viernes, 23 de junio de 2017

El crisantemo y la espada

El crisantemo y la espada

Ruth Benedict
Alanza, 2011
384 pp.

Japón se revela no sólo como un país de cultura distinta de la occidental sino también como tan contradictorio que resulta incomprensible. El crisantemo y la espada profundiza en las raíces de la cultura japonesa para ayudarnos a comprender al país y a sus gentes.


Ruth Benedict
Alanza, 2011
384 pp.





El crisantemo y la espada se publicó por primera vez en 1946. Es un estudio de corte antropológico para entender Japón, su cultura y la mentalidad de sus gentes. Y después del tiempo transcurrido la pregunta que surge en primer término es si el Japón del que habla el libro tiene que ver con el Japón actual, si los japoneses no han cambiado tanto desde entonces que poco de lo que en el momento de publicarse el libro era cierto lo es en el momento presente.

Empecemos contando la historia del libro porque tiene su interés. En el curso de la Guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano se plantea cómo interpretar el comportamiento de los japoneses en la contienda, su empecinada resistencia a pesar de su inevitable derrota y sobre todo qué hacer cuando gane la guerra y deba gestionar su victoria. ¿Cómo son los japoneses, cómo tratarlos y qué hacer con el país?

Para afrontar tantas preguntas se dirigen a una de las antropólogas de mayor prestigio en el momento y le encargan el estudio de cómo son los japoneses: cómo son en realidad, más allá de las apariencias. Porque a pesar de que hay mucha literatura escrita sobre ellos, lo que se desprende de lo que han dicho quienes los conocen es, no sólo confuso, sino radicalmente contradictorio. Los japoneses son de una cortesía extrema pero también de una brutalidad extraordinaria. Son de una fidelidad sin fisuras a quienes los mandan pero también rebeldes e insumisos en la misma medida. Son sutiles en sus gustos y sensibles hasta el último matiz, pero son igualmente rudos y descuidados en lo que afecta al cultivo y a la apreciación de la belleza. La ferocidad y el carácter primario del samurái convive con la espiritualidad que emana de la cultura japonesa y ambas, ferocidad y espiritualidad, se entienden hermanadas y formando parte de la misma cosa.

El crisantemo y la espada, un título que refleja la contradicción a la que se enfrenta el estudio, sigue siendo un libro extraordinario. Hay que leerlo con atención porque es un estudio profundo y con más contenido del que pudiera parecer a primera vista. No es el resultado de un análisis periodístico. Va mucho más allá, y paso a paso va abriendo temas con el fino bisturí de conceptos bien asentados para poner orden a esas contradicciones que aparecen una y otra vez y que requieren ajustes muy finos para su interpretación.

Ruth Benedict pone de relieve que Occidente ha estado mirando a Japón desde una cultura, desde una lógica y empleando un sentido común totalmente extraños a la cultura japonesa. Y es justamente un cambio de perspectiva, construyendo nuevos conceptos, lo que se precisa para empezar a comprender el alma japonesa y los principios que la guían.

Un montón de dichos conceptos es lo que nos desvela Ruth Benedict y desmiga para hacérnoslos digeribles a fin de ayudarnos a comprender las líneas maestras que orientan el comportamiento y el punto de vista de los japoneses. On, giri, chu, gimu, haji, jicho…  definen auténticas corrientes subterráneas que condicionan la vida de millones de personas sin que occidente haya sido capaz de percibirlas o de analizarlas en profundidad. Sin que haya podido conjugarlas para entender cómo juegan todas ellas al mismo tiempo y muchas veces en conflicto unas con otras, con resultados aparentemente inexplicables.

Entrando, además, en asuntos tan variados como la historia, la educación de los niños o la religión, el mundo japonés se revela en El crisantemo y la espada como un mundo extremadamente complejo. Pero hay que volver a la pregunta formulada al principio de si la situación al término de la segunda guerra mundial, la que sostiene el análisis que efectúa la autora, tiene todavía vigencia y si los japoneses, más orientados hoy al manga, el anime y la cultura pop, tienen algo que ver con los kamikazes que encomendándose al emperador se sacrificaban precipitándose sobre los barcos norteamericanos.

La respuesta no es evidente y quien visite Tokio o lea a Murakami sentirá la tentación de decir que hablamos de ‘japones’ distintos. Japones que han roto la línea de continuidad que los unía y que no se reconocen siquiera como de la misma familia. Pero no es tan sencillo llegar a esta conclusión que, además, seguramente no es la correcta.

Japón sigue siendo un país opaco. Es un país nuevo en muchas de sus formas de vivir y en el aspecto de sus ciudades que se han occidentalizado de manera evidente. Es un país decididamente moderno. Pero nada de ello impide que las mismas corrientes subterráneas que actuaban cuando la autora emprendió su investigación sigan haciéndolo ahora sobre un tablero de juego actualizado y más orientado al futuro que al pasado.

Carlos Rubio escribió su interesántisimo ‘El Japón de Murakami’ estimulado por la misma pregunta de si el Japón actual guarda o no relación con el mundo y con la cultura de los que procede. Y su respuesta es que si, aunque hubiera podido parecer que no a primera vista.

A pesar de que el encargo que recibió Ruth Benedict sea hoy cosa del pasado, El crisantemo y la espada sigue siendo un libro plenamente vigente, un libro complejo y sin embargo de lectura muy fácil. Quizás demasiado fácil porque invita a disfrutar de él leyendo de corrido cuando tal vez habría que tener papel y lápiz al alcance de la mano para ir apuntando conceptos e ideas que nos van a sonar a nuevos. Un libro que va a abrir nuestros ojos a una realidad que nos es desconocida y que no vendrá nada mal leer antes de visitar Japón o simplemente si se siente curiosidad por conocer mejor el país.

