miércoles, 20 de abril de 2016

Tirana blues

Tirana blues

Fatos Kongoli
Siruela, 2015
206 pp.

Con 'Tirana Blues', Fatos Kongoli rompe el silencio que mantiene a Albania en la sombra y nos acerca a algunas escenas actuales ambientadas en su capital.


Fatos Kongoli
Siruela, 2015
206 pp.





Hay países de los que parece que no se puede hablar. Países que existen y están en el mapa, pero ocultos tras un persistente muro de silencio. Albania es uno de ellos. A orillas del Mediterráneo, parece no estar. Parece no emitir ninguna señal que se reciba fuera de sus fronteras. Parece no formar parte de esos países balcánicos, de carácter abrupto, encajados entre montañas, pero que se han abierto al exterior y han afirmado en Europa su existencia.

¿Será que a Albania le falta una guerra que la ponga en el mapa, tal como ahora se dice?¿Será que su socialismo radical que la mantuvo aislada, bajo el férreo gobierno del viejo presidente Hoscka, no era un capricho de la historia sino el reflejo de un ADN que el país llevaba en los genes?

Fatos Kongali rompe el silencio. Tirana Blues, su última novela publicada en español, se ambienta en la capital de Albania y habla del presente. Nada de regresar al pasado con los viejos fantasmas de un socialismo que quedó superado y del que nadie quiere saber ya nada. Tirana blues dibuja una imagen de hoy. Pero Albania sigue estando ausente. Hay que leer entre líneas para componer una imagen del país. Lo que Fatos Kongali nos muestra es un microcosmos compuesto por personajes marginales o directamente estrambóticos que al lector le sirven de metáfora para deducir, por su cuenta, una realidad más amplia. Para imaginar, a partir del relato que nos hace, una parte de la Albania real.

El paisaje que sirve de escenario a Tirana blues es contradictorio porque en su relato se mezclan, al menos, dos historias que componen una especie de curioso esperpento. Gente 'guapa', desamores, funcionarios en el papel de policías, un cadáver, delincuentes…

El panorama que nos muestra resulta en buena parte estremecedor. Estremecedor, más que por dramático, por lóbrego y desesperanzado. Parte del relato se sitúa en un espacio marginal de la capital albana. Un espacio donde el desorden urbano predomina, donde las casas han ido arañando una periferia aún no habitada y donde la fealdad es la ley que rige el entorno. Chechenia es como conocen los vecinos a este barrio desquerido donde, sin embargo, se desarrolla la vida como en cualquier otro y donde las reglas del juego se alimentan de la miseria y de la brutalidad que exige el echar adelante.

El otro entorno que sostiene la novela es más 'burgués', más profesional y exitoso, pero igualmente fracasado, envuelto en el reproche y en una cotidianidad perversa, construida a base de desamores y de cuentas pendientes.

¿Es la vida con horizontes tan poco estimulantes el mejor retrato que se puede hacer de Albania?¿Lo es la precariedad que se debate entre vivir fuera de la ley -y por consiguiente fuera de la senda del progreso- o miserablemente dentro de ella lo que pone en riesgo el presente y el futuro del país? No cabe duda de que Albania es mucho más que estos guetos que Kongoli dibuja: uno el del país moderno y otro el de una esquina de la capital, donde transcurre la acción de la novela. Pero tampoco cabe duda de que esta Chechenia urbana es un reflejo del país y que con ella el autor ha querido lanzar un mensaje de largo alcance.

Con estos mimbres, el lector podría esperar un relato de corte dramático. Tirana blues, sin embargo, evita la dureza de la situación. La evita como la evita la vida misma cuando los personajes tienen que enfrentarla todos los días. La evita con el cinismo del que debe echar mano quien tiene que nadar en aguas revueltas para no ahogarse en ellas y con un tono burlón que la inteligencia ofrece a quien busca una salida a una realidad tan desastrada.

