martes, 17 de diciembre de 2013

Nudos

Nudos

Nuruddin Farah
Siruela 2013
464 pp.

Merece la pena la lectura de 'Nudos' porque ayuda a entender algo mejor la complicada realidad de Somalia y, en general, del Cuerno de África...



Nuruddin Farah
Siruela 2013
464 pp.






No resulta nada fácil encontrar un libro cuyo contenido esté centrado en Somalia. El colapso del estado, su apropiación por los señores de la guerra con un poder fragmentado, sostenido por clanes, subclanes, familias y partidas del género más diverso, su sustitución por los tribunales islámicos, la intervención extranjera, el regreso de los señores de la guerra... acabó por borrar el país del mapa. Y la realidad es que Somalia se ha eclipsado y solo aparece para dar noticia de un acto de piratería o de algún episodio militar aislado en torno a su capital Mogadiscio.

Pero Somalia sigue existiendo como sigue existiendo la población somalí y por dar testimonio de ello es por lo que Nudos merece la atención del lector.

Una mujer joven, somalí, emigrada a Canadá antes de que el país entrara en barrena envuelto en la violencia, decide regresar a Mogadiscio. Su vida adulta ha transcurrido en América, pero su corazón está en Somalia y vuelve empujada por dos objetivos que el autor utiliza para dar vida a su novela. Uno de ellos es recuperar la propiedad familiar de la que se ha apropiado un señor de la guerra. El otro es hacer algo por la paz, o al menos en favor de la vida en este país destrozado.

Las líneas de fuerza del relato son poderosas y dan cuerda de sobra a la ficción. Como la da también el paisaje de una ciudad peligrosa, instalada en la violencia y cada vez más complicada porque cada vez queda menos para satisfacer a los depredadores y contener el uso de las armas cuyo empleo no responde ya a nada.

"Allá donde -nuestra protagonista- mira sólo ve casas en ruinas, casas sin techo, farolas con los cables arrancados, ventanas sin cristal, un Mogadiscio saqueado y destruido. A su alrededor, ve mujeres con chadores baratos, hombres con sarong y chanclas y las armas colgadas al hombro en bandolera".

Las dudas, la tensión que genera el entorno y la descabellada pretensión de desalojar de su casa a un cacique de la capital da a una novela casi de aventuras un toque psicológico que acaba poniendo en cuestión la solidez de la trama y la de su protagonista. Y es que la vida en Mogadiscio no perdona y pone a prueba el temple de las personas y la verosimilitud de cualquier aventura que se propongan emprender entre los restos de la ciudad malherida.

Si algo pone de relieve Nudos es la imposibilidad de reflejar en toda su magnitud el dramático desamparo de la población víctima de un naufragio colectivo. Un naufragio gobernado por la ley de una violencia tan inevitable como arbitraria que ha destruido al país y a su gente. Nudos abre una ventana a esta realidad de la que hay cada vez menos noticias. Por ello su lectura merece la pena y ayuda a entender algo mejor la complicada realidad del Cuerno de África.

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lunes, 25 de noviembre de 2013

Vagabonding. El arte de viajar por el mundo

Vagabonding. El arte de viajar por el mundo

Rolf Potts
Duomo, 2013
227 pp.

Rolf Potts le propone al lector abandonar la rutina gris a que nos lleva la vida cotidiana y apostar por otra forma de estar en el mundo, la del vagabonding, la de viajar sin prisa, la de detenerse a saborear cada momento...



Rolf Potts
Duomo, 2013
227 pp.





Rolf Potts es un tipo jovial y positivo. Va de 'suelto' por la vida y va de teórico, pero de una teoría que rechaza echarle codos a nada. Lo suyo está más cerca de la contracultura. Representa a una generación que quiere sacarle provecho a la vida. Y eso es lo que propone al lector: abandonar rutina gris a que nos lleva la vida cotidiana y apostar por otra forma de estar en el mundo, la del vagabonding, la de viajar sin prisa, la de detenerse a saborear cada momento, la de echar la hebra con quien encuentra en el camino y no dejarse llevar por un programa que haya que cumplir. Cada momento ofrece la posibilidad de seguir o de quedarse en el mismo sitio, de cambiar de rumbo, de gozar de las oportunidades que se descubren cuando se vive atento al presente y con pocas ataduras y ese es el objetivo del viaje cuando se viaja de verdad.

Por todo ello, la corriente que discurre por este vagabonding que pretende animar al viajero a emprender un largo viaje es más 'filosófica' que práctica, aunque el lado práctico no está excluido en el discurso de Rolf Potts.  Vagabonding no es un libro de recetas para el viajero. Está lejos de las maneras del Corán que da instrucciones concretas para los más diversos asuntos de la vida. Lo suyo está más próximo al Nuevo Testamento con sus recomendaciones para una vida ejemplar, con aspiraciones de bondad y con el deseo de construir una moral que en este caso pasa por el viaje como modo para lograr la felicidad en esta vida.

Pero que nadie entre en pánico pensando que Vagabonding será un libro de letanías. Rolf Potts ya previene al lector de que no se trata de un libro tristón ni tampoco de autoayuda para sacarnos del hoyo de las miserias cotidianas. Vagabonding, nos dice, 'es una actitud vital (...) tiene que ver con la prosperidad y las posibilidades que ofrece la era de la información para propiciar un crecimiento de las opciones personales en vez de las posesiones personales'. Esto es, nos propone abrir la mente y considerar que ese viaje que puede durar un año o media vida y que nos lleva hacia experiencias distintas y más humanas no es sólo para los demás,  también puede ser para nosotros. Nos dice que está al alcance de cualquiera que lo desee.

¿Y cuál es el principal beneficio de apuntarse a esta práctica del vagabonding? Pues hacerse rico en lo que más pobre se es en nuestras sociedades: en tiempo, en tiempo para ver, para estar, para asimilar... En definitiva se trata de tomar las riendas del propio destino y ponerse a vivir, por un tiempo, de un modo que hemos olvidado.

Y lo de 'por un tiempo' tiene su importancia porque Rolf Potts no es un escritor utópico. No se propone como un mesías que abre el camino para cambiar el mundo.  Nos avisa de que en el mundo en que vivimos tenemos la opción de vivir de un modo distinto, al menos durante el tiempo suficiente para tener la experiencia de conocer el mundo más profundamente.  El vagabonding no es para perezosos ni para desadaptados que intentan huir de lo que les abruma.  Es para gente positiva capaz de procurarse -y encontrar- los recursos que necesita para permitirse esta forma de vida. Es para los que empiezan por buscarse un trabajo con el que puedan compaginar esta afición. Es para los que moderan sus hábitos de consumo de modo que esta aventura resulte económicamente viable. Es para los que tienen curiosidad cultural suficiente para maravillarse por lo que el mundo les enseña y se sienten recompensados por ello.

Vagabonding es un libro, sobre todo, estimulante. Estimulante incluso para quienes saben -y me apunto a ese grupo- que es poco probable que acaben vagabundeando por el mundo.  Y es muy entretenido de leer por ese desenfado y frescura con que aborda la posibilidad de viajar de un modo distinto del que es habitual incluso entre los que se tienen por los más viajeros.

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martes, 12 de noviembre de 2013

Historias de San Petersburgo

Historias de San Petersburgo

Nikolai Gógol
Alianza, 2013
271 pp.

Cinco relatos componen 'Historias de San Petersburgo', pequeñas narraciones que permiten al lector acercarse a esta Rusia que se desvanecería de forma repentina bajo las aguas de la revolución...


Nikolai Gógol
Alianza, 2013
271 pp.






No le cuesta mucho al joven Gógol entrar en el selecto círculo de los genios de la literatura rusa. Imaginativo, sutilmente irónico, atento a la sociedad de su tiempo, escribe grandes novelas pero también relatos cortos que describen la vida y la gente de la Rusia zarista con todos sus contrastes, su opulencia y también sus miserias.

Se juntan en él el alma romántica, con sus negruras y desvaríos, y esa otra alma rusa propensa al sufrimiento, a las pasiones ocultas y atenta también a los lujos y al boato de los nobles y de los potentados. Una mezcla, en definitiva, que despide el aroma de una sociedad que el lector sabe que duraría poco arrasada por la marea revolucionaria y que por ello mismo reclama una especial atención.

Entre los relatos que escribe Gogol unos cuantos se sitúan en San Petersburgo, la capital de imperio, ese invento de Pedro el Grande que con sus canales trata de llevar al norte la placidez de Venecia y con sus palacios y avenidas se propone competir con París.

Cinco relatos componen este libro, distintos todos ellos y que permiten al lector acercarse a esta Rusia que se desvanecería de forma repentina y que hoy con los mismos palacios y las mismas calles muestra un país radicalmente distinto. La capital es ahora Moscú, pero el señorío y la armonía que pretendió Pedro el Grande siguen residiendo en las calles de ese San Petersburgo al que se refiere Gógol.

Cada uno, desde una mirada diferente, aborda un aspecto de la vida de la ciudad. La Avenida Nevski es la protagonista del primero y da pie para hablar de la fauna ciudadana que se mueve por la calle más elegante de la capital. Militares, nobles, damas elegantes, funcionarios, campesinos de paso, artistas ... quedan retratados con esa intención satírica que discurriendo en paralelo con las apariencias pone a cada uno en su sitio con medias palabras y con anécdotas reales o inventadas.

El retrato, la segunda de las historias que componen el libro, entra en las profundidades del alma humana, en la atracción que ejerce el mundo de los ricos sobre quien ha vivido en la miseria, y en el desvarío que condena a quien pierde sus principios llevado por la ambición.

Sobresaliente resulta el Diario de un loco, el relato que desmenuza el rodar cuesta abajo por el sendero de lo que hoy llamaríamos una esquizofrenia. Gógol se pone en la piel de su personaje y le cuenta al lector, día a día, su tormento.  La esquizofrenia estaba ya presente en El retrato y es la fuerza que mueve este Diario de un loco que se ve hoy como un reflejo de la propia personalidad de Gógol,  también enajenado, atormentado por la vida, arrastrado hacia actitudes enfermizamente conservadoras y capaz de quemar, desesperado, el manuscrito de la segunda parte de Las almas muertas.