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viernes, 2 de junio de 2017

A la sombra de Europa. Rumanía y el futuro del continente

A la sombra de Europa

Robert D. Kaplan
El hombre del tres, 2017
367 pp.

Rumanía asoma de la mano de Kaplan envuelta en un escenario que la desborda en el espacio, en el tiempo y en un abanico de consideraciones tan complejo como extenso.


Robert D. Kaplan
El hombre del tres, 2017
367 pp.





Rumanía asoma de la mano de Kaplan envuelta en un escenario que la desborda en el espacio, en el tiempo y en un abanico de consideraciones tan complejo como extenso. No podía ser de otra manera viniendo de un autor que ha pasado de expresarse como periodista a hacerlo como analista profundo y profuso.

La Rumanía que presenta Kaplan es la que va a las raíces aunque parta del presente, o de varios momentos del presente. Un viaje justo tras la caída de Ceasceuscu y un par más en época reciente muestran el interés del autor en el país y la necesidad de varias aproximaciones para alcanzar una visión suficientemente reveladora de un lugar complejo, contradictorio y fundamental sino para Europa entera sí para Centroeuropa.

El interés casi obsesivo de Kaplan en profundizar nace siendo él joven y se contradice con el 'esencialismo' con el que lo han etiquetado algunos tras una lectura, quizás demasiado rápida, de su jugoso 'La venganza de la geografía'. Efectivamente, la geografía es la componente de los acontecimientos históricos y del devenir de los países sobre la que más llama la atención Kaplan. Es efectivamente el factor esencial que contribuye a la explicación de multitud de sucesos. Pero no es el único ni condena a la historia a moverse en determinada dirección. Como él mismo avisa, son multitud de circunstancias añadidas las que acaban conformando la realidad y la mueven por caminos a veces imprevisibles.

En sus explicaciones, el autor confiesa sus propios errores y el lector comprende el exhaustivo trabajo reflexión sobre Rumanía para lograr una fotografía completa y comprensible. Kaplan fue ferviente partidario de la intervención militar de los EE.UU. en Irak. Intervención desastrosa con un cúmulo de acontecimientos imprevistos e irresolubles. No se valoró en la medida suficiente, él mismo lo dice, el agudo antagonismos entre sunitas y chiitas que complicó el conflicto hasta el punto de hacer la paz imposible.

En esta estela de apurar en el conocimiento y de no dejar cabos sueltos, Kaplan pone de relieve la condición latina de Rumanía, rodeada de un entorno de países diversos que crearon  su identidad buscando en otras direcciones. Y trae hasta el presente el mundo bizantino, con su poderosa cultura, que tanto influyó en la consolidación de la personalidad del país.

El imperio otomano ejerció, por supuesto, una influencia también determinante y Kaplan se detiene a examinarla al detalle, lo mismo que la relación con Rusia, el otro gigante que pone a Rumanía en una posición de bisagra siempre amenazada por los intereses de las potencias vecinas. Una detallada lección de historia es la que despliega Kaplan con el ánimo de apurar hasta el final los argumentos. Pero no todo queda ahí porque el presente y sus inmediatos antecedentes, ocupan también un amplio espacio en el libro.

La etapa comunista es para Kaplan la traslación a la realidad del peor de los sueños. No es que el comunismo fuera un fracaso y terminara resultando una experiencia cruel para quienes lo vivieron. El comunismo, insiste, se desarrolló en cada país del este de Europa a su propia manera y dio lugar a modelos y formas notablemente distintas. La que tomó en Rumanía fue sin duda la peor. Rumanía fue para Kaplan la Corea del Norte cuando todavía no se había asentado la idea de esta forma tan extrema de régimen dictatorial. Con Ceascescu la Rusia de Kruschov y de Breznev, tan poco dispuesta a tolerar las disidencias, transigió con el vecino que no quiso saber nada de la desestalinización y se mantuvo firme a pesar del decidido giro de sus socios del pacto de Varsovia.

Ahí sí que la geografía, la responsable de ese papel de guardián necesario en la frontera de los Balcanes, volvió a jugar un papel en la resistencia de Rumanía a seguir la evolución que había emprendido su entorno y a convertirse en ese extraño cortijo donde Ceascescu y su poderosa mujer reinaron y al que llevaron a la ruina en un grado muy superior al de cualquier otro país de la órbita soviética.

Un intenso y extenso relato pone a Rumanía en el mapa, hablando del pasado y también del presente. Un relato hecho al hilo de viajes por ciudades y por distintas regiones que hasta no hace tanto fueron reinos y principados con fronteras siempre variables y con rasgos de personalidad propios. A la sombra de Europa exige una lectura atenta, pero es una extraordinaria lección que el lector agradecerá porque va a ayudarlo a comprender no sólo lo que ha sido y lo que es y supone Rumanía en la actualidad, sino también algunas claves de lo que se está jugando ahora en Europa.

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miércoles, 10 de mayo de 2017

Tetuán

Tetuán

Esther Bendahan
Confluencias, 2017
161 pp.

Un Tetuán entrañable -sefardí, español y marroquí al mismo tiempo- es el que nos trae Esther Bendahan echando mano a sus recuerdos de familia.


Esther Bendahan
Confluencias, 2017
161 pp.





Una pequeña colección, Zoco, nos lleva a distintas ciudades del mundo en un recorrido tan abierto como sugerente. Londres, Palmira, Roma, El Cairo, La Habana, Pekín … son algunas de las etapas de un itinerario que no para de crecer y que pone en manos del lector pinceladas, detenidas en el tiempo, de lugares de los que aprender y por los que dejarse llevar. Sólo pinceladas porque se trata de libros ligeros, de pocas páginas, que no pretenden un conocimiento enciclopédico de aquello de lo que hablan sino transmitir el resultado de una mirada, de una composición de lugar, de unas sensaciones que el autor comparte con quien lo lee.

