martes, 29 de noviembre de 2016

Crónicas de Islandia, el mejor país del mundo

Crónicas de Islandia, el mejor país del mundo

John Carlin
La Línea del Horizonte, 2016
134 pp.

En 'Crónicas de Islandia' John Carlin ofrece al lector una visión sobre el país tan imprescindible como entretenida y amena.



John Carlin
La Línea del Horizonte, 2016
134 pp.





Islandia es un país excepcional. Se encuentra en el límite de los territorios habitables porque su clima extremo hace difícil la supervivencia en un ambiente frío y oscuro la mayor parte del año. Y por si ello fuera poco, su geología de carácter volcánico ha dado origen a un suelo cubierto de lava, allí donde el hielo y la nieve no se han instalado, que impide prácticamente todo cultivo además de hacer sumamente difícil la cría de ganado.

Los volcanes exterminaron con sus gases en varias ocasiones a buena parte de la población animal y humana. Estimularon la imaginación de Julio Verne, que situó en la isla el punto de entrada a su Viaje al centro de la tierra. Y crearon unos paisajes absolutamente extraordinarios que no paran de producir sorpresa en todos aquellos que viajan al país.

En Islandia los paisajes son tan llamativos que ocupan la atención entera de quienes la visitan. Pero conocer un país va mucho más allá de quedarse extasiado por lo que hay en su superficie, por una naturaleza que muchas veces se diría extraterrestre. Es también conocer a su gente y su modo de vida. Su pasado y sobre todo su presente.

Ocurre en Islandia que con sólo trescientos mil habitantes, concentrados casi todos ellos alrededor de su capital Rejkiavik, da muchas veces la impresión de ser un país deshabitado. Y el paso por Rejkiavik resulta el encuentro con una ciudad tranquila, de personas amables, con un dominio del inglés perfecto, que solo deja una huella pasajera en el visitante y una cierta sensación de envidia por la placidez que reina en todos sus rincones.

John Carlin ha ido más allá en estas Crónicas de Islandia y en lugar de hablarnos de paisajes decide hacerlo de personas, para bucear en lo que descubre que es una sociedad única, extrañamente feliz y próspera, segura de sí misma, culta, vital y creativa.

Carlin acude a Islandia lleno de curiosidad y con la mirada del periodista que quiere desentrañar el secreto de un pequeño grupo humano miserable hasta el extremo hasta bien entrado el s. XX y que ha conseguido unos niveles de desarrollo que la sitúan en los primeros lugares del mundo sea cual sea el índice desde la que se observe.

Encuentra en el país gente de espíritu extraordinariamente joven, con independencia de su edad. Gente sumamente comunicativa y abierta con quienes hablar. Y gente, sobre todo, satisfecha de ella misma y de su país. Quizás su primera sorpresa sea la disposición de todo el mundo a hablar con él, sea el político de mayor rango que lo recibe de manera cordial y sin afectación alguna, sea un escritor o cualquier otro personaje. Uno a uno, sus entrevistados desvelan unos rasgos de carácter que parecen compartir y que ayudan a dibujar una sociedad llamativamente viva.

"Vivimos -dice una de las personas con quienes se encuentra- desde hace mil cien años en una naturaleza extrema y exigente, aunque asombrosamente bella. Para sobrevivir tuvimos que luchar contra el frío y la oscuridad en una tierra en la que la agricultura se reduce a criar ovejas y alguna que otra vaca. Y sobrevivimos la mayor parte de estos mil cien años, aunque fuimos espantosamente pobres hasta hace cuarenta. Cuando yo era niño no veíamos la fruta. Siempre me quedaba con hambre salvo en Navidad. Siempre nos hemos considerado duros y curtidos, pero pese a ello hemos creado una cultura peculiar basada en el amor a la literatura. Eso es un islandés"

Muchos rasgos del carácter y las costumbres que apuntalan la sociedad islandesa parecen proceder de los vikingos. Con seguridad, lo más importante, según cuenta Carlin, ha sido la extraordinaria importancia que han tenido en todos los aspectos de la vida, doméstica y pública, las mujeres. Una sociedad mucho más equilibrada, más femenina, más rica en matices y en sensibilidad ha permitido llegar a lugares a donde una cultura masculina no hubiera alcanzado jamás. Y ha sido fundamental para sacar al país de la crisis.

El 'nuevo' libro de Carlin es en realidad un compendio de artículos que escribió para el diario El País y que se publicaron a partir de 2006. Los primeros hablan de una Islandia exultante y exitosa cualquiera que fuera el ángulo por el que se la viera. Una Islandia segura de sí misma e inconsciente de sus debilidades. Los últimos hablan de una crisis que rompió el espejo de la prosperidad sin límites y enfrentó al país y a sus pocos habitantes a una inesperada derrota. Quizás aquí es donde el papel de las mujeres resultó más decisivo y el carácter islandés probó de nuevo su capacidad para afrontar la adversidad.

En medio del inmenso trauma de una bancarrota, las mujeres ocuparon algunos de los lugares clave que hasta el momento habían ocupado los hombres, orientaron el país en una dirección más sensata, más sostenible, alejada de una ambición desmedida y absurda y mantuvieron el mismo espíritu coherente, confiado en los resultados del trabajo y emprendedor que había sostenido el país desde hacía siglos.

Carlin desvela con la frescura habitual que encontramos en todos sus escritos las interioridades de una sociedad tan particular como ejemplar. Una sociedad moderna, abierta y cordial que ha velado por la cultura y ha logrado la felicidad de sus miembros como ninguna otra. Conocer Islandia más allá de su asombrosa naturaleza es entrar en los hogares, en los lugares de trabajo y los despachos y conversar con su gente. El libro de John Carlin da ocasión de hacerlo y ofrece al lector una visión tan imprescindible sobre el país como entretenida y amena.

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lunes, 14 de noviembre de 2016

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.

Un jovencísimo Conan Doyle embarca como cirujano en un ballenero. Está lejos de terminar la carrera de medicina y lo que más lo atrae es la aventura. En 'Viaje al 'Ártico' nos la cuenta



Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.





Si hubiera un club de personajes polifacéticos Conan Doyle pertenecería a él por méritos más que sobrados.
El creador de Sherlock Holmes y del doctor Watson fue muchas cosas más que eso, aunque ambos personajes fueron quienes le dieron la fama que ha mantenido hasta hoy. Es más, para el célebre escritor sus novelas de detectives fueron casi un accidente del que obtuvo más reconocimiento que satisfacción.

Al mismo tiempo que se iniciaba en la literatura como aprendiz, Conan Doyle cursaba estudios de medicina y tenía la mente menos puesta en los estudios que en la posibilidad de emprender una aventura que diera más emoción a su vida. Y la oportunidad apareció cuando, sin haberse licenciado aún, con sólo veinte años, le ofrecieron embarcarse como cirujano en un barco ballenero que faenaba en el Ártico. Estamos a finales del siglo xix y al comienzo de una carrera llena de éxitos y reconocimiento.

Pero aquí, en el libro al que nos referimos, el que cuenta su aventura es todavía un chaval, consciente de su bisoñez y encantado de haberse 'colado' en un entorno duro, en medio de un clima extremo y envuelto en una labor tan áspera como peligrosa.

Porque nuestro hombre, además de médico, se presta a actuar de arponero como el resto de la tripulación y a mezclarse en una actividad salvaje de persecución y de muerte sin tregua de focas, morsas y ballenas.

El joven Conan Doyle escribe un diario. Escribe para él y para su recuerdo. Un diario que da cuerpo este volumen que ahora publica Confluencias, en una edición que recupera el gusto por el libro objeto, de diseño esmerado y animado por los dibujos con que el propio autor ilustró su escrito.

Hablamos de dibujos que dan frescura al texto pero que reflejan también su tono. Un tono informal y con un punto ingenuo de quien sabe que a pesar de su puesto de cirujano y de su  relación cordial con el capitán, es más un grumete en una expedición compuesta por rudos marineros, que un igual en lo que a méritos y experiencia se refiere. Más tarde un Conan Doyle más maduro se alegraría de no haber tenido que atender ningún accidente grave, de los muchos que amenazaban la caza de las ballenas, con unos conocimientos médicos tan precarios como los que tenía cuando embarcó.

La exploración del Ártico la hicieron unas pocas expediciones de unos contados países europeos. Pero quienes se adentraron en el mar y mejor lo conocieron fueron los balleneros que persiguiendo a sus presas se adentraron hacia el norte entre témpanos de hielo, por los resquicios que dejaba abiertos la banquisa y tratando de avanzar más y más para llenar sus bodegas de aceite, carne y pieles de los animales que cazaban. La caza, sanguinaria y peligrosa era al mismo tiempo excitante y agotadora. La persecución de una enorme ballena echando botes al agua para acercarse a ella y arponearla, en un clima helador, administrando el riesgo y con la adrenalina a flor de piel era la cruz de una moneda cuya cara consistía en largos días de inactividad en un mar poco amigo, catalejo en mano a la espera de alguna señal que anunciara la presencia de un cetáceo.

Conan Doyle describe este ambiente, con poco que contar muchos días y con muchas observaciones y detalles sobre la pesca cuando había zafarrancho de combate y la tripulación entera salía en persecución de la pieza a la que se había puesto el ojo. Pero siempre con indicaciones sobre cómo era la vida en los balleneros, en los puertos donde la industria de la pesca de las ballenas era o había sido una actividad relevante y sobre la industria ballenera que estaba decayendo y en la que quedaban solamente escoceses y noruegos  cuando en los buenos tiempos, pocos años atrás, navegaban también por las aguas del Ártico holandeses, daneses, franceses y vascos.

Cierran el libro cuatro relatos más de Conan Doyle que recogen sus experiencias de ese viaje juvenil al Ártico que dio lugar a artículos en periódicos y conferencias de gran éxito y reconocimiento para el autor. Tres de estos artículos forman parte de estos relatos donde la narración deja de tener la forma de un diario y se vuelve màs explicativa. Y un corto episodio de la serie de Sherlok Holmes compone el cuarto, basado en un misterioso asesinato en el que se ve envuelto el capitán de un barco ballenero.

