martes, 12 de febrero de 2019

El ladrón de recuerdos. Viaje por río a través de Colombia

El ladrón de recuerdos

Michael Jacobs
La línea del horizonte, 2018
273 pp.

El ladrón de recuerdos es una invitación al lector para hacer él mismo su propio viaje junto al autor, junto a García Márquez que está tantas veces presente en el relato y a las leyendas y a los hechos reales que resonarán en su propia memoria.



Michael Jacobs
La línea del horizonte, 2018
273 pp.






Entrelazados, Colombia, el río Magdalena y la memoria componen un relato aparentemente plácido pero entreverado de una creciente tensión narrativa que mantiene al lector atento a medida que avanza el libro. Michael Jacobs, el autor, inglés, viajero, está especialmente interesado en España, donde ha vivido de joven, y en el mundo hispánico. Y vive influenciado por la lectura de Cien años de soledad, deseoso de remontar, desde la desembocadura en Barranquilla hasta sus fuentes, el curso del río Magdalena.

El proyecto de Michael Jacobs es el propio de un intelectual maduro dispuesto a realizar un sueño de juventud, una aventura largamente deseada y llena de pinceladas que atraerán su atención durante el curso de su viaje. Pero es también un diálogo con la vida y con la memoria que se desvanece como condición implacable del paso del tiempo. Hay en El ladrón de recuerdos una amable melancolía que da a la narración un tono especial e íntimo en el que el lector se va a sentir cómodo y en el que reconocerá también que está ante un ejercicio de buena literatura.

El viaje que emprende el autor se propone remontar el río Magdalena, crucial para Colombia, el que fue hasta no hace tanto la única vía de comunicación desde el mar hasta el interior del país y también el que ha supuesto un prodigio de la naturaleza en torno al cual nacieron mitos y se produjeron hechos que conformaron una fértil leyenda.

El río Magdalena aparece como un gigante, pero es un gigante herido, a pesar de su grandeza, por el paso del tiempo y por el uso implacable que de él han hecho los hombres. Herido por los años aparece también García Márquez, con quien el autor tiene un encuentro y cuya literatura se confunde con el Magdalena para darle vida más allá de su caudaloso curso. Herido es el propio viaje aguas arriba, en un transbordador lastrado por una pesada carga cuyos marineros reflejan en sus propias vidas el declive del río, además de la fuerza con la que se abren camino los unos por la vida y el otro en su discurrir por su maltratado cauce. El propio autor expresa a lo largo de su narración el desgarro que lo acompaña al separarse de una madre enferma, senil, cuyo recuerdos la abandonan marcan una decadencia que forma parte de la vida misma y desvelan la fragilidad del hilo que mantiene a cada uno en relación con el mundo.

El viaje aguas arriba es lento, incierto muchas veces ante la duda de si el lecho del río permitirá el avance del barco en el que viaja el autor. Un viaje que discurre acompañado del nombre de pueblos remotos que no son más que caseríos que sobreviven olvidados en las orillas y que dan un punto de irrealidad al ambiente.

Parece que por los últimos tramos del camino Colombia se oscurece y muestra, ahora sí, una herida real y dramática que es la de la violencia que vivió en las épocas recientes y que continúa todavía lastrando el país. No se trata de hablar de la historia ni de dolorosos recuerdos. El autor, penetrando hasta las fuentes del Magdalena, accede al corazón del país, agreste, desamparado y se enfrenta a un encuentro con la guerrilla que ejerce todavía una precaria autoridad sobre el territorio. Un encuentro real, con una autoridad crispada, marginal ya, de rasgos casi oníricos ante la fuerza de un ejército que la ha vencido ya en casi todos los frentes.

Una Colombia temible, marcada aún por la violencia, desencajada de esa otra Colombia, luminosa y pacífica que da a entender el relato en su principio, emerge a medida que avanza el libro para dar una imagen y una sensación global del país, dejando ver sus entrañas, sacando a la luz sus caras ocultas.

El ladrón de recuerdos es al mismo tiempo la ocasión de recuperar la memoria. Es el diálogo que trae al presente las reflexiones de un viajero cuidadoso y atento a la vida, seducido, en este caso, por la magia tan real como literaria del río Magdalena. Y es una invitación al lector para hacer él mismo su propio viaje junto al autor, junto a García Márquez que está tantas veces presente en el relato y a las leyendas y a los hechos reales que resonarán en su propia memoria.

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viernes, 11 de enero de 2019

Viaje al interior. 80 días en furgo por la España olvidada

Viaje al interior. 80 días en furgo por la España olvidada

Fran Zabaleta
Los libros del salvaje, 2018
363 pp.

Ochenta días por la España olvidada dan mucho de sí y contados por Fran Zabaleta, a bordo de su furgo y envuelto en un mundo de consideraciones que tiene a bien compartir con el lector, se convierten en el mejor de los entretenimientos.

Fran Zabaleta
Los libros del salvaje, 2018
363 pp.






Lo que le ocurre a Fran Zabaleta, el autor del libro, corre el riesgo de ocurrirle al lector después de unas pocas páginas de este viaje en ‘furgo’ que es un retrato de la Península Ibérica pero distinto del que suele ser el habitual. Un retrato a ras de suelo, más tranquilo y menos apresurado del que discurre por el cielo en avión o por las autopistas. Y más sensible -lo reconoce el autor- a lo que echaba de menos Steinbeck: el olor de la hierba, el hablar de la gente en cada lugar, los distintos ambientes de las distintas regiones…

Lo que le sucede al autor es que ha caído bajo la seducción de la idea de comprarse una furgoneta y ponerse a viajar en solitario, sin prisas, para hacer realidad un anhelo que va ganando terreno en su interior.  Y lo que corre el riesgo de sucederle al lector es enamorarse sin darse cuenta de la misma idea y del goce que el autor, medio en broma, medio en serio, va sembrado a lo largo del relato con el que presenta el antes y el después de su viaje. Un viaje por tierra que supone también un viaje al interior de sí mismo.

“El título Viaje al interior -dice- , no es casual: este es un diario de viaje y como tal encontrarás en él anécdotas, historias y reflexiones relacionadas con los lugares que he visitado. Pero también encontrarás algo más. Todo viaje es, de alguna forma, un viaje al interior. Salir de nuestra zona de confort nos obliga a mirar a la vez hacia fuera y hacia dentro, para tratar de orientarnos al tiempo que nos descubrimos”.

Podríamos estar ante un viaje a lo ‘hippy’ -jipi, dice él acudiendo al diccionario de la RAE- pero la cosa tiene más vueltas de lo que se podría esperar a un lanzarse al mundo sin plan, dejado a la improvisación y proyectado a mayor gloria de la vida natural.

Para empezar Fran Zabaleta es gallego y su discurso en lugar de lineal es quebrado, además con cincuenta años a sus espaldas ya no es un chaval y, por fin, dedicado como se dedica a la literatura, utiliza recursos convincentes que empiezan por hacer del lector un cómplice con el que dialoga de tú a tú y lo asocia del modo más natural a su proyecto.

Las dudas sobre el viaje ocupan las primeras páginas del libro convertidas en un desenfadado ejercicio de introspección y reconocimiento de las limitaciones reales e imaginarias de emprender una aventura como la proyectada.

Pero pronto el horizonte se despeja y pueblos, paisajes y gentes empiezan a desfilar ante sus ojos y los del lector que descubren a un viajero erudito, nada pesado y con suficiente opinión como para poner a caldo a los enemigos que se cruzan por su camino, tanto por el de asfalto -con los eucaliptos, por ejemplo- como por el de la historia -donde se ceba, por ejemplo, con los carlistas sin compasión.

Amores declarados y algunos porrazos -resultado de una ira más fingida que real- salpican lo que se convierte en un relato divertido, lleno de derivadas a las que contribuyen tanto la memoria sobre cosas ocurridas como alguna búsqueda por internet que efectúa el autor y que devuelven las escenas al presente, a lo que es un viaje a pie de carretera, incierto como corresponde a una gran aventura y sin embargo cómodo y grato como debe ser cuando la aventura tiene en realidad todos los cabos bajo control y ella misma es un juego con el que se divierte el autor.