Le toca ahora el turno a Tetuán, la pequeña capital marroquí, y durante un tiempo española, que no ha despertado mucho interés en quienes se han dedicado a la literatura de viajes. Pero cuidado, y viene a cuento de lo dicho más arriba, porque el Tetuán que asoma en este nuevo libro no es un Tetuán entero, no es lo que esperaría uno encontrar en Wikipedia. Se trata de un Tetuán tan real como parcial dado que fija el foco de atención en el entorno judío que, tras la expulsión en España de la población hebrea decretada por los Reyes Católicos, arraigó en la ciudad y prosperó con el tiempo.

La autora, Esther Bendahan, cuenta su propia historia y con ella la de la ciudad en que nació, entonces bajo el protectorado de España. El Tetuán del que nos habla es un Tetuán de tradición sefardí y también española, porque coinciden en su familia la condición judía y al mismo tiempo la peninsular. Si Tánger era un referente como ciudad internacional y multicultural abierta al mundo, Tetuán, mucho más discreta y más marroquí también, compartía con ella el rasgo multicultural y era un espacio de convivencia donde musulmanes, judíos y cristianos mantenían sus tradiciones en medio de la cotidianidad.

Muchos y variados son los temas que la autora trata para ir dibujando esa ciudad sefardita que conoce y añora. Y varios puntos de vista también son los que aporta en un relato donde la voz de quien habla es ella misma de niña y luego de mayor cuando regresa a la ciudad o simplemente cuando recuerda sus primeros años en ella.

La jaquetía, el viejo idioma español que conservaron y fueron modelando con el paso del tiempo los sefarditas del norte de África es uno de estos temas. Como lo es la privilegiada posición de los miembros de la colonia española con sus puestos importantes y con su modo de vida europeo y también las costumbres judías mantenidas como señas de identidad de la familia y que marcaban el ritmo y las maneras de la vida diaria. Las comidas, los vestidos, las fiestas y un largo rosario de anécdotas dan vida a este Tetuán insólito y desaparecido.

El Tetuán de Esther Bendahan es un Tetuán que fue. Que fue hasta hace muy poco pero que desapareció cuando la comunidad judía abandonó la ciudad para buscar asentamiento en otros lugares. Cambió Marruecos, independiente y soberano al fin, y cambió el mundo alterando patrones de convivencia que se habían mantenido durante siglos. Pero no hay duda de que Tetuán hoy es el heredera de alguna parte de esa otra ciudad con fuerte carácter de la que la autora nos habla.

Bienvenida sea esa mirada al recuerdo que ayudará al lector que quiera acercarse a Tetuán a recuperar parte de una riqueza que hoy permanece oculta y que se agradece que Esther Bendahan desvele, aportando valiosas las claves para volver a encontrarla.

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martes, 25 de abril de 2017

A Moscú sin kaláshnikov. Una crónica sentimental por la Rusia de Putin envuelta en papel de periódico

A Moscú sin kaláshnikov

Daniel Utrilla
Libros del K.O.
507 pp.

'A Moscú sin kaláshnikov' es un mosaico fresco, en tono ocurrente y distendido, que nos ofrece Daniel Utrilla para que aprendamos a mirar a Rusia con otros ojos.


Daniel Utrilla
Libros del K.O.
507 pp.





Daniel Utrilla la toma con Rusia, pero no la toma en contra sino a favor. Desde la primera página de este A Moscú sin kaláshnikov confiesa que lo suyo es un enamoramiento, que Rusia es como un imán que tira de él desde la infancia y que su atención ha venido orientada por este país exótico y contradictorio. Atención y también trabajo, porque su oficio de periodista le ha dedicado a cubrir noticias del país al menos durante los once años en que ejerció de corresponsal de el diario El Mundo y fijó su residencia en Moscú.

Periodista aunque un periodista un poco particular es como se describe a sí mismo Utrilla. Sus crónicas han cubierto la vida de Moscú cuando era la capital de ese extraño imperio que era la Unión Soviética y cuando el imperio se derrumbó con la desaparición de la URSS, con el terremoto que ello produjo y con la emergencia de una sociedad distinta, con nuevos personajes y nuevas esperanzas y preocupaciones.

Las crónicas son la vida de los periodistas, son lo que el lector recibe de ellos. Pero a Utrilla las sensaciones, lo que acompaña a los hechos y los domestica o los hace humanos le interesan tanto como los hechos mismos que sostienen los relatos que publican los periódicos. Utrilla escribe en paralelo para él. Toma notas que guarda en un cuaderno para no perder lo que no aparece publicado. Y es la mezcla del escritor de crónicas y de recuerdos, de hechos que van al punto y de reflexiones que los envuelven, de historia y de historias lo que compone la masa que se cuece en este Moscú sin kaláshnikov.

Moscú figura como protagonista en el título, pero once y más años con la atención puesta en Rusia dan para ampliar el radio de lo que abarca la mirada hasta mucho más lejos. De entrada Rusia desconcierta por su inmensidad. Una inmensidad a la que Utrilla saca punta porque le gusta juguetear con la inteligencia y desperezar las neuronas buscando un relato nada convencional. El humor acompaña al texto y el deseo de resaltar Rusia como algo tangible e imponente y no como un territorio lejano del que no recibimos más que noticias que poco nos importan llevan al autor a escorarse hacia una caricatura que el lector acepta como parte del juego.

¿Por dónde sacude Utrilla al lector adormecido para llevarlo a su realidad? Pues por todas partes por donde puede asomar una punta de curiosidad y por donde el enorme país se muestra y muestra su temperamento y su disparatada diversidad. A Rusia, nos recuerda, le debemos "desde las enormes novelas de Tolstoi y Dostoyevski que marcaron el rumbo de la literatura universal, hasta la experiencia del comunismo (que mostró a occidente que aquel no era el camino), el Spútnik, la tabla periódica de los elementos, Lolita, la radio (inventada por Alexánder Popov en 1895, y no por Marconi, según dicen por aquí), el Tetris, los tanques T-34, el vodka, Natalie Wood (de verdadero nombre Natalia Zajarensko), la ruleta rusa, la novia de Cristiano Ronaldo, el constructivismo o la organización del mundial de fútbol de 2018."

