miércoles, 23 de abril de 2014

Viajar con niños. El manual para preparar tus vacaciones en familia

Viajar con niños

VV.AA.
La editorial viajera, 2014
216 pp.

Rotundamente sí, Es posible viajar con niños, incluso pequeños, sin necesidad de que los padres sean unos héroes. Y además es posible pasarlo muy bien....


VV.AA.
La editorial viajera, 2014
216 pp.





Rotundamente sí, Es posible viajar con niños, incluso pequeños, sin necesidad de que los padres sean unos héroes. Y además es posible pasarlo muy bien.

Pero no es lo mismo que viajar sin niños. Y tener esto claro es la primera de las claves del rompecabezas que conducirá al éxito del viaje. Por esto, porque pasarlo bien es posible y porque es mejor conocer las claves que lanzarse a la piscina a ver qué pasa, es por lo que la nueva La Editorial Viajera ha publicado este Viajar con niños.

Se trata de un libro práctico, de un manual sencillo pero que nadie había caído en la cuenta de que hacía falta escribir y llevarlo a las librerías. De ahí el mérito y la acertada idea de los editores que han puesto en manos de los padres algo así como un camino para su liberación, para salir de casa y lanzarse a recorrer mundo.

Como ocurre con la solución de tantas cosas complejas, el truco es casi siempre de sentido común. Nada de lo que cuenta el libro resulta sorprendente. Y siendo así, la pregunta es ¿cuál es su secreto?

El secreto, el principal activo del libro, es la experiencia. Como en muchas aventuras otros las emprendieron antes y se enfrentaron en ellas a multitud de problemas previstos, unas veces, e imprevistos, otras. Algunos problemas para los que era posible prepararse antes de salir de viaje y otros que simplemente había que resolver por el camino. Y siempre mucho menos dramáticos de lo que la imaginación augura cuando aún se está en casa.

Cómo preparar el viaje, qué llevar en la maleta, cómo debe ser el equipaje, qué juegos ayudarán a pasar las horas muertas, cómo abordar el asunto de las comidas, qué precauciones tomar para proteger la salud son cuestiones prácticas con soluciones al alcance de la mano y que los padres agradecerán verlas bien ordenadas para tenerlas presentes. Como también agradecerán los comentarios acerca de la programación del viaje, es decir, de la ocupación del tiempo y de su buena administración para que los pequeños se sientan satisfechos y no vivan la actividad de viajar como un sacrificio.

Balancear la estancia en ciudades con el disfrute de la naturaleza, hacer de la ciudad algo divertido para ellos y para todos, evitar el aburrimiento y el cansancio también es el resultado, como en la cocina, de disponer de distintos ingredientes y de mezclarlos de una manera apropiada.

Viajar es cambiar de escenario y es una magnífica escuela para la familia. Representa romper las rutinas, abrir a los niños las puertas de un mundo distinto y a los mayores estrenar una experiencia en familia tan novedosa como enriquecedora. Sólo es cuestión de saber navegar en ese mar abierto que es salir lejos de casa. Y como la improvisación no suele dar el mejor de los resultados cuando hay que cuidar a niños que necesitan y desean cosas distintas de los adultos, nada como dedicar un poco de tiempo a prepararse y a escuchar la opinión y el consejo de quienes no sólo se atrevieron una vez sino que repitieron y se animan ahora a convencer al resto de los padres de que merece la pena seguir sus pasos.

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lunes, 7 de abril de 2014

Y las montañas hablaron

Y las montañas hablaron

Khaled Hosseini
Salamandra, 2013
384 pp.

De sentimientos, en esa tierra tan áspera como es Afganistán, es de lo que trata realmente "Y las montañas hablaron" ...




Khaled Hosseini
Salamandra, 2013
384 pp.





De la experiencia resulta que, sean del lugar que sean, los hombres son iguales. O aproximadamente iguales. Al menos, en lo que se refiere a los sentimientos. ¿Todos sienten lo mismo?¿No hay diferencias que dependen del lugar donde se ha nacido? Pues si y no. Hay diferencias de matiz, de conjugación. La cultura juega su papel, el modo como se han articulado las sociedades también y las circunstancias del entorno, eso que llamamos el presente, influye igualmente de manera importante. Pero el amor, la soledad, la inquietud que nace de la incertidumbre, la solidaridad, la alegría, la generosidad, la compasión… están en las raíces del ser humano y afloran en cualquier lugar y en cualquier momento.

De sentimientos es de lo que trata en realidad el último libro de Khaled Hosseini, que ya conquistó al público con Cometas en el cielo y con Mil soles espléndidos. De sentimientos, en este caso, en un lugar tan problemático como Afganistán. Un lugar que el lector conoce por las noticias de la prensa y del que solamente le llegan imágenes sobre la sucesión de atentados y sobre los hechos violentos que componen el repertorio de actualidad de los noticiarios.

Pero resulta -igual que comentaba no hace mucho haciendo referencia a otro libro sobre Somalia- que por todas partes la vida sigue, las personas necesitan reconstruir un espacio donde dar curso a esa realidad ineludible que es la del día a día y que, sea en Afganistán o en Somalia, detrás del terror o en medio de él hay siempre personas que sienten y tratan de establecer lo que llamaríamos una vida cotidiana.

El libro de Kaled Hosseini comienza con un cuento y es él mismo una especie de cuento, la historia de unas vidas que arrancan años atrás, cuando el país vivía encerrado en sí mismo y las familias, más humildes todavía en el campo que en la ciudad, tenían que sobrevivir a base de grandes sacrificios en medio de una naturaleza arisca, extremadamente dura. La caída del rey, el dominio de los señores de la guerra, llegada de los talibanes van marcando una senda de declive que golpea a los personajes y va dibujando un paisaje cada vez más melancólico donde las condiciones de vida se deterioran hasta acabar sumidas en una catástrofe.

Alguno de los personajes no resiste la crueldad de la situación, otros la afrontan huyendo a países lejanos donde rehacer sus vidas, otros aguantan y otros, extranjeros acuden en ayuda del país sacrificándose por él. Cada uno se apoya en sus convicciones y trata de ganar días a la vida en busca de un horizonte un poco mejor. Los que se han quedado, resignados al monumental descalabro que se les ha venido encima y adaptándose como pueden y con un hilo de esperanza en el futuro. Lo que se exiliaron, tratando de compaginar el confort de sus nuevas vidas en el extranjero con el desgarro que sienten al contemplar su país y una situación que remueve todavía lo más profundo de su alma.

Es verdad que los sentimientos acaban siendo los mismos en cualquier parte donde pueda haber personas. Pero la mirada que nos ofrece Khaled Hosseini sobre Afganistán nos habla de una modulación particular que constituye en si misma los rasgos de carácter de un pueblo. Un pueblo que arrastra el pesado lastre de una historia difícil y violenta, al mismo tiempo que ofrece a través de las personas grandes lecciones de humanidad. Esto es Afganistