martes, 29 de noviembre de 2016

Crónicas de Islandia, el mejor país del mundo

Crónicas de Islandia, el mejor país del mundo

John Carlin
La Línea del Horizonte, 2016
134 pp.

En 'Crónicas de Islandia' John Carlin ofrece al lector una visión sobre el país tan imprescindible como entretenida y amena.



John Carlin
La Línea del Horizonte, 2016
134 pp.





Islandia es un país excepcional. Se encuentra en el límite de los territorios habitables porque su clima extremo hace difícil la supervivencia en un ambiente frío y oscuro la mayor parte del año. Y por si ello fuera poco, su geología de carácter volcánico ha dado origen a un suelo cubierto de lava, allí donde el hielo y la nieve no se han instalado, que impide prácticamente todo cultivo además de hacer sumamente difícil la cría de ganado.

Los volcanes exterminaron con sus gases en varias ocasiones a buena parte de la población animal y humana. Estimularon la imaginación de Julio Verne, que situó en la isla el punto de entrada a su Viaje al centro de la tierra. Y crearon unos paisajes absolutamente extraordinarios que no paran de producir sorpresa en todos aquellos que viajan al país.

En Islandia los paisajes son tan llamativos que ocupan la atención entera de quienes la visitan. Pero conocer un país va mucho más allá de quedarse extasiado por lo que hay en su superficie, por una naturaleza que muchas veces se diría extraterrestre. Es también conocer a su gente y su modo de vida. Su pasado y sobre todo su presente.

Ocurre en Islandia que con sólo trescientos mil habitantes, concentrados casi todos ellos alrededor de su capital Rejkiavik, da muchas veces la impresión de ser un país deshabitado. Y el paso por Rejkiavik resulta el encuentro con una ciudad tranquila, de personas amables, con un dominio del inglés perfecto, que solo deja una huella pasajera en el visitante y una cierta sensación de envidia por la placidez que reina en todos sus rincones.

John Carlin ha ido más allá en estas Crónicas de Islandia y en lugar de hablarnos de paisajes decide hacerlo de personas, para bucear en lo que descubre que es una sociedad única, extrañamente feliz y próspera, segura de sí misma, culta, vital y creativa.

Carlin acude a Islandia lleno de curiosidad y con la mirada del periodista que quiere desentrañar el secreto de un pequeño grupo humano miserable hasta el extremo hasta bien entrado el s. XX y que ha conseguido unos niveles de desarrollo que la sitúan en los primeros lugares del mundo sea cual sea el índice desde la que se observe.

Encuentra en el país gente de espíritu extraordinariamente joven, con independencia de su edad. Gente sumamente comunicativa y abierta con quienes hablar. Y gente, sobre todo, satisfecha de ella misma y de su país. Quizás su primera sorpresa sea la disposición de todo el mundo a hablar con él, sea el político de mayor rango que lo recibe de manera cordial y sin afectación alguna, sea un escritor o cualquier otro personaje. Uno a uno, sus entrevistados desvelan unos rasgos de carácter que parecen compartir y que ayudan a dibujar una sociedad llamativamente viva.

"Vivimos -dice una de las personas con quienes se encuentra- desde hace mil cien años en una naturaleza extrema y exigente, aunque asombrosamente bella. Para sobrevivir tuvimos que luchar contra el frío y la oscuridad en una tierra en la que la agricultura se reduce a criar ovejas y alguna que otra vaca. Y sobrevivimos la mayor parte de estos mil cien años, aunque fuimos espantosamente pobres hasta hace cuarenta. Cuando yo era niño no veíamos la fruta. Siempre me quedaba con hambre salvo en Navidad. Siempre nos hemos considerado duros y curtidos, pero pese a ello hemos creado una cultura peculiar basada en el amor a la literatura. Eso es un islandés"

Muchos rasgos del carácter y las costumbres que apuntalan la sociedad islandesa parecen proceder de los vikingos. Con seguridad, lo más importante, según cuenta Carlin, ha sido la extraordinaria importancia que han tenido en todos los aspectos de la vida, doméstica y pública, las mujeres. Una sociedad mucho más equilibrada, más femenina, más rica en matices y en sensibilidad ha permitido llegar a lugares a donde una cultura masculina no hubiera alcanzado jamás. Y ha sido fundamental para sacar al país de la crisis.

El 'nuevo' libro de Carlin es en realidad un compendio de artículos que escribió para el diario El País y que se publicaron a partir de 2006. Los primeros hablan de una Islandia exultante y exitosa cualquiera que fuera el ángulo por el que se la viera. Una Islandia segura de sí misma e inconsciente de sus debilidades. Los últimos hablan de una crisis que rompió el espejo de la prosperidad sin límites y enfrentó al país y a sus pocos habitantes a una inesperada derrota. Quizás aquí es donde el papel de las mujeres resultó más decisivo y el carácter islandés probó de nuevo su capacidad para afrontar la adversidad.

En medio del inmenso trauma de una bancarrota, las mujeres ocuparon algunos de los lugares clave que hasta el momento habían ocupado los hombres, orientaron el país en una dirección más sensata, más sostenible, alejada de una ambición desmedida y absurda y mantuvieron el mismo espíritu coherente, confiado en los resultados del trabajo y emprendedor que había sostenido el país desde hacía siglos.

Carlin desvela con la frescura habitual que encontramos en todos sus escritos las interioridades de una sociedad tan particular como ejemplar. Una sociedad moderna, abierta y cordial que ha velado por la cultura y ha logrado la felicidad de sus miembros como ninguna otra. Conocer Islandia más allá de su asombrosa naturaleza es entrar en los hogares, en los lugares de trabajo y los despachos y conversar con su gente. El libro de John Carlin da ocasión de hacerlo y ofrece al lector una visión tan imprescindible sobre el país como entretenida y amena.

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lunes, 14 de noviembre de 2016

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.

Un jovencísimo Conan Doyle embarca como cirujano en un ballenero. Está lejos de terminar la carrera de medicina y lo que más lo atrae es la aventura. En 'Viaje al 'Ártico' nos la cuenta



Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.





Si hubiera un club de personajes polifacéticos Conan Doyle pertenecería a él por méritos más que sobrados.
El creador de Sherlock Holmes y del doctor Watson fue muchas cosas más que eso, aunque ambos personajes fueron quienes le dieron la fama que ha mantenido hasta hoy. Es más, para el célebre escritor sus novelas de detectives fueron casi un accidente del que obtuvo más reconocimiento que satisfacción.

Al mismo tiempo que se iniciaba en la literatura como aprendiz, Conan Doyle cursaba estudios de medicina y tenía la mente menos puesta en los estudios que en la posibilidad de emprender una aventura que diera más emoción a su vida. Y la oportunidad apareció cuando, sin haberse licenciado aún, con sólo veinte años, le ofrecieron embarcarse como cirujano en un barco ballenero que faenaba en el Ártico. Estamos a finales del siglo xix y al comienzo de una carrera llena de éxitos y reconocimiento.

Pero aquí, en el libro al que nos referimos, el que cuenta su aventura es todavía un chaval, consciente de su bisoñez y encantado de haberse 'colado' en un entorno duro, en medio de un clima extremo y envuelto en una labor tan áspera como peligrosa.

Porque nuestro hombre, además de médico, se presta a actuar de arponero como el resto de la tripulación y a mezclarse en una actividad salvaje de persecución y de muerte sin tregua de focas, morsas y ballenas.

El joven Conan Doyle escribe un diario. Escribe para él y para su recuerdo. Un diario que da cuerpo este volumen que ahora publica Confluencias, en una edición que recupera el gusto por el libro objeto, de diseño esmerado y animado por los dibujos con que el propio autor ilustró su escrito.

Hablamos de dibujos que dan frescura al texto pero que reflejan también su tono. Un tono informal y con un punto ingenuo de quien sabe que a pesar de su puesto de cirujano y de su  relación cordial con el capitán, es más un grumete en una expedición compuesta por rudos marineros, que un igual en lo que a méritos y experiencia se refiere. Más tarde un Conan Doyle más maduro se alegraría de no haber tenido que atender ningún accidente grave, de los muchos que amenazaban la caza de las ballenas, con unos conocimientos médicos tan precarios como los que tenía cuando embarcó.