Como dice en la contraportada "este libro (...) es una guía para perderse. Para perderse por Moscú, por sus calles, barrios e iglesias y torres estalinistas, pero ante todo es una guía para perderse entre sus gentes, entre personajes reales que pasan por literarios (desde el embalsamador de Lenin, al sexólogo que conserva el pene de Rasputin, pasando por taxistas uzbekos forofos del Real Madrid, veteranos de guerra, modelos, oligarcas, inventores locos (...), y entre personajes literarios que pasan por reales (el príncipe Bolkónski, Natahsa Rostova, el doctor Zhivago)."

Un mosaico fresco, en tono ocurrente y distendido es lo que nos ofrece Daniel Utrilla para que aprendamos a ver Rusia desde otro ángulo. Para que esbocemos una sonrisa y relajemos el ceño que corresponde a la versión inquietante a la que estamos acostumbrados. Tal como reza el subtítulo estamos ante una crónica sentimental. Nada mejor que dejarse llevar por ella para mirar a Rusia con otros ojos.

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miércoles, 29 de marzo de 2017

Siria , el país de las almas rotas. De la revolución al califato del Isis

Siria , el país de las almas rotas

Javier Espinosa y Mónica G. Prieto
Debate, 2016
454 pp.

Si hubiera una sola recomendación a hacer sería no viajar a Siria. Pero conviene la lectura de 'Siria, el país de las almas rotas', para comprender su presente y recordar que ha sido un país acogedor y amable hasta hace no tanto tiempo.


Javier Espinosa y Mónica G. Prieto
Debate, 2016
454 pp.





Puede no resultar apropiado hablar de Siria, de la Siria actual, en un espacio dedicado a la literatura de viajes. Si hubiera una sola recomendación a hacer ésta debiera ser no visitar el país cuando, además, están huyendo de él sus habitantes abrumados por una guerra que lleva años destruyendo pueblos y ciudades y que se desarrolla en medio de una extrema crueldad sobre la población civil.

El caso es que conocimos una Siria acogedora y culturalmente deslumbrante hasta hace bien poco tiempo y por ello mismo conviene no olvidarla y ocuparse de qué ha sido de ella en los últimos años.

Javier Espinosa y Mónica G. Prieto conocieron el país hace ya tiempo y cubrieron como corresponsales de guerra los últimos conflictos del Oriente Próximo. Siria y la escalada de violencia que se desató después de la llamada primavera árabe ocupó su atención y los convirtió en testigos de un proceso que se inició como revuelta y terminó en guerra abierta con el estado islámico como uno de los protagonistas, el gobierno de Damasco en frente, diversas milicias acompañándolos  y la intervención internacional del signo más diverso para completar el reparto.

Javier, además de periodista, ocupó el difícil papel de rehén del Estado Islámico junto a otros occidentales secuestrados como él. Vivió momentos de extrema dureza y tuvo la oportunidad también de conocer las entrañas de ese extraño califato que se impuso en un amplio territorio con una política de terror convertida en su principal seña de identidad.

Siria, el país de las almas rotas es el relato de un camino al infierno. Cuenta lo que los autores presenciaron de primera mano cuando quisieron entrar en el corazón de la revuelta para contar lo que allí ocurría. No fue tarea fácil y el lector se ve enseguida sometido a la tensión de la vida clandestina de los movimientos y organizaciones enfrentados al régimen de Bashar al Asad. Su testimonio es duro porque se basa en la confrontación asimétrica entre una población al principio desarmada y un ejército con poderosos medios para reprimirla. Y continúa con el enfrentamiento entre las tropas del gobierno y cada vez más milicias, con la población siempre en medio y sufriendo las peores consecuencias de una guerra que terminó siendo de todos contra todos.

¿Es real lo que cuentan los autores? Sin duda ninguna. Con su libro ponen sobre todo de relieve el sufrimiento de la población y la responsabilidad de un régimen que impuso a su propio pueblo sufrimientos sin fin. El suyo es casi un 'diario' escrito por un observador en primera línea sobre el nacimiento de una guerra y la destrucción de una sociedad. Pero es también cierto que elude el análisis más amplio, el pasado histórico y el contexto internacional que explican buena parte de los acontecimientos.

No se trata de un reproche porque el libro es en definitiva el testimonio personal de algo tan real como es una guerra, un testimonio conmovedor y también un relato lleno de desasosiego. Porque, además del desastre que supone para la población, el conflicto acaba por doblegar la pasión 'revolucionaria' que alentó la primavera árabe con su genuina aspiración de libertad para convertirla en el oscuro callejón donde encuentra su caldo de cultivo el Estado Islámico.

El secuestro de Javier abre la ventana a un testimonio distinto, sórdido, cruel, arbitrario y extremadamente peligroso. Una nueva ideología que nada tiene que ver con el espíritu de libertad que guió los primeros pasos de la revuelta se impone con unos líderes al frente que ya no son idealistas ni profesionales de ningún ejército. Ahora son delincuentes los que han escalado los primeros puestos de la autoridad y los que mejor manejan el ejercicio del terror con el que se imponen.

El país de las almas rotas como reza el título es seguramente lo que mejor define a la Siria de hoy y lo que mejor muestra el libro de Javier Espinosa y de Mónica G. Prieto. No es un libro superfluo. Sería bueno leerlo con una cierta distancia para 'distribuir' mejor las responsabilidades de una situación donde hay demasiadas manos implicadas y demasiadas de ellas en la sombra. Pero es aleccionador asomarse al sufrimiento y también al nacimiento y al desarrollo de una barbarie que hubiera debido evitarse.

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martes, 21 de marzo de 2017

Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán

Palmeras de la brisa rápida. Un viaje a Yucatán

Juan Villoro
Altaïr, 2016
186 pp.

Con un tono vivo y creativo, Villoro nos muestra en "Palmeras de la brisa rápida" un Yucatán envuelto en una atmósfera de nostalgia y cariño que sólo quien ha echado raíces en el lugar puede expresar.


Juan Villoro
Altaïr, 2016
186 pp.





Con un arranque vivo y animoso, casi sin dar tiempo al lector a entrar en el libro, en tono locuaz y con la mente inquieta es como Juan Villoro abre este singular Palmeras de la brisa rápida, cuyo título es una suerte de peripecia que invita a quien lee a dejarse llevar por caminos apartados de la rutina, abiertos a la sorpresa. Un vocabulario amplio, inesperado, del que el autor exprime el significado como si jugara con él sirve para llevar el relato por un terreno donde la ironía y el humor se encuentran. Un relato sobre un viaje a Yucatán tranquilo, de quien no tiene prisa, siguiendo la estela del recuerdo de una abuela que vivió en aquellas tierras y que dejó una huella aún presente en la memoria del autor.

Un lenguaje de sentido inesperado, hecho de términos elegidos para sugerir imágenes y producir sorpresa reclama la atención del lector, entretenido en ese continuo jugar con las palabras que evita la rutina de los significados previstos y muestra que hay vida más allá del diccionario.

"La bolsa femenina es uno de los lugares más dramáticos de las postrimerías del siglo. Lo que ahí cae se hunde como en un mar de los sargazos, entre espejitos, pinceles de tres tamaños, cepillos, papeles, media galleta, cajitas misteriosas y pesos profundamente ahogados."

Está claro que este no es el relato de un viaje al uso. Ni el autor del relato es un viajero convencional y lo sabe. Por ello, se deja llevar por una cierta indolencia, se entretiene en las cosas pequeñas y observa alrededor como haría un escritor algo perezoso a quien la cuartilla en blanco le inquieta más que lo atrae y que no tiene prisa por ponerse a escribir.

Villorio se alía con el lector cuando confiesa lo difícil que es darle vuelo a un relato si quien escribe no es García Márquez. Cualquier cosa que cuente un 'famoso' parte con un plus de interés por trivial que sea, y destaca por encima de lo que pueda contar un desconocido. Seguramente por ello, nuestro autor juega con el tono y con el rico matiz que tienen las pequeñas cosas. Y con ello abre su propio camino en el que entra el lector con la mirada atenta, atraída por la curiosidad.

El Yucatán al que nos lleva Villorio no es el de las grandes ruinas maya. Es el de una comunidad seducida por nombres femeninos al estilo de Leidy o de Deisy o de Norah Eli Chen que marcan una forma de vivir y las aspiraciones de toda una generación. Y es que el Yucatán ha vivido hasta hace nada aislado, sin contacto con quienes pudieron seguir el curso de la modernidad. Incluso el idioma, el español, no es el mismo que se habla en México D.F. El español de Yucatán mezcla sonidos mayas con resabios cubanos como corresponde a un lugar al que le ha sido más fácil mirar al Caribe que a tierra adentro.

Villorio nos habla de la música, la de hoy y la que se está perdiendo, dulzona y provinciana , del bambuco y de la trova, recordando a grupos musicales y a compositores antiguos. Y busca para el lector señas de identidad como ese deje poético que sale del cancionero y que no pue
de reflejar mejor el alma del país cuando se deshace en sensualidad y susurra algo así como 'mi boca besará la caoba de tu melena bruna...'

Parte de la poesía del Yucatán que transmite Villorio contiene los aromas del bolero. Habla, como si nada, del fracaso del país y de su gente. Un fracaso dulce. Unos personajes con el brillo de una gloria que no se asienta porque acaba por escapar, por quedar en nada, relegados como el Yucatán entero a la oscuridad.  Pero la aceptación de un destino tan pobre, cuando se combina con un toque de ironía, se convierte en lucidez. Más que resignación resulta el reconocimiento sin complejos de un cierto fracaso que no es otra cosa que el hecho de haber conservado la condición provinciana en un mundo que sólo atiende a la modernidad.

Villorio nos muestra un Yucatán que sigue sin salir del segundo o del tercer mundo pero no como un defecto sino como un signo de identidad. Y nos lo muestra envuelto en una atmósfera de nostalgia y cariño que sólo quien ha echado raíces en el lugar puede expresar. Quien desee hacer un recorrido más vital que geográfico por Yucatán y pasar un buen rato de lectura tiene ahora la ocasión de hacerlo con este Palmeras de la brisa rápida de título tan desconcertante.

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viernes, 24 de febrero de 2017

Al sur del Mar Rojo. Viajes y azares por Yibuti, Somalilandia y Eritrea

Al sur del Mar Rojo

Luis Pancorbo
Almuzara, 2016
186 pp.

'Al sur del Mar Rojo' cuenta un singular viaje por una región de la que nadie habla, trae noticias y reflexiones que al lector le van a interesar y nos acerca tanto al pasado como a la vida actual de una región de la que no sabemos casi nada.




Luis Pancorbo
Almuzara, 2016
186 pp.





Tiene Pancorbo una forma de escribir compleja y que lo define. Desordenada, verbal, como si en lugar de escribir estuviera hablando, improvisando su discurso, saltando de un tema a otro, en un continuo ejercicio de asociación de ideas. Pasa de un tiempo a otro, de un tema al siguiente para regresar en un rato al primero. Se entretiene en una película, lo mismo que en especulaciones históricas, que en el fundamento del capitalismo según Pikertty, o en la diosa Kali.

Y este discurso de guerrilla se ajusta al de su viaje que, para empezar, es cualquier cosa menos convencional. ¿A quién se le ocurre ir a Somalilandia, le preguntan, siendo un país que existe de manera poco convencional y que ni siquiera está reconocido por la ONU?  En definitiva a quién se le ocurre ir al Cuerno de África, el lugar menos recomendable de la tierra.

La pregunta, más que pertinente, es, por supuesto, el atractivo que con más fuerza moverá al lector a hacerse con el libro y a empezar a leer. Lo curioso es que a estas alturas exista en el planeta esa especie de agujero negro que no tiene paralelo en ninguna otra región de ningún continente. Un agujero negro a orillas de una vía marítima de importancia extrema que como si se tratara de un lugar maldito a nadie le interesa pisar. Pancorbo lo hace y lo hace por pura afición. Por quitarse la espina de no haber ido. Por no dejar un lugar en el mapa de África en blanco. Y lo hace solo, con una mochila y una cámara de fotos con la que no siempre se sentirá cómodo.

Porque la realidad es que el viaje no va a ser cómodo ni agradecido en muchas de sus etapas. Somalia, o lo que fue la antigua Somalia, no es bocado fácil ni para un viajero avezado. Eritrea, Yibuti y Somalilandia empiezan por tener climas y paisajes de dureza extrema. Y acaban por ser lugares devastados por guerras más o menos recientes y por conflictos que amenazan su supervivencia. Calor, sequedad, frío incluso en regiones altas, donde no quedan más que algunas cabras en un paisaje absolutamente inhóspito, son las constantes que definen a un amplio territorio que ha quedado al margen de lo demás. Y justamente por eso, por tratarse de un lugar al margen, es por lo que el lector le agradece al autor la ocurrencia de haber elegido estos países y el detalle de contarnos su experiencia.

La primera pregunta que se hace el lector es si emprender el viaje no será meterse en la boca del lobo. Y la respuesta es que puede ser que un poco sí lo sea. No es este un viaje confortable. Ni confortable para el cuerpo ni tampoco para el espíritu, a pesar de que Luis Pancorbo exprima su aventura y alcance a extraer de ella algunos momentos que se acercan a la felicidad. Algunas sensaciones en el desierto, paisajes que parecen de fuera de este mundo, las aguas transparentes del Mar Rojo resultan experiencias extraordinarias. Pero la dureza del lugar pesa a veces como una losa que lo envuelve todo. Se diría que es una región de la tierra con poco espacio para el goce. El inmenso calor y la aridez extrema se unen a una vida que ha quedado amortiguada por esa marginalidad que la mantiene del otro lado de las fronteras del mundo, por unas guerras latentes en muchos casos, como contenidas en una especie de tregua, y por una indolencia a la que contribuye tanto el entorno como esa cultura del kat que suspende la actividad a partir del mediodía cuando llega la hora de mascarlo para que discurra la tarde de manera más plácida de lo que sería vivirla a pelo, con todo el calor y sin mucho a lo que dedicarse.

Pancorbo evita Somalia, aunque hable de ella. Su recorrido empieza por Yibuti, sigue por Somalilandia y acaba en Eritrea. ¿Pero no son un poco lo mismo?, se preguntará el lector. Un poco sí porque componen lo que se dio en llamar la Gran Somalia, pero su composición a base de tribus, lenguas, intereses y fidelidades diversas ha acabado por dispersarlas en lugar de unirlas y por hacer de ellas países distintos. La herencia colonial, la presencia de Italia, de Francia, de Inglaterra... contribuyeron también a ello, lo mismo que la de Etiopía, el vecino gigante -en cuanto a extensión y a población se refiere- sin salida al mar y que no llegó a entenderse con tribus de las tierras ribereñas a pesar de compartir con ellas lenguas, parentesco e historia.

De todo ello nos habla Luis Pancorbo en su libro. En su relato se detiene en cada uno de los países y en sus particularidades y sobre todo en Eritrea, quizás el menos conocido por los lectores y sin embargo el más estable y el que más rasgos en común tiene con Europa. Algo quedó de la intensa presencia de Italia que quiso construir en el país una colonia ejemplar y una cabeza de puente para expandirse por África.

Al sur del Mar Rojo es sin duda un libro novedoso. Habla de un singular viaje por una región de la que nadie habla, trae noticias y reflexiones que al lector le van a interesar y se refiere tanto al pasado como a la vida actual de la que sabemos tan poco. Merece pues la pena la lectura de lo que resulta 'una rareza' con la que el lector podrá empezar a llenar un hueco que hasta ahora había en la literatura para su conocimiento del mundo.

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martes, 31 de enero de 2017

Constantinopla, eterno viaje a Ítaca

Constantinopla, eterno viaje a Ítaca

Théophile Gautier y Konstantinos Kavafis
Círculo de Tiza, 2016
475 pp.

Théophile Gautier, Kavafis y una magnífica colección de ilustraciones se alían para hablarle al lector de Constantinopla, en un libro tan apetecible de leer como cuidado y agradable de tener entre las manos


Théophile Gautier y Konstantinos Kavafis
Círculo de Tiza, 2016
475 pp.






Un nuevo dueto sale de las manos de Círculo de Tiza y llega a las librerías. Si antes se reunieron Kipling y Nitobe para hablar de Japón, o Darwin y Melville para hacerlo de las Galápagos, ahora son las voces de Théophile Gautier y Kavafis las que suenan y acompañan al lector a Estambul. O mejor a Constantinopla como reza el título del libro, cediendo a la idea romántica de la poderosa capital de Oriente, siempre misteriosa y desconocida.

Aunque esta vez el libro es menos simétrico en cuanto al contenido que aporta cada autor, sin que ello importe. Es más, enriqueciéndolo, porque al texto masivo de Théophile Gautier le acompaña Kavafis cuya participación en forma de leves pinceladas de poesía se convierte en un sutil aroma y en poderoso ejercicio de solidez en la expresión.