Uno de los personajes de la novela, un chaval llegado de algún pueblo al barrio, con más aspiraciones que medios para alcanzarlas, es otro más de esa legión de supervivientes, apaleados y afortunados a partes iguales, que tratan de hacer frente a la adversidad para no ahogarse en ella. Otros son personajes urbanos, exitosos a su manera pero insatisfechos y se podría pensar que contaminados por un ambiente tóxico apto para el cultivo de cualquier cosa menos la felicidad.

Tirana blues, que replica el título del famoso Tokio blues de Murakami, tiene la indudable melancolía de una vida donde no parece haber estímulos, donde la cotidianidad no tiene más objetivo que el ir consumiendo los días. Pero tiene la chispa que le dan cada uno de los personajes, condenados a buscarse horizontes por donde ver la luz y abrir un cauce para la vida. ¿Es eso la Albania de hoy?¿Con tan poco puede el lector componer el rompecabezas de un país entero? Nada como pasar un buen rato leyendo el libro para salir de dudas y en todo caso para tener noticia de algo tan esquivo como resulta Albania.

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viernes, 8 de abril de 2016

El último tren a la zona verde

El último tren a la zona verde

Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.

Con 'El último tren a la zona verde' Paul Theroux vuelve a seducirnos. Es su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.


Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.






Paul Theroux vuelve a seducirnos con su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.

El último tren a la zona verde relata el viaje del autor por tierras sudafricanas y por esa África pegada al Atlántico que componen Namibia y Angola. Un libro de viajes, aunque no uno más porque está lleno de conocimiento, de sensibilidad y de experiencia.  Y porque en sus raíces hay un deje de humildad que le da al relato un tono especialmente humano.

Paul Theroux, el gran viajero y exitoso escritor, se ha hecho mayor para seguir andando por estos mundos. La edad le pesa y la energía no es la misma que la de años atrás. No soy yo quien lo dice. Es él. Es el hombre que quiere mostrar que el tiempo pasa y que su sensibilidad es quizás otra: más trascendental, de perspectiva más larga y más profunda de lo que fue antes, y seguramente más desesperanzada.

Dos preocupaciones sobrevuelan el libro y de alguna manera le dan un sabor especial. No es que estas preocupaciones sean un lastre para el viaje desde Ciudad del Cabo hacia el norte siguiendo el perfil occidental de África. Pero sí que articulan su mirada y las reflexiones que hace llegar al lector.

Una de ellas es personal e íntima. Es la que tiene que ver con la vejez y con los miedos que con ella se generan.  No es un ataque de melancolía de quien descubre que ya no es joven. Es un ejercicio de realidad, una especie de balance que resulta interesante por la personalidad de Theroux y por la perspectiva que aporta quien ha sido un viajero impenitente desde su juventud.
La otra preocupación que revela el libro tiene un carácter más social o más político. En definitiva más actual y que revela el gran dilema que plantea África: tras los últimos cincuenta años, y una vez hemos llegado al presente. ¿Cuál es el resultado de este balance?¿el continente avanza o ha retrocedido? No es fácil contestar a estas preguntas porque son muchos los elementos que intervienen en el juicio. Pero muchas son las informaciones que nos llevan a concluir que estamos ante una catástrofe.

'Mi bisabuelo, el difunto jefe Kabazembi, nunca fue a la escuela pero tenía veinticinco mil cabezas de ganado en 1903, antes de que nos conquistaran. Yo tengo un título universitario pero no soy dueño ni de una gallina' figura en la declaración de un miembro de la etnia herero ante una comisión de la ONU en Dar es Salam.
El viaje que emprende Paul Theroux persigue, entre otros asuntos, ver en qué han quedado las tribus bosquímanas que habitan el África meridional. Unas tribus que han tenido un valor incalculable para la antropología porque resultaban el eslabón humano más próximo a la vida en la edad de piedra. Se trataba de comunidades enraizadas en un mundo que había desaparecido ya del resto del mundo pero que seguía vivo y sostenía a una comunidad humana culta estructurada y autosuficiente.

El mundo de los bosquímanos es solo un ejemplo de un proceso de exterminio y de expolio que ha afectado al continente entero con resultados devastadores. Y que es una pérdida para el conjunto de la humanidad. Theroux es lector tanto como escritor. Conoce la historia y el trabajo de los antropólogos. Sabe lo que encontraron los primeros que se adentraron en el continente y lo estudiaron en el siglo XIX y conoce lo que sucesivamente han escrito los que vinieron detrás.

Los encuentros con personas son el empedrado sobre el que discurren los libros de viajes. Pero en este caso, dichos encuentros encuentran a un testigo informado, atento a lo que escribieron otros y a lo que sus ojos ven, y sin las urgencias de un escritor joven por destacar, jugando con los hechos o las penalidades del viaje.

La miseria que acompaña a estos pueblos 'primitivos' que resultan auténticos monumentos del patrimonio humano, la dureza del clima y las penalidades que pesan sobre los lugares más perdidos pesan también sobre aquellos donde la modernidad supuestamente ha triunfado. A Theroux le puede la curiosidad y las ganas de salir del camino trillado. Por ello las ciudades aparentemente exitosas le descubren -y descubren al lector- sus enormes deficiencias. Se diría que de la mano de Theroux nada es lo que parece.

Pero no tema el lector. El último tren a la zona verde no es para nada un libro apesadumbrado. Y menos aún un panfleto de denuncia. Es un libro ponderado, que huye de los aspavientos, pero que plantea una realidad que invita a una profunda y grave reflexión y que contribuye de manera muy positiva a tomar posición sobre muchos de los problemas que padece África.

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lunes, 21 de marzo de 2016

Cinco esquinas

Cinco esquinas

Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2016
272 pp.

'Me gustó la idea -dice Vargas Llosa- de que la historia se llamase Cinco esquinas como un barrio que, de alguna manera, es emblemático de Lima, de Perú y también de la época en que está situada la historia'


Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2016
272 pp.





En la cresta de la ola, Vargas Llosa publica su nueva novela, acompañada de un potente marketing editorial. Por supuesto, es un éxito y es que, marketing aparte, el maestro escribe de maravilla y tiene oficio para trabar una historia de ficción, que se apega a la realidad, y que mantiene al lector entretenido.

¿Una novela más? Tal vez, pero por lo que a viajes concierne tenía un aliciente: entre intrigas, idas y venidas, como dice la presentación del libro, la novela se convierte en una especie de 'mural de la sociedad peruana en los últimos meses o semanas de la dictadura de Fujimori y Montesinos'. 'Me gustó la idea -dice Vargas Llosa- de que la historia se llamase Cinco esquinas como un barrio que, de alguna manera, es emblemático de Lima, de Perú y también de la época en que está situada la historia'.

Lima, la Lima de cielos grises y de barrios apartados como si de ciudades distintas se tratara queda retratada en el libro a través de una rocambolesca trama donde aparecen políticos, periodistas, policías y gente 'bien': los ricos, encumbrados en la sociedad, con la mirada puesta en escapadas a Miami, en el confort de una vida lujosa y en el riesgo de un entorno donde los secuestros y la inseguridad son el pan nuestro de cada día.

Cinco esquinas no es una novela negra ni propiamente un thriller, aunque haya acción y su dosis de intriga. Es muy especialmente un reflejo de sentimientos básicos, de pasiones e intenciones, de principios morales, de reflexiones políticas, de afectos, de fidelidades e infidelidades que afectan al ser humano y más concretamente a una parte de la sociedad peruana. No estamos en Shakespeare con sus dramáticas incursiones en el alma humana. La disección de Vargas Llosa es más mundana. Tampoco sus personajes son reyes ni grandes señores. En Cinco esquinas volamos a ras de tierra, en medio de una sociedad desencajada y llena de turbulencias, aunque como ocurre en la realidad a algunos les va mejor que a otros. Unos nadan en la abundancia y otros en la puñetera miseria.