La exploración del Ártico la hicieron unas pocas expediciones de unos contados países europeos. Pero quienes se adentraron en el mar y mejor lo conocieron fueron los balleneros que persiguiendo a sus presas se adentraron hacia el norte entre témpanos de hielo, por los resquicios que dejaba abiertos la banquisa y tratando de avanzar más y más para llenar sus bodegas de aceite, carne y pieles de los animales que cazaban. La caza, sanguinaria y peligrosa era al mismo tiempo excitante y agotadora. La persecución de una enorme ballena echando botes al agua para acercarse a ella y arponearla, en un clima helador, administrando el riesgo y con la adrenalina a flor de piel era la cruz de una moneda cuya cara consistía en largos días de inactividad en un mar poco amigo, catalejo en mano a la espera de alguna señal que anunciara la presencia de un cetáceo.

Conan Doyle describe este ambiente, con poco que contar muchos días y con muchas observaciones y detalles sobre la pesca cuando había zafarrancho de combate y la tripulación entera salía en persecución de la pieza a la que se había puesto el ojo. Pero siempre con indicaciones sobre cómo era la vida en los balleneros, en los puertos donde la industria de la pesca de las ballenas era o había sido una actividad relevante y sobre la industria ballenera que estaba decayendo y en la que quedaban solamente escoceses y noruegos  cuando en los buenos tiempos, pocos años atrás, navegaban también por las aguas del Ártico holandeses, daneses, franceses y vascos.

Cierran el libro cuatro relatos más de Conan Doyle que recogen sus experiencias de ese viaje juvenil al Ártico que dio lugar a artículos en periódicos y conferencias de gran éxito y reconocimiento para el autor. Tres de estos artículos forman parte de estos relatos donde la narración deja de tener la forma de un diario y se vuelve màs explicativa. Y un corto episodio de la serie de Sherlok Holmes compone el cuarto, basado en un misterioso asesinato en el que se ve envuelto el capitán de un barco ballenero.

Mucho ha cambiado el asunto de las ballenas desde el momento en que Conan Doyle hizo su iniciático viaje y mucho también se ha avanzado en el conocimiento de un Ártico que se derrite y ha abierto vías navegables en un hielo que había permanecido intacto durante siglos y siglos. Pero por eso mismo se lee con interés lo que cuenta un testigo tan singular como nuestro autor al descubrirnos lo que fue un modo de vida y cómo era un territorio en los límites de lo conocido, a través de un viaje envuelto en penalidades, en una opaca incertidumbre y en un espeso misterio.

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viernes, 28 de octubre de 2016

Japón, el paisaje del alma

Japón, el paisaje del alma

Rudyard Kiping y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.
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Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad.


Rudyard Kiping y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.






Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad que encaja a la perfección con el tema del que trata: Japón y su personalidad singular, llena de sutilezas y de refinamiento.

Hablamos de dos textos publicados ya en otras ocasiones, porque se trata de clásicos, de dos visiones contemporáneas pero desde ángulos totalmente distintos, escritos con intenciones y con un interés diferentes y por autores cuyas trayectorias poco tienen que ver, aunque quisieron ambos dar a conocer Japón a sus lectores y trasladar a occidente los secretos de un país y de una cultura muy poco conocida. Escriben ambos a finales del siglo XIX cuando Japón se abre al exterior después de haber estado encerrado dentro de sus fronteras, aislado y con la voluntad activa de evitar el contacto con el mundo que lo rodeaba.

Como introducción, cuenta el prólogo del libro lo siguiente: "el 11 de febrero de 1889 se promulgó la primera Constitución japonesa, destinada a acabar definitivamente con el régimen feudal que había imperado durante siglos en el país, proclamando la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A las pocas semanas arribó al puerto de Nagasaki el joven periodista angloindio Rudyard Kipling, quien hacía escala en Japón como parte de un largo periplo que lo llevaría hasta Estados Unidos, escribiendo crónicas de sus impresiones para el diario hindú The Pioneer.  (...) Por aquellos días, en la ciudad alemana de Bonn, un joven economista japonés se proponía escribir un libro que le ayudara a explicar a sus amigos europeos y norteamericanos, y a su futura esposa Maty Elkinton, los principios que regían los valores morales del Japón tradicional, tan ajenos y difíciles de entender para la mentalidad de Occidente."

El resultado del propósito de cada uno iba a ser dos textos que han conservado todo su interés hasta hoy. De la narración de Kipling hemos hablado aquí y con elogios. Ya poco queda, en la superficie, del Japón tradicional que él encontró y que se hallaba ya en el curso de una transformación profunda que conduciría al país hasta la modernidad. Pero mirando al Japón de hoy y más allá de su epidermis, el lector reconoce en lo que cuenta Kipling una cultura, una sensibilidad y unas formas de vida que definen todavía al país oriental.

El economista japonés del que habla el prólogo es Inazo Nitobe, nacido en el seno de una familia aristocrática, diplomático y que ocupó el puesto de subsecretario de la Sociedad de Naciones. Su texto busca resumir de forma clara los elementos culturales y morales que sostuvieron a esa institución que vertebró el Japón feudal que fueron los samuráis. Hombres con inclinación militar que constituyeron una aristocracia y que cultivaron un complejo código de virtudes, derechos y obligaciones y que definieron un entorno espiritual que acabó por marcar la cultura entera de Japón y establecer los principios de las relaciones por las que debían regirse los miembros de la sociedad.

El Bushido, que es el nombre por el que se conoce el texto de Nitobe, está, como el texto de Kipling, cargado todavía de interés y permite penetrar en lo más profundo del alma de Japón, en su compleja sutileza y en muchas de las costumbres y de las formas del comportamiento de los japoneses que siguen aún vivas.

Casi tanto como el contenido de lo que relatan los autores, llamará al lector la atención la personalidad de los autores mismos. Kipling tiene solamente 23 años cuando pisa Japón y sorprende su agudeza, la madurez y la profundidad de su mirada. Y Nitobe, poco más mayor, impresiona por su conocimiento de la cultura occidental y por esa erudición que le permite citar a autores contemporáneos y clásicos europeos para trazar paralelismos y diferencias entre Japón y occidente y para transmitir las ideas llenas de contradicciones y matices que sostienen el universo de la cultura samurái en términos y utilizando conceptos familiares a los occidentales para facilitar su comprensión.

Japón, el paisaje del alma es un libro singular, agradable de sostener entre las manos. Y representa una excelente ocasión para regresar a las raíces de Japón y a su cultura, siempre llamativas y nunca acabadas de asimilar por quienes las contemplamos desde la lejanía como algo ajeno, sutil y complejo al mismo tiempo.

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lunes, 10 de octubre de 2016

El africano de Groenlandia

El africano de Groenlandia

Tété-Michel Kpomassie
Turner, 2016
324 pp.

El africano de Groenlandia es la extraordinaria aventura de un adolescente, salido Togo y obsesionado por Groenlandia, a lo largo del viaje a un mundo desconocido y sorprendente que cautivará al lector.


Tété-Michel Kpomassie
Turner, 2016
324 pp.





Es hora de agradecer a Turner su extraordinaria y a la vez selecta colección de títulos en el ámbito de la literatura de viajes, que no para de ampliar para gusto de los aficionados al tema. Un género extenso, el de los viajes, de confines difusos, donde conviven a gusto la cultura, la historia, el encuentro con países y con gentes diversas, la exploración y otros asuntos cuyo denominador común podría resumirse en el hecho de que ensanchan nuestro conocimiento del mundo.

Le toca ahora el turno a una aventura del todo singular a la que, desde mi punto de vista, el título no hace justicia ni tampoco el prólogo. Pero que me apresuro a adelantar que merece la pena leer y que va a sorprender y a entretener al lector. Hablamos de Un africano en Groenlandia.

He empezado diciendo que el título no hace justicia al libro porque en mi opinión se queda en la anécdota, remite a un hecho caprichoso, por no decir absurdo, cuando la realidad va mucho más allá. El libro es el relato de una aventura extraordinaria que abrirá los ojos al lector sobre realidades que seguramente desconoce, la de la vida cotidiana en Groenlandia y también la de una comunidad tradicional en África, alojada en chozas, cuando el barro y la selva no habían todavía sucumbido bajo el dominio del asfalto y el hormigón.

Y aviso también sobre el prólogo que de puro intelectual puede transmitir un mensaje confuso sobre lo que el libro es y no es. Digamos ya que el libro del que hablamos no tiene nada de intelectual, si por ello se entiende condicionado por conceptos académicos o científicos de ninguna clase. Justamente ese es uno de sus grandes atractivos, una sorpresa para el lector y el origen de una admiración hacia el autor que irá creciendo a lo largo de la lectura.

Tété-Michel Kpomassie ha sido galardonado con un importante premio literario en Francia, ha sido finalista del premio Thomas Cook de libros de viajes, ha dado conferencias y escrito en periódicos... y sin embargo, sus orígenes fueron los de cualquier niño africano nacido en un entorno tradicional. Su libro empieza ahí, porque es ahí donde comienza su aventura, entre cocoteros y serpientes, en una familia numerosa con un padre, unas cuantas madres y una caterva de hermanos. Y con una educación, si por educación entendemos escuela, mínima. Poco más que leer y escribir.

Con estos mimbres, a los dieciséis años, nuestro autor abandona, sin recursos de ninguna clase, su casa con el único objetivo de conocer Groenlandia de donde ha tenido noticias a través de un libro que cayó en sus manos. Y con extraordinario afán y también inteligencia consigue su propósito de alcanzar la gran isla helada al borde de Norteamérica. Su libro relata esta prodigiosa aventura. La de su infancia primero, la de llegar a Groenlandia y, finalmente, la de la vida en un lugar tan inhóspito durante un año conviviendo con los habitantes de los lugares donde se fue estableciendo y compartiendo sus casas, su comida y sus actividades como uno más.

Transparencia podría ser el término que mejor define la mirada de Tété-Michel Kpomassie en todo lo que cuenta. La transparencia propia de un diario donde se anota lo que los ojos ven, las incidencias de cada día, las anécdotas y las sensaciones más simples. Ninguna pretensión  de hacer antropología sobre un pueblo extraño ni de interpretar las costumbres o las formas de vida de los esquimales con los que vive. Porque en la distancia que separa a su Togo natal de su nueva tierra de acogida, las diferencias son tan enormes que sólo hay espacio para describir la vida, para sorprenderse del clima, para interesarse por la pesca y por la caza, para darse cuenta de hasta dónde llega la hospitalidad, para ver cómo discurren los amoríos, las fiestas y el infinito y enloquecedor aburrimiento del otoño cuando el día se acorta y el hielo todavía no ha hecho su aparición sobre el mar para cubrir el paisaje entero.

Sin querer, el lector acabará dándose cuenta de que se encuentra ante dos relatos igualmente apasionantes: el que cuenta la vida de quienes viven en Groenlandia y el que cuenta la aventura del autor a lo largo de esa prodigiosa pirueta que ha sido salir de Togo y vivir a lo largo de un año en el lugar más frío e inhóspito del planeta. Tété-Michel Kpomassie se escapa sin avisar de su casa a los dieciséis años y regresa a los veintisiete. Es muy joven todavía pero su viaje ha sido extraordinario. Regresa, naturalmente, para no quedarse porque ha visto demasiado mundo para permanecer quieto en un lugar, pero vuelve a África para contar su aventura en escuelas y salas de conferencias para animar a la juventud africana a salir de su mundo y a mirar al exterior. Para decirles que la exploración del mundo y del conocimiento no era solo cosa de blancos sino una oportunidad abierta a todos que había que aprovechar.

Esto ocurría en los años sesenta del pasado siglo. Pero el relato que el autor hace de su aventura sigue vivo. Cautivó entonces a expertos de instituciones muy diversas y dio lugar a un libro magnífico que se reedita ahora

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jueves, 15 de septiembre de 2016

La forma de las ruinas

La forma de las ruinas

Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2016
553 pp.

En "La forma de las ruinas" Juan Gabriel Vásquez bucea en el lado oscuro de Colombia a través de una novela que confunde al lector que no sabe si está ante una realidad o una ficción.



Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2016
553 pp.





Nada es lo que parece. Y si hablamos de Colombia, cuando la paz con la guerrilla no estaba ni en el horizonte, menos. La historia reciente de Colombia se desarrolla en el desbarajuste. Atentados, mentiras, corrupción, actividades ilícitas, desórdenes... son las piezas que dan forma al rompecabezas que ha compuesto la realidad del país. O que más bien la ha descompuesto. De ahí que la confusión que rodea a los hechos haga de Colombia un país todavía menos claro de lo que en la superficie parece.

Juan Gabriel Vásquez, uno de los escritores colombianos de más éxito, entra en este terreno oscuro de las entrañas de la historia y se sumerge en el mar de las dudas. Dudas y posibilidades, no aclaradas, que afronta quien rasca un poco en los acontecimientos que se sucedieron en el siglo XX y que nos llevan hasta la Colombia de hoy.