Mucho ha cambiado el asunto de las ballenas desde el momento en que Conan Doyle hizo su iniciático viaje y mucho también se ha avanzado en el conocimiento de un Ártico que se derrite y ha abierto vías navegables en un hielo que había permanecido intacto durante siglos y siglos. Pero por eso mismo se lee con interés lo que cuenta un testigo tan singular como nuestro autor al descubrirnos lo que fue un modo de vida y cómo era un territorio en los límites de lo conocido, a través de un viaje envuelto en penalidades, en una opaca incertidumbre y en un espeso misterio.

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viernes, 28 de octubre de 2016

Japón, el paisaje del alma

Japón, el paisaje del alma

Rudyard Kiping y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.
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Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad.


Rudyard Kipling y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.






Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad que encaja a la perfección con el tema del que trata: Japón y su personalidad singular, llena de sutilezas y de refinamiento.

Hablamos de dos textos publicados ya en otras ocasiones, porque se trata de clásicos, de dos visiones contemporáneas pero desde ángulos totalmente distintos, escritos con intenciones y con un interés diferentes y por autores cuyas trayectorias poco tienen que ver, aunque quisieron ambos dar a conocer Japón a sus lectores y trasladar a occidente los secretos de un país y de una cultura muy poco conocida. Escriben ambos a finales del siglo XIX cuando Japón se abre al exterior después de haber estado encerrado dentro de sus fronteras, aislado y con la voluntad activa de evitar el contacto con el mundo que lo rodeaba.

Como introducción, cuenta el prólogo del libro lo siguiente: "el 11 de febrero de 1889 se promulgó la primera Constitución japonesa, destinada a acabar definitivamente con el régimen feudal que había imperado durante siglos en el país, proclamando la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A las pocas semanas arribó al puerto de Nagasaki el joven periodista angloindio Rudyard Kipling, quien hacía escala en Japón como parte de un largo periplo que lo llevaría hasta Estados Unidos, escribiendo crónicas de sus impresiones para el diario hindú The Pioneer.  (...) Por aquellos días, en la ciudad alemana de Bonn, un joven economista japonés se proponía escribir un libro que le ayudara a explicar a sus amigos europeos y norteamericanos, y a su futura esposa Maty Elkinton, los principios que regían los valores morales del Japón tradicional, tan ajenos y difíciles de entender para la mentalidad de Occidente."

El resultado del propósito de cada uno iba a ser dos textos que han conservado todo su interés hasta hoy. De la narración de Kipling hemos hablado aquí y con elogios. Ya poco queda, en la superficie, del Japón tradicional que él encontró y que se hallaba ya en el curso de una transformación profunda que conduciría al país hasta la modernidad. Pero mirando al Japón de hoy y más allá de su epidermis, el lector reconoce en lo que cuenta Kipling una cultura, una sensibilidad y unas formas de vida que definen todavía al país oriental.

El economista japonés del que habla el prólogo es Inazo Nitobe, nacido en el seno de una familia aristocrática, diplomático y que ocupó el puesto de subsecretario de la Sociedad de Naciones. Su texto busca resumir de forma clara los elementos culturales y morales que sostuvieron a esa institución que vertebró el Japón feudal que fueron los samuráis. Hombres con inclinación militar que constituyeron una aristocracia y que cultivaron un complejo código de virtudes, derechos y obligaciones y que definieron un entorno espiritual que acabó por marcar la cultura entera de Japón y establecer los principios de las relaciones por las que debían regirse los miembros de la sociedad.

El Bushido, que es el nombre por el que se conoce el texto de Nitobe, está, como el texto de Kipling, cargado todavía de interés y permite penetrar en lo más profundo del alma de Japón, en su compleja sutileza y en muchas de las costumbres y de las formas del comportamiento de los japoneses que siguen aún vivas.

Casi tanto como el contenido de lo que relatan los autores, llamará al lector la atención la personalidad de los autores mismos. Kipling tiene solamente 23 años cuando pisa Japón y sorprende su agudeza, la madurez y la profundidad de su mirada. Y Nitobe, poco más mayor, impresiona por su conocimiento de la cultura occidental y por esa erudición que le permite citar a autores contemporáneos y clásicos europeos para trazar paralelismos y diferencias entre Japón y occidente y para transmitir las ideas llenas de contradicciones y matices que sostienen el universo de la cultura samurái en términos y utilizando conceptos familiares a los occidentales para facilitar su comprensión.

Japón, el paisaje del alma es un libro singular, agradable de sostener entre las manos. Y representa una excelente ocasión para regresar a las raíces de Japón y a su cultura, siempre llamativas y nunca acabadas de asimilar por quienes las contemplamos desde la lejanía como algo ajeno, sutil y complejo al mismo tiempo.

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lunes, 10 de octubre de 2016

El africano de Groenlandia

El africano de Groenlandia

Tété-Michel Kpomassie
Turner, 2016
324 pp.

El africano de Groenlandia es la extraordinaria aventura de un adolescente, salido Togo y obsesionado por Groenlandia, a lo largo del viaje a un mundo desconocido y sorprendente que cautivará al lector.


Tété-Michel Kpomassie
Turner, 2016
324 pp.





Es hora de agradecer a Turner su extraordinaria y a la vez selecta colección de títulos en el ámbito de la literatura de viajes, que no para de ampliar para gusto de los aficionados al tema. Un género extenso, el de los viajes, de confines difusos, donde conviven a gusto la cultura, la historia, el encuentro con países y con gentes diversas, la exploración y otros asuntos cuyo denominador común podría resumirse en el hecho de que ensanchan nuestro conocimiento del mundo.

Le toca ahora el turno a una aventura del todo singular a la que, desde mi punto de vista, el título no hace justicia ni tampoco el prólogo. Pero que me apresuro a adelantar que merece la pena leer y que va a sorprender y a entretener al lector. Hablamos de Un africano en Groenlandia.

He empezado diciendo que el título no hace justicia al libro porque en mi opinión se queda en la anécdota, remite a un hecho caprichoso, por no decir absurdo, cuando la realidad va mucho más allá. El libro es el relato de una aventura extraordinaria que abrirá los ojos al lector sobre realidades que seguramente desconoce, la de la vida cotidiana en Groenlandia y también la de una comunidad tradicional en África, alojada en chozas, cuando el barro y la selva no habían todavía sucumbido bajo el dominio del asfalto y el hormigón.

Y aviso también sobre el prólogo que de puro intelectual puede transmitir un mensaje confuso sobre lo que el libro es y no es. Digamos ya que el libro del que hablamos no tiene nada de intelectual, si por ello se entiende condicionado por conceptos académicos o científicos de ninguna clase. Justamente ese es uno de sus grandes atractivos, una sorpresa para el lector y el origen de una admiración hacia el autor que irá creciendo a lo largo de la lectura.

Tété-Michel Kpomassie ha sido galardonado con un importante premio literario en Francia, ha sido finalista del premio Thomas Cook de libros de viajes, ha dado conferencias y escrito en periódicos... y sin embargo, sus orígenes fueron los de cualquier niño africano nacido en un entorno tradicional. Su libro empieza ahí, porque es ahí donde comienza su aventura, entre cocoteros y serpientes, en una familia numerosa con un padre, unas cuantas madres y una caterva de hermanos. Y con una educación, si por educación entendemos escuela, mínima. Poco más que leer y escribir.

Con estos mimbres, a los dieciséis años, nuestro autor abandona, sin recursos de ninguna clase, su casa con el único objetivo de conocer Groenlandia de donde ha tenido noticias a través de un libro que cayó en sus manos. Y con extraordinario afán y también inteligencia consigue su propósito de alcanzar la gran isla helada al borde de Norteamérica. Su libro relata esta prodigiosa aventura. La de su infancia primero, la de llegar a Groenlandia y, finalmente, la de la vida en un lugar tan inhóspito durante un año conviviendo con los habitantes de los lugares donde se fue estableciendo y compartiendo sus casas, su comida y sus actividades como uno más.

Transparencia podría ser el término que mejor define la mirada de Tété-Michel Kpomassie en todo lo que cuenta. La transparencia propia de un diario donde se anota lo que los ojos ven, las incidencias de cada día, las anécdotas y las sensaciones más simples. Ninguna pretensión  de hacer antropología sobre un pueblo extraño ni de interpretar las costumbres o las formas de vida de los esquimales con los que vive. Porque en la distancia que separa a su Togo natal de su nueva tierra de acogida, las diferencias son tan enormes que sólo hay espacio para describir la vida, para sorprenderse del clima, para interesarse por la pesca y por la caza, para darse cuenta de hasta dónde llega la hospitalidad, para ver cómo discurren los amoríos, las fiestas y el infinito y enloquecedor aburrimiento del otoño cuando el día se acorta y el hielo todavía no ha hecho su aparición sobre el mar para cubrir el paisaje entero.

Sin querer, el lector acabará dándose cuenta de que se encuentra ante dos relatos igualmente apasionantes: el que cuenta la vida de quienes viven en Groenlandia y el que cuenta la aventura del autor a lo largo de esa prodigiosa pirueta que ha sido salir de Togo y vivir a lo largo de un año en el lugar más frío e inhóspito del planeta. Tété-Michel Kpomassie se escapa sin avisar de su casa a los dieciséis años y regresa a los veintisiete. Es muy joven todavía pero su viaje ha sido extraordinario. Regresa, naturalmente, para no quedarse porque ha visto demasiado mundo para permanecer quieto en un lugar, pero vuelve a África para contar su aventura en escuelas y salas de conferencias para animar a la juventud africana a salir de su mundo y a mirar al exterior. Para decirles que la exploración del mundo y del conocimiento no era solo cosa de blancos sino una oportunidad abierta a todos que había que aprovechar.

Esto ocurría en los años sesenta del pasado siglo. Pero el relato que el autor hace de su aventura sigue vivo. Cautivó entonces a expertos de instituciones muy diversas y dio lugar a un libro magnífico que se reedita ahora

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jueves, 15 de septiembre de 2016

La forma de las ruinas

La forma de las ruinas

Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2016
553 pp.

En "La forma de las ruinas" Juan Gabriel Vásquez bucea en el lado oscuro de Colombia a través de una novela que confunde al lector que no sabe si está ante una realidad o una ficción.



Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2016
553 pp.





Nada es lo que parece. Y si hablamos de Colombia, cuando la paz con la guerrilla no estaba ni en el horizonte, menos. La historia reciente de Colombia se desarrolla en el desbarajuste. Atentados, mentiras, corrupción, actividades ilícitas, desórdenes... son las piezas que dan forma al rompecabezas que ha compuesto la realidad del país. O que más bien la ha descompuesto. De ahí que la confusión que rodea a los hechos haga de Colombia un país todavía menos claro de lo que en la superficie parece.

Juan Gabriel Vásquez, uno de los escritores colombianos de más éxito, entra en este terreno oscuro de las entrañas de la historia y se sumerge en el mar de las dudas. Dudas y posibilidades, no aclaradas, que afronta quien rasca un poco en los acontecimientos que se sucedieron en el siglo XX y que nos llevan hasta la Colombia de hoy.

Vásquez habla en primera persona y construye, a través del libro, una especie de autobiografía. O mejor, escribe la crónica de unos acontecimientos de los que es testigo y de los que habla en primera persona, como si al hacerlo, al contar los recovecos por los que discurren los hechos y explicar cómo los va desentrañando para sacarlos a la luz, legitimara con mayor fuerza la veracidad del relato. Se diría que Vásquez emprende y se ve envuelto en una aventura detectivesca que lo pone en relación con el pasado y con alguno de sus episodios más oscuros.

El asesinato -totalmente real- de un candidato a la presidencia del gobierno ocurrido en 1948 y la explicación oficial que se da a su muerte sirve para tirar de un hilo que es en realidad una colección de cabos sueltos de donde nacen toda clase de sospechas. Sospechas que por otros caminos adquieren tintes de realidad y que quedan sepultadas por quién sabe qué intereses ocultos.

El detalle de la narración, los hechos ocurridos hace tiempo y los que ocurren ahora para dar argumentos y pistas al autor sobre los que construir su relato y la gravedad de sus descubrimientos llevan al lector a dudar de si la misma mentira que rodea la política de Colombia no flota también sobre el libro. La teoría de la conspiración que ha servido para construir la Colombia actual hace preguntarse al lector sobre la objetividad de lo que nos cuenta Vásquez y le hace dudar de si esta autobiografía no será un juego.

Pero Colombia no es un país fácil. Han ocurrido demasiadas cosas como para descartar que haya habido conspiraciones numerosas y que la conspiración no haya sido un método sistemático que ha condicionado la conducta del poder en el país, lo mismo que las mafias o los cárteles lo han hecho en otros lugares. El inmenso poder del narcotráfico, la opacidad que ha rodeado al ejército, la cotidianidad de los secuestros durante mucho tiempo, la impunidad general que ha ocultado tantos y tantos delitos da alas al relato de Vásquez, que duda él mismo de si lo que ve y lo que le cuentan ha ocurrido de verdad o es el resultado de alguna obsesión.

A punto de terminar el texto, Vásquez reconoce. "No sé cuándo comencé a darme cuenta de que el pasado de mi país me resultaba incomprensible y oscuro, un verdadero terreno de tinieblas, ni puedo recordar el momento preciso en que todo aquello que yo había creído tan confiable y predecible se empezó a convertir en un lugar de sombras(....) Todo esto que yo creía tan claro (...) resulta ahora lleno de dobleces y de intenciones ocultas , como un amigo que nos traiciona".

Colombia parece abrir el cofre de sus secretos de la mano de Vásquez, a lo largo de un intrigante relato que encadena hechos reales de los que existe abundante documentación con agujeros negros que dan pie a múltiples suposiciones. Agujeros negros que son de suma importancia porque, como el lector confirma al final, resultan los huecos por los que entra en escena el novelista para deslizar elementos de ficción que descubren que no todo lo contado era cierto y que hemos estado en realidad ante una excelente novela.

Vásquez al final lo deja claro para declinar cualquier responsabilidad que pudiera nacer de la duda. La forma de las ruinas es una obra de ficción. Los personajes, incidentes, documentos y episodios de la realidad, presente o pasada, se usan aquí de forma novelada y con las libertades propias de la imaginación literaria. El lector que quiera encontrar en este libro coincidencias con la vida real lo hará bajo su propia responsabilidad". No se puede ser más claro, a menos que el lector se haya apuntado él también a la teoría de la conspiración y entienda que la aclaración del autor no es otra cosa más que una cortina de humo.

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viernes, 2 de septiembre de 2016

Grecia en el aire. Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual

Grecia en el aire

Pedro Olalla
Acantilado 2015
200 pp.

'Grecia en el aire' es un viaje hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, basado en el más genial de los acontecimientos: la invención de la democracia en Atenas.


Pedro Olalla
Acantilado 2015
200 pp.






¿Puede un libro político ser poético? ¿Puede una mirada que aspira a ser combatiente ser al mismo tiempo fuente de sosiego y expresarse en el tono más sereno?

La respuesta debiera ser que no, a menos que quien toma la palabra lo haga desde la lejanía, desde tanto tiempo atrás que no es la vejez sino la antigüedad la que se expresa con sabiduría, con tanta profundidad que es el fondo de nuestra cultura la que se manifiesta, son las raíces de las que venimos las que se apoderan del discurso y las que nos llevan a mirar con sus ojos el presente.

'Este libro fue escrito en Atenas -nos dice el autor- entre 2010 y 2014, mientras toda Grecia se derrumbaba. Las ideas que en él se recogen han surgido de los hechos, del contacto consciente con la ciudad antigua y nueva, de la vivencia cotidiana del abuso, la mentira, la pasividad, la impotencia y la injusticia'.

Hablamos de esta Grecia nueva que sin darnos cuenta se ha convertido en un fracaso. De la Grecia de hoy. Pero no es a la actualidad a lo que el autor va a referirse. Es al pasado para dejar que hable y para llevar al lector a lo que fue este mismo mundo que hoy parece arruinado y sin esperanza y que sin embargo construyó los cimientos de nuestra personalidad como europeos en un ejercicio de creatividad y sabiduría que sigue siendo una lección para los hombres de hoy.

Pedro Olalla, que nos dejó una 'Historia menor de Grecia' excelente y entretenidísima, es un extraordinario conocedor del mundo griego y, sin duda, un enamorado de él. Es consciente de la enorme deuda que tiene el mundo actual con el mundo griego por tantos y tantos conceptos básicos que hemos heredado de él y que articulan el entramado de principios que hoy nos guían. El amor al hombre como individuo objeto de respeto, el amor a su libertad, a sus derechos, al principio de la justicia, a la importancia de la palabra, a la honradez, al deber hacia el resto de los ciudadanos, a la ley y también a la política -sí a la política como noble ejercicio para contribuir a un gobierno justo y beneficioso para la ciudadanía- están en el relato de Olalla justamente reconocidos y sobre todo valorados frente a la devaluación a la que hoy han sido sometidos en las que, en teoría, son las democracias más avanzadas.

Porque lo que nos cuenta Olalla en su libro, escrito en pequeños capítulos, es justamente el nacimiento de la democracia en Atenas. Un nacimiento al que asistimos en calidad de lectores a base de un paseo que nos propone Olalla por la ciudad y que nos lleva a los mismos lugares donde, unos siglos antes a que arrancara nuestra era, nacieron y se desarrollaron, en medio de dificultades y de destellos de genialidad, los conceptos que iban a dar lugar a una sucesión de gobiernos democráticos como no los había habido nunca en el mundo.

Tan lejos estamos hoy de esa democracia primigenia -la podríamos llamar pura-, de ese descubrimiento que surge por primera vez y que da a luz a una nueva forma de gobierno y de relación entre la gente, que hay que hacer un esfuerzo para seguir el relato de Olalla y entender lo evidente, aquello que ha alimentado a nuestra cultura y sobre lo que se sostienen nuestras ideas.

Pero he dicho evidente y el autor nos aclara que no lo es. Que se trata de un gran paso adelante resultado del genio extraordinario de los griegos y de una audacia intelectual que permitió revolucionar la política de un modo que nadie había conseguido antes. En realidad, y lo dice el subtítulo del libro, Olalla juega a la contra. Y lo hace inteligentemente. No habla de la Grecia actual. Habla de la Grecia clásica y del enorme peso de sus hallazgos. Y nos muestra esta Grecia antigua, con el preciso detalle y al ritmo que nos va a permitir entenderla, para que la descubramos desde nuestro mundo de hoy, consciente de que a habíamos olvidado. Olalla nos abre los ojos para que regresemos sobre lo que ya sabíamos. Y al hacerlo no hace también responsables de proteger y recordar esa acumulación de conocimientos y de 'virtud' que quienes nos precedieron nos legaron.

En realidad, quien más va a pensar en la Grecia de hoy es el lector enfrentado a los principios que Olalla le recuerda y le desmenuza para que recuperen todo su sentido. Para que volvamos a conectar con esa sabiduría de los griegos que en definitiva es la nuestra y de la que nos habíamos desentendido.

Grecia en el aire es un viaje en el doble sentido, hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y es también en lo cultural un viaje desde la Atenas original hasta lo que hoy llamamos Occidente. Aleccionador, poético y extraordinariamente interesante es este libro que nos ofrece Pedro Olalla y que no debiera dejarse de lado.

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sábado, 20 de agosto de 2016

Cosas que no caben en la maleta. Vivencias de un diplomático novato en el Congo

Cosas que no caben en la maleta

Enrique Criado
Aguilar, 2016
318 pp.

Enrique Criado cuenta cómo es el Congo -especialmente Kinshasa-, cómo es la vida allí, cómo es la gente, el día a día y también la historia reciente. Y puede hacerlo porque en su condición de diplomático ha vivido en la capital congoleña, ha pisado la calle, ha hecho amigos y ha conocido bien el país.


Enrique Criado
Aguilar, 2016
318 pp.






Poco sabemos del Congo más allá de lo que contaron en el s XIX quienes lo exploraron o recalaron en él como colonizadores. O quienes más tarde escribieron sobre dichos personajes.

Cazeneuve, Stanley, Conrad, Brazza, Burton, Gide ... componen esta familia que llevaron a Europa noticias de esclavitud, de injusticia, de sacrificio y también de fascinación por el poderoso influjo de ese corazón africano de tamaño enorme, insondable, amenazador muchas veces y lleno de misterio.