Recuerda mucho el planteamiento de Cinco esquinas, e incluso su tono, a El héroe discreto, novela de la que hemos hablado aquí. Vargas llosa desciende a lo más inmediato, a los diálogos entre los personajes, al tono de las palabras, al trato de los unos con los otros, a los afectos, a los engaños y a los miedos. Se diría que El héroe discreto y Cinco esquinas son retablos contiguos de un mismo díptico -por el momento- que retrata a la sociedad peruana en el curso de episodios que tienen en común algunas situaciones excepcionales, que ponen a prueba a las personas y que se resuelven en un tono positivo, esperanzador.

Pero he hablado de situaciones excepcionales y por ahí es por donde Vargas Llosa quiere enviar un mensaje. No son excepcionales. O mejor, no fueron excepcionales porque lo que Vargas Llosa saca a la luz es una violencia anclada en la sociedad, atizada por la guerrilla, el narcotráfico y las altas esferas del estado que han destrozado la convivencia y han corrompido la vida del país para hacerlo casi inhabitable.

Como señala el autor, Cinco esquinas se centra en un período de la historia reciente de Perú que afortunadamente pasó. Es un pasaje de una obra -la historia de un país- mucho más extensa que se va escribiendo con el paso de los años. Pero este pasaje, de dureza singular, pone a prueba a la sociedad. Marca las reglas de un juego tenso y peligroso, donde el día a día se desarrolla con la normalidad que afecta a lo cotidiano. Con esa normalidad que quienes la viven acaban por confundir con la vida misma y a la que acaban por rendirse.

Vargas Llosa nos da un paseo por Perú y lo cuenta en un tono que nos parece conocido, con sus matices y con sus sorpresas bien administradas para el entretenimiento del lector. Sea por tratarse de la última obra del Nobel más famoso, sea por seguirle la ola al marketing editorial, la lectura de Cinco esquinas parece obligada para quien no quiera quedarse fuera de onda.

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martes, 8 de marzo de 2016

Una zona de oscuridad. El descubrimiento de la India

Una zona de oscuridad

V.S. Naipaul
Debate, 2015
294 pp.

'Una zona de oscuridad' seguramente pillará al lector con un pie cambiado porque la India de la que nos habla Naipaul ha perdido en este relato la condición de virtuosa y se enfrenta a un catálogo de miserias de las que casi nadie ha querido hablar.


V.S. Naipaul
Debate, 2015
294 pp.






Es éste un libro curioso que merece la pena leer con cuidado. No es un libro al uso y seguramente pillará al lector con un pie cambiado porque la India de la que nos habla Naipaul ha perdido en este relato la condición de virtuosa y se enfrenta a un catálogo de miserias de las que casi nadie ha querido hablar. ¿Pero es que no es el autor un indio de los pies a la cabeza aunque haya nacido en Trinidad, a orillas del Caribe?¿Es que su familia no ha conservado sus raíces, y su misma piel no es del color de la de los indios?

El libro que ahora se publica por primera vez lleva fecha de 2015 tanto en la versión española como en la de lengua inglesa. Aparece hoy pero es el resultado de un viaje efectuado por Naipaul en torno al año 1963, cuando visita la India y lo hace bajo la influencia de su educación familiar pero también de su mirada de occidental: de la mirada de quien ha visto otros mundos y no se deja arrastrar por los efluvios de la mística o de la veneración romántica de una vieja cultura.

Éste "era un viaje que no debía haber hecho -dice Naipaul-. Partió mi vida en dos". La India que encuentra es, en pocas palabras, un horror, alejada de las bondades que se esforzaban en destacar quienes hablaban de ella desde la literatura. 'Mi India no era como la de los ingleses (...). Mi India estaba llena de dolor (...). De modo que, a pesar de ser escritor, yo no iba a la India de Foster o de Kipling".

Todo lo que Naipaul encuentra es cochambrez, suciedad y degradación. Nada hace pensar en un verdadero progreso. Hasta lo nuevo parece falso porque, a poco que se rasque, la India moderna lleva un lastre que condiciona cualquier proyecto de modernidad y lo corrompe. La India está gravemente enferma. Parece al principio del libro que el autor se deja llevar por la decepción de encontrar un país demasiado pobre y por el rechazo a una miseria para la que busca culpables y los encuentra en los propios indios.

Pero no es así, el ojo experto del autor pretende hacer un diagnóstico y hallar las causas profundas de tanto desastre.  En el aparente progreso de la India, lo que él ve es un resultado estrafalario en el que nada es lo que parece. Lo que se ve por fuera, lo que los indios muestran con sus gestos, no es más que la cáscara de una realidad cuyo interior contiene las semillas del fracaso. La profunda cultura india, esa tradición milenaria que ha penetrado en cada persona y que sigue viva en ella, acaba siendo el veneno que impide a la sociedad avanzar. La obsesión por la jerarquía es uno de sus componentes. Es una parte de ese complejo entramado que mantiene vivas a las castas y que encierra a cada persona en un papel sin salida posible.

La prisión en la que viven los indios es profunda y hace a su sociedad inmóvil y declaradamente ineficaz. Del que barre se espera que coja la escoba, no que limpie como se entendería en el mundo occidental. El destino de cada persona es ponerse en el lugar que le toca, no que realice una función práctica ni que la realice bien. De acuerdo con la tradición, el indio sólo es responsable de ocupar el lugar que tiene asignado. Por ello a nadie molesta que mantener una escalera precise de un operario con un cubo de agua, otro apartando hojas y otro barriendo para colocarlas en el cesto que lleva en la mano un cuarto. Todos ocupan el papel sumiso que les corresponde y ninguno de ellos se siente responsable del resultado de su labor. Y todos -la sociedad entera- están de acuerdo en dejar el espacio natural para que cada cual se sitúe en el lugar donde debe.

En la India el trabajo es degradante, de modo que el rico, para ocupar el lugar que en el complejo cosmos de la sociedad le corresponde, tiene que demostrar que está por encima del mundo laborioso de los pobres. El comerciante rico en la India es un personaje gordo como corresponde a quien desea mostrar que lo suyo es hacer dinero pero no es agacharse para trabajar como los demás. Por ello para Naipaul la cultura India es, a pesar de las apariencias, todo lo contrario a una cultura sutil. Y no se corta en poner ejemplos brutales. “Los indios -cuenta- defecan por todas partes. Defecan sobre todo junto a las vías del tren, pero también en las playas, en las montañas, a orillas de los ríos, defecan en la calle…”

Llevado de la mano de Naipaul, al lector lo más interesante le será descubrir que hay otra lectura de la India que contradice a la que resulta de una mirada superficial: que las apariencias de progreso encierran un engaño. Los modernos ejecutivos, aunque rezumen modernidad y hayan vivido en el extranjero, se siguen casando a través de anuncios en los periódicos y mediante arreglos hechos por las familias. Los que se acercan a los pobres y hacen con ellos alguna obra de caridad no están guiados por la compasión puesto que los desprecian, lo hacen por cumplir con los mismos mandamientos que justifican que los pobres no salgan de su pobreza. Los sastres indios engañan a sus clientes con prendas de baja calidad porque lo suyo es hacer trajes de cualquier manera y colocarlos con sonrisas y reverencias a sus clientes en lugar de ofrecerles un auténtico servicio como se considera en occidente. Los santones que aparentan dedicarse a dios son en realidad unos profesionales del no hacer nada y del vivir de las limosnas.

Naipaul habla de la India de los años 60 y cuenta cosas de las más diversas. La guerra fronteriza con China, que casi nadie recuerda ya, aparece en el libro y sirve también para mostrar las inconsistencias de la India y las dificultades para afrontar el reto de su papel en un mundo moderno. Es verdad que mucho ha cambiado desde entonces. Que lentamente la India ha ido virando hacia el futuro. Pero la mirada de Naipaul sacando a flote el enorme lastre que supone la cultura tradicional y sus antiquísimos libros sagrados sigue siendo válida al día de hoy. El auge de los partidos nacionalistas que buscan reafirmarse en las esencias más profundas de los valores dravídicos muestra que el tema sigue siendo actual y que el enfoque de Naipaul abre un valioso camino para aquellos que desean comprender lo que se cuece en esta India que alcanza la categoría de subcontinente y de la que se espera una presencia cada vez más relevante en el mundo.

