, algo cercano al averno.

Darwin, con una sensibilidad distinta, desmitifica las islas con la concepción del hombre de ciencia. Pero esa concepción, basada en el análisis y el estudio, no le impide expresar su asombro ante una naturaleza intacta, incontaminada por el hombre. El relato de Darwin demuestra por encima de todas las cosas que hubo una Edad de Oro de la tierra. Él la llamó la “Mansedumbre de los pájaros”.

Una edición extremadamente cuidada combina ahora los dos textos clásicos y ofrece una mirada nueva al lector de hoy. Una mirada que devuelve al presente la fascinación de quienes tiempo atrás contemplaron ese "archipiélago encantado" y que se complementa, en esta edición, con una bella serie de ilustraciones de la época sobre algunas de las especies, vistas en el lugar por primera vez por el hombre, y que van a resultar el mejor acompañamiento para la lectura.

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