El viaje, a medida que avanza se va nutriendo de incursiones en temas varios que abren un mundo de reflexiones. Desde los tartesos, pasando por la caza mayor y la conquista de América, por poner sólo unos pocos ejemplos, el horizonte que se le abre al lector parece no tener límite y vuelve a ser un reflejo de lo que el viaje significa: ensanchar la mirada, ampliar el universo mucho más allá del estricto paisaje del camino que se recorre. Ochenta días por la España olvidada dan mucho de sí y contados por Fran Zabaleta, a bordo de su ‘furgo’ y envuelto en un mundo de consideraciones que tiene a bien compartir con el lector, se convierten en el mejor de los entretenimientos.

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jueves, 20 de diciembre de 2018

Cinco ciudades

Cinco ciudades

Ahmet Hamdi Tampinar
Sexto Piso, 2018
249 pp.

Ahmet Hamdi Tampinar es uno de los más grandes de las letras turcas contemporáneas. Su mirada, en extremo aleccionadora, convierte Cinco ciudades en una excelente oportunidad para que el lector se acerque a Turquía con ojos nuevos, desde una actitud más comprensiva y más afectuosa también.



Ahmet Hamdi Tampinar
Sexto Piso, 2018
249 pp.





Ahmet Hamdi Tampinar es hijo de su tiempo. Y su tiempo es el de la nueva Turquía, el de Kemal Ataturk, el de la independencia ganada a los vencedores de la Primera Guerra tras la disolución del imperio Otomano y el reparto de sus tierras entre las potencias europeas y las menos potencias como eran Grecia e Italia.

Ahmet Hamdi Tampinar vive la heroica lucha que tuvo que emprender Turquía para recuperar el propio país y refleja el orgullo de pertenecer a un pueblo cuya cultura, cuya arquitectura, cuyos poetas y místicos, y cuyo pasado estaban cargados de gloria.

Rescata los valores de esa larga tradición que da aliento al nuevo nacionalismo turco, culto, emprendedor, maravillado por las huellas que ha dejado el pasado, laico aunque respetuoso con el islam que alimentó la victoria sobre el imperio bizantino y la sustitución de una cultura nacida en Atenas y en Roma por una nueva de raíces asiáticas seléucida y otomana.

Cinco ciudades -Ankara, Erzurum, Konya, Bursa y Estambul- componen el temario de este libro y abren la ventana que sirve al autor para desvelar lo que ha sido y lo que es Turquía. Para hablar desde el corazón de realidades que desconoce el lector y que para él -para el autor- resultan primordiales.

El imperio otomano no es para Ahmet Hamdi Tampinar el naufragio que dice Occidente. Al contrario, es el hogar donde se creó una cultura empeñada en la búsqueda de la belleza. Es un crisol de sabiduría que ha dejado huellas que todavía emocionan. Pero no es sólo el imperio otomano. Los seléucidas a quienes los otomanos sometieron fueron a su vez los creadores del mundo sobre el que quienes los sucedieron se apoyaron para desarrollar el suyo y son quienes han dejado a los turcos de hoy muestras de un talento y una maestría que el tiempo y el olvido ha maltratado lamentablemente.

La mirada de Ahmet Hamdi Tampinar es tan intensa como paciente y como teñida por el sufrimiento. El dolor de las guerras más recientes -con Serbia, con Rusia, la Primera Guerra, con Grecia…- aparece al hablar de Ankara, como aparece cuando mira a Erzurum, rica cuando pasaban las caravanas cargadas de mercancías camino de ida y de vuelta a Tabriz y despoblada y casi muerta cuando consecuencia de la guerra y también del automóvil el comercio cesó y con el la actividad de la ciudad.

