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lunes, 14 de noviembre de 2016

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.

Un jovencísimo Conan Doyle embarca como cirujano en un ballenero. Está lejos de terminar la carrera de medicina y lo que más lo atrae es la aventura. En 'Viaje al 'Ártico' nos la cuenta



Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.





Si hubiera un club de personajes polifacéticos Conan Doyle pertenecería a él por méritos más que sobrados.
El creador de Sherlock Holmes y del doctor Watson fue muchas cosas más que eso, aunque ambos personajes fueron quienes le dieron la fama que ha mantenido hasta hoy. Es más, para el célebre escritor sus novelas de detectives fueron casi un accidente del que obtuvo más reconocimiento que satisfacción.

Al mismo tiempo que se iniciaba en la literatura como aprendiz, Conan Doyle cursaba estudios de medicina y tenía la mente menos puesta en los estudios que en la posibilidad de emprender una aventura que diera más emoción a su vida. Y la oportunidad apareció cuando, sin haberse licenciado aún, con sólo veinte años, le ofrecieron embarcarse como cirujano en un barco ballenero que faenaba en el Ártico. Estamos a finales del siglo xix y al comienzo de una carrera llena de éxitos y reconocimiento.

Pero aquí, en el libro al que nos referimos, el que cuenta su aventura es todavía un chaval, consciente de su bisoñez y encantado de haberse 'colado' en un entorno duro, en medio de un clima extremo y envuelto en una labor tan áspera como peligrosa.

Porque nuestro hombre, además de médico, se presta a actuar de arponero como el resto de la tripulación y a mezclarse en una actividad salvaje de persecución y de muerte sin tregua de focas, morsas y ballenas.

El joven Conan Doyle escribe un diario. Escribe para él y para su recuerdo. Un diario que da cuerpo este volumen que ahora publica Confluencias, en una edición que recupera el gusto por el libro objeto, de diseño esmerado y animado por los dibujos con que el propio autor ilustró su escrito.

Hablamos de dibujos que dan frescura al texto pero que reflejan también su tono. Un tono informal y con un punto ingenuo de quien sabe que a pesar de su puesto de cirujano y de su  relación cordial con el capitán, es más un grumete en una expedición compuesta por rudos marineros, que un igual en lo que a méritos y experiencia se refiere. Más tarde un Conan Doyle más maduro se alegraría de no haber tenido que atender ningún accidente grave, de los muchos que amenazaban la caza de las ballenas, con unos conocimientos médicos tan precarios como los que tenía cuando embarcó.

La exploración del Ártico la hicieron unas pocas expediciones de unos contados países europeos. Pero quienes se adentraron en el mar y mejor lo conocieron fueron los balleneros que persiguiendo a sus presas se adentraron hacia el norte entre témpanos de hielo, por los resquicios que dejaba abiertos la banquisa y tratando de avanzar más y más para llenar sus bodegas de aceite, carne y pieles de los animales que cazaban. La caza, sanguinaria y peligrosa era al mismo tiempo excitante y agotadora. La persecución de una enorme ballena echando botes al agua para acercarse a ella y arponearla, en un clima helador, administrando el riesgo y con la adrenalina a flor de piel era la cruz de una moneda cuya cara consistía en largos días de inactividad en un mar poco amigo, catalejo en mano a la espera de alguna señal que anunciara la presencia de un cetáceo.

Conan Doyle describe este ambiente, con poco que contar muchos días y con muchas observaciones y detalles sobre la pesca cuando había zafarrancho de combate y la tripulación entera salía en persecución de la pieza a la que se había puesto el ojo. Pero siempre con indicaciones sobre cómo era la vida en los balleneros, en los puertos donde la industria de la pesca de las ballenas era o había sido una actividad relevante y sobre la industria ballenera que estaba decayendo y en la que quedaban solamente escoceses y noruegos  cuando en los buenos tiempos, pocos años atrás, navegaban también por las aguas del Ártico holandeses, daneses, franceses y vascos.

Cierran el libro cuatro relatos más de Conan Doyle que recogen sus experiencias de ese viaje juvenil al Ártico que dio lugar a artículos en periódicos y conferencias de gran éxito y reconocimiento para el autor. Tres de estos artículos forman parte de estos relatos donde la narración deja de tener la forma de un diario y se vuelve màs explicativa. Y un corto episodio de la serie de Sherlok Holmes compone el cuarto, basado en un misterioso asesinato en el que se ve envuelto el capitán de un barco ballenero.

Mucho ha cambiado el asunto de las ballenas desde el momento en que Conan Doyle hizo su iniciático viaje y mucho también se ha avanzado en el conocimiento de un Ártico que se derrite y ha abierto vías navegables en un hielo que había permanecido intacto durante siglos y siglos. Pero por eso mismo se lee con interés lo que cuenta un testigo tan singular como nuestro autor al descubrirnos lo que fue un modo de vida y cómo era un territorio en los límites de lo conocido, a través de un viaje envuelto en penalidades, en una opaca incertidumbre y en un espeso misterio.

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lunes, 11 de julio de 2016

La guerra en Sudáfrica

La guerra en Sudáfrica

Arthur Conan Doyle
Espuela de plata 2015
250 pp.