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lunes, 22 de febrero de 2016

Un otoño romano

Un otoño romano

Javier Reverte
Plaza y Janés, 2014
320 pp.

Pocas cosas escapan a Javier Reverte y a su extraordinaria erudición en este 'otoño romano' con el que nos lleva a pasear por la capital de los papas de la manera más estimulante y gozosa ....



Javier Reverte
Plaza y Janés, 2014
320 pp.





Hablar de Roma parece un ejercicio de éxito asegurado. La ciudad es tan extraordinaria, tan excesiva en tantas cosas, tan llena de historia y de anécdotas que nunca llega a agotarse el repertorio de asuntos que atraen la atención del lector y que convierten la lectura en una fiesta. Digamos que Roma es única y además jugosa. Y es este jugo dulce y lleno de vida el que la hace tan seductora.

Por supuesto, no todo el mundo vale y quien se atreva a hablar sobre ella cuenta. Hace falta un buen entendimiento entre la ciudad y quien toma la palabra para que el relato se haga corto y apetezca seguir adelante en la lectura buscando conocer más, otras noticias, nuevos puntos de vista, historias aún no contadas, anécdotas que resultan nuevas, guiños que desvelan el brillo de la ciudad apagado a veces por la cantidad de siglos que lleva a sus espaldas.

En materia de guiños, Javier Reverte es un maestro. Comparte con Roma un profundo sabor mediterráneo y ese compartir lo hace especialmente agudo a la hora de acercarse a esta ciudad que llaman eterna y que resulta tan abundante en sabores y en atractivos de todas clases. Atractivos a ojos vista y que llaman la atención a veces y que hay que rebuscar para descubrirlos en otras ocasiones porque están ocultos a una mirada demasiado superficial.

Con tanta riqueza, a Roma hay que conocerla bien si no se quiere que pasen desapercibidos tantos encantos como posee. Encantos en los que Reverte, con la sensibilidad que da a mitades el conocimiento y el enamoramiento, resulta un experto.

La lectura de Un otoño romano es en realidad un paseo por Roma. No hace falta gran concentración para que el espíritu del lector vuele a la capital de Italia y se sumerja en el paisaje que se abre en cualquiera de los recorridos que Reverte emprende por la ciudad. De hecho, el libro es un diario que discurre al hilo de un ramillete de visitas que ocupan el tiempo que el autor disfruta en la ciudad.

Pero lo del diario se pierde enseguida de vista porque no es más que una excusa para organizar el contenido del libro. A Reverte, lo mismo que a los romanos, el orden no es lo que más le preocupa. Su imaginación desborda el hilo del tiempo y sus paseos se convierten en un manantial de ocurrencias que tienen atrapado al lector. Ocurrencias no en el sentido de arbitrariedades sino de un fluir constante de ideas que permiten en una sola página pasar del oficio de farmacéutico a los platos de alcachofa y a la relación de Mussolini con los judíos.

Pocas cosas escapan a Reverte y a su extraordinaria erudición, entendida en el mejor de los sentidos. Nada suena a discurso profesoral aunque aparezcan Goethe o Stendhal entre líneas porque lo que prima en el relato es un escribir campechano que deja asomar la vida más que la aglomeración de saberes y de citas.

Roma es excesiva. Lo anuncia el autor al principio del libro. En ella desborda lo insólito, lo que en cualquier otra ciudad sería inconcebible y que aquí ocurre como si tal cosa. Y el exceso tampoco es algo que se improvise. El imperio romano, los papas, los personajes de una talla enorme que moldearon la ciudad, la extraordinaria exaltación de la belleza y las perversiones más sublimes han hecho de Roma una ciudad desbordante se mire por donde se mire. Reverte sabe descubrir todos estos registros que configuran la esencia de la capital de Italia y la convierten en única. Y, en un tono campechano, sabe llevar de la mano al lector en una visita de lujo por la ciudad, entretenida en todo momento y estimulante en cualquiera de los temas donde se detiene.