Sin duda, a los europeos nos van a sorprender muchas de las cosas del relato de Ahmet Hamdi Tampinar que no esperamos y que de nuevo muestran lo poco -o lo mal- que conocemos Turquía. Hablando de Anatolia el autor, con una mirada que alcanza a Europa entera, se refiere a estampas de los caprichos de Goya y a las escenas de vida que se leen el Gil Blas.  Y aparecen una y otra vez referencias a la Grecia clásica o a las imágenes que han dejado su mitología para describir sentimientos, paisajes y gentes.

¿No es Turquía otro mundo, más propenso a parecer hostil que a mostrarse próximo? La historia tiene súbitos cambios de humor y hoy estaríamos dispuestos a pensar que Turquía vive en un mundo que poco o nada tiene que ver con el nuestro. Y sin embargo, Ahmet Hamdi Tampinar, añorante del cultivo de la belleza que acompañó al imperio otomano y de las muestras de talento de quienes lo precedieron, conmovido por las viejas tradiciones y por la vida próspera que desapareció cuando las ciudades y el campo sucumbieron bajo el peso de la guerra, muestra que además de vivir en Turquía vive también en Europa y recibe de las viejas tradiciones de esta los elementos que alientan su mirada y los sentimientos con que dibuja la vida de su propio país.

Con la misma intensidad, después de referirse a Erzurum, Ahmet Hamdi Tampinar habla de Konya y se sumerge en una apasionante historia hecha de emires y califas, de batallas contra los bizantinos y los cruzados y contra sus propios parientes en una lucha feroz por el poder.  Por supuesto, tratándose de esta ciudad no podían faltar los místicos que la hicieron famosa. Bursa y luego Estambul cierran el periplo que el autor hace y que convierte en libro.

Ahmet Hamdi Tampinar nació en 1901 y falleció en 1962. Es uno de los más grandes de las letras turcas contemporáneas. En este Cinco ciudades deja bien patentes sus méritos y el profundo conocimiento que tiene de su país. Su mirada es en extremo aleccionadora y su libro una excelente oportunidad para que el lector pueda acercarse a Turquía con ojos nuevos, desde una actitud más comprensiva y una mirada más afectuosa también.

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martes, 20 de noviembre de 2018

La tribu. Retratos de Cuba

La tribu. Retratos de Cuba

Carlos Manuel Álvarez Rodríguez
Sexto Piso, 2017
257 pp.

Un excelente texto, mejor literatura, tema interesante es lo que encontramos en esta Tribu que retrata a la gran isla del Caribe con una mirada actual y que el lector va a percibir como diferente a lo que le han contado hasta ahora.


Carlos Manuel Álvarez Rodríguez
Sexto Piso, 2017
257 pp.





Cuba vuelve a estar de moda en el campo editorial porque parece que el país se mueve, aunque no se entienda muy bien en qué dirección ni se sepa a qué ritmo. El caso es que van apareciendo libros, en buena parte arropados por ese aroma familiar y exótico al mismo tiempo que a los españoles nos tiene prendados.

Cuba no sería lo que es sin unas señas de identidad que acaban apareciendo en todo relato y que se apoyan en una tradición que viene de lejos. La bonhomía de la gente, su buen humor a pesar de las adversidades, la querencia por la música, la familiar convivencia entre blancos y negros, las raíces africanas de tantas creencias religiosas, la voluptuosa sensualidad que suele acompañar al ambiente y la Revolución vivida desde la cotidianidad forman parte de un relato al que nos tiene acostumbrados la literatura.

La tribu habla de Cuba igualmente, pero de una forma distinta. Se diría que estamos habituados a que le llegue al lector la voz de una Cuba más antigua de la que emplean los jóvenes escritores bien asentados en el siglo XXI y buenos conocedores del mundo que los rodea. Cuba sigue siendo una isla pero no tanto, porque la información circula y la insularidad física y social se ha deshecho a medida que se han hecho permeables las barreras que la sostenían o que la forzaban.