'La guerra en Sudáfrica' es un libro curioso e interesante a la vez. En sus páginas, Conan Doyle analiza un tiempo de conflictos y de fuerte complejidad y abre las puertas a una mejor comprensión del presente de un país tan singular como es Sudáfrica.


Arthur Conan Doyle
Espuela de plata 2015
250 pp.





El reparto colonial que las potencias europeas hicieron en África ha marcado profundamente al continente y explica, después de más de un siglo de haberse producido, una buena parte de la situación y del carácter actuales de casi todos los países africanos.

Sudáfrica no es una excepción, aunque sí tiene mucho de especial la presencia holandesa y la británica que chocaron en lo que podía parecer una guerra europea -o al menos entre europeos- en el confín del continente negro. Entender Sudáfrica hoy pasa también por entender esa vieja guerra que fue la de los boers, que conmocionó tanto a Europa como a los EE.UU. y que puso los mimbres para el siguiente gran conflicto que fue el de la población blanca frente a la población autóctona que llevó al apratheid y cuyas huellas son bien visibles todavía hoy.

Pero no avancemos tanto en la historia porque el libro del que tratamos se circunscribe a la guerra de los boers, a la situación y las circunstancias que la precedieron y al modo como se desarrolló. Aclaremos que el libro merece la pena, a pesar de su portada que remite a un relato de aventuras, y a pesar del autor, Sir Arthur Conan Doyle, del que podríamos esperar una fantasía de intriga antes que un texto documentado, analítico y altamente reflexivo.

¿Qué hay detrás de esta guerra que tanto impactó a la opinión pública en su momento y qué hay detrás de la pulsión o de la estrategia colonizadora de la Inglaterra victoriana? Quizás la mayor parte del interés del libro esté ahí, en la respuesta a esta pregunta. La primera idea que viene a la mente es la del 'interés' que la potencia colonial podía tener en apoderarse de los recursos del país colonizado. Pero quedarse en ella es tanto como aceptar que la política es una cosa simple, que los intereses se mueven en una sola dirección y que esta dirección es clara y compartida por todos. Nada más incierto y más aún tratándose de la Gran Bretaña con un parlamento complejo, con intereses en todo el planeta que hay que saber conjugar y con un coste para mantener su imperio que exige cuidadosos ajustes para no encallar en accidentes imprevistos -dos guerras perdidas en Afganistán, a pesar de su colosal superioridad- que habían demostrado que no hay enemigo pequeño.

La guerra en Sudáfrica es un profundo análisis de lo que sucedió. Y al mismo tiempo es un exhaustivo ejercicio de propaganda política en defensa de los argumentos británicos para justificar la intervención del ejército de Su Majestad en una guerra tan alejada y contra un país independiente como era la república del Transval. Conan Doyle conoce el territorio sudafricano y  sus peripecias políticas y enfrentado tanto a una poderosa corriente de prensa internacional favorable a los boers como al sentimiento de disgusto en algunos países por el teóricamente desigual enfrentamiento entre el ejército inglés y un ejército de campesinos en defensa de su hogar, se apresta a poner en claro el fondo de la cuestión y darle la vuelta a la propaganda antibritánica.

El de Conan Doyle es un libro apasionado. Lo escribe en diez días y lo pone al servicio de la propaganda para que se traduzca a un buen número de idiomas y se distribuya masivamente por el mundo -España incluida. Pero el hecho de tomar parte a favor de Inglaterra no quita interés a las palabras del autor. Quiere Conan Doyle convencer. Y sabe que para ello tiene que aparecer neutral frente a sus lectores. Convencido como él está de los argumentos ingleses en favor de la intervención en la guerra, no tiene inconveniente en conceder la razón a los boers allí donde considera que la tienen para exponer a continuación lo insostenible de su postura y defender la necesidad de terminar con una situación de injusticia flagrante.

Las distintas etapas de la configuración de Sudáfrica, con la creación de varios estados independientes cuando los colonos penetran en el interior del continente, los enfrentamientos entre estos estados y dentro de ellos entre los primeros pobladores y los recién llegados, los conflictos éticos relativos a la desigualdad de derechos entre ciudadanos y extranjeros, el enriquecimiento  y la corrupción que siguen  al descubrimiento y la explotación de las minas de oro y de diamantes y muchos otros temas se mezclan con la sutil argumentación política en defensa de posiciones tan difíciles de conciliar como el derecho de conquista y al mismo tiempo la generosidad con la que compartir con otros que no participaron en ella  ese derecho, la igualdad de todos los hombres y a la vez el trato diferencial con los pobladores originales, la fidelidad a unos valores y también la exigencia pragmática a prescindir de ellos.

El lector de hoy reconocerá la parcialidad del enfoque de Conan Doyle y condicionará su lectura del libro a la opinión que actualmente prevalece sobre la aventura colonial. Pero, asimismo, tendrá ocasión de atender de primera mano a la argumentación de quien vivió, inmerso en ese momento, el complejo fenómeno de la expansión colonial y los graves problemas que se derivaron de ella. Y hallará una excelente explicación, cuidadosamente elaborada y  llena de matices, para justificar la política fuera de sus fronteras de la gran potencia del momento como era la Inglaterra imperial. La guerra en Sudáfrica es un libro curioso e interesante a la vez. Un libro que deja ver un tiempo pasado, de fuerte complejidad, y que abre las puertas a una mejor comprensión del presente en un país tan singular como es Sudáfrica.

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