Quienes hayan visitado Roma y quienes no, quienes tengan en proyecto ir por primera vez o regresar a ella o quienes no se hayan parado nunca en pensar en la ciudad de los papas se dejarán atrapar por este Otoño romano, tan rico en conocimientos, tan sugerente y vital.

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jueves, 11 de febrero de 2016

A flor de piel

A flor de piel

Javier Moro
Seix Barral, 2015
496 pp

Quien quiera dejarse arrastrar por una aventura singular y por un hecho, aunque desconocido, de dimensiones históricas, tiene con A flor de piel la ocasión de hacerlo y de disfrutar de una buena lectura.



Javier Moro
Seix Barral, 2015
496 pp





Una película de buenos. Esto es lo que nos trae Javier Moro con esta flor de piel que da título al libro y que nos habla del terrorífico mal de la viruela cuando no había remedio para curarla y del  extraordinario viaje que hizo falta emprender para llevar hasta América la milagrosa vacuna que consiguió vencer la enfermedad.

A flor de piel es en primer lugar un viaje en el tiempo. Un viaje bondadoso porque la distancia y también el dramatismo de las situaciones obligan, a toro pasado, a buscar un relato sereno con el que acercarse a los hechos. El lector actual lo necesita para no dejarse arrastrar, él mismo, por ese terror hacia la enfermedad sembrada de forma arbitraria y sin forma de escapar de ella. Y el narrador también se ha sentido cómodo en esa serenidad para buscar un equilibrio en el relato y no apostar solamente por la tragedia de sentir el desamparo abrumador y la condena sin remedio ante una muerte que rondando casa por casa lo impregnaba todo.

En ese viaje en el tiempo Javier Moro nos lleva a la Galicia rural del siglo XIX, una tierra mísera e inhóspita donde el hambre era el pan de todos los días. Nada jugaba a favor de quienes nada tenían, en una sociedad sobre la que el autor no quiere cargar las tintas. Los más pobres entregan a sus hijas a quienes las puedan alimentar, cualquiera que sea el precio. El cura se compadece de sus parroquianos y ejerce una precaria caridad con ellos para echarles una mano. Incluso los señores, que también los hay, se muestran generosos para hacer un poco más humano un mundo que no lo es. Menos la muerte por la viruela y la miseria, todo parece humano en el relato de Javier Moro y todo parece mostrar una sociedad que con los siglos y en medio de la desgracia ha ido buscando una forma de acomodo para que la vida siga.

Pero no todo es la pobre Galicia, rural y lluviosa, aislada en un rincón atlántico. El relato novelado de Javier Moro nos lleva también al Mediterráneo, nos habla de los militares, del interés por la ciencia, de las guerras y de esa otra España de la que nos hemos olvidado y que era la de las colonias americanas. Unas tierras próximas y lejanas al mismo tiempo, que extienden la percepción del territorio nacional a lugares de los que llegan noticias contradictorias pero que son hermanos.

Para la península, América es una suerte de anticipo de la globalización. Es el motivo para extender un puente sobre el Atlántico y sobre el Pacífico hasta Filipinas y es el motor de este proyecto enorme para la época que es llevar la vacuna contra la viruela de un continente a otro.
La precariedad de las comunicaciones, su lentitud y la dificultad de alcanzar los lugares remotos convierten, a esta expedición de niños, médicos, marinos en un barco fletado expresamente, cargado con material de laboratorio y con todas las bendiciones de la Corona e incluso del Papa, en una hazaña extraordinaria.

El viaje real, que es el que hace la vacuna a cuyo servicio están niños, médicos, marinos, autoridades, obispos y curas... está lleno de incertidumbres. Nunca antes se había planteado una vacunación masiva de esas proporciones y nunca se había intentado con una fórmula tan inestable y tan difícil de mantener activa a lo largo de tanto tiempo y a pesar de distancias tan enormes.