Kavafis es la concisión. Sus poemas son parcos en palabras y precisos. Nada sobra en ellos ni es excesivo. Y poco es el espacio que ocupa en las páginas del libro. Théophile Gautier, a su lado, ejerce de mago de los sentidos. Es el viajero que todos hubiéramos querido ser: culto, atento al detalle, abierto a la belleza, encantado en el encuentro con lo diverso y locuaz.

Lo suyo, lo que recoge esta Constantinopla de la que estamos hablando, fueron crónicas publicadas en periódicos para llevar a los lectores de una sociedad que aún no viajaba a mundos cargados de exotismo ahorrándoles penalidades y ofreciéndoles todos los elementos de disfrute que un espíritu curioso y ansioso por descubrir otros mundos era capaz de desvelar.

Descripciones exhaustivas de los cafés o de las calles y las casas o de los vestidos y del aspecto de las personas se abren paso en los relatos Théophile Gautier. Surgían de su gran capacidad para describir ambientes reparando en los toques sutiles de cada atmósfera o de la particularidad de los sonidos o de la coloración del humo que desprende una pipa. Detalles que permiten descubrir los matices de la cultura y de la vida las gentes de cada lugar y compararlos luego, para destacar el contraste, con los propios del occidente de la época. Un occidente que al lector hoy le parecerá casi tan exótico como le debió parecer oriente a Théophile Gautier cuando escribía sus crónicas.

La ausencia de cualquier señal que signifique prisa está presente en todo lo que Théophile Gautier cuenta y tiñe su relato. De ahí la importancia del detalle, la demora en cualquier tema para detenerse en él y descubrir sus esencias. Las boquillas que se ofrecen a los fumadores en las tiendas del bazar o las tiendas mismas y los comerciantes que las atienden son objeto de una mirada meticulosa que sabe poco de urgencias. La mirada de quien se convierte en un conversador exquisito o en un autor capaz de cautivar a sus lectores con sus finas y bien traídas observaciones.

Pero hay más, porque en este caso, en lugar de dueto, sería más propio hablar de trío para referirnos a las voces que se dirigen al lector. Voces cuya expresión comprende también las ilustraciones, abundantes y afortunadas todas ellas, que han sido cuidadosamente elegidas para dar vida al libro.

Como en otros títulos de la misma colección, en esta ocasión la edición ha sido igualmente meticulosa con los detalles. Ha consistido en un trabajo exquisito y atento a destacar lo mejor de cada una de las páginas del libro. Y ha resultado una labor de la que disfrutará el lector no sólo leyendo sino también teniendo entre las manos un objeto bello con el que entretenerse hojeando las páginas sin prisas y gozando con la mirada tal como hubieran querido, sin duda, sus autores.

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lunes, 16 de enero de 2017

El Mar Negro. Del siglo de Pericles a la actualidad

El Mar Negro. Del siglo de Pericles a la actualidad

Neal Ascherson
Tusquets, 2016
356 pp.

Muchos han sido los protagonistas de la compleja historia vivida a orillas del Mar Negro. Neal Ascherson habla de ellos con detalle en este libro que retiene la atención del lector desde la primera página hasta el final.


Neal Ascherson
Tusquets, 2016
356 pp.





El mar negro es y ha sido a lo largo del tiempo un espacio en permanente agitación. Una agitación atemperada en algunos momentos, viva en muchos otros, en la han tenido parte pueblos, comunidades, razas diversas que  convivieron o que chocaron, que se establecieron y desplazaron en el curso de la historia. Su situación como puente entre Asia y Europa convirtió a este mar y a su contorno no sólo en un espacio de paso sino también en tierra de frontera que disputaron y defendieron imperios y reinos diversos. Y que aprovecharon, con los vientos volubles de la fortuna, los pueblos que se asentaron en sus orillas y en los lugares próximos.

El subtitulo: 'Del siglo de Pericles a la actualidad', da la medida de la ambición del libro y también de su gran interés. Casi tres mil años de historia es mucho aunque se hable de lo que parece un extremo de Europa y que sin embargo ha sido fundamental en el devenir del continente entero. Lo ha sido tanto en el pasado como lo está siendo en el presente. Desde los griegos, los pueblos que del centro de Asia se movieron hacia occidente y penetraron hasta su extremo en la península Ibérica, los romanos, en esa prolongación histórica que fue el imperio bizantino, los otomanos, los rusos, incluso los polacos... todos tuvieron fuerte presencia en el lugar y todos siguen pesando hoy, en un presente que no solamente continúa siendo inestable sino que es un peligroso foco de conflictos. Crimea, el Cáucaso, Ucrania, la misma Turquía, Armenia, Georgia parecen asomadas a un volcán de comportamiento imprevisible.

Este Mar Negro que acaba de publicarse es la afortunada reedición del mismo libro, agotado hace unos pocos años y que reaparece con alguna actualización porque la región no ha dejado de moverse y  acontecimientos como la anexión de Crimea por parte de Rusia han modificado la configuración de los poderes y creado momentos de fortísima tensión hace bien poco.

Neal Ascherson, el autor, es un profundo conocedor de la región, de su historia y también de su realidad presente. Pero no es solo una abrumadora cantidad de información la que aporta al lector sino, y sobre todo, una muestra de fina sensibilidad para la interpretar la historia. Una historia tan compleja como diversos fueron los orígenes de los pueblos que tuvieron presencia en el lugar. Baste pensar en los griegos, de un lado, y en los escitas y los sármatas, de otro, nómadas procedentes de las estepas asiáticas, con los que los primeros comerciaron, convivieron y se mezclaron. "Durante tres mil años, interrumpidos por conflagraciones y oscuridad, los habitantes de estos lugares han llevado cuentas, leído y escrito libros, aplicado medidas urbanísticas aplicando la geometría, discutido asuntos literarios y políticos de alguna lejana metrópoli, se han encarcelado unos a otros, se han repartido terrenos para construir templos de religiones incompatibles, han adelantado el pago de la remesa de esclavos de la temporada siguiente..." nos cuenta el autor.