Cierran la serie de relatos La nariz, un cuento tan jocoso como absurdo, y El abrigo, otro ejercicio de escritura en clave satírica, ambientada esta vez en el estrecho mundo de los funcionarios.

Historias de San Petersburgo es un libro de entretenimiento, costumbrista a su manera, con el sabor de una época que todavía sonará al lector como próxima y con el atractivo de ambientarse en una ciudad, nada menos que la capital imperial de Rusia, que ocupa en la imaginación de todos un espacio colmado de fantasías.

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jueves, 31 de octubre de 2013

Estambul. Paseos, miradas, resuellos

Estambul. Paseos, miradas, resuellos

Javier González-Cotta
Almuzara, 2013
343 pp.

'Estambul' de Javier González-Cotta se sumerge en el poderoso influjo que esta ciudad irrepetible ejerce sobre el viajero que se detiene a mirarla, a percibirla con todos sus sentidos y a gozar de su carácter único...


Javier González-Cotta
Almuzara, 2013
343 pp.





Aseguran que Estambul es hoy una de las ciudades más pujantes de Europa. Dinámica, con una población animosa y joven, con los ojos puestos en el futuro, subida a una ola de prosperidad, busca su camino como una capital nueva, de edificios espectaculares, centros comerciales y barrios que en nada se diferencian de los de las grandes capitales de Europa.

Pero no es de este Estambul del que quiere hablarnos Javier González-Cotta. No es de una ciudad del futuro, ni del mérito de haber alcanzado sin complejos esa meta, de lo que va su libro. El relato de Javier tiene un sabor más clásico. Busca la esencia y se sumerge en el poderoso influjo que esa ciudad irrepetible, que se despliega entre los dos continentes, ejerce sobre el viajero que se detiene a mirarla y pone todos sus sentidos para percibirla y para gozar de su carácter único.

Rendido ante la ciudad, preso por la emoción, embrujado por el encanto confuso de tanta historia y de tantas sensaciones, es como nos lleva Javier González-Cotta a este Estambul que lo desborda y que cargado de tantos matices le parece que está casi fuera de la realidad.

Javier González-Cotta es un enamorado y su encuentro con Estambul pura poesía. Poesía en torno a los detalles, que no son detalles porque están en todas partes, pero que él descubre, los retiene en su mirada, los lee con atención y sabe encontrar en ellos una parte de la vida de esta ciudad fascinante.

Todo es mezcla en Estambul. Y es que la ciudad es Oriente y transmite todavía la sorpresa que los viajeros del siglo XIX sintieron cuando se acercaron a ella. Esa mezcla de decrepitud y de grandeza, la melancolía de los cielos plomizos, el sosiego lento de la vida que se intuye tras el cristal de las ventanas de las casas, la mezcla de razas y de acentos, la gloria que se perdió y que reposa en obras colosales que dejaron los bizantinos y los sultanes que les sucedieron… todo ello y más es Estambul.

O no es todo Estambul, pero sí la parte que le emociona. ‘Por afinidad –dice Javier González-Cotta- prefiero hurgar en los distritos más decrépitos de la ciudad histórica’, que son todavía muchos, decimos nosotros. Y así, el autor del libro construye esa imagen de Estambul que tanto como a Estambul refleja a su propia persona. Una imagen en la que predomina la nostalgia y ese sabor agridulce del deterioro que resulta del paso de los años y del abandono y que acaba por invadirlo todo.

El paisaje de Estambul es magnífico y sin embargo la decrepitud que se observa en las calles de algunos de sus barrios y en sus casas es desolador. Y ahí está el milagro y el arrobamiento que hace que se detenga el tiempo y el paseante se traslade a un mundo de sensaciones confusas y sugerentes al mismo tiempo que hablan directamente al corazón. Sensaciones que le dicen que, al lado de la grandeza, el abandono y los destrozos forman parte de la vida de la ciudad, de su esencia, y de quienes viven en ella.

Barrio a barrio, Javier González-Cotta se demora para hacer sentir al lector lo que él siente. Lo que siente por sí mismo y por lo que han contado otros, los viajeros famosos, otros grandes de la literatura, que dejaron también que Estambul los sorprendiera y extrajera de ellos un cúmulo de sensaciones que siguen siendo válidas para entender la ciudad.

Es evidente que este Estambul no es ni mucho menos una guía útil para la visita de los grandes monumentos de la capital del Bósforo. Ni siquiera es una guía alternativa que proponga recorridos distintos de los habituales para los turistas y  que permitan a los viajeros más sofisticados descubrir lo que ha quedado fuera del alcance de la mayoría. El recorrido que hace la mirada de Javier González-Cotta, los lugares donde posa su atención son los detalles, las luces, la bruma, el frío, las motas de polvo suspendidas en el aire y que solo se ven cuando un rayo de luz corta la oscuridad y pone al descubierto un universo mínimo de partículas flotando ante nosotros. Es un recorrido de quietud, de pausado movimiento, reflexivo, que mira hacia adentro y hacia afuera sin perder detalle y que llevará al lector a adentrarse en la ciudad y en la vida de las gentes para conocer a la una y a las otras, despertar su afecto y participar del mismo enamoramiento que persigue al autor.

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viernes, 18 de octubre de 2013

Días de Hong Kong

Días de Hong Kong

Xavier Moret
Altair, 2013
254 pp.

Días de Hong Kong tiene el sabor de un documental y un indiscutible tono mediterráneo. Y tiene el interés que despierta ese auténtico encaje de bolillos que es China...



Xavier Moret
Altair, 2013
254 pp.





Para la literatura, Hong Kong es una ciudad hecha a la medida de la novela policíaca o a la de espías. Su emplazamiento parece que obliga a imaginar algún enredo en el que la política, el dinero o el juego son la gasolina que mueve la acción. O al menos están presentes en el relato como parte de las señas de identidad de la ciudad.

Pero el caso es que estos Días de Hong Kong de los que habla Xavier Moret tienen otros aires. Primero tienen el sabor de un documental y segundo un indiscutible tono mediterráneo. Y en ambas sensibilidades radica el secreto del libro al que se une, no hace falta decirlo, el interés que despierta la ciudad y el particularísimo encaje que tiene en ese auténtico encaje de bolillos que es China.

Documental he dicho aunque no del estilo de los del National Geographic, intensos y rigurosos. El estilo de Xavier Moret es más televisivo, menos académico y mucho más humano, más orientado a las sensaciones y al disfrute. Está más en la línea de alguien a quien no le importaría quedarse en el lugar y saborear cada rincón, atento a lo que sucede alrededor, con el ánimo de encontrar argumentos para irse enamorando de la ciudad.

Y me he referido al tono mediterráneo porque en lo anterior late la misma campechanía de quien escribió ‘Viaje por la Costa Brava’ con ese gusto por el ‘estar’ y el disfrutar del ambiente, sin tensión y con espíritu abierto.

La realidad es que el Mediterráneo está en el origen de estos Días de Hong Kong. El libro nace de la invitación que una universidad hongkonesa hace a Moret y a unos cuantos escritores más con objeto de organizar una semana de conocimiento del Mediterráneo y de su cultura para los estudiantes. Una invitación cómoda para Moret que le permite durante un par de meses disponer de tiempo en cantidad para moverse de un lugar a otro y conocer al detalle la ciudad. Y que le permite también palpar la distancia que separa nuestra cultura y nuestra sensibilidad de las chinas.

Moret es un hombre curioso, acostumbrado a dejarse llevar por el momento y perderse en las calles y rincones de los lugares que visita. Es decir, un viajero que busca exponerse a sensaciones y a ambientes que no están siempre a primera vista. Aunque aquí, con tiempo, con una residencia fija y con un trabajo, aunque sea temporal, lo de viajero quizás no es el término más apropiado. El suyo no es el relato de quien está de paso. Ni es un relato en solitario, porque en sus paseos y descubrimientos se apoya en el recurso literario de encontrar a alguien con quien dialogar y dar mayor frescura a lo que cuenta. Para dar vida a su narración Moret se asocia en sus escapadas nada menos que con un sirio que le acompaña y con quien consiente y disiente en todo lo que se les pone por delante.

Nada más estimulante para el relato que ir de la mano de un sirio, mediterráneo como nuestro Moret, pero con Damasco como punto de referencia, bohemio y provocador en una ciudad y en medio de una cultura donde el comedimiento y el respeto a las formas no acaban de encajar con las despreocupadas expresiones de vitalidad de ese Zorba que en esta ocasión no es griego sino sirio. Y que es ni más ni menos que Khaled Khalifa, el autor de ese excelente Elogio de odio, del que hemos hablado aquí mismo no hace mucho tiempo.

Capítulos cortos descomponen, unas veces para hablar de lugares y otras para abordar diferentes temas, ese mundo complejo que es Hong Kong. Un Hong Kong que va más allá de la ciudad porque se refiere también a un fenómeno singular de crecimiento incontenible, de conquista continua de nuevos territorios al mar, de regreso a la madre China de la que se desgajó como colonia inglesa hace ya mucho tiempo, de entidad en todos los aspectos excepcional dentro de esta fórmula que se decidió llamar Nuevos Territorios y que hace de China ese país con frontera única pero con dos sistemas.

Paseos en barco, copas en bares, recorridos por los barrios más diversos, por mercados, por calles anchas y estrechas, visitas al hipódromo y a los lugares más sórdidos, una corta excursión para conocer China, la China de verdad, el placer de los dim sum, esas empanadillas que pueden ir desde lo más delicioso hasta el auténtico horror, la experiencia de la playa y de este mundo artificial que es ahora Macao saturada de casinos y convertida en faro de una sociedad en la que el azar y el juego están enraizados en lo más hondo de la cultura, todo ello y mucho más encuentran hueco en este libro que nos habla del Hong Kong de hoy y al que hay que prestar atención porque asegura un buen rato de buena y agradable lectura.

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jueves, 3 de octubre de 2013

Entre amigos

Entre amigos

Amos Oz
Siruela, 2013
154 pp.