Por supuesto, no hay película de buenos sin que aparezca algún malo en escena y sin que los contratiempos no sirvan para darle emoción a la trama. Las buenas intenciones chocan, con frecuencia, con la realidad, tienen sus sinsabores, generan incomprensión y envidias. Sin echar una mirada a las dificultades, la epopeya de la vacuna hubiera quedado corta y la imagen del mundo en que se desenvolvió hubiera perdido consistencia.

El relato de Javier Moro sostiene su pulso a lo largo de las páginas y mantiene viva la atención del lector. En su transcurso, va presentando episodios novelados, unos, y verdaderos, otros, de un pasado que quien lee sentirá unas veces familiar y otras veces lejano y olvidado. Y al mismo  tiempo Javier Moro devuelve a la actualidad un acontecimiento casi desconocido que ayudó a cambiar el mundo y que hoy debería despertar la mayor admiración.

Quien quiera dejarse arrastrar por una aventura singular y por un hecho, aunque desconocido, de dimensiones históricas, tiene con A flor de piel la ocasión de hacerlo y de disfrutar de una buena lectura.

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viernes, 29 de enero de 2016

Sicilia mía

Sicilia mía

Cesare Brandi
Elba, 2015
182 pp.

Quienes busquen desvelar el alma de Sicilia y quieran dejarse llevar de la mano de un maestro de la sutileza y la sensibilidad habrán encontrado en la lectura de Sicilia mía el libro que andan buscando.


Cesare Brandi
Elba, 2015
182 pp.





Mejor no resistirse resistirse y dejarse llevar por la prosa de Brandi: entrar en Sicilia en avalancha. Una avalancha poética llena de gozo y de sorpresa por la enorme belleza que atesora la isla y por su condición de tierra casi sobrenatural.

Brandi construye una elegía cuando habla de Sicilia y expresa su propio embelesamiento, esa irrupción de sensibilidad que abruma al historiador de arte que es él cuando llega a un lugar fabuloso donde todo es extraordinario. Sicilia, tal como él la ve, es pura fantasía, es el crisol que derrocha aromas que alcanzan a lo más profundo del alma y que reúne desde las obras más bellas a los matices más etéreos y sutiles. Sicilia convierte todo cuanto la rodea en un mito, le da a cualquier aspecto de la realidad un carácter extraordinario, lo envuelve todo de una atmósfera que altera la mirada de quien se acerca a ella. De ahí este relato efervescente que Brandi desgrana haciendo volar la imaginación y llevando al lector por las amplias avenidas de una cultura hecha de viejas culturas y de mezcla de estilos en los que se detiene lleno de admiración.

Los romanos, los árabes, los bizantinos y los normandos, el renacimiento, el barroco ... son las referencias que inevitablemente surgen cada vez que Brandi fija la mirada en cualquier rincón y las que alimentan su relato y su disgusto por el despropósito de la Sicilia moderna cuya fealdad -gracias a dios- no consigue ocultar la belleza inigualable dejada por tantos años de cultura y de culturas que se han ido sumando a lo largo de la historia.

Sicilia mía es un libro para enamorados. Para quienes se encuentran ya bajo el embrujo de esta isla de condición inabarcable y desean sumarse al viaje literario que propone Brandi, volando de un lugar a otro de la historia y proyectando sobre cada rincón la luz que lo hace brillar y lo convierte en una maravilla.

Sicilia mía no es una guía, aunque a lo largo de sus páginas el texto recorre la isla entera y aunque dedica a cada lugar su atención. Se trata más bien de un relato hecho de sentimientos y de sensaciones, de descripciones precisas de las que se derivan agudos matices y de la expresión de profundas emociones que nacen de la arquitectura genial que se encuentra en plazas, palacios y catedrales o a la vista de un paisaje, o de un mosaico, o de una escultura.

Quienes en lugar de ir en busca de un libro práctico y de informaciones precisas tengan su atención puesta en desvelar el alma de Sicilia y quieran dejarse llevar de la mano de un maestro de la sutileza y la sensibilidad, lleno además de conocimientos sobre el arte y la historia, habrán encontrado en la lectura de Sicilia mía el libro que andaban buscando.

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