Vásquez habla en primera persona y construye, a través del libro, una especie de autobiografía. O mejor, escribe la crónica de unos acontecimientos de los que es testigo y de los que habla en primera persona, como si al hacerlo, al contar los recovecos por los que discurren los hechos y explicar cómo los va desentrañando para sacarlos a la luz, legitimara con mayor fuerza la veracidad del relato. Se diría que Vásquez emprende y se ve envuelto en una aventura detectivesca que lo pone en relación con el pasado y con alguno de sus episodios más oscuros.

El asesinato -totalmente real- de un candidato a la presidencia del gobierno ocurrido en 1948 y la explicación oficial que se da a su muerte sirve para tirar de un hilo que es en realidad una colección de cabos sueltos de donde nacen toda clase de sospechas. Sospechas que por otros caminos adquieren tintes de realidad y que quedan sepultadas por quién sabe qué intereses ocultos.

El detalle de la narración, los hechos ocurridos hace tiempo y los que ocurren ahora para dar argumentos y pistas al autor sobre los que construir su relato y la gravedad de sus descubrimientos llevan al lector a dudar de si la misma mentira que rodea la política de Colombia no flota también sobre el libro. La teoría de la conspiración que ha servido para construir la Colombia actual hace preguntarse al lector sobre la objetividad de lo que nos cuenta Vásquez y le hace dudar de si esta autobiografía no será un juego.

Pero Colombia no es un país fácil. Han ocurrido demasiadas cosas como para descartar que haya habido conspiraciones numerosas y que la conspiración no haya sido un método sistemático que ha condicionado la conducta del poder en el país, lo mismo que las mafias o los cárteles lo han hecho en otros lugares. El inmenso poder del narcotráfico, la opacidad que ha rodeado al ejército, la cotidianidad de los secuestros durante mucho tiempo, la impunidad general que ha ocultado tantos y tantos delitos da alas al relato de Vásquez, que duda él mismo de si lo que ve y lo que le cuentan ha ocurrido de verdad o es el resultado de alguna obsesión.

A punto de terminar el texto, Vásquez reconoce. "No sé cuándo comencé a darme cuenta de que el pasado de mi país me resultaba incomprensible y oscuro, un verdadero terreno de tinieblas, ni puedo recordar el momento preciso en que todo aquello que yo había creído tan confiable y predecible se empezó a convertir en un lugar de sombras(....) Todo esto que yo creía tan claro (...) resulta ahora lleno de dobleces y de intenciones ocultas , como un amigo que nos traiciona".

Colombia parece abrir el cofre de sus secretos de la mano de Vásquez, a lo largo de un intrigante relato que encadena hechos reales de los que existe abundante documentación con agujeros negros que dan pie a múltiples suposiciones. Agujeros negros que son de suma importancia porque, como el lector confirma al final, resultan los huecos por los que entra en escena el novelista para deslizar elementos de ficción que descubren que no todo lo contado era cierto y que hemos estado en realidad ante una excelente novela.

Vásquez al final lo deja claro para declinar cualquier responsabilidad que pudiera nacer de la duda. La forma de las ruinas es una obra de ficción. Los personajes, incidentes, documentos y episodios de la realidad, presente o pasada, se usan aquí de forma novelada y con las libertades propias de la imaginación literaria. El lector que quiera encontrar en este libro coincidencias con la vida real lo hará bajo su propia responsabilidad". No se puede ser más claro, a menos que el lector se haya apuntado él también a la teoría de la conspiración y entienda que la aclaración del autor no es otra cosa más que una cortina de humo.

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viernes, 2 de septiembre de 2016

Grecia en el aire. Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual

Grecia en el aire

Pedro Olalla
Acantilado 2015
200 pp.

'Grecia en el aire' es un viaje hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, basado en el más genial de los acontecimientos: la invención de la democracia en Atenas.


Pedro Olalla
Acantilado 2015
200 pp.






¿Puede un libro político ser poético? ¿Puede una mirada que aspira a ser combatiente ser al mismo tiempo fuente de sosiego y expresarse en el tono más sereno?

La respuesta debiera ser que no, a menos que quien toma la palabra lo haga desde la lejanía, desde tanto tiempo atrás que no es la vejez sino la antigüedad la que se expresa con sabiduría, con tanta profundidad que es el fondo de nuestra cultura la que se manifiesta, son las raíces de las que venimos las que se apoderan del discurso y las que nos llevan a mirar con sus ojos el presente.