¿Pero cuándo se jodió Israel? La culpa de este principio tan abrupto es de Vargas Llosa y de ese personaje de su Conversación en la Catedral que se hizo famoso preguntando ¿Cuándo se jodió el Perú?...


Amos Oz
Siruela, 2013
154 pp.






¿Pero cuándo se jodió Israel? Me disculparán un principio tan abrupto para hablar de un libro de Amos Oz que es todo contención y delicadeza. La culpa es de Vargas Llosa y de ese personaje de su Conversación en la Catedral que se hizo famoso preguntando ¿Cuándo se jodió el Perú?

La pregunta, la que se refiere a Israel, no es retórica porque en sus inicios ese nuevo estado, nacido en 1948, en el que tantas ilusiones se depositaron y en el que tan poco lastre del pasado se oponía a construir en él lo mejor, alumbró la esperanza de una sociedad nueva, justa, solidaria y fraternal que podía haber dado lecciones al mundo para mostrar que otra forma de vida, más humana, era posible.

De eso va Entre amigos, un libro delicioso, aunque no alegre, lleno de humanidad que habla de la vida en un kibutz. De la vida normal, sin conflicto con el entorno, sin que la guerra pese sobre las conciencias de los personajes, con el trabajo y con la vida basada en la ética como gran objetivo y la convivencia entre los miembros de la pequeña comunidad y las manías y particularidades de cada uno como argumento.

Entre amigos es un libro de relatos cortos. Conectados unos a otros por el mismo escenario, por ese kibutz ficticio en el que se desarrolla la vida y en el que los personajes, que se van haciendo conocidos del lector, dan pie a pequeñas historias donde priman los sentimientos, casi siempre la soledad y la melancolía que resulta de alguna pérdida, y un punto de sacrificio por parte de uno y de incomprensión por parte de los demás.

La vida en el kibutz pretende ser humana. Ese es el fundamento que justifica su existencia. Pero aparece siempre matizada por las limitaciones y por la carga de los pequeños sufrimientos de cada uno de los miembros de la comunidad a los que Amos Oz presta atención. Una carga que parece inevitable en cada escena y que se arrastra como una confusa condena, como formando una parte necesaria de la condición humana. Una carga en la que resuena esa historia difícil del pueblo judío hecha de pequeñas alegrías, de sacrificios y de esfuerzo constante por superar las adversidades.

Pero todo es sutil en el libro de Amos Oz. Sus pequeñas historias no son ni mucho menos  tragedias. Son casi enredos, enredos en los que los personajes se ven envueltos y que atraen al lector curioso, que espera ver cómo se desarrollan y cuál va a ser su desenlace.

Pero personajes aparte, para el lector la vida del kibutz o mejor el kibutz mismo es también motivo de interés. Tanto como las discretas pasiones, los deseos o las pequeñas penalidades cotidianas de quienes pueblan las historias, el propio kibutz resulta un fenómeno insólito repleto de matices y que suscita toda clase de reflexiones. Un fenómeno que el autor ve condenado al fracaso y muy probablemente el lector lo verá también.

Con el tiempo, las virtudes del experimento del socialismo israelí sufren el desgaste del roce diario con la realidad. El proyecto se convierte en utopía y quienes más se implicaron en él acaban por perder la frescura revolucionaria de los orígenes y sucumben bajo el peso demoledor del dogmatismo. “Los miembros veteranos –señala Amos Oz a través de uno de sus personajes- son creyentes que abandonaron la religión y en su lugar adoptaron una nueva religión llena de culpas y pecados, llena de prohibiciones y de férreas normas.” En eso acaba el kibutz que construye Amos Oz para la ficción y que es un reflejo del resto de aventuras que nacieron con la misma ilusión. Y en su misma deriva es una imagen de la cuesta abajo por la que se desliza el Israel real, el gran experimento que sucumbe también a la degradación que nace de olvidar los principios.

¿Cuándo Israel extravió su camino?¿Cuándo dejó de ser un ejemplo? ¿Cuándo se convirtió en una tierra yerma y abandonó su condición de país fértil en ideas y en realizaciones? De nada de ello habla Amos Oz aunque sobre todo ello pensará inevitablemente el lector de este magnífico Entre amigos, un libro tan corto como agradecido que nos habla de personas y de una ocasión perdida para construir un mundo, en Israel, que no pudo ser.

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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Silencios en mi Camino. Un peregrino en el Camino Francés

Silencios en mi Camino. Un peregrino en el Camino Francés

Graciano Granja
Bubok, 2013
426 pp.

...un relato distinto, que se agradece por su sencillo discurrir y por la humanidad que desprende. La misma que acaba por apoderarse de Graciano Granja y que resulta el secreto a voces que envuelve el Camino y a tantos peregrinos...



Graciano Granja
Bubok, 2013
426 pp.




Un libro modesto, de intenciones modestas, escrito como para los amigos y para la familia y sin pretensiones literarias, esto es Silencios en mi Camino, un relato sobre el Camino de Santiago que el lector aborda con la pregunta de si será un relato más de los muchos que hay.

Y el hecho es que es un relato más pero no un relato cualquiera. Es un relato más porque el Camino parece que tiene unas propiedades que predisponen a escribir y a contar la experiencia vivida. Pero como les ocurre a gran parte de los relatos sobre el tema es de alguna manera un relato único, como son únicas las experiencias y cada cual las vive de una forma particular, de un modo especial que llama la atención del lector y lo mantiene pegado a esa andadura tan propicia a la reflexión.

Historia, espiritualidad, hondura… parecen mover a gran parte de los peregrinos que cuentan el profundo impacto y la emoción que les acompaña a lo largo del Camino. Pero no es ese el caso de nuestro autor cuando emprende su aventura. Espiritualidad la justa y, en cambio, interés por la historia y por un reto que por fin tiene ocasión de afrontar lo tiene en cantidad más que suficiente para despertar el impulso de tirarse a la piscina y ponerse a caminar.

Graciano Granja está jubilado. Es un jubilado joven, pero ni mucho menos un chaval. Nuestro hombre dispone por primera vez de tiempo suficiente para preparar el camino –el camino y el Camino-, para leer, informarse en Internet, ordenar la información… con el método con que lo haría un profesional más que un peregrino. Graciano Granja quiere pisar el escenario para disfrutar de él y si ha de encarnar el papel de peregrino no tiene inconveniente para participar en una función que forma parte de los pilares de la civilización europea y que lleva representándose durante más de mil años.

Pero, como peregrino más de conveniencia que impulsado por la mística, aborda el Camino con ideas claras porque tampoco hay que hacer excesos a cierta edad: dormirá en hotelitos confortables, se recluirá al cabo de la jornada para preservar la intimidad que pierden los peregrinos en los albergues, comerá a final del día en algún lugar donde pueda disfrutar de la cena cómodamente y dará la conversación justa a sus compañeros de camino para enterarse un poco de quiénes son y de cómo viven la experiencia los demás. Tampoco hay que pasarse.

Sin embargo, no hace falta leer mucho para ver que el impecable planteamiento de nuestro autor se viene abajo por sí solo, sin que ocurran nada más que los pequeños incidentes del camino y empiece a surtir efecto esta combinación casi mágica que consiste por un lado en disponer de mucho tiempo para pensar, mirar y aprender a disfrutar de la vida cuando se desarrolla a un ritmo distinto y por otro descubrir en la cordialidad de los demás y de uno mismo una dimensión humana que empuja a compartir experiencias, a propiciar alegrías en común y a disfrutar de una calidez en el trato con los desconocidos que resulta casi un milagro.

No hay que decir que nuestro Graciano abjura pronto de su fe en la bondad de los hoteles y de las comidas en solitario para unirse feliz a la corriente de peregrinos de las procedencias y las trayectorias vitales más diversas, con los que congenia y con los que descubre el secreto espiritual, aunque no religioso, del Camino.

Por supuesto, el relato de Graciano Granja, con esa humildad que apuntaba al principio, es cualquier cosa menos plano. Emerge en él toda la información que el todavía peregrino de boquilla prepara en su casa para no desaprovechar nada del recorrido. Cuando inicia su caminata, el autor se ha convertido en un experto. Pero no en un experto convencional. No es un historiador ni un académico. Es un curioso interesado en muchas cosas y por eso le suena tan próximo al lector. Además no le hace remilgos a entrar en algunos asuntos esotéricos del Camino, donde se mezclan templarios, viejos canteros medievales celosos por no desvelar los secretos del oficio de la construcción, astrónomos y astrólogos, ritos paganos…

Queda claro que no es esta incursión en lo 'oculto' una deriva importante del libro, pero sí un extremo del extenso arco de intereses que Graciano Granja despliega en su relato que nos habla también de paisajes, de tropezones en el suelo pedregoso, de muchas cuestas, de bodegas y de vinos, de personas y de afectos y de todo cuanto en una larga caminata ocurre y más cuando tiene lugar en un camino tan trascendental como ha sido y sigue siento el Camino de Santiago.

Vuelvo a preguntar ¿se trata de un relato más? Pienso que la respuesta es clara. Se trata sobre todo de un relato distinto y que se agradece por su sencillo discurrir y por la humanidad que desprende. La misma que acaba por apoderarse de Graciano Granja y que resulta el secreto a voces que envuelve el Camino y a tantos peregrinos.

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Algún día escribiré sobre África

Algún día escribiré sobre África

Binyavanga Wainaina
Sexto piso, 2013
324 pp.

¿Es o no es verdad lo que cuenta Binyavanga Wainaina cuando escribe sobre África? Y si es verdad, ¿por qué no hay más voces como la suya?...



Binyavanga Wainaina
Sexto piso, 2013
324 pp.






¿Es o no es verdad lo que cuenta Binyavanga Wainaina cuando escribe sobre África? Y si es verdad, ¿por qué no hay más voces como la suya? Esta es la pregunta a la que responde el autor con los hechos: con el hecho de escribir un libro que quiere ser distinto y que se propone mostrar el otro lado de la realidad, tan real como aquel del que se habla más a menudo.