Enrique Criado cambia de registro y nos habla del Congo de hoy. De ese Congo cuyo nombre oficial es la República Democrática del Congo, que antes se conocía como Zaire y que es el heredero del antiguo Congo Belga. Y lo hace en un libro absolutamente recomendable, de escritura fresca, en un tono informal que deja transmitir la vida que late detrás del relato.

Criado le da la vuelta al Congo como un calcetín para contar lo que ocurre dentro del país especialmente en Kinshasa, cómo es la vida, cómo es la gente, el día a día y también la historia reciente. Y puede hacerlo porque en su condición de diplomático es destinado a la capital congolesa donde permanece años, aterrizado de nuevas, con los ojos abiertos y con la oportunidad de picotear de aquí y de allí, de relacionarse por motivos de su trabajo con personas muy distintas y de recibir información y puntos de vista tanto de gentes del país como de extranjeros que lo conocen bien.

Como el subtítulo del país indica, 'Vivencias de un diplomático novato en el Congo', nada de lo que encontramos en el libro está dicho en tono magistral ni engolado. El lenguaje llano y el tono le parecerá al lector agradablemente próximo y ameno. Un cierto sentido del humor o un deje de ironía discurre a lo largo del libro y convierte en humano un relato que por muchos motivos podría parecer ajeno, como de otro mundo.

Y lo cierto es que mucho de otro mundo tiene. 'El Congo es para mí -dice- el país más africano de África'. Una frase que resume la densidad de complejidades, de desajustes y particularidades que tiene el país, cuya dimensión es comparable a la de Europa. Criado nos habla de la vida cotidiana, del fútbol, de las comidas, de las fiestas, las bodas y los entierros, de los conjuros y de esa medicina mágica que sigue tan viva como la otra, la que trajeron los europeos, de los bulos que corren por el país y de la precariedad que lo domina todo, desde la salud, a la seguridad o al suministro eléctrico que en la misma capital aún no está resuelto.

Pero donde el autor hace su trabajo más fino es seguramente en el tema de la política y en el de las guerras que se han cebado en el Congo y que llevan a dudar de si la guerra es la continuación de la política por otros medios o es justamente en lo contrario donde está la verdad. Aunque Criado toca de refilón -no hay espacio para todo en un libro- el tema de la independencia con esos nombres míticos de Kasavuvu, Lumumba y el Che Guevara, es en el entorno más reciente de los conflictos nacidos a partir del de Ruanda donde fija su atención y desgrana con claridad admirable las líneas maestras de un embrollo terrible, prolongado en el tiempo, latente al día de hoy y que costó la vida a millones de personas.

Los intereses contrapuestos, los apoyos internacionales a las partes en conflicto, las diversas bandas y guerrillas, la magia que detiene las balas, los hilos de la política son analizados en no muchas páginas y dan al lector una visión seguramente mucho más ordenada de la que tenía antes de conocer unos hechos que suelen aparecer en los periódicos de forma confusa porque es la confusión su principal caldo de cultivo.

'Mi deseo es que el protagonista del libro sea el propio Congo', dice el autor. Y poniéndose en la piel del lector indica que 'puede interesar esta obra a quienes hayan visitado o se planteen visitar la RDC (República Democrática del Congo, para distinguirla de su vecina República del Congo) a quienes conozcan la realidad de otros países del África subsahariana, a quienes viajen por lugares que, aunque alejados físicamente del Congo, compartan con él no estar en la pista pisada del turismo y, last but not least, a los viajeros de sillón con los que comparto el disfrute de recrear en la lectura las aventuras de un desconocido'

Está todo dicho. Sólo queda ponerse a leer.

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lunes, 11 de julio de 2016

La guerra en Sudáfrica

La guerra en Sudáfrica

Arthur Conan Doyle
Espuela de plata 2015
250 pp.

'La guerra en Sudáfrica' es un libro curioso e interesante a la vez. En sus páginas, Conan Doyle analiza un tiempo de conflictos y de fuerte complejidad y abre las puertas a una mejor comprensión del presente de un país tan singular como es Sudáfrica.


Arthur Conan Doyle
Espuela de plata 2015
250 pp.





El reparto colonial que las potencias europeas hicieron en África ha marcado profundamente al continente y explica, después de más de un siglo de haberse producido, una buena parte de la situación y del carácter actuales de casi todos los países africanos.

Sudáfrica no es una excepción, aunque sí tiene mucho de especial la presencia holandesa y la británica que chocaron en lo que podía parecer una guerra europea -o al menos entre europeos- en el confín del continente negro. Entender Sudáfrica hoy pasa también por entender esa vieja guerra que fue la de los boers, que conmocionó tanto a Europa como a los EE.UU. y que puso los mimbres para el siguiente gran conflicto que fue el de la población blanca frente a la población autóctona que llevó al apratheid y cuyas huellas son bien visibles todavía hoy.

Pero no avancemos tanto en la historia porque el libro del que tratamos se circunscribe a la guerra de los boers, a la situación y las circunstancias que la precedieron y al modo como se desarrolló. Aclaremos que el libro merece la pena, a pesar de su portada que remite a un relato de aventuras, y a pesar del autor, Sir Arthur Conan Doyle, del que podríamos esperar una fantasía de intriga antes que un texto documentado, analítico y altamente reflexivo.

¿Qué hay detrás de esta guerra que tanto impactó a la opinión pública en su momento y qué hay detrás de la pulsión o de la estrategia colonizadora de la Inglaterra victoriana? Quizás la mayor parte del interés del libro esté ahí, en la respuesta a esta pregunta. La primera idea que viene a la mente es la del 'interés' que la potencia colonial podía tener en apoderarse de los recursos del país colonizado. Pero quedarse en ella es tanto como aceptar que la política es una cosa simple, que los intereses se mueven en una sola dirección y que esta dirección es clara y compartida por todos. Nada más incierto y más aún tratándose de la Gran Bretaña con un parlamento complejo, con intereses en todo el planeta que hay que saber conjugar y con un coste para mantener su imperio que exige cuidadosos ajustes para no encallar en accidentes imprevistos -dos guerras perdidas en Afganistán, a pesar de su colosal superioridad- que habían demostrado que no hay enemigo pequeño.

La guerra en Sudáfrica es un profundo análisis de lo que sucedió. Y al mismo tiempo es un exhaustivo ejercicio de propaganda política en defensa de los argumentos británicos para justificar la intervención del ejército de Su Majestad en una guerra tan alejada y contra un país independiente como era la república del Transval. Conan Doyle conoce el territorio sudafricano y  sus peripecias políticas y enfrentado tanto a una poderosa corriente de prensa internacional favorable a los boers como al sentimiento de disgusto en algunos países por el teóricamente desigual enfrentamiento entre el ejército inglés y un ejército de campesinos en defensa de su hogar, se apresta a poner en claro el fondo de la cuestión y darle la vuelta a la propaganda antibritánica.

El de Conan Doyle es un libro apasionado. Lo escribe en diez días y lo pone al servicio de la propaganda para que se traduzca a un buen número de idiomas y se distribuya masivamente por el mundo -España incluida. Pero el hecho de tomar parte a favor de Inglaterra no quita interés a las palabras del autor. Quiere Conan Doyle convencer. Y sabe que para ello tiene que aparecer neutral frente a sus lectores. Convencido como él está de los argumentos ingleses en favor de la intervención en la guerra, no tiene inconveniente en conceder la razón a los boers allí donde considera que la tienen para exponer a continuación lo insostenible de su postura y defender la necesidad de terminar con una situación de injusticia flagrante.

Las distintas etapas de la configuración de Sudáfrica, con la creación de varios estados independientes cuando los colonos penetran en el interior del continente, los enfrentamientos entre estos estados y dentro de ellos entre los primeros pobladores y los recién llegados, los conflictos éticos relativos a la desigualdad de derechos entre ciudadanos y extranjeros, el enriquecimiento  y la corrupción que siguen  al descubrimiento y la explotación de las minas de oro y de diamantes y muchos otros temas se mezclan con la sutil argumentación política en defensa de posiciones tan difíciles de conciliar como el derecho de conquista y al mismo tiempo la generosidad con la que compartir con otros que no participaron en ella  ese derecho, la igualdad de todos los hombres y a la vez el trato diferencial con los pobladores originales, la fidelidad a unos valores y también la exigencia pragmática a prescindir de ellos.

El lector de hoy reconocerá la parcialidad del enfoque de Conan Doyle y condicionará su lectura del libro a la opinión que actualmente prevalece sobre la aventura colonial. Pero, asimismo, tendrá ocasión de atender de primera mano a la argumentación de quien vivió, inmerso en ese momento, el complejo fenómeno de la expansión colonial y los graves problemas que se derivaron de ella. Y hallará una excelente explicación, cuidadosamente elaborada y  llena de matices, para justificar la política fuera de sus fronteras de la gran potencia del momento como era la Inglaterra imperial. La guerra en Sudáfrica es un libro curioso e interesante a la vez. Un libro que deja ver un tiempo pasado, de fuerte complejidad, y que abre las puertas a una mejor comprensión del presente en un país tan singular como es Sudáfrica.

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lunes, 27 de junio de 2016

Patria o Muerte

Patria o Muerte

Alberto Barrera Tyszka
Tusquets, 2015
246 pp

Alberto Barrera, con su novela Patria o Muerte, nos lleva a la Venezuela de hoy de la que han desaparecido el Caribe, la selva y toda poesía, en un thriller político lleno de intriga.


Alberto Barrera Tyszka
Tusquets, 2015
246 pp






¿Y qué fue de Venezuela? Dónde están Chichiribiche, una especie de paraíso marginal en el Caribe, o el delta del Orinoco con sus pueblos perdidos entre regueros de agua envueltos en la selva, o Los Llanos con sus espacios enormes y aislados, o Canaima y los misteriosos tepuys? ¿Qué pasó con un destino que los viajeros acababan de descubrir y que de pronto quedó en nada? Que quedó en el olvido porque desapareció de los programas de las agencias de viajes como por ensalmo y de la imaginación de cualquier viajero.

Alberto Barrera nos lleva a la Venezuela de hoy. Una Venezuela sin ron ni islas Margarita que traigan los aromas de ese trópico que anhelamos en Europa, lleno de vida y bendecido por la naturaleza. Porque ese país, al menos en el imaginario colectivo, desapareció inmerso en un pulso feroz -en una guerra, para muchos- contra el imperialismo opresor que ejercían las potencias de afuera y los ricos de adentro a costa de la mayoría desheredada y abatida antes de la ascensión de Chávez al poder.

Como en una obra teatral, un cambio de decorado hace visible una realidad diferente, crea en el mismo espacio que antes conocía el espectador un lugar nuevo, y puestos a hablar de Venezuela un país distinto. En este cambio de escenario, en este trastrueque de ambientes y de luces está Alberto Barrera con su novela Patria o Muerte que nos lleva a la Venezuela de hoy de la que han desaparecido el Caribe, la selva y toda poesía. Una Venezuela partida por la línea que separa el oficialismo y la oposición e impregnada por una atmósfera de hostilidad, de sospecha, de temor de unos frente a otros bajo la mano férrea de lo que no es más que una dictadura militar.

Pero Alberto Barrera está muy lejos del panfleto. Nada en su novela suena a soflama política, aunque por supuesto su posición es clara a través de la narración y de sus personajes. Estamos ante una novela de intriga. Una novela política que si no fuera el reflejo declarado de una realidad nos haría hablar de una intriga policial. Todo transcurre durante los últimos meses de la vida de Chávez, aquejado de una enfermedad que lo lleva a Cuba y que es fuente de toda clase de rumores. Una atmósfera de desasosiego es lo que ahora da color al país y marca a cada uno de los bandos que intenta leer en ella, en esa incertidumbre que envuelve la vida del caudillo, tanto como el futuro el presente.

Personajes muy distintos se cruzan en el desarrollo de la trama y ponen en marcha lo que parece una simulación a escala menor de lo que resulta Venezuela entera.  Una especie de metáfora del país. Un médico, un periodista, un alto funcionario, unas militantes del chavismo, una víctima de la delincuencia común, la policía y el propio Chávez, sobre todo el propio Chávez se ponen en movimiento para representar una escena de amplio espectro que habla de la Venezuela de hoy.

Sin duda, el lector que tome en sus manos el libro tendrá sus opiniones formadas acerca del tema. Y es probable que no sean muy buenas en lo que a Chávez se refiere si las ha formado de lo que llega a través de los medios de comunicación. La Venezuela chavista espoleada por un líder marrullero, un militar golpista, un genio de la predicación televisiva y un incontinente verbal no puede dejar buen sabor a casi nadie. Pero he aquí que nuestro autor se muestra mucho más afinado de lo que dan a entender los trazos gruesos de una descripción tan abrumadoramente negativa. Y promueve la idea de que Venezuela no es solamente un circo.

Aunque el país se ha polarizado hasta convertirse en una caricatura burda, enrocada en los extremos, el carisma de Chávez es un prodigio de trabajo de manipulación y de inteligencia. Inteligencia mezclada con milimétrica ingeniería, pasión combinada con una lúcida intuición acerca de lo que esperan las masas desheredadas, conocimiento real y fina política expresada en forma de bravatas y groserías para crear una imagen cercana al pueblo y activamente opuesta a quienes fueron los amos de Venezuela antes del advenimiento de la revolución bolivariana.

Patria o Muerte es una excelente novela política que retrata un país donde todo fue eclipsado excepto la política. Un país que hace su vida partido en dos e irreconciliable. Hoy, al hablar de Venezuela vemos sobre todo eso y por este motivo resulta relevante, además de enormemente entretenida, la novela de Alberto Barrera que nos lleva a los entresijos de la actualidad y nos asoma a una realidad que casi parece una ficción.

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martes, 7 de junio de 2016

Estambul otomano

Estambul otomano

Juan Goytisolo
Península, 2015
142 pp.

El imperio otomano fue para occidente un gran desconocido. Envuelto en el misterio, las noticias que llegaban de él estaban más cerca de la fantasía que de la realidad. Con 'Estambul otomano', Goytisolo se propone abrir una puerta a la realidad.


Juan Goytisolo
Península, 2015
142 pp.





No es un secreto que Juan Goytisolo conoce el mundo musulmán sobradamente, ha escrito sobre él y da la impresión de sentirse a gusto en sus recovecos, sus particularidades y contradicciones. Y también, que ha dedicado a Turquía y al imperio y la cultura otomanas una atención muy especial. Es un maestro y su voz está cargada siempre de interés.

Estambul otomano forma parte de este universo en el que Goytisolo bucea para entresacar lo que hay de realidad en el relato confuso que ha llegado a nosotros a base de prejuicios, fabulaciones, viejas habladurías, escritos de viajeros pretéritos y demás invenciones que resultaron de la necesidad de dar rienda suelta a la fantasía.

El gran imperio que durante cerca de quinientos años reinó en lo que fueron tierras bizantinas, que sustituyó la cultura, las costumbres y la religión de orígenes clásicos que fueron las bases de Bizancio y que se convirtió en amenaza y al mismo tiempo en materia de admiración para Europa, fue, al fin y al cabo un gran desconocido.

Goytisolo, en este Estambul otomano que se reedita ahora, se propone poner las cosas en su sitio. Quiere matizar o desmentir tantos bulos como corrieron acerca del gran imperio del Levante y servirse de su capital para ir destacando temas que arrojen luz sobre ese mundo velado que fue Turquía hasta principios del siglo XX cuando se convirtió en república.

Estambul no se construyó en un día y como capital de los turcos fue una metrópoli espléndida durante siglos. Además, la distancia entre la vida del bazar y la del exclusivo entorno del sultán era absoluta. A lo largo de siglos y con tan abrumadoras diferencias no es de extrañar que la misma ciudad cambiara y que las noticias que llegaban de ella y de sus gentes fueran diversas y a menudo contradictorias. Pero tanto como el tiempo o las diferencias, influyó a la hora de transmitir a occidente una imagen distorsionada de la capital otomana, la desconfianza con que era vista aquella poderosa ciudad, capital de una nación enemiga, estandarte de una religión hostil y tan encerrada en sí misma que el viajero o el diplomático que regresaba después de haberla visitado acababa hablando de ella más por intuición o por lo que le contaron que como resultado de una experiencia real.

Para salir de tanto entuerto, Juan Goytisolo opta por la pedagogía, por ir poniendo en orden las ideas paso a paso. Y para ello, nos habla del imperio y de la concepción del poder que había tras él, nos habla de las costumbres que podían causar consternación y curiosidad por igual en Europa -el harén, el trato a las mujeres, la vestimenta, la fidelidad, la crueldad...- y nos habla de la combinación del mundo musulmán y del turco, que da lugar a ese curioso y temido ejército que fue el de los jenízaros o al florecimiento de derviches y de sectas que tanto marcaron ese imperio que creció bajo la protección absoluta del sultán.

Pero Goytisolo además de atender a estos trazos profundos que afectan a la cultura, a la religión o al poder, también mira a la calle, esa calle donde conviven con los musulmanes los judíos y cristianos, los funcionarios y comerciantes, los artesanos y marinos. Y le dedica atención al bazar, a los gremios y a los oficios diversos que daban vida a sus calles y que marcaron 'por abajo' la vida de Estambul como lo hizo 'por arriba' el sultán y toda la corte.

El tono de Goytisolo en este libro tiene mucho del que correspondería a un pequeño estudio académico, ordenado en la sucesión de asuntos por los que transita, acompañado de citas que explican o justifican su relato, equilibrado y bien medido de forma que ninguno de los temas resulta al lector abrumador. Más bien al contrario, breve y sin más extensión de la necesaria para darle un conocimiento justo y rico en contenido. Estambul otomano no es una guía al uso. No sirve para encontrar un monumento o informar sobre él a quien visite Estambul. Pero sí es una luz que ilumina la capital y buscando en sus raíces destaca esas esencias que hacen de la capital turca la ciudad más extraordinaria.

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miércoles, 25 de mayo de 2016

Una breve historia de los árabes

Una breve historia de los árabes

John McHugo
Turner, 2015
371 pp.

¿Qué hay detrás de mundo árabe para que resulte tan incomprensible a quienes nacieron en el mundo cristiano? "Una breve historia de los árabes" contribuye con singular acierto a responder a esta pregunta.



John McHugo
Turner, 2015
371 pp.






Con signos de urgencia y envuelto en el conflicto, el mundo árabe ha irrumpido en la actualidad de occidente como una forma de amenaza y sobre todo como una incógnita. ¿Qué hay detrás de ese mundo para que resulte tan ajeno e incomprensible a quienes nacieron en la órbita cristiana? En primer término, el mundo árabe ha pasado de ser un exotismo a convertirse en una realidad próxima y con muchas más variables que las de la simple imagen del desorden en un zoco o de la extraña melodía del muecín llamando al rezo desde lo alto de un minarete. El mundo árabe ha entrado en escena para occidente y la difícil relación entre ambos suscita interrogantes tanto en una como en otra parte.

Para comprender algo mejor lo que hay detrás de la superficie de ese universo complejo que es el de los países árabes merece la pena dejarse llevar por este libro apasionante, exhaustivo en información y ligero en lectura, que echa sus raíces en la Arabia sobre la que Mahoma sembró las semillas del islam y avanza en el tiempo hasta llegar a hoy y a los problemas que el mundo árabe plantea y tiene planteados.

Nada mejor que recoger el párrafo inicial del prefacio de esta 'breve historia de los árabes'  para escuchar cuál es el propósito del autor al plantearse este libro, absolutamente recomendable y que retendrá la atención del lector de la primera a la última página.

"Este libro examina la larga historia de los árabes para ver cómo ha conducido a los problemas que padece su mundo hoy, y por qué ese mundo resulta a menudo hostil e incomprensible para muchas personas en "occidente". ¿Los actuales disturbios distanciarán aún más a occidente y al mundo árabe, o son parte de un proceso purgativo que pudiera en última instancia exorcizar los demonios que se han interpuesto entre nosotros? El mundo árabe se halla en período de transición, pero por ahora es difícil ver hacia dónde se dirige."

John McHugo, el autor retrocede a los tiempos de Mahoma porque el islam discurre y se mezcla con el pueblo árabe y forma con él una alianza compleja y no siempre libre de contradicciones. ¿Qué le ocurrió a la cultura árabe para abandonar la posición de vanguardia de la que gozó, con pensadores liberales capaces de recuperar la cultura clásica de griegos y romanos antes de que la descubriera occidente?¿Dónde están los orígenes de la involución que desde principios de siglo XX se produce en una cultura que se abría a la europea con voluntad de progreso y como signo de modernización?¿Qué supuso el derrumbamiento de un imperio no árabe como fue el otomano y cuál está siendo el coste real de un conflicto como el palestino sobre el que gravitan intereses de lo más diversos y que ha generado las heridas más profundas?

Es del todo imposible dar respuesta a todo y la lectura de esta 'breve historia de los árabes' pondrá de relieve la extraordinaria complejidad que supone abordar la maraña de temas que se dan cita en ella. Pero por ello mismo resulta tan estimulante este libro que consigue trazar con claridad y de manera todo el tiempo interesante la trayectoria de un mundo cuya situación hoy acaba siendo tan complicado de entender.

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martes, 17 de mayo de 2016

Autostop. El manual para viajar a dedo por el mundo

Autostop. El manual para viajar a dedo por el mundo

Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino
La Editorial Viajera, 2016
125 pp.

"Autostop, el manual para viajar a dedo por el mundo" no es sólo un manual. Es una invitación a un modo de viajar habitual hace años entre los jóvenes y que sigue estando vivo.


Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino
La Editorial Viajera, 2016
125 pp.





Autostop, el manual para viajar a dedo por el mundo no es sólo un manual. Empieza por ser una invitación a un modo de viajar habitual hace años entre los jóvenes y caído en desuso en alguna medida por la inseguridad y sobre todo por la comodidad de viajar sin ninguna incertidumbre, con todo o casi todo planificado de antemano.

"El autostop -nos dicen los autores- entrega al viajero un mundo sin maquillajes donde la vida cotidiana se presenta desnuda de todo truco o preparación". No es un inconveniente, es la esencia misma del viaje. Es el modo de facilitar el contacto con otras personas, de hacer amistades, de gozar de la hospitalidad de los demás y de entrar en la vida de quienes viven en otros países de una manera distendida en un encuentro dictado por el azar.

Para el viajero hecho al avión, con los vuelos reservados y con un programa definido día a día, el pequeño libro que ahora aparece resulta el aviso -o mejor el recuerdo- de que hay otras maneras de viajar, gratas, enriquecedoras y llenas de experiencias inolvidables. Aunque lo hayamos olvidado, se sigue viajando en autostop y quienes eligen esta fórmula para el viaje siguen disfrutando como disfrutaban los jóvenes hace  cincuenta años.

Los autores del libro son, por supuesto, expertos en el tema. Expertos por reconocerles con este término una dilatada experiencia en recorrer el mundo a base de colocarse en un arcén y invitar a los conductores a llevarles. Pero no son profesionales del dejarse llevar. Lo suyo es conocer a la gente de cada lugar, es la conversación que fluye y aporta un sin fin de noticias, de confidencias y anécdotas, de informaciones sobre cómo se vive, como se siente y cómo se percibe el mundo allí donde se está.

Visto así, no es poco lo que ofrece el autostop, que exige, de quien lo practica, disponer de tiempo y perderle el miedo a tener que improvisar. Y porque no es poco, también es cierto que siguen con una vida saludable los colectivos en todo el mundo que apuestan por el método de levantar el dedo y que ofrecen apoyo a los aficionados.

Apoyo es seguramente lo más importante para quienes deciden lanzarse a esa piscina y todavía no lo han hecho. Porque tal y como avisan los autores de este manual, en el autostop más que la suerte influye la preparación. Cuenta un montón de pequeñas indicaciones que facilitan el viaje y rebajan o suprimen los inconvenientes que nacen del desconocimiento. "Esta guía -nos dicen- resumen quince años de experiencia en el viaje en autostop y desmenuza punto por punto todos los consejos imaginables, desde cómo situarse, cómo elegir la mejor ruta entre dos ciudades, cómo pedir pasaje en una estación de servicio o qué hacer una vez se está dentro del vehículo".

Son muchos los asuntos de los que trata el libro que tenemos entre manos. Siempre de manera concisa, sensata y orientada a la práctica. Y algunas veces, insertando el relato de algún viajero, a modo de anécdota, que ilustra el tema con una experiencia real ocurrida en cualquier parte del mundo. Los manuales son a veces un compendio de trivialidades. No es este el caso, aunque todo lo que se dice está lleno de sentido común. Lo que ocurre es que el sentido común cuando ampara a un contenido bien elegido, contado de manera económica y clara, y que apunta a ofrecer un servicio al lector se convierte en una virtud que facilita la lectura y ayuda a retener cada punto en el que se detienen los autores para reflexionar sobre él y ofrecer sus consejos.

Si por el tamaño fuera, el Autostop que escriben Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino pasaría seguramente desapercibido en el escaparate de cualquier librería. Es un libro de formato pequeño y de no muchas páginas. Pero no hablamos aquí de tamaño sino de interés y en ese aspecto es seguro que resultará más que atractivo para cualquiera que tenga en mente iniciarse en el viaje en autostop o para iniciados que dejaron la práctica hace tiempo y la recuerdan ahora con nostalgia.

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viernes, 6 de mayo de 2016

Viaje sin mapas: una aventura por el corazón de Liberia

Viaje sin mapas

Graham Green
Península, 2015
340 pp.

En 'Viaje sin mapas' Graham Green habla de un viaje casi a ciegas en pleno siglo XX. Sin noticias ciertas, preguntando a cada paso, por senderos poco o nada transitados el autor se adentra en un África que hubiera podido ser, en muchas etapas, la del siglo XVI.



Graham Green
Península, 2015
340 pp.





Por la misma razón que cuesta hacerse a la idea de un viaje sin un mapa que lo sitúe, cuesta entrar en este libro de Graham Green que desconcierta al lector y que lo deja, al principio desorientado.

Habría que preguntarle al autor si ha buscado a propósito o no la sensación de desconcierto que crea en este relato, cuyo arranque me atrevo a calificar de confuso, en torno a un viaje por la costa occidental de África, que acaba por llevarlo hasta Liberia. Adelanto que el término confuso no es necesariamente negativo. Hablo de un relato confuso con toda la prudencia sabiendo que Graham Green es uno de los escritores importantes en lengua inglesa del siglo XX. Confuso es El corazón de las tinieblas y acaba uno por concluir que la confusión es un atributo inseparable de África, de un continente donde las sombras desdibujan la aparente claridad del contorno y donde siempre hay algo oscuro y amenazante -la violencia, la enfermedad, la opacidad que rodea a lo desconocido- que condiciona el ambiente.

Graham Green con esas raíces católicas a las que no renuncia y con la sensibilidad moral que subyace a su escritura, contempla un continente enfermo donde es difícil descubrir rayos de esperanza. Enfermo como consecuencia de la destrucción de su forma de vida: como resultado de la imposición de una cultura europea que arrasó sus raíces. Los ingleses, dice al referirse a Freetown "habían plantado su sórdida civilización y luego habían escapado de ella todo lo lejos que habían podido. Todo lo feo era europeo (...) si había algo bello en el lugar era indígena". Y no es sólo la apariencia lo que delata la miseria que en África han sembrado los blancos. Es en lo más profundo del hombre donde su veneno ha hecho mella y ha destruido las virtudes naturales de los africanos. Green se indigna cuando denuncia que la administración colonial disfruta viendo como sus súbditos se convierten en bufones. De los negros "se esperaba que representasen el papel como hombres blancos y cuanto más copiaban a los hombres blancos, más cómicos les resultaban a los prefectos".  El resultado de la aventura colonial -dice- es que la figura del criollo ha acabado pareciéndose a la de un "chimpancé tomando el té".

Si algo desea no parecer Graham es pretencioso. No presume de las penalidades del viaje ni quiere construirse un papel de héroe explorando la desconocida África. Como viajero se reconoce un don nadie. "Era la primera vez que salía de Europa; era un completo aficionado (...) no tenía ni idea de la ruta que iba a seguir ni de las condiciones con que me encontraría". Por eso, sin un mapa preciso, sin más objetivo que el de terminar en Monrovia, el viaje que hace Green, y que nos cuenta, es el compuesto por una sucesión de lugares, imprevistos muchas veces, donde se detiene camino a su objetivo final.

De manera diletante, cambiando el foco de atención de un tema a otro, Graham Green va siguiendo un hilo que se hace evidente a medida que avanza el relato. Las escalas de su viaje a Liberia, sus paradas distintas van marcando el discurrir de su libro y dibujando esta perversa destrucción que descubre paso a paso y que acompaña el fondo del relato.

Pero hay mucho más y muy interesante en el relato de Green más allá de la visión general de la decadencia africana, porque su viaje, el viaje por tierra con un equipo de criados y porteadores por caminos de los que no hay noticias están llenos de situaciones y de experiencias que hablan -a pesar de estar en los años 30- de un África remota donde la civilización europea ha rozado la piel pero lo africano conserva una presencia abrumadora.

Las dificultades del viaje -dificultades físicas que imponen el clima y la geografía-, las dificultades de la organización, con el descontento de los porteadores inquietos a medida que avanza la expedición, la incertidumbre de los encuentros en las distintas poblaciones que atraviesa a lo largo del camino, el contacto con culturas extrañas con un fondo de espiritualidad casi clandestino, la duda constante sobre cómo continuar el camino hasta el destino final en Monrovia transforman la narración en un libro de aventuras. Un libro de aventuras cuyo protagonista ya no es un lejano Livingstone o un Stanley sino un viajero contemporáneo que habla desde un ayer muy cercano e igualmente sorprendente.