Con el subtítulo de Retratos de Cuba, Carlos Manuel Álvarez, construye su libro a base de asuntos de tono y de tema muy diverso y que sin embargo representan la vida del país. Relatos anecdóticos -tampoco cortos- entre los muchos que pudieran imaginarse, y que componen, desde la diferencia de unos y otros, una realidad que el lector sabe encajar descubriendo una especie de coherencia entre ellos.
Por la singularidad de los temas, habría que hablar de relatos periféricos o de relatos accidentales, pero justamente esa línea que pone límites a lo que podríamos entender como el meollo de Cuba o de los cubanos es lo que une al conjunto, lo que define a esa tribu variopinta que da vida al país.

Una sucesión de escenarios abre los ojos sobre experiencias humanas suficientemente diversas como para ofrecerle al lector un amplio abanico. Experiencias que hacen frecuente referencia al mundo más allá de la frontera. Un mundo vedado a los cubanos hasta hace poco pero que ha entrado en la vida de muchos y les obliga a digerir la contradicción de estar pero no estar en el mundo.

El regreso a casa de una estrella del beisbol que ha jugado en las ligas norteamericanas, o el del prófugo de la justicia americana convertido en pieza de negociación entre gobiernos, el recorrido del emigrante por México, por Colombia, Panamá, Perú, Costa Rica tan disparatado como dramático hablan de una mirada puesta más allá de la propia frontera y de noticias que llegan desde lejos y componen el día a día de esta Tribu que sigue viva y zarandeada por los acontecimientos.

Aunque no todo es mirar afuera. Volviéndose hacia casa el autor dedica un magnífico espacio lleno de registros musicales a Juan Fornell, el líder de los Van Van, y, en el otro extremo de la escala de la sensibilidad, lo dedica también a la vida en un basurero donde unos pobres diablos intentan ganarse la subsistencia aunque sea al nivel más miserable en una vida que se ha hecho llevadera a base de renuncias y de resignación.

No hay en La tribu espacio para esa célebre mecedora en la que se refugia el cubano más clásico para pasar las horas mirando a un horizonte cualquiera, como tratando de prolongar el pasado, borrar el presente y evitar un futuro del que no se espera nada. No hay sosiego ni ensoñación. Con Carlos Manuel Álvarez entramos en un mundo donde el tiempo y el entorno están vivos y donde el futuro se vislumbra porque ha entrado a formar parte ya del presente.

Un excelente texto, mejor literatura, tema interesante es lo que encontramos en esta tribu que retrata a la gran isla del Caribe con una mirada actual y que el lector va a percibir como diferente a lo que le han contado hasta ahora.

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lunes, 12 de noviembre de 2018

Descubriendo al General

Descubriendo al General

Graham Green
Prólogo: Jon Lee Anderson; epílogo: Gabriel García  Márquez
Capitán Swing, 2013
244 pp.

No viene mal hacer una excursión por el pasado ni tampoco husmear en la política para descubrir un país distinto a todos sus vecinos y de características muy particulares, para comprender Panamá tal como es hoy.

Graham Green
Prólogo: Jon Lee Anderson; epílogo: Gabriel García  Márquez
Capitán Swing, 2013
244 pp.





No viene mal hacer una ‘excursión' por el pasado -aunque éste no sea muy lejano- para comprender Panamá tal como es hoy, ni tampoco husmear en la política para descubrir un país distinto a todos sus vecinos y de características muy particulares.

Y tampoco viene mal un libro escrito, aunque en proporciones muy distintas, a tres manos cuando estas manos son en sus respectivos ámbitos maestras.

Introduce el libro Jon Lee Anderson, cuyo nombre es el que menos suena del trío de autores. Pero Anderson ha escrito libros importantes sobre el Che Guevara, sobre las guerrillas latinoamericanas, sobre Libia, sobre Irak… además de infinidad de artículos como periodista. ¿Recuerdan los dimes y diretes que originó el artículo titulado Francoland a resultas del ‘procés’? Su autor es nuestro hombre.

Un libro centrado en un general en un país centroamericano y escrito por Graham Green despierta enseguida en el lector la intuición de que va a acercarse a una novela de espías. Pues bien, Jon Lee Anderson pone los elementos para sugerir que esta novela es posible.