África aparece la mayor parte de las veces envuelta en tragedia y la verdad es que motivos hay para ello. Pero que haya motivos para mostrar un África sufriente no significa que no los haya también para volver la mirada hacia otros registros y mostrar la vida en clave ‘normal’, la vida cotidiana de tantos africanos hecha de experiencias familiares, de proyectos e ilusiones, de sentimientos y de las reflexiones a las que mueven el paso de los días.

Esa y no otra es la intención que mueve a Binyavanga Wainaina para reivindicar África y mostrar que es un continente donde es posible una vida ilusionada, que se mueve, y que está poblado por una juventud con proyectos y con una vida parecida a la de la juventud de cualquier otra parte del mundo.

Algún día escribiré sobre África es el enunciado de este proyecto que Binyavanga Wainaina se plantea para contar al resto del mundo que existe un África alejada del horror y que lleva a cabo a modo de autobiografía, haciendo el relato de su propia vida, desde que es niño hasta que se convierte en escritor de éxito. Hablamos del tiempo que transcurre desde finales de los años setenta hasta 2010, un tiempo largo para África porque empieza con la época de desmantelamiento del sistema colonial y el acceso a la independencia de buena parte de los países africanos, y largo sobre todo considerando la vida del autor que pasa de niño a adulto a través de una experiencia vital llena de transformaciones.

La familia de Binyavanga Wainaina muestra al lector que existe también en África –en Kenia, para ser concretos, y más exactamente en una pequeña ciudad de Kenia- una clase media africana, modesta, si se quiere, con un padre profesional en un puesto importante de una compañía, una madre con un pequeño negocio, coche y recursos para mandar a los hijos a una buena escuela. Un África difícil, es verdad. El autor habla de Sudáfrica inmersa, cuando él es joven, en el régimen del apartheid y Uganda, donde vive parte de la familia de la madre, sometida al yugo del esperpéntico dictador Idi Amín. Pero un África, al fin y al cabo, que tiene recorrido y que por fin entra en la era moderna.

La infancia de Binyavanga Wainaina es reveladora y el modo que el autor tiene de contarla es extraordinario. Frases cortas, un fluir de ideas ingenuas y complejas al mismo tiempo, y un torrente de sensaciones dibujan el universo de un niño. Un niño tan espontáneo, tan vital y tan consciente que resulta inevitable que el lector se plantee si sería posible un niño así en Europa o en Norteamérica. Se pregunte si no estaremos ante un niño necesariamente africano, nacido en un mundo diferente, resultado de una mezcla de razas, de lenguas y de países como no la hay en otra parte y resultado también de un contacto primario con la naturaleza y de mantener en su entorno formas de vida y tradiciones que se perdieron hace mucho en los que llamamos países desarrollados.

Binyavanga Wainaina niño, un niño de cinco años que va creciendo a medida que avanza el relato, habla de su ciudad –Nakuru-, del paisaje que la rodea, de sus lecturas, del presidente Keniatta, de la guerra en Uganda, de los bandidos de Somalia, de los reyes y de los generales, de sus propios hermanos y de sus padres, de sus juegos y de las sensaciones. De esas sensaciones que son el resultado de tocar la vida con las manos y de jugar con ella, de dejarle un hueco a la imaginación y de crear un mundo propio, acogedor y amigo. Binyavanga Wainaina es feliz y el lector no tiene más remedio que dejarse llevar de la mano a través de esa frescura pegada a la tierra, o lo que es lo mismo, pegada a un África sin atributos hostiles ni dramáticos que es tan real como la otra y que aflora para desmentir que todo sea tragedia.

Pero lo dicho hasta ahora es sólo el principio del libro. La adolescencia en Sudáfrica es también aleccionadora. Muestra a nuestro protagonista en su papel de universitario, pero como cualquier joven en cualquier parte del mundo, deseoso de sentirse libre, de olvidarse de la tutela familiar, de llevar una vida perezosa de mal estudiante y también de tantear sufridamente para salir en busca de un camino propio. La Sudáfrica de los años de universidad es la que acaba de despertar con un Mandela fuera de la cárcel, en plena ebullición y llena de oportunidades. Y es también el país donde florece una Ciudad del Cabo que, lo mismo que París en otros momentos, es el faro que atrae a jóvenes de todo el continente en busca de experiencias nuevas que solo pueden darse en esta ciudad que parece cualquier cosa menos africana.

La vida sigue y Binyavanga Wainaina regresa a su Kenia natal, mientras poco a poco se abre camino en el mundo de las letras, viaja por el continente africano, recibe sus primeros premios como escritor y acaba como profesor en una universidad norteamericana.

Me he preguntado a lo largo de la lectura por qué Un día escribiré sobre África resulta un libro tan absorbente, por qué retiene con tanta fuerza el interés del lector, por qué una vez terminado queda en el recuerdo como un libro extraordinario. No hay una sola respuesta a todo ello. Sin ninguna duda está magníficamente escrito y la vida que transcurre a lo largo de sus páginas resulta una aventura llena de interés. Pero sobre todo es la sensibilidad que despliega la que abre la mirada a un mundo por el que asoma un África que para el lector se convierte en un descubrimiento. Un África cuyas claves están en los matices de las distintas lenguas, en la convivencia de las diversas etnias, en el modo de estar con los amigos o simplemente de estar. Los africanos, dice Binyavanga Wainaina ‘… nos mantenemos juntos por la elegancia, por los detalles de cortesía, por las relaciones interpersonales, por la confianza en el lenguaje personal’. De cada una de estas ‘claves’ y de muchas más está hecha el África sobre la que escribe Binyavanga Wainaina haciendo honor al propósito que un día se fijó de hacer justicia a su propia tierra y de todas ellas también la mirada con la que el lector divisa ese continente distinto y mucho más amable que Binyavanga Wainaina le ayuda a descubrir.

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Viaje a la Antártida

Viaje a la Antártida

León Lasa
Almuzara, 2013
253 pp.

La Antártica son palabras mayores para cualquier viajero. Y lo son para León Lasa, avezado en las lides de recorrer el mundo y de dejarse llevar por los países donde el frío y las brumas son el pan nuestro de cada día...



León Lasa
Almuzara, 2013
253 pp.






La Antártica son palabras mayores para cualquier viajero. Y lo son para León Lasa, avezado en las lides de recorrer el mundo y de dejarse llevar por los países donde el frío y las brumas son el pan nuestro de cada día.

La Antárdida no es cualquier cosa. Es un territorio hostil al que el hombre no se ha acercado de verdad hasta épocas muy recientes, hasta que no ha tenido bien conocido el resto del planeta y no quedaba más espacio que los polos para hacer todavía posible la aventura de descubrir. Y es justamente este halo de tierra virgen e inexpugnable lo que alimenta el mito y en León Lasa el deseo de verla con sus propios ojos y de disfrutar tanto de sus paisajes como de la emoción de alcanzar lo que durante mucho tiempo fue una quimera.

A León Lasa le va el viajar solo, el degustar el viaje sin entrometimientos, a un ritmo pausado que le permita acomodarse al entorno, hacer un hueco en la propia mente para irse ajustando al discurrir del camino. La suya es una manera de contar casi en voz baja, con silencios, con cambios de tema, con regresos a cosas que quedaron pendientes… Es una conversación convertida en monólogo donde el lector escucha el fluir de su aventura y de sus reflexiones.

Esta vez viaje es un viaje por todo lo alto y sin embargo discreto. No hay ofertas low cost para visitar la Antártida. Y además no hay continente menos apropiado para un viaje masivo que éste, cuyo encanto es sutil y requiere de serenidad y de silencio para disfrutarlo. Por ello, nuestro viajero se embarca en un buque noruego, pertrechado para navegar entre hielos, lujoso y sobrio al mismo tiempo, donde tiene cabida únicamente un pequeño número de pasajeros. Pasajeros normalmente silenciosos, científicos algunos, viajeros experimentados otros, amantes de la naturaleza casi todos y todos equipados con enormes cámaras de fotos para guardar recuerdo de este viaje extraordinario.

El lector encuentra en Viaje a la Antárdida un tono muy parecido al de otros libros del mismo autor. León Lasa está atento a los detalles más concretos, a las rutinas del día a día, a los acontecimientos que se van sucediendo en el transcurso de la navegación de modo que quien lee se va viendo a sí mismo casi en ese barco que rumbo al sur se va acercando al continente helado.

Pero lo concreto alcanza también a las reflexiones. Y León Lasa, si en algo disfruta, es en poner a trabajar su cabeza para digerir todo lo que el viaje le va sugiriendo, todo lo que le hace sentir ese continuo cambio que supone desplazarse un día tras otro y encontrar nuevos lugares, gentes, climas y paisajes.

La soledad del barco, su lentitud y el clima que aconseja resguardarse en el camarote propician que el libro se anime con cantidad de temas, unos más ‘polares’ que otros, pero todos suscitados por esta singladura cuya meta está en la tierra más austral. La conquista de América y sus mitos tiene un lugar en las páginas del libro, como lo tiene también el grave deterioro del planeta como consecuencia del desaforado consumo de recursos al que nos hemos acostumbrado los humanos –una parte de los humanos, al menos- y que se convierte en una llamada a la conciencia del lector. Las grandes aventuras de exploración de los polos son también protagonistas de la narración de este Viaje a la Antártida, con todo el dramatismo que llevaron aparejadas y con toda la admiración por el esfuerzo sobrehumano que exigieron, para terminar, en muchos casos en tragedia. Scot, Nansen, Amundsen desfilan a lo largo del relato con unas epopeyas que al lector cómodamente sentado en su casa le pondrán los pelos de punta.

Pero la imaginación de León Lasa es de recorrido largo y en esa conversación que entabla con sus lectores aborda sin reparos temas más o menos espinosos como el sistema de pensiones de la seguridad social o las relaciones sexuales entre personas y animales que hacen pensar que la caída del imperio romano fue poca cosa al lado de lo que le espera al descerebrado mundo occidental. Envuelto en esa serenidad contagiosa en mitad del océano, y en el mejor de los tonos, nuestro autor no se muerde la lengua cuando sus pensamientos se convierten en sentencias.

Viaje a la Antártida es un libro de viajes tanto como el libro de un viajero. Aúna ambas cosas y con ellas el libro adquiere calor y cobra vida. La desolación de la Antártida y de los mares que la rodean hubiera podido hacer del libro un auténtico témpano. Y no ha sido así porque Lasa sabe mezclar los componentes del viaje y llenarlo de reflejos de los más diversos colores para contento del lector. Tras la lectura solo quedará pendiente el empezar a ahorrar con la intención de comprar un pasaje en el Fram que es como se llama el barco en el que el autor vivió su aventura.

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miércoles, 28 de agosto de 2013

Cómo leer Nueva York. Una guía de la arquitectura de la Gran Manzana

Cómo leer Nueva York. Una guía de la arquitectura de la Gran Manzana

Will Jones
Akal, 2013
256 pp.

Quienes deseen visitar Nueva York y añadir una dosis de arquitectura al disfrute de tan extraordinaria ciudad encontrarán en "Cómo leer Nueva York" la mejor de las ayudas...


Will Jones
Akal, 2013
256 pp.






Nueva York posee un especial atractivo. Es una ciudad singular y la riqueza de todo cuanto se cuece en ella genera una llamada que despierta la atención de visitantes de todo el mundo.

Pero Nueva York resulta también sorprendente por esa especie de falta de armonía que se aprecia en la coexistencia de edificios altos y bajos, solares dedicados a aparcamiento de coches, azoteas de las que sobresalen desangelados depósitos, viejos almacenes…, todo un desorden al que el europeo está poco acostumbrado si no fuera porque el cine le ha adelantado muchas imágenes y lo que ve no le pilla de sorpresa.

Nueva York es el resultado de una rápida acumulación, el resultado de una historia muy corta para algo tan sobresaliente. Y ello significa que es también el resultado de una historia muy rica donde en muy poco tiempo muchos han querido dejar su huella.

Quien visita Nueva York suele ir de tiendas y de museos. Y no quiere perderse esos mitos que representan el Empire State, el Chrysler Building o la estatua de la Libertad, por poner tres ejemplos. Pero al decir que en Nueva York se acumula una historia muy rica lo que se está diciendo también es que, más allá de estas estrellas que brillan en el firmamento del turista, en la construcción de la ciudad se ha volcado un enorme talento, que está a la vista de todos, que pasa a menudo desapercibido y que hay que saber interpretar.

En Nueva York la arquitectura es el libro donde ha dejado su marca cada momento de la historia porque la capitalidad indiscutible de la ciudad ha llevado a quienes han intervenido en ella a expresar lo mejor, lo más arriesgado, muchas veces, y a dar un paso más en la búsqueda de lo singular.

Y sin embargo esta singularidad, el valor de uno u otro edificio no resulta siempre evidente para quien se encuentra con ellos. El visitante necesita de quien le ayude a interpretarlos, de quien le haga reparar en detalles, de quien saque a la luz esa maravilla que encierran tantas y tantas construcciones que dan su carácter único a la Gran Manzana.

Cómo leer Nueva York busca justamente esto. "Esta guía, tan pequeña pero tan exhaustiva –dice en la solapa que le sirve de introducción- (…) permite la comprensión paso a paso de la arquitectura y el diseño urbano de la ciudad de Nueva York y resulta imprescindible para quien desee visitarla". Es un libro de pequeño formato, ordenado edificio a edificio y de acuerdo con sus diversos estilos, con una sucinta historia de cada uno de ellos y sus particularidades y con ilustraciones en fotografía y en dibujo que ponen de relieve aquello que los hace más destacables.

Quienes deseen visitar Nueva York y añadir una dimensión más al disfrute de tan extraordinaria ciudad tendrán en esta guía –de pequeño formato para hacerla más cómoda de llevar- la mejor de las ayudas.

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sábado, 17 de agosto de 2013

Viaje a mi país ya inexistente

Viaje a mi país ya inexistente

Tamara Djermanovic
Altair, 2013
254 pp.

Tamara Djermanovic regresa a lo que fue Yugoslavia, después de una ausencia de casi veinte años. Regresa a sus recuerdos y también al mundo traumatizado que dejó y donde tiene guardadas sus impresiones de niña y de adolescente...



Tamara Djermanovic
Altair, 2013
254 pp.





Lo más parecido al relato de un viaje contado de viva voz es este Viaje a mi país ya inexistente que escribe Tamara Djermanovic. Un relato que suena, además, con acento conocido porque la autora, yugoslava de nacimiento, vive en Barcelona y muestra que entre sus raíces, algunas están en nuestro país.

Tamara regresa a lo que fue Yugoslavia después de una ausencia de casi veinte años. Regresa a sus recuerdos, al mundo que dejó y donde tiene guardadas sus impresiones de niña y de adolescente, donde crecieron sus lazos familiares y los lazos con los viejos amigos, el mundo de las vacaciones y de la escuela, de los descubrimientos que se hacen cuando se es joven, del aroma de la tierra y el sonido del mar.

Pero una vez más, Yugoslavia evoca un cataclismo que incluso visto con serenidad resulta estremecedor y cuando menos extraño. El título del libro describe bien ese quebranto que todos los que vivieron en el país llevan en su conciencia de manera indeleble. Yugoslavia desapareció.

Y desapareció dando a luz un mundo distinto que sin embargo no corta con las raíces y que el lector –o en su caso el viajero- no puede interpretar sin la compañía de una voz que le muestre los cambios. ¿Quién se daría cuenta de que el idioma ha cambiado? Dejó de existir el país y con él su lengua. El serbocroata era la fusión de maneras de hablar vecinas –giros, palabras y acentos- que pretendió unificar un país hecho de retazos. Un país con voluntad de juntarse cuando, tras la caída del imperio otomano y la desintegración del imperio austrohúngaro, todas las partes se vieron demasiado pequeñas para sobrevivir en una Europa insegura y quisieron tener más músculo creando lo que iba a ser Yugoslavia.

Tamara Djermanovic nos habla ahora de ese mosaico en que se ha convertido lo que fue su país y en el que se reconoce. y se siente como en casa. Y lo hace mediante una sucesión de capítulos cortísimos que dan agilidad a todo su relato y que permiten acompañarla en su viaje escena a escena, lugar a lugar.

La autora en ese regreso a su tierra, acompañada de un hijo adolescente, que es sobre todo español, no se siente extraña. A diferencia de lo que ocurría tiempo atrás, ahora debe llevar pasaporte. Debe cruzar fronteras al hacer un camino que antes recorría para irse de vacaciones sin salir de su país. Pero observa también que su acento serbio no despierta hostilidad en los distintos países vecinos que quisieron romper con un pasado común. Y sin embargo, a pesar de la comodidad que ella siente al reencontrarse con su tierra, los testimonios de la guerra siguen siendo terribles y hablan de atrocidades vividas por todos. Atrocidades que vienen de lejos y que Tamara Djermanovic pone de relieve al repasar la historia. Atrocidades presentes que sufre esa población invisible para el viajero de los que fueron desplazados, literalmente echados de sus casas y no tienen nada fácil el regreso a los lugares de los que debieron huir.

Recuerdos de infancia, reencuentros y una lúcida descripción de lo que son hoy los países que formaron la antigua Yugoslavia, sus gentes, sus ciudades, los paisajes, los parques naturales, ese mar espléndido que es el de la Costa Dálmata componen para el lector un viaje lleno de calidez y animado por una narradora singular. Un viaje descriptivo y sentimental al mismo tiempo y matizado con mayor o menor intensidad según el momento por la lúcida frase de Ivo Andric cuando asegura que “después de una guerra no hay un lado vencido y otro vencedor, lo único que queda es una humanidad derrotada”.

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martes, 6 de agosto de 2013

Cineasta blanco, Corazón negro

Cineasta blanco, Corazón negro

Jesús Lens
Almed, 2013
576 pp.

África en el cine. Ese es el propósito que anima a Jesús Lens a escribir Cineasta blanco, Corazón negro, un libro que interesará a un abanico de lectores mucho más amplio que el de los amantes del cine...


Jesús Lens
Almed, 2013
576 pp.






África en el cine. Ese es el propósito que anima a Jesús Lens a escribir Cineasta blanco, Corazón negro, un título que parafrasea la película de Clint Eastwood Cazador blanco, Corazón negro en un guiño a los amantes del cine y como homenaje a las grandes películas que se rodaron en el continente.

¿Sólo para amantes del cine? También para amantes del cine –Jesús Lens es un auténtico forofo-, pero destinado a un abanico de lectores mucho más amplio, porque aquello de lo que trata el libro acaba abarcando asuntos cuyo interés se proyecta en muchas direcciones.

Cineasta blanco, Corazón negro hace referencia a más de cien películas entre las que están todas las que han marcado época y que seguro ha visto el lector, aunque no sea especialmente aficionado a sentarse en un cine o a dedicarle tiempo a la televisión. Pero ojo, la mirada del autor no es la del crítico de cine, es la de un espectador. Y es esto lo que hace que el lector se sienta acompañado y atienda a lo que cuenta el libro como atendería a la conversación de un amigo. Un amigo que conoce bien el tema, que tiene buena memoria y que es capaz de sacarle jugo al guión, a las imágenes y también al entorno que envuelve el desarrollo de la trama. Un amigo que además cuenta el argumento de cada cinta de la que habla y que, a través de su resumen, introduce al lector en una micro-sesión cinematográfica por la que se cuelan los recuerdos de cuando vio la película en un cine o despierta su curiosidad para ver la película a la primera ocasión que se le ofrezca.

Hablamos de un libro de más de quinientas páginas que sin embargo se lee a buen ritmo justamente por ese acierto de ir contando escenas y aventuras, unas con más fantasía, otras en el ámbito del documental, pegadas a la realidad, pero a las que el lector atiende de modo parecido a como haría ante un contador de cuentos.

Cine para viajar por África. Porque ese centenar largo de películas en las que se entretiene Jesús acaba sacando a la luz a todo el continente, a sus distintos paisajes, a las diversas culturas, a sus numerosos pueblos y a las distintas épocas por las que ha discurrido su historia. Un África narrada desde los más diversos puntos de vista.

¿Estamos al fin fuera de la política, que tiñe tantos de los libros sobre los que hemos hablado recientemente?¿Regresamos con este libro a esa literatura de viajes dedicada a hablar de lo exótico, de leones, de arenas movedizas, de selvas y de tribus? La respuesta es no, de ninguna manera. Jesús Lens tiene claro que el cine va mucho más allá del entretenimiento y que a través de él emerge una realidad que descubre problemas y situaciones y que hace consciente al lector –o al menos le da pie a hacerse consciente- de lo bueno y de lo malo de ese mundo que hay detrás de las imágenes.

El autor no ahorra temas. No se anda con disimulos con la excusa de que hablamos de cine. En realidad estamos hablando de África, un África que exige que alguien alce la voz y airee sus problemas: la malaria, el conflicto del Sahara, la dura emigración de quienes quieren alcanzar Europa y de quienes en forma de esclavos fueron llevados a cualquier parte del mundo, las guerras, los niños soldados, las mujeres, el radicalismo islamista… y la lista podría seguir.

Dicho lo anterior, Cineasta blanco, Corazón negro además de un libro sobre cine es también un libro de viajes que muestra que el autor se ha movido a diestro y siniestro por el continente y lo conoce bien. Lo conoce y lo aprecia. Y se implica para no eludir la responsabilidad que a los países ‘ricos’ les toca con relación a la situación de África.

Cineasta blanco, corazón negro es un libro esclarecedor sobre África: sobre lo que hay cuando se mira la superficie y sobre el fondo del continente, sobre su diversidad inagotable y también –y eso es importante- sobre nosotros mismos, lectores, turistas o viajeros para los que África es también un espejo en el que nos vemos a nosotros mismos, que según haya sido nuestra mirada nos devuelve una imagen que nos debe hacer pensar.

‘El cine puede ser mucho más que mero entretenimiento’, dice Jesús Lens. Y sin duda lo es, como lo es también este libro, sumamente entretenido y al mismo tiempo muy clarificador.

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viernes, 26 de julio de 2013

Viaje a las islas Canarias

Viaje a las islas Canarias

Juan Cruz Ruíz
El País / Aguilar, 2013
262 pp.

Locuaz, atento a los sentimientos y a los detalles, Juan Cruz nos abre, con 'Viaje a las islas Canarias', una gran ventana a esa tierra a medio camino entre Europa, África y América...



Juan Cruz Ruíz
El País / Aguilar, 2013
262 pp.






Con dos nuevos libros empezó su andadura la nueva colección El autor viajero. Uno de ellos es Si hoy es jueves, esto es Tombuctú, de Paco Nadal. El otro es Viaje a las islas Canarias, de Juan Cruz. De este último vamos a hablar aquí.

Tanto como ante un libro de viajes, Viaje a las islas Canarias nos sitúa ante un viaje literario. Un viaje donde el autor mira hacia dentro y también hacia fuera y lleva al lector de la mano para contarle lo que siente y lo que ve, que es más de lo que vería por su cuenta el lector desprovisto de los afectos y la mirada de ese autor que da color al relato. Es el espíritu de esta nueva colección al que Juan Cruz se acomoda con gusto porque le permite hablar de su tierra y también de él mismo, de sus orígenes y de esos recuerdos que arraigan en la infancia y le acompañan a uno siempre más sin darse cuenta, sin tener conciencia de ello.

Hace referencia Juan Cruz al deseo de hacer ‘una excursión por el sentimiento de las islas’, al propósito de viajar por todas ellas y de ‘contarlas todas con la mirada de hoy, pero sin despreciar las miradas del pasado’, en definitiva, de descubrir su alma, que quiere decir lo más hondo, sin olvidar su superficie para dar una noticia personal de todo ello.

La escritura de Juan Cruz es meticulosa, construida a base de engarzar, una tras otra, palabras, cada una oportuna, cada una aportando un nuevo matiz y perfilando el sentido de la frase y, sobre todo, el sentimiento. Frases muchas veces complejas pero limpias, que nunca obligarán al lector que viaja por el libro a volver atrás buscando el significado.

La comida, la familia, la emigración, la pobreza… Recordando la infancia, Juan Cruz regresa a unas Canarias hechas de desierto y de cultivos modestos, de vidas sacrificadas, del aislamiento que obliga a adaptarse al entorno y que al cabo del tiempo rememora, a pesar de la miseria, con agradecimiento, con la sensación de estar en paz con él, de haber formado una familia con los vecinos, con los animales y las plantas y con el horizonte imperturbable e infinito del mar.

Pero la infancia, no es más que una etapa para Juan Cruz, a la que llega de manera natural, como sin querer, porque es la que más arraigada tiene en esos sentimientos a los que decide dar voz para hablar de sus islas. A continuación o antes de la infancia, Juan Cruz se refiere al presente o a la historia. Esa historia que pone en contexto a las islas y a sus habitantes. Porque la realidad es que este relato es un abanico de relatos que Juan maneja a su aire con talento literario y con la naturalidad que distingue a un buen conversador.

El viaje que emprende Juan Cruz para escribir su libro y para hacer las paces con el deseo de rendir tributo a esa tierra singular, africana y atlántica, europea y medio americana donde nació, es un viaje real, isla a isla, pueblo a pueblo, por barrancos, por llanos, por desiertos y playas. Pero un viaje libre y espontáneo donde al final acaba hablando de todo lo que para él son sus islas y los habitantes. Habitantes que tienen voz y a los que pregunta. Y que al expresarse no sólo se escucha la voz de los hombres sino, y sobre todo, la de la tierra.

Viaje a las islas Canarias es un libro tranquilo y cálido. Tiene una especie de lentitud calmosa a la que contribuye ese deambular sin urgencia por los temas más diversos propio de quien no se siente arrastrado por el tiempo, de quien ha aprendido de la insularidad el sosiego que lo pone al margen de las prisas y que lo hace sentirse más cómodo con la práctica del estar que con la del ir. Locuaz, atento a los sentimientos y a los detalles, Juan Cruz nos abre una gran ventana a las islas Canarias. Nada mejor que aprovechar la ocasión de asomarse a ella y gozar de su rico panorama.

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jueves, 18 de julio de 2013

Limónov

Limónov

Emmanuel Carrère
Anagrama, 2013
398 pp.

Un libro extraño y de lectura casi imprescindible es este Limónov, para el que el autor elige como pieza central a un personaje poco recomendable y que le cae antipático....


Emmanuel Carrère
Anagrama, 2013
398 pp.





Un libro extraño, éste, que el autor desarrolla eligiendo, para darle cuerpo, a un personaje en muchos aspectos poco recomendable y que le cae antipático.

Extraño porque viene con la etiqueta de una novela y, sin embargo, no es un libro de ficción, pues todo aquello de lo que habla es real.

Extraño también porque el autor interviene en primera persona, es un personaje más y ejerce de contrapunto de ese turbio protagonista sobre el que gira la historia.

Y extraño, por fin, porque alrededor de todo es la Rusia de los últimos cuarenta años la que también se retrata, con sus contradicciones, con las líneas de fuerza perversas que la animan y con ese mosaico de zonas oscuras que dificulta el componer un juicio claro acerca de su trayectoria y su situación.

Empecemos diciendo que Limónov es un libro extraordinario y que su lectura es más que recomendable. Quien lo escribe es escritor importante, guionista de televisión y, a pesar de su nombre, de raíces rusas. Para más detalles, es hijo de una importante historiadora sobre la Unión Soviética, lo que quiere decir que Rusia es para él un tema familiar. Cuando escribe Limónov sabe de lo que habla.

¿Y quién es Limónov y por qué de este libro?. La respuesta a ambas preguntas es porque contar la vida de Limónov es contar una vida apasionante. Una vida absolutamente singular, de un personaje que la ha vivido desde los más diversos registros, bordeando o cruzando muchas veces los límites de la ley y muchas también los de la decencia y sin embargo un personaje a su manera íntegro y coherente hasta el final con sus convicciones. Un personaje tan contradictorio y difícil de juzgar como esta Rusia donde nació, envuelta tras la caída del comunismo, en una sacudida histórica sin precedentes.

Quienes leyeron Patologías (ver en este mismo blog) seguro que se sorprendieron de la trayectoria del autor. Zajar Prilepin, militante del Partido Nacional Bolchevique –para los occidentales poco menos que una banda de fascistas de cráneo rapado, traje de camuflaje y nostalgia comunista- parecía una combinación imposible con su compromiso a favor de los derechos humanos  y con su posición frente a la guerra en Chechenia. Y algo parecido le debió ocurrir a Emmanuel Lecarrère cuando tropieza con Limónov y su increíble historia. O mejor, las increíbles historias que marcan las sucesivas etapas de su vida y terminan haciendo de él un opositor al gobierno ruso, perseguido por sus denuncias a la corrupción y a los excesos del Estado, protegido por guardaespaldas y, envuelto en una aureola de personaje indescifrable e inquietante.

Fascinante Limónov y fascinante Rusia, sobre la cual pone el autor el foco en los últimos capítulos para describir con mirada incisiva y atenta al detalle la evolución del país desde Stalin a Gorvachov y el complejo período que va desde la disolución de la Unión Soviética a la actualidad.

Emmanuel Carrère escribe dirigiéndose al lector, que también tiene un lugar en el libro y que por ello mismo se siente, como acompañante, parte de la narración. El lector se convierte, así, en confidente de los demoledores comentarios que hace el autor y se hace consciente también de la dificultad que tiene hablar hoy de lo que ocurre en esta Rusia para la que la caída del comunismo representó además de una liberación y también una tragedia. Una tragedia de la que afloraron sinsentidos como este ‘neofascismo’ hermanado con la contracultura y con la defensa de las libertades. Una voz de resistencia y un grito de rebeldía de chavales pobres que “si trabajaban era cargando y descargando fardos…o vigilando aparcamientos en los que estacionaban 4x4 que valían medio siglo del sueldo de sus madres y de los que se apeaban, rebuznando en sus teléfonos móviles, hombres apenas mayores que ellos, pero más avispados”.