'Este libro fue escrito en Atenas -nos dice el autor- entre 2010 y 2014, mientras toda Grecia se derrumbaba. Las ideas que en él se recogen han surgido de los hechos, del contacto consciente con la ciudad antigua y nueva, de la vivencia cotidiana del abuso, la mentira, la pasividad, la impotencia y la injusticia'.

Hablamos de esta Grecia nueva que sin darnos cuenta se ha convertido en un fracaso. De la Grecia de hoy. Pero no es a la actualidad a lo que el autor va a referirse. Es al pasado para dejar que hable y para llevar al lector a lo que fue este mismo mundo que hoy parece arruinado y sin esperanza y que sin embargo construyó los cimientos de nuestra personalidad como europeos en un ejercicio de creatividad y sabiduría que sigue siendo una lección para los hombres de hoy.

Pedro Olalla, que nos dejó una 'Historia menor de Grecia' excelente y entretenidísima, es un extraordinario conocedor del mundo griego y, sin duda, un enamorado de él. Es consciente de la enorme deuda que tiene el mundo actual con el mundo griego por tantos y tantos conceptos básicos que hemos heredado de él y que articulan el entramado de principios que hoy nos guían. El amor al hombre como individuo objeto de respeto, el amor a su libertad, a sus derechos, al principio de la justicia, a la importancia de la palabra, a la honradez, al deber hacia el resto de los ciudadanos, a la ley y también a la política -sí a la política como noble ejercicio para contribuir a un gobierno justo y beneficioso para la ciudadanía- están en el relato de Olalla justamente reconocidos y sobre todo valorados frente a la devaluación a la que hoy han sido sometidos en las que, en teoría, son las democracias más avanzadas.

Porque lo que nos cuenta Olalla en su libro, escrito en pequeños capítulos, es justamente el nacimiento de la democracia en Atenas. Un nacimiento al que asistimos en calidad de lectores a base de un paseo que nos propone Olalla por la ciudad y que nos lleva a los mismos lugares donde, unos siglos antes a que arrancara nuestra era, nacieron y se desarrollaron, en medio de dificultades y de destellos de genialidad, los conceptos que iban a dar lugar a una sucesión de gobiernos democráticos como no los había habido nunca en el mundo.

Tan lejos estamos hoy de esa democracia primigenia -la podríamos llamar pura-, de ese descubrimiento que surge por primera vez y que da a luz a una nueva forma de gobierno y de relación entre la gente, que hay que hacer un esfuerzo para seguir el relato de Olalla y entender lo evidente, aquello que ha alimentado a nuestra cultura y sobre lo que se sostienen nuestras ideas.

Pero he dicho evidente y el autor nos aclara que no lo es. Que se trata de un gran paso adelante resultado del genio extraordinario de los griegos y de una audacia intelectual que permitió revolucionar la política de un modo que nadie había conseguido antes. En realidad, y lo dice el subtítulo del libro, Olalla juega a la contra. Y lo hace inteligentemente. No habla de la Grecia actual. Habla de la Grecia clásica y del enorme peso de sus hallazgos. Y nos muestra esta Grecia antigua, con el preciso detalle y al ritmo que nos va a permitir entenderla, para que la descubramos desde nuestro mundo de hoy, consciente de que a habíamos olvidado. Olalla nos abre los ojos para que regresemos sobre lo que ya sabíamos. Y al hacerlo no hace también responsables de proteger y recordar esa acumulación de conocimientos y de 'virtud' que quienes nos precedieron nos legaron.

En realidad, quien más va a pensar en la Grecia de hoy es el lector enfrentado a los principios que Olalla le recuerda y le desmenuza para que recuperen todo su sentido. Para que volvamos a conectar con esa sabiduría de los griegos que en definitiva es la nuestra y de la que nos habíamos desentendido.

Grecia en el aire es un viaje en el doble sentido, hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y es también en lo cultural un viaje desde la Atenas original hasta lo que hoy llamamos Occidente. Aleccionador, poético y extraordinariamente interesante es este libro que nos ofrece Pedro Olalla y que no debiera dejarse de lado.

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sábado, 20 de agosto de 2016

Cosas que no caben en la maleta. Vivencias de un diplomático novato en el Congo

Cosas que no caben en la maleta

Enrique Criado
Aguilar, 2016
318 pp.