Las novelas de espías descubren realidades paralelas que se ocultan unas debajo de otras. El observador, el hombre de la calle acostumbra a ver solamente la superficie, pero el mundo subterráneo opera y condiciona con sus manejos todo lo demás.

Panamá es el escenario por el que discurre esta, en esta ocasión, no-novela que tiene los antecedentes para entrar en el género de espías y la solidez de un autor -Graham Green- convertido en autoridad en estas lides. Pero es Jon Lee Anderson el que pone la salsa para que leamos a Green y veamos al general Omar Trujillo en el contexto que les da sentido, permite comprender su relevancia y ayuda a situar Panamá y su historia para llegar hasta el presente.

Visto por fuera, Panamá es hoy una especie de Singapur de carácter latino. Despachos de abogados y de brokers internacionales, rascacielos, una localización geográfica esencial en las grandes vías del comercio, una condición de ‘nodo’ singular en las redes de gestión de importantes intereses internacionales dan vida a un país cuya mitad de la población vive en la capital y que juega un papel que poco tiene que ver con el que juegan sus países vecinos.

Jon Lee Anderson nos sitúa ahí, para dar entrada a Green y a su llamativa relación con Trujillo. Los militares en Latinoamérica tienen mala prensa y a falta de mayor información caen todos en el mismo saco. Hay contadas excepciones y Trujillo es una de ellas. Green lo conoce, a iniciativa del propio general, y entabla una intensa y afectuosa amistad con él. Son los años de inestabilidad en el país, de dura renegociación del tratado del Canal con los Estados Unidos, de las guerrillas sandinistas en Nicaragua, de la dictadura de Pinochet… En todo este lío se ve envuelto Trujillo y tambíen Graham Green que cuenta su estancia -sus diversas estancias en Panamá- sus viajes de un lugar a otro, sus contactos con guerrilleros y políticos, el entorno en el que vive Trujillo y su personalidad y muchos intríngulis de los hilos que se movían en el país en la época y en los que participa él mismo como hombre de confianza de quienes gobiernan.

Una parte muy pequeña del texto le corresponde a García Márquez cuyas páginas cierran el libro. Como Graham Green, García Márquez figura en el entorno de Trujillo en calidad de autoridad independiente, de persona con contactos relevantes y de hombre respetado por sus propios méritos. Siendo así era inevitable el encuentro con Graham Green y su coincidencia en algunos temas y algunos eventos. Los tres, Trujillo, Green y García Márquez son personajes poco comunes y, cada uno a su modo, protagonistas de unos acontecimientos importantes que marcaron el tenso curso de la guerra fría en América. Los tres, alejados de los patrones habituales en el mundo en el que se movieron, amantes de la vida, comprometidos con unos ideales y enfrentados al inmenso poder que ejercía Norteamérica en ese patio trasero que eran sus vecinos de Sur.

Desde la distancia en el tiempo -han pasado muchos años desde la muerte en accidente, siempre puesto en duda de Trujillo y desde la publicación por primera vez de libro de Graham Green- Descubriendo al General sigue siendo un libro importante. El lector va a descubrir que sigue despertando interés y sigue llevando a la superficie unos hechos, seguramente olvidados, que aún hoy son relevantes para comprender el país donde sucedieron: Panamá.

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lunes, 15 de octubre de 2018

Historia de las grandes expediciones científicas

Historia de las grandes expediciones científicas

Enrique José Díaz León
Guadalmazán, 2017
252 pp.

"Historia de las grandes expediciones científicas" pretende, a través de las más arriesgadas iniciativas, revivir el espíritu de aventura que ha caracterizado a la ciencia desde los albores de la Humanidad.


Enrique José Díaz León
Guadalmazán, 2017
252 pp.





La exploración de la tierra ha ido de la mano de los avances científicos. La ciencia ha prestado instrumentos para ir más allá del espacio conocido. La brújula, la construcción de barcos más robustos y seguros, el cronómetro para determinar la longitud… sirvieron para hacer posibles y fructíferos viajes que sin ellos no hubieran podido hacerse.