Limonov tiene la amplitud de una epopeya y el sabor amargo de la duda y de la derrota. Es una sorprendente radiografía de Rusia y la biografía de un hombre fascinante, opaco e imprevisible que seducirá al lector lo mismo que sedujo en su día a Emmanuel Carrère.

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martes, 9 de julio de 2013

India. Una biografía íntima de 1.200 millones de personas

India. Una biografía íntima de 1.200 millones de personas

Patrick French
Duomo, 2013
562 pp.

Patrick French elige un estilo, a veces, próximo al de las tertulias para presentar a la India en profundidad...



Patrick French
Duomo, 2013
562 pp.






Cada cual tiene un estilo a la hora de escribir, de analizar y de dar sus opiniones. El de Patrick French, por decirlo en lenguaje llano, está en el entorno del de los tertulianos. Y al señalarlo así no quiero decir que sea necesariamente malo. Hincarle el diente a la India para dar una visión de conjunto no es tarea fácil si se tiene en cuenta su enormidad, lo complejo de su sociedad y de su cultura y la velocidad del cambio que se está produciendo en el país, un cambio que ni es ordenado ni está explicado en todos sus extremos. El riesgo de acabar escribiendo un tratado lleno de información y de consideraciones abstrusas que hagan desistir al lector de su lectura es elevado y seguramente es lo que ha movido a Patrick French  a elegir una aproximación lo más llana posible y también lo más entretenida. A pesar de sus más de 550 páginas y de su pretensión de abarcarlo casi todo, esta ‘India’ se lee bien.

Tres son los grandes temas sobre los que se organiza el libro: la nación, la riqueza y la sociedad. Tres temas abordados de manera amplia y muy libre, de forma que aparecen, en cada uno de ellos, aspectos de lo más diversos que van dando color al relato y construyen esa imagen de la India que French desea hacer llegar al lector. Una imagen llena de detalles para limar los prejuicios que existen sobre el país, los puntos oscuros que nacen de la falta de información y para mostrar la realidad tal cual es. Una imagen dibujada después de haber recorrido la geografía entera, haber visitado el país en diversas ocasiones, haber hablado con infinidad de personas de los más diversos perfiles y haberse informado meticulosamente sobre la economía, la historia, la política...

Todo juega a favor del libro, incluido ese propósito de divulgación que hace asequible la lectura y la aligera. La creación de la India resultó una proeza rodeada de incertidumbres y de conflictos. French nos habla de la puesta en marcha de un nuevo estado, de una constitución de nuevo cuño para una población de cientos de millones de personas en un país grande como un continente y diverso como ninguno en el mundo. Todas las dudas sobre la concepción de este nuevo estado, las decisiones políticas, las diversas tendencias, los conflictos y los errores van apareciendo al mismo tiempo que entran en el relato los personajes que lideran el proceso hasta llegar el presente. Gandhi, Nerhu, Indira Gandhi… por citar a los más famosos son examinados al detalle. Y en este punto es donde French se sitúa en terreno discutible y el término de tertuliano adquiere otro significado porque deja de ser el opinador sobre política, economía y sociedad para aproximarse al tono de la revista Hola, interesado más que nada por las intimidades y cotilleos innecesarios sobre los protagonistas de la historia y sus familias. Amores y humores, derroches, caprichos y el tamaño de algún escote o del busto de alguna notable consorte entran en el relato no se sabe bien si para explicar la historia o para darle un puntito de alegría al lector.

Los grandes avances conseguidos en la India en todos los aspectos se sitúan en contexto al referirse a las políticas erráticas que a lo largo del tiempo se pusieron en marcha y que llevaron a la bancarrota del país. Un montón de hechos desconocidos por quienes no son expertos en la India aparecen en las páginas del libro y en medio del tono campechano que ha elegido French se van desgranando los distintos episodios de la evolución de la política y la economía indias. Las teorías de Keynes, mezcladas con sus andanzas, las arbitrariedades de la economía real llena de ineficiencias, la crueldad en los trabajos más humildes y el empeño y la energía puestas en las iniciativas de éxito que hacen de la India hoy una potencia en ciernes componen el capítulo dedicado a la riqueza.

Mucho menos ligada a las andanzas de las grandes personalidades de la política y de la economía es la parte dedicada a la sociedad, y quizás por ello también la más interesante del libro. El asunto de las castas es tratado con detalle, lo mismo que el conflicto entre hindúes y musulmanes que es la consecuencia y/o la causa de conflicto con Pakistán, y que una sucesión de temas diversos –la prostitución, los criados, las bases genéticas de la población… - que dan al libro toda su riqueza y aseguran el entretenimiento y también nuevos conocimientos para el lector.

Patrick French sabe jugar con habilidad sus cartas para mantener el interés  cuando –tal como se anuncia en la contraportada del libro- disecciona las casi seis décadas de historia de la India, desde la independencia de 1947 hasta nuestros días, y “compone una biografía tan completa como atractiva de un país con mil doscientos millones de habitantes.”

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miércoles, 3 de julio de 2013

Me Quiero ir

Me Quiero ir

Asier Triguero
Editorial Seleer, 2012
Año: 2012
228 pp.

Siete almas que emprenden un viaje de huida, cada uno por su cuenta, desde diferentes puntos de la geografía francesa. Todos huyen en un mismo tiempo y espacio, cada uno a su forma, cada uno como puede...



Asier Triguero
Editorial Seleer, 2012
Año: 2012
228 pp.





Publicado por Mundopalabras

Viajar es cambiar de escenario. Es marcharse a recorrer mundo. Es la base de la última novela de Asier Triguero.

Un padre y su hija preadolescente que comparten una misma pasión, el surf. Una madre que escapa de su hogar con su hijo de doce años ahogada en la gran ciudad y decepcionada con su vocación, la Sociología. Una misteriosa chica pelirroja que lleva mucho tiempo huyendo de sus propios fantasmas. Un derrotado hombre de negocios que no ve otro camino en su vida que la desidia y la entropía.

Esta es la atmósfera asfixiante en la que se desarrollan los personajes, siete almas que emprenden un viaje de huida, cada uno por su cuenta, desde diferentes puntos de la geografía francesa. Todos huyen en un mismo tiempo y espacio, cada uno a su forma, cada uno como puede. Como Noah, un señor de 75 años que tiene un negocio de reparación de electrodomésticos. Él es el único de ellos que ha oído un grito diferente brotar desde su interior: «Me tengo que ir».

Me Quiero ir está escrita con un estilo muy visual, propio de una road movie, y encaja perfectamente en el género de la literatura de viajes. Cuenta con un singular protagonista, una VW California T1, la mítica furgoneta que resulta el elemento catalizador del viaje. Un viaje que no es a ningún lugar sino al destino, idea central de toda la obra, mostrada hábilmente a través de cuanto sucede a los personajes en los distintos lugares que visitan.

Igual de hábiles son las descripciones, que sumergen al lector en la realidad del espacio en el que están situados. Dice Javier Arnaiz en el prólogo: «Asistiréis a conversaciones no demasiado convencionales, de las que sólo se dan en circunstancias especiales como las que crea el autor describiéndonos con precisión desde el paisaje hermoso de los escenarios en los que se encuentran, hasta la distribución en la que se sientan a la mesa y la comida que degustan».

Al igual que en su ópera prima, Hijos del Amanecer, en Me Quiero ir se encuentran presentes dos importantes ingredientes como son el surf (gran afición del autor), elemento vital en la obra introducido con elegancia, de forma abierta y accesible a todos los lectores; y los excelentes momentos musicales. Temas de Bob Dylan, Johnny Cash, Creedence Clearwater Revival, Rolling Stones… fluyendo de la radio de un coche e impregnando de sonoridad la narración. Esta musicalidad es una constante en las obras de Asier Triguero.

Me Quiero ir aglutina sentimientos tan cotidianos como la pereza, la rutina, el conformismo y la falsedad, y los carga sobre los hombros de unos personajes hastiados de sus vidas. Una historia accesible a los sentimientos de la gran mayoría de los lectores, que encontrarán en ella la fuerza suficiente para gritar por sí mismos Me Quiero ir.

Asier Triguero Lorente (Bilbao, 1983) es sociólogo especializado en relaciones internacionales. Ha escrito también la novela Hijos del Amanecer y actualmente está trabajando en la tercera, que llevará por título Mandycandy.com.

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jueves, 27 de junio de 2013

Europa en el parabrisas

Europa en el parabrisas

Robert Byron
Confluencias, 2013
296 pp.

Resulta una curiosa experiencia la de enfrentarse a la escritura fresca de un joven de veinte años que decide, con un par de amigos, emprender un gran viaje por Europa. Y más si este joven es Robert Byron...



Robert Byron
Confluencias, 2013
296 pp.






Resulta una curiosa experiencia la de enfrentarse a la escritura fresca de un joven de veinte años que decide, con un par de amigos, emprender un gran viaje por Europa. Estamos en la Inglaterra del primer cuarto del siglo XX, cuando lo de viajar era cosa todavía de pocos, pero era una costumbre entre los jóvenes adinerados. Jóvenes para quienes conocer el mundo formaba parte de las asignaturas que acreditaban una buena formación.

Nuestro joven no es en realidad un miembro de ese selecto club de hijos de familias ricas que corona la élite inglesa. Pero es su amigo porque es brillante y ha crecido como ellos educándose primero en Eton y luego en la universidad de Oxford. Es Robert Byron, en este momento un personaje anónimo todavía pero que iba a convertirse con Viaje a Oxiana, sobre todo, y también con sus escritos sobre Rusia, la India, Grecia y el mundo bizantino, en uno de los más célebres escritores de viajes del siglo XX.

En Europa en el parabrisas Byron muestra ya las maneras de un maestro del género. Empieza el libro con la preparación del viaje y con la presentación de los viajeros porque la narración del periplo es tanto un relato de los países y los lugares que se visitan como de los personajes y las particulares maneras de todos ellos en el curso del recorrido. Difícilmente podía haberse escrito un libro más ‘inglés’, Como corresponde a unos jóvenes salidos de lo más granado de la sociedad de lo que todavía era el imperio británico, tan relevante resultaba dar noticia de los lugares que se visitaban como de los ánimos y ocurrencias de los viajeros. El viaje lleva a Inglaterra en el espíritu e irradia seguridad y poderío en esa aventura de chavales destinados a heredar en algún momento el título de un lord.