Esta ha sido la historia del Mar Negro hasta hoy. ¿Los griegos? Lo de los griegos fue hace mucho tiempo aunque Neal Ascherson se detiene en ellos y nos los acerca. Pero también profundiza en los turcos y por supuesto en los rusos que desde Catalina la Grande empujaron las fronteras de Rusia hasta las orillas del mar y dieron comienzo a una era de fricciones con Turquía que terminarían una y otra vez en guerras. Y hasta Putin, pasando por el malhadado Beria y por Stalin, georgianos ambos y responsables del desplazamiento de tártaros y de cosacos que vuelven a asomar ahora la cabeza con el conflicto de Crimea.

La realidad es que el Mar Negro ha sido un crisol donde se han fundido innumerables historias y la labor de Neal Ascherson ha consistido en investigar en su interior, extrayendo los elementos que lo conforman, para desvelar la identidad y el devenir de los numerosos pueblos que vivieron en su entorno. Pero también para llamar la atención sobre lo incierto que resulta hablar de identidades y sobre la fragilidad de los hilos que definen a etnias y a naciones.

"Los que reivindican la 'pureza' del linaje en sentido genético -dice- son mestizos en mayor o menor medida. Incluso los pueblos montañeses aislados, encontrarían en su árbol genealógico (...) una criada griega, un mercachifle judío, un tratante de ganado mingreliano, una viuda de oficial ruso, un leñador armenio, una esclava circasiana, un bandido alano oriental, un refugiado persa, un magistrado árabe."

Todos ellos forman el entramado que sostiene la historia del Mar Negro, todos son sus protagonistas y todos están unidos por lazos más o menos fuertes de familia. Todos han dejado de una u otra manera su huella y juntos nos ayudan a entender algo mejor lo que se mueve en este enclave apasionante donde se encuentran Europa y Asia. Neal Ascherson lo cuenta con detalle en este libro que retiene la atención del lector desde la primera página hasta el final.

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jueves, 5 de enero de 2017

La aventura, justo una idea

La aventura, justo una idea

Edición a cargo de Pilar Rubio
La Línea del Horizonte, 2016
295 pp.

'La aventura, justo una idea' es un libro para la reflexión. Con él, los aficionados a los viajes tendrán la ocasión de moverse entre las bambalinas de este espectáculo emocionante que resulta viajar.



Edición a cargo de Pilar Rubio
La Línea del Horizonte, 2016
295 pp.





La aventura es…  La aventura es muchas cosas y todas ellas relacionadas con la inclinación a avanzar hacia lo desconocido, hacia los espacios donde reina la incertidumbre y por caminos en cuyo extremo se adivina una recompensa que justifica el riesgo.

La aventura es casi como la vida y ha formado parte del espíritu de los viajeros, de aquí que La Línea del Horizonte haya dedicado la atención a entrar más a fondo en el tema y a tratar de desvelar lo que se halla en las raíces de esa inclinación que ha empujado al hombre a atreverse más allá de lo conocido, más allá de la rutina o de lo convencional a lo largo de la historia.

Tantos son los espacios -intelectuales, geográficos, económicos…- por los que puede transcurrir la aventura y tantas las razones y los matices que están tras el motor que empuja a los hombres a emprenderla que no es fácil llegar a una conclusión que resulte de un solo punto de vista. De ahí que el libro que comentamos haya preferido presentarse como un compendio de escritos por parte de autores muy distintos que aportan tantas visiones como ángulos pueden encontrarse para abordar el tema.

Y de ahí también este sugerente ‘justo una idea’ que acompaña al título y que predispone al lector a ampliar sus horizontes para entender que el desafío que acompaña a la aventura tiene componentes diversas que modulan su naturaleza y la hacen distinta en cada caso. El aventurero, el profesional que saca un provecho económico de su empresa, no es lo mismo que quien se aventura con el ánimo de explorar lo desconocido o de descubrir sus propios límites. Lo que espera cada uno es distinto y lo que le empuja también.

Los filósofos se ocuparon de la aventura, lo mismo que los novelistas, antropólogos y sociólogos y que los viajeros que escribieron sobre sus propias experiencias. Por ello, el libro que nos ocupa ha reunido a unos cuantos de los autores más significativos interesados en el tema, eligiendo también una variedad de puntos de vista y de sensibilidades que ayudan al lector a contemplar un universo lo más amplio posible.

Los textos de Simmel y Vladimir Jankélévitch, entre los filósofos, comparten espacio con un escrito breve de Conrad, con las reflexiones de Carlos Muñoz, Fernando Savater o Rafael Argullol, por hablar de autores más próximos, y con las aportaciones de escritores más cercanos a la literatura de viajes actual como Javier Reverte, Patricia Almarcegui, Javier Cacho, Juan Pimentel….

La aventura, justo una idea es un mosaico de textos para la reflexión. Para entrar en el meollo de esa disposición que ha acompañado al género humano desde sus orígenes y que ha sido fundamental para alimentar el interés por viajar y por vivir, a través de la literatura, los complejos sentimientos de quienes cedieron al impulso de lanzarse a lo desconocido. Los aficionados a los viajes tienen en La aventura, justo una idea la ocasión de moverse entre las bambalinas de ese espectáculo que resulta viajar (o si se quiere vivir) para comprender un poco mejor aquello que lo mueve. Y tendrán la ocasión de ponerse en la piel de sus autores favoritos cuando, con un libro en las manos, viajen con ellos a través de sus relatos.

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