Enrique Criado cuenta cómo es el Congo -especialmente Kinshasa-, cómo es la vida allí, cómo es la gente, el día a día y también la historia reciente. Y puede hacerlo porque en su condición de diplomático ha vivido en la capital congoleña, ha pisado la calle, ha hecho amigos y ha conocido bien el país.


Enrique Criado
Aguilar, 2016
318 pp.






Poco sabemos del Congo más allá de lo que contaron en el s XIX quienes lo exploraron o recalaron en él como colonizadores. O quienes más tarde escribieron sobre dichos personajes.

Cazeneuve, Stanley, Conrad, Brazza, Burton, Gide ... componen esta familia que llevaron a Europa noticias de esclavitud, de injusticia, de sacrificio y también de fascinación por el poderoso influjo de ese corazón africano de tamaño enorme, insondable, amenazador muchas veces y lleno de misterio.

Enrique Criado cambia de registro y nos habla del Congo de hoy. De ese Congo cuyo nombre oficial es la República Democrática del Congo, que antes se conocía como Zaire y que es el heredero del antiguo Congo Belga. Y lo hace en un libro absolutamente recomendable, de escritura fresca, en un tono informal que deja transmitir la vida que late detrás del relato.

Criado le da la vuelta al Congo como un calcetín para contar lo que ocurre dentro del país especialmente en Kinshasa, cómo es la vida, cómo es la gente, el día a día y también la historia reciente. Y puede hacerlo porque en su condición de diplomático es destinado a la capital congolesa donde permanece años, aterrizado de nuevas, con los ojos abiertos y con la oportunidad de picotear de aquí y de allí, de relacionarse por motivos de su trabajo con personas muy distintas y de recibir información y puntos de vista tanto de gentes del país como de extranjeros que lo conocen bien.

Como el subtítulo del país indica, 'Vivencias de un diplomático novato en el Congo', nada de lo que encontramos en el libro está dicho en tono magistral ni engolado. El lenguaje llano y el tono le parecerá al lector agradablemente próximo y ameno. Un cierto sentido del humor o un deje de ironía discurre a lo largo del libro y convierte en humano un relato que por muchos motivos podría parecer ajeno, como de otro mundo.

Y lo cierto es que mucho de otro mundo tiene. 'El Congo es para mí -dice- el país más africano de África'. Una frase que resume la densidad de complejidades, de desajustes y particularidades que tiene el país, cuya dimensión es comparable a la de Europa. Criado nos habla de la vida cotidiana, del fútbol, de las comidas, de las fiestas, las bodas y los entierros, de los conjuros y de esa medicina mágica que sigue tan viva como la otra, la que trajeron los europeos, de los bulos que corren por el país y de la precariedad que lo domina todo, desde la salud, a la seguridad o al suministro eléctrico que en la misma capital aún no está resuelto.

Pero donde el autor hace su trabajo más fino es seguramente en el tema de la política y en el de las guerras que se han cebado en el Congo y que llevan a dudar de si la guerra es la continuación de la política por otros medios o es justamente en lo contrario donde está la verdad. Aunque Criado toca de refilón -no hay espacio para todo en un libro- el tema de la independencia con esos nombres míticos de Kasavuvu, Lumumba y el Che Guevara, es en el entorno más reciente de los conflictos nacidos a partir del de Ruanda donde fija su atención y desgrana con claridad admirable las líneas maestras de un embrollo terrible, prolongado en el tiempo, latente al día de hoy y que costó la vida a millones de personas.

Los intereses contrapuestos, los apoyos internacionales a las partes en conflicto, las diversas bandas y guerrillas, la magia que detiene las balas, los hilos de la política son analizados en no muchas páginas y dan al lector una visión seguramente mucho más ordenada de la que tenía antes de conocer unos hechos que suelen aparecer en los periódicos de forma confusa porque es la confusión su principal caldo de cultivo.

'Mi deseo es que el protagonista del libro sea el propio Congo', dice el autor. Y poniéndose en la piel del lector indica que 'puede interesar esta obra a quienes hayan visitado o se planteen visitar la RDC (República Democrática del Congo, para distinguirla de su vecina República del Congo) a quienes conozcan la realidad de otros países del África subsahariana, a quienes viajen por lugares que, aunque alejados físicamente del Congo, compartan con él no estar en la pista pisada del turismo y, last but not least, a los viajeros de sillón con los que comparto el disfrute de recrear en la lectura las aventuras de un desconocido'

Está todo dicho. Sólo queda ponerse a leer.

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