Pero para el lector tanta prepotencia, más que hiriente, resulta una curiosidad y añade al viaje por Alemania, Suiza, Italia y Grecia, que es de lo que va el libro, otro viaje, esta vez a una Inglaterra, a punto de desaparecer. Los tres viajeros de los que habla Byron incluyéndose a sí mismo, son un espectáculo porque representan la aristocracia de la cultura, el refinamiento y el dinero frente a una Europa destruida por la guerra –acaba de terminar la Primera Guerra Mundial- pero sobre todo envuelta en el atraso. Malas carreteras, funcionarios inútiles, malos hoteles rodean y forman parte de la aventura del grupo de jóvenes que viajan -en aquella época- en coche propio, se hospedan, cuando los hay, en los mejores hoteles y acuden a la ópera o al teatro en todas las ciudades cuando el espectáculo merece la pena.

Italia, Grecia… son para los ingleses las raíces de la propia cultura y los jóvenes mejor educados –o educados simplemente, recuérdese que el joven Lívingstone, salido de una familia misérrima leía latín- tenían en estos países las referencias sobre las que se habían construido los palacios y grandes edificios que abarrotaban Londres y las mejores mansiones que adornaban la campiña inglesa. Byron forma parte de esta juventud atraída por los clásicos pero con opiniones propias, desplegadas con frecuencia bajo un manto de ironía, que suenan a provocación y también a esa imprudente seguridad que nace la juventud y de la superioridad que se desprende de haber nacido inglés y de pertenecer al club de los mejores.

Europa en el parabrisas es un libro distinto, un libro de viajes y un libro ‘de época’ que se lee con todo el interés y que entretendrá al lector. Es un libro fresco y vital de un autor, casi adolescente todavía, que mereció los mejores elogios de otros de los grandes de la literatura de viajes como Bruce Chatwin o Patrick Leigh Fermor.

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jueves, 20 de junio de 2013

Africa. Historia de un continente

África. Historia de un continente

John Iliffe
Akal, 2013
507 pp.

¿Qué ha ocurrido en África para que su desarrollo haya sido tan distinto del que ha tenido Europa y su vecina Asia? 'África. Historia de un continente' ofrece algunas respuestas...


John Iliffe
Akal, 2013
507 pp.






Quien más, quien menos, conoce algo de la historia de África: la brillante civilización egipcia, la presencia de los romanos a orillas del Mediterráneo, la llegada del Islam desde tierras de Arabia, la presencia portuguesa tras navegar a lo largo de sus costas, la época colonial y algún otro hito hasta llegar al día de hoy.

Algunas cosas sabemos, pero lo que conocemos peor es la historia de los africanos y, sobre todo, el por qué África ha llegado a ser lo que es. ¿Qué ha ocurrido en África para que su desarrollo haya sido tan distinto del que ha tenido Europa y su vecina Asia?

John Iliffe, profesor de la Universidad de Cambridge y experto en el mundo africano, ataca este problema en un estudio intenso y extenso al mismo tiempo. Empieza desde los primeros pobladores, en un zoom histórico que nos lleva a los orígenes. Pero este retroceso en el tiempo no es simplemente el resultado del deseo de empezar por el principio. Es la mirada original que pone de relieve las condiciones geográficas y de población que marcarán decisivamente el devenir del continente. La falta de un relieve significativo como las grandes cordilleras que atraviesan Asia y Europa, la barrera que supuso la desertización del Sahara, la condición insalubre de muchas de las áreas geográficas, la dificultad de abrirse espacio frente a una vegetación casi invencible son elementos que explican la historia y condicionan el desarrollo de la acción humana y la evolución de la vida en sociedad. ¿Por qué, a diferencia de lo que ocurrió con otros imperios, los poderosos egipcios no penetraron en el corazón de África? ¿Por qué no extendieron hacia el oeste sus fronteras?

Las particularidades del entorno están en la forma como los diversos pueblos africanos aseguraron su supervivencia y organizaron sus comunidades en medio de épocas de prosperidad y épocas de grandes cataclismos. La peste, en el siglo XIV despobló todo el norte de África y a diferencia de lo que ocurrió en Europa estuvo viva durante siglos e impidió que la población y la economía se recuperaran. La mosca tse tse hizo imposible el desarrollo de la ganadería en amplias regiones del continente hasta que el avance de la desertización mermó los arbustos que daban cobertura a los insectos. El comercio de esclavos representó una sangría en vidas que afectó al conjunto de una población que necesitaba crecer para mantener el impulso de desarrollarse.

Un abanico de líneas maestras en la tramoya de la historia africana aparece en el libro y se disponen a modo de cimientos para construir un edificio que se inicia con los primeros humanos y su difícil lucha por la subsistencia hasta hoy, hasta la evolución de los estados independientes nacidos del colonialismo, el impulso del Islam y esa otra enorme catástrofe que sigue siendo el sida.

Tanto contenido supone una enormidad de datos y de información. Del mismo modo que la lectura resulta apasionante, hay que decir que esta historia del continente africano no es un libro fácil. No puede serlo y no es por falta de habilidad del autor. Una buena lectura requeriría papel y lápiz y tomarse uno mismo la lección después de cada capítulo. Además de los primeros pobladores, aparecen los egipcios, luego los romanos, luego el cristianismo del norte africano, luego los árabes en lucha con la población autóctona, luego…

África. Historia de un continente, es mucho más que un libro de divulgación, es un auténtico curso de historia. Un curso magnífico que requerirá un ejercicio de aplicación al lector pero que le dará, también, la satisfacción de abrirle los ojos sobre muchos temas que probablemente no conocía y sobre un modo de aproximarse a la historia sumamente revelador.

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martes, 4 de junio de 2013

Exposición de primavera

Exposición de primavera

György Spiró
Acantilado, 2013
288 pp.

No se podía elegir un comienzo más desolador: una sala en el sótano de un hospital de Budapest mientras en la calle silban las balas, pero el lector sabe que la cosa no va de tragedia y que Exposición de primavera le va a divertir más que preocupar...

György Spiró
Acantilado, 2013
288 pp.





No se podía elegir un comienzo más desolador: la sala provisional de enfermos en el sótano de un hospital de Budapest mientras en la calle silban las balas que reprimen la revolución de 1956. Pero como no hay situación que el humor no atempere, el lector sabe que la cosa no va de tragedia y se hace la composición de lugar de que la Exposición de primavera que está leyendo le va a divertir más que preocupar.

Estamos en la Hungría socialista, a la que los azares de la gran política pusieron en manos soviéticas. ¿Y Austria? Austria, lo mismo que Hungría fue liberada por los rusos, pero de ella los libertadores se marcharon sin objeción y de Hungría no. La arbitrariedad tiene esas cosas y el mundo de nuestro protagonista parece regido por esta suerte de azar que ridiculiza el ideal socialista de un trabajo meditado y riguroso para construir una sociedad eficaz y justa, además de armónica.

Nuestro héroe –así lo trata el autor en la novela, con evidente sorna- es un ingeniero que nunca pudo trabajar de ingeniero, un buen hombre pero fuera de los engranajes que conducen al éxito dentro del partido, y marido de una mujer malhumorada, aunque no está claro quién ha contagiado el malhumor a quién. Pero por primera vez la vida parece haberse puesto del lado de él y el doloroso trance de la operación de hemorroides que lo llevó al hospital le libra de cualquier sospecha de haber participado en la revuelta contra los rusos y resulta la garantía de un expediente limpio a ojos de las autoridades. Nuestro hombre es legal en un país donde los gatos son pardos y cualquiera puede caer en desgracia por un desafortunado desliz.

Como no podía ser de otra manera, la crítica a la aventura socialista es feroz y divertida al mismo tiempo. Desmonta todos los tópicos y desde la vida más cotidiana vierte toda clase de argumentos sobre su absurdo y su rematada ineficacia. Nuestro protagonista muestra algunos fogonazos de autismo en su atención a los detalles más nimios e innecesarios. Detalles propios de un desvarío que despiertan en el lector la sospecha de que algo no funciona bien en su cabeza y en la de todos, o lo que es lo mismo, en el país entero.

La vida en Budapest es el colmo de la grisura, puro aburrimiento envuelto en el problemático regreso a la normalidad tras la revuelta y al que pone color algo tan intrascendente como una exposición de artistas que se prepara para la primavera. Intrascendente en teoría o en cualquier otro país. Pero cargada de amenazas y de trampas porque las ‘fuerzas’ que se movilizan tras ella –los jerifaltes del partido, los censores, los jurados, el aparato entero, las envidias, las sospechas… - la convierten, al igual que todo lo demás, en un campo de minas donde se juega una oscura batalla por el poder y donde nadie está a salvo.

¿Nuestro héroe se veía en el bando de los inocentes debido a la afortunada intervención de una enfermedad? Pues ni con esas. También para él las cosas se complican porque la inseguridad y la dirección de los vientos que soplan lo mismo le favorecen a uno que lo ponen contra las cuerdas de un sistema donde cada cual trapichea y se busca la vida aprovechando la astucia o las rachas de suerte.

György Spiró convierte la tragedia en soterrada comedia y hace un retrato agudo de su país. Todo es desencanto, nada es lo que parece. Si con los nacionalistas de la época nazi todo iba mal, con el socialismo no ha ido mejor. No es que lo del comunismo fuera mala idea, todo lo contrario. El fervor estaba ahí, los ideales seguían lo mismo de inspiradores. Lo que pasaba es que los comunistas con puesto y con mando en plaza ‘eran también fascistas, aunque fueran rojos’. En resumen, todo era un camelo.

La Hungría de mitades del siglo XX y la que llegó hasta la caída del muro de Berlín emerge con la excusa de la exposición que se prepara en primavera. Quienes olvidaron como era o no llegaron a tiempo de conocerla tienen ahora la ocasión de hacerlo con una media sonrisa y con la sensación de incredulidad sobre cómo pudieron ser las cosas.

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