El de Graham Green es efectivamente un viaje sin mapas. Un viaje casi a ciegas en pleno siglo XX. Sin noticias ciertas, preguntando a cada paso, por senderos poco o nada transitados se adentra en un África que hubiera podido ser, en muchas etapas, la del siglo XVI, con sus comerciantes musulmanes venidos algunos de tierras lejanas, con sus jefes y sus hechiceros, con las penalidades de las tierras de naturaleza poderosa y en buena medida vírgenes. Viaje sin mapas resulta un libro apasionante. Nada mejor que empezar sus primeras páginas para introducir al lector en una aventura por este continente, misterioso y no domado todavía, que ha sido África hasta prácticamente hoy día.

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miércoles, 20 de abril de 2016

Tirana blues

Tirana blues

Fatos Kongoli
Siruela, 2015
206 pp.

Con 'Tirana Blues', Fatos Kongoli rompe el silencio que mantiene a Albania en la sombra y nos acerca a algunas escenas actuales ambientadas en su capital.


Fatos Kongoli
Siruela, 2015
206 pp.





Hay países de los que parece que no se puede hablar. Países que existen y están en el mapa, pero ocultos tras un persistente muro de silencio. Albania es uno de ellos. A orillas del Mediterráneo, parece no estar. Parece no emitir ninguna señal que se reciba fuera de sus fronteras. Parece no formar parte de esos países balcánicos, de carácter abrupto, encajados entre montañas, pero que se han abierto al exterior y han afirmado en Europa su existencia.

¿Será que a Albania le falta una guerra que la ponga en el mapa, tal como ahora se dice?¿Será que su socialismo radical que la mantuvo aislada, bajo el férreo gobierno del viejo presidente Hoscka, no era un capricho de la historia sino el reflejo de un ADN que el país llevaba en los genes?

Fatos Kongali rompe el silencio. Tirana Blues, su última novela publicada en español, se ambienta en la capital de Albania y habla del presente. Nada de regresar al pasado con los viejos fantasmas de un socialismo que quedó superado y del que nadie quiere saber ya nada. Tirana blues dibuja una imagen de hoy. Pero Albania sigue estando ausente. Hay que leer entre líneas para componer una imagen del país. Lo que Fatos Kongali nos muestra es un microcosmos compuesto por personajes marginales o directamente estrambóticos que al lector le sirven de metáfora para deducir, por su cuenta, una realidad más amplia. Para imaginar, a partir del relato que nos hace, una parte de la Albania real.

El paisaje que sirve de escenario a Tirana blues es contradictorio porque en su relato se mezclan, al menos, dos historias que componen una especie de curioso esperpento. Gente 'guapa', desamores, funcionarios en el papel de policías, un cadáver, delincuentes…

El panorama que nos muestra resulta en buena parte estremecedor. Estremecedor, más que por dramático, por lóbrego y desesperanzado. Parte del relato se sitúa en un espacio marginal de la capital albana. Un espacio donde el desorden urbano predomina, donde las casas han ido arañando una periferia aún no habitada y donde la fealdad es la ley que rige el entorno. Chechenia es como conocen los vecinos a este barrio desquerido donde, sin embargo, se desarrolla la vida como en cualquier otro y donde las reglas del juego se alimentan de la miseria y de la brutalidad que exige el echar adelante.

El otro entorno que sostiene la novela es más 'burgués', más profesional y exitoso, pero igualmente fracasado, envuelto en el reproche y en una cotidianidad perversa, construida a base de desamores y de cuentas pendientes.

¿Es la vida con horizontes tan poco estimulantes el mejor retrato que se puede hacer de Albania?¿Lo es la precariedad que se debate entre vivir fuera de la ley -y por consiguiente fuera de la senda del progreso- o miserablemente dentro de ella lo que pone en riesgo el presente y el futuro del país? No cabe duda de que Albania es mucho más que estos guetos que Kongoli dibuja: uno el del país moderno y otro el de una esquina de la capital, donde transcurre la acción de la novela. Pero tampoco cabe duda de que esta Chechenia urbana es un reflejo del país y que con ella el autor ha querido lanzar un mensaje de largo alcance.

Con estos mimbres, el lector podría esperar un relato de corte dramático. Tirana blues, sin embargo, evita la dureza de la situación. La evita como la evita la vida misma cuando los personajes tienen que enfrentarla todos los días. La evita con el cinismo del que debe echar mano quien tiene que nadar en aguas revueltas para no ahogarse en ellas y con un tono burlón que la inteligencia ofrece a quien busca una salida a una realidad tan desastrada.

Uno de los personajes de la novela, un chaval llegado de algún pueblo al barrio, con más aspiraciones que medios para alcanzarlas, es otro más de esa legión de supervivientes, apaleados y afortunados a partes iguales, que tratan de hacer frente a la adversidad para no ahogarse en ella. Otros son personajes urbanos, exitosos a su manera pero insatisfechos y se podría pensar que contaminados por un ambiente tóxico apto para el cultivo de cualquier cosa menos la felicidad.

Tirana blues, que replica el título del famoso Tokio blues de Murakami, tiene la indudable melancolía de una vida donde no parece haber estímulos, donde la cotidianidad no tiene más objetivo que el ir consumiendo los días. Pero tiene la chispa que le dan cada uno de los personajes, condenados a buscarse horizontes por donde ver la luz y abrir un cauce para la vida. ¿Es eso la Albania de hoy?¿Con tan poco puede el lector componer el rompecabezas de un país entero? Nada como pasar un buen rato leyendo el libro para salir de dudas y en todo caso para tener noticia de algo tan esquivo como resulta Albania.

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viernes, 8 de abril de 2016

El último tren a la zona verde

El último tren a la zona verde

Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.

Con 'El último tren a la zona verde' Paul Theroux vuelve a seducirnos. Es su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.


Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.






Paul Theroux vuelve a seducirnos con su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.

El último tren a la zona verde relata el viaje del autor por tierras sudafricanas y por esa África pegada al Atlántico que componen Namibia y Angola. Un libro de viajes, aunque no uno más porque está lleno de conocimiento, de sensibilidad y de experiencia.  Y porque en sus raíces hay un deje de humildad que le da al relato un tono especialmente humano.

Paul Theroux, el gran viajero y exitoso escritor, se ha hecho mayor para seguir andando por estos mundos. La edad le pesa y la energía no es la misma que la de años atrás. No soy yo quien lo dice. Es él. Es el hombre que quiere mostrar que el tiempo pasa y que su sensibilidad es quizás otra: más trascendental, de perspectiva más larga y más profunda de lo que fue antes, y seguramente más desesperanzada.

Dos preocupaciones sobrevuelan el libro y de alguna manera le dan un sabor especial. No es que estas preocupaciones sean un lastre para el viaje desde Ciudad del Cabo hacia el norte siguiendo el perfil occidental de África. Pero sí que articulan su mirada y las reflexiones que hace llegar al lector.

Una de ellas es personal e íntima. Es la que tiene que ver con la vejez y con los miedos que con ella se generan.  No es un ataque de melancolía de quien descubre que ya no es joven. Es un ejercicio de realidad, una especie de balance que resulta interesante por la personalidad de Theroux y por la perspectiva que aporta quien ha sido un viajero impenitente desde su juventud.
La otra preocupación que revela el libro tiene un carácter más social o más político. En definitiva más actual y que revela el gran dilema que plantea África: tras los últimos cincuenta años, y una vez hemos llegado al presente. ¿Cuál es el resultado de este balance?¿el continente avanza o ha retrocedido? No es fácil contestar a estas preguntas porque son muchos los elementos que intervienen en el juicio. Pero muchas son las informaciones que nos llevan a concluir que estamos ante una catástrofe.

'Mi bisabuelo, el difunto jefe Kabazembi, nunca fue a la escuela pero tenía veinticinco mil cabezas de ganado en 1903, antes de que nos conquistaran. Yo tengo un título universitario pero no soy dueño ni de una gallina' figura en la declaración de un miembro de la etnia herero ante una comisión de la ONU en Dar es Salam.
El viaje que emprende Paul Theroux persigue, entre otros asuntos, ver en qué han quedado las tribus bosquímanas que habitan el África meridional. Unas tribus que han tenido un valor incalculable para la antropología porque resultaban el eslabón humano más próximo a la vida en la edad de piedra. Se trataba de comunidades enraizadas en un mundo que había desaparecido ya del resto del mundo pero que seguía vivo y sostenía a una comunidad humana culta estructurada y autosuficiente.

El mundo de los bosquímanos es solo un ejemplo de un proceso de exterminio y de expolio que ha afectado al continente entero con resultados devastadores. Y que es una pérdida para el conjunto de la humanidad. Theroux es lector tanto como escritor. Conoce la historia y el trabajo de los antropólogos. Sabe lo que encontraron los primeros que se adentraron en el continente y lo estudiaron en el siglo XIX y conoce lo que sucesivamente han escrito los que vinieron detrás.

Los encuentros con personas son el empedrado sobre el que discurren los libros de viajes. Pero en este caso, dichos encuentros encuentran a un testigo informado, atento a lo que escribieron otros y a lo que sus ojos ven, y sin las urgencias de un escritor joven por destacar, jugando con los hechos o las penalidades del viaje.

La miseria que acompaña a estos pueblos 'primitivos' que resultan auténticos monumentos del patrimonio humano, la dureza del clima y las penalidades que pesan sobre los lugares más perdidos pesan también sobre aquellos donde la modernidad supuestamente ha triunfado. A Theroux le puede la curiosidad y las ganas de salir del camino trillado. Por ello las ciudades aparentemente exitosas le descubren -y descubren al lector- sus enormes deficiencias. Se diría que de la mano de Theroux nada es lo que parece.

Pero no tema el lector. El último tren a la zona verde no es para nada un libro apesadumbrado. Y menos aún un panfleto de denuncia. Es un libro ponderado, que huye de los aspavientos, pero que plantea una realidad que invita a una profunda y grave reflexión y que contribuye de manera muy positiva a tomar posición sobre muchos de los problemas que padece África.

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lunes, 21 de marzo de 2016

Cinco esquinas

Cinco esquinas

Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2016
272 pp.

'Me gustó la idea -dice Vargas Llosa- de que la historia se llamase Cinco esquinas como un barrio que, de alguna manera, es emblemático de Lima, de Perú y también de la época en que está situada la historia'


Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2016
272 pp.