Y al revés, el conocimiento aportado por estos viajes, aportó a la ciencia informaciones, puntos de vista y certezas que le permitieron avanzar en infinidad de campos.

La historia de las grandes expediciones científicas pretende poner luz sobre las aventuras más relevantes en busca de un mejor conocimiento del planeta, desde la que emprendió Cristóbal Colón en su descubrimiento de América hasta la que desarrolló el programa Apolo y que confirmó la voluntad humana de conquistar el espacio.

Por supuesto, no están todas las expediciones, cosa que sería imposible, pero sí las que representan pasos decisivos en el avance del conocimiento. Y también las que recuerdan que  España ocupa un puesto de relieve entre los países que han emprendido con éxito iniciativas en este sentido.

Es cierto que otros libros se han ocupado del tema. La admiración que despierta el arrojo exigido para adentrarse en lo desconocido, y la dedicación a la conquista del conocimiento sirvieron de motivo para escribir con mayor o menor profundidad sobre las hazañas más singulares. Enrique José Díaz León vuelve sobre el asunto con acierto para dar una visión muy sintética y sobre todo para poner en el contexto de la situación histórica del momento cada una de las expediciones de las que trata.

“El objeto del presente libro -dice en la introducción- es no sólo rendir homenaje a una serie de personajes irrepetibles sino también describir las circunstancias concretas en que se gestaron sus exploraciones, atendiendo especialmente al contexto histórico y, lógicamente, al científico, las motivaciones que las hicieron realidad, así como un acercamiento a la biografía del personaje. Hemos pretendido, modestamente, revivir el espíritu de aventura que ha caracterizado a la ciencia desde los albores de la Humanidad.”

Nada como este pequeño párrafo para introducir un libro que hará las delicias del lector aunque conozca ya los hechos de los que trata. El foco amplio con que el autor observa las distintas expediciones y el hilo que une unas y otras en ese continuo avance de la ciencia ofrecen una visión de conjunto que da sentido a cada uno de los pasos y los devuelve al presente.

Colón, Magallanes, Elcano, Jorgejuán, Celestino Mutis, Malaspina, entre los más ligados a España, pero también La Condamine, Cook, Humboldt, Darwin o Livingston entre los clásicos del extranjero o Amundsen, Cousteau y Neil Amstrong en la época contemporánea dibujan en esta  ‘historia de las grandes expediciones científicas’ un panorama rico tanto en saber como en pasión, entrega y aventuras. Y aseguran al lector una buena dosis de entretenimiento, además de conocimiento.

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lunes, 3 de septiembre de 2018

Japón perdido

Japón perdido

Japón perdido
Alex Kerr
Alpha Decay, 2017
297 pp.

"Japón se ha convertido en uno de los países más feos del mundo". Quien dice esto, sin pelos en la lengua, es Alex Kerr un gran conocedor de Japón y de la cultura tradicional japonesa, y un enamorado del país. En "Japón perdido" nos cuenta el por qué de sus palabras.


Japón perdido
Alex Kerr
Alpha Decay, 2017
297 pp.





"Japón se ha convertido en uno de los países más feos del mundo." Quien dice esto, sin pelos en la lengua, es un gran conocedor de Japón y de la cultura tradicional japonesa, y un enamorado del país.

Basta con empezar la lectura de la introducción de este ‘Japón Perdido’ para que la sensibilidad del lector despierte y se deje llevar por el entusiasmo contenido y melancólico del autor cuando habla de Japón. En muy pocas palabras Alex Kerr contagia su interés, o mejor, su amor por Japón, enfrentado a un cambio irreversible porque todo lo antiguo que dio a la cultura japonesa tanto relieve y tanta riqueza de expresiones y matices está al borde de la desaparición o se perdió ya para siempre.

Kerr es un profundo conocedor de Japón, pero no es un académico al uso ni un estudioso nostálgico. Como él mismo cuenta, dedicó parte de su actividad al negocio inmobiliario y a la compraventa de antigüedades. Pero entre sus anhelos estaba el conocimiento de la cultura japonesa y de la china y lo que pudo no haber sido más que un trabajo le sirvió también de atalaya desde la que conocer Japón y contemplar los cambios enormes que estaba sufriendo en las últimas décadas.

En pocos años una ola de modernización imparable cambió el país entero para renunciar al pasado como una planta arrancada del suelo y separada de sus raíces. La sistemática demolición de las casas tradicionales, la pérdida del paisaje urbano que había dado carácter a pueblos y ciudades, la del paisaje natural también intervenido por el ansia de progreso, las formas de vida y la cultura que guiaron al país hasta el presente se vieron arrinconadas cuando no sustituidas por entero.

Nostalgia y sentido de la realidad se mezclan en este Japón perdido donde el autor, abordando distintos temas, promete no ser el llorón o el gruñón de turno aunque se permita alguna expresión de disgusto al comprobar la pérdida de un tesoro tan preciado.

Hay que empezar diciendo que Alex Kerr conoció Japón de joven. Un Japón que se parecía mucho más a aquel del que hablaban los viajeros de comienzos del siglo XX que el que acabó siendo cuando estaba a punto de empezar el siglo XXI. Su experiencia de lo que fue Japón es lo que le permite hablar del Japón de ahora.

La ‘apisonadora de la modernidad’ de la que habla no es solamente para él una frase bien encontrada. Es el resultado de su propia experiencia después de haber visto desaparecer ese mar de tejados que hacía únicos a sus pueblos y ciudades o los kimonos que todavía llevaban la mayoría de mujeres maduras y los zuecos de madera que resonaban en las calles y creaban una atmósfera como de cuento.

Y si habla de ciudades, Alex Kerr habla también de la naturaleza de lo que podía ser el país más bello del mundo, mágica en tantos aspectos y llena de misterio. Una naturaleza que ha cedido ante la acción del hombre y que, siendo extraordinaria todavía, ha perdido buena parte de su alma y de su profundo secreto.

¿Qué le pasó a Japón para que haya perdido la consistencia de una cultura armónica y extraordinariamente depurada? ¿Cuál es el motivo para que viva hoy envuelto en lo que llama una cultura Frankenstein hecha de retazos cosidos improvisadamente en lo que parece una deriva errática y sin sentido. A diferencia de occidente donde la revolución industrial se hizo en siglos y permitió ir adaptando pasado y presente, dice Kerr, en Japón se produjo en muy pocos años y el resultado no fue una adaptación sino simplemente una sustitución, un barrido sin matices a favor de un mundo lanzado hacia la occidentalización y el futuro.

Sin duda, es la condición de extranjero la que permite a Alex Kerr abordar su análisis desde la distancia. Y es también su condición de estudioso y de enamorado de Japón lo que le lleva a profundizar en ese tesoro perdido y valioso como el de una especie en extinción.

El arte de la caligrafía, por poner un ejemplo, le sirve para sumergirse en el mundo de la exquisita sensibilidad de la cultura tradicional, lo mismo que su condición de coleccionista le abre las puertas a distinguir los matices de un orden y una armonía que definen la extrema sutileza del aprecio de la belleza destilada a lo largo de los siglos.

El kabuki, por poner un ejemplo más, se convierte en un nuevo ángulo desde el que mirar al Japón antiguo y descubrir la complejidad de sus matices y la sabiduría que contiene, más allá de lo que puede percibir una simple mirada. Un universo de convenciones encierra el teatro tradicional, en curso de disolución,  por el que aflora el alma de Japón de forma singular y con enorme riqueza.

Japón perdido es una pequeña joya para los interesados en Japón y sobre todo para los amantes de la cultura japonesa. Describe tanto el curso de esta última a lo largo de las últimas décadas, como sus raíces, su velada complejidad, su depurada riqueza y el enorme caudal que ha fluido por ella y que se agota arrollado por la marea del progreso.

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