En la cresta de la ola, Vargas Llosa publica su nueva novela, acompañada de un potente marketing editorial. Por supuesto, es un éxito y es que, marketing aparte, el maestro escribe de maravilla y tiene oficio para trabar una historia de ficción, que se apega a la realidad, y que mantiene al lector entretenido.

¿Una novela más? Tal vez, pero por lo que a viajes concierne tenía un aliciente: entre intrigas, idas y venidas, como dice la presentación del libro, la novela se convierte en una especie de 'mural de la sociedad peruana en los últimos meses o semanas de la dictadura de Fujimori y Montesinos'. 'Me gustó la idea -dice Vargas Llosa- de que la historia se llamase Cinco esquinas como un barrio que, de alguna manera, es emblemático de Lima, de Perú y también de la época en que está situada la historia'.

Lima, la Lima de cielos grises y de barrios apartados como si de ciudades distintas se tratara queda retratada en el libro a través de una rocambolesca trama donde aparecen políticos, periodistas, policías y gente 'bien': los ricos, encumbrados en la sociedad, con la mirada puesta en escapadas a Miami, en el confort de una vida lujosa y en el riesgo de un entorno donde los secuestros y la inseguridad son el pan nuestro de cada día.

Cinco esquinas no es una novela negra ni propiamente un thriller, aunque haya acción y su dosis de intriga. Es muy especialmente un reflejo de sentimientos básicos, de pasiones e intenciones, de principios morales, de reflexiones políticas, de afectos, de fidelidades e infidelidades que afectan al ser humano y más concretamente a una parte de la sociedad peruana. No estamos en Shakespeare con sus dramáticas incursiones en el alma humana. La disección de Vargas Llosa es más mundana. Tampoco sus personajes son reyes ni grandes señores. En Cinco esquinas volamos a ras de tierra, en medio de una sociedad desencajada y llena de turbulencias, aunque como ocurre en la realidad a algunos les va mejor que a otros. Unos nadan en la abundancia y otros en la puñetera miseria.

Recuerda mucho el planteamiento de Cinco esquinas, e incluso su tono, a El héroe discreto, novela de la que hemos hablado aquí. Vargas llosa desciende a lo más inmediato, a los diálogos entre los personajes, al tono de las palabras, al trato de los unos con los otros, a los afectos, a los engaños y a los miedos. Se diría que El héroe discreto y Cinco esquinas son retablos contiguos de un mismo díptico -por el momento- que retrata a la sociedad peruana en el curso de episodios que tienen en común algunas situaciones excepcionales, que ponen a prueba a las personas y que se resuelven en un tono positivo, esperanzador.

Pero he hablado de situaciones excepcionales y por ahí es por donde Vargas Llosa quiere enviar un mensaje. No son excepcionales. O mejor, no fueron excepcionales porque lo que Vargas Llosa saca a la luz es una violencia anclada en la sociedad, atizada por la guerrilla, el narcotráfico y las altas esferas del estado que han destrozado la convivencia y han corrompido la vida del país para hacerlo casi inhabitable.

Como señala el autor, Cinco esquinas se centra en un período de la historia reciente de Perú que afortunadamente pasó. Es un pasaje de una obra -la historia de un país- mucho más extensa que se va escribiendo con el paso de los años. Pero este pasaje, de dureza singular, pone a prueba a la sociedad. Marca las reglas de un juego tenso y peligroso, donde el día a día se desarrolla con la normalidad que afecta a lo cotidiano. Con esa normalidad que quienes la viven acaban por confundir con la vida misma y a la que acaban por rendirse.

Vargas Llosa nos da un paseo por Perú y lo cuenta en un tono que nos parece conocido, con sus matices y con sus sorpresas bien administradas para el entretenimiento del lector. Sea por tratarse de la última obra del Nobel más famoso, sea por seguirle la ola al marketing editorial, la lectura de Cinco esquinas parece obligada para quien no quiera quedarse fuera de onda.

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martes, 8 de marzo de 2016

Una zona de oscuridad. El descubrimiento de la India

Una zona de oscuridad

V.S. Naipaul
Debate, 2015
294 pp.

'Una zona de oscuridad' seguramente pillará al lector con un pie cambiado porque la India de la que nos habla Naipaul ha perdido en este relato la condición de virtuosa y se enfrenta a un catálogo de miserias de las que casi nadie ha querido hablar.


V.S. Naipaul
Debate, 2015
294 pp.






Es éste un libro curioso que merece la pena leer con cuidado. No es un libro al uso y seguramente pillará al lector con un pie cambiado porque la India de la que nos habla Naipaul ha perdido en este relato la condición de virtuosa y se enfrenta a un catálogo de miserias de las que casi nadie ha querido hablar. ¿Pero es que no es el autor un indio de los pies a la cabeza aunque haya nacido en Trinidad, a orillas del Caribe?¿Es que su familia no ha conservado sus raíces, y su misma piel no es del color de la de los indios?

El libro que ahora se publica por primera vez lleva fecha de 2015 tanto en la versión española como en la de lengua inglesa. Aparece hoy pero es el resultado de un viaje efectuado por Naipaul en torno al año 1963, cuando visita la India y lo hace bajo la influencia de su educación familiar pero también de su mirada de occidental: de la mirada de quien ha visto otros mundos y no se deja arrastrar por los efluvios de la mística o de la veneración romántica de una vieja cultura.

Éste "era un viaje que no debía haber hecho -dice Naipaul-. Partió mi vida en dos". La India que encuentra es, en pocas palabras, un horror, alejada de las bondades que se esforzaban en destacar quienes hablaban de ella desde la literatura. 'Mi India no era como la de los ingleses (...). Mi India estaba llena de dolor (...). De modo que, a pesar de ser escritor, yo no iba a la India de Foster o de Kipling".

Todo lo que Naipaul encuentra es cochambrez, suciedad y degradación. Nada hace pensar en un verdadero progreso. Hasta lo nuevo parece falso porque, a poco que se rasque, la India moderna lleva un lastre que condiciona cualquier proyecto de modernidad y lo corrompe. La India está gravemente enferma. Parece al principio del libro que el autor se deja llevar por la decepción de encontrar un país demasiado pobre y por el rechazo a una miseria para la que busca culpables y los encuentra en los propios indios.

Pero no es así, el ojo experto del autor pretende hacer un diagnóstico y hallar las causas profundas de tanto desastre.  En el aparente progreso de la India, lo que él ve es un resultado estrafalario en el que nada es lo que parece. Lo que se ve por fuera, lo que los indios muestran con sus gestos, no es más que la cáscara de una realidad cuyo interior contiene las semillas del fracaso. La profunda cultura india, esa tradición milenaria que ha penetrado en cada persona y que sigue viva en ella, acaba siendo el veneno que impide a la sociedad avanzar. La obsesión por la jerarquía es uno de sus componentes. Es una parte de ese complejo entramado que mantiene vivas a las castas y que encierra a cada persona en un papel sin salida posible.

La prisión en la que viven los indios es profunda y hace a su sociedad inmóvil y declaradamente ineficaz. Del que barre se espera que coja la escoba, no que limpie como se entendería en el mundo occidental. El destino de cada persona es ponerse en el lugar que le toca, no que realice una función práctica ni que la realice bien. De acuerdo con la tradición, el indio sólo es responsable de ocupar el lugar que tiene asignado. Por ello a nadie molesta que mantener una escalera precise de un operario con un cubo de agua, otro apartando hojas y otro barriendo para colocarlas en el cesto que lleva en la mano un cuarto. Todos ocupan el papel sumiso que les corresponde y ninguno de ellos se siente responsable del resultado de su labor. Y todos -la sociedad entera- están de acuerdo en dejar el espacio natural para que cada cual se sitúe en el lugar donde debe.

En la India el trabajo es degradante, de modo que el rico, para ocupar el lugar que en el complejo cosmos de la sociedad le corresponde, tiene que demostrar que está por encima del mundo laborioso de los pobres. El comerciante rico en la India es un personaje gordo como corresponde a quien desea mostrar que lo suyo es hacer dinero pero no es agacharse para trabajar como los demás. Por ello para Naipaul la cultura India es, a pesar de las apariencias, todo lo contrario a una cultura sutil. Y no se corta en poner ejemplos brutales. “Los indios -cuenta- defecan por todas partes. Defecan sobre todo junto a las vías del tren, pero también en las playas, en las montañas, a orillas de los ríos, defecan en la calle…”

Llevado de la mano de Naipaul, al lector lo más interesante le será descubrir que hay otra lectura de la India que contradice a la que resulta de una mirada superficial: que las apariencias de progreso encierran un engaño. Los modernos ejecutivos, aunque rezumen modernidad y hayan vivido en el extranjero, se siguen casando a través de anuncios en los periódicos y mediante arreglos hechos por las familias. Los que se acercan a los pobres y hacen con ellos alguna obra de caridad no están guiados por la compasión puesto que los desprecian, lo hacen por cumplir con los mismos mandamientos que justifican que los pobres no salgan de su pobreza. Los sastres indios engañan a sus clientes con prendas de baja calidad porque lo suyo es hacer trajes de cualquier manera y colocarlos con sonrisas y reverencias a sus clientes en lugar de ofrecerles un auténtico servicio como se considera en occidente. Los santones que aparentan dedicarse a dios son en realidad unos profesionales del no hacer nada y del vivir de las limosnas.

Naipaul habla de la India de los años 60 y cuenta cosas de las más diversas. La guerra fronteriza con China, que casi nadie recuerda ya, aparece en el libro y sirve también para mostrar las inconsistencias de la India y las dificultades para afrontar el reto de su papel en un mundo moderno. Es verdad que mucho ha cambiado desde entonces. Que lentamente la India ha ido virando hacia el futuro. Pero la mirada de Naipaul sacando a flote el enorme lastre que supone la cultura tradicional y sus antiquísimos libros sagrados sigue siendo válida al día de hoy. El auge de los partidos nacionalistas que buscan reafirmarse en las esencias más profundas de los valores dravídicos muestra que el tema sigue siendo actual y que el enfoque de Naipaul abre un valioso camino para aquellos que desean comprender lo que se cuece en esta India que alcanza la categoría de subcontinente y de la que se espera una presencia cada vez más relevante en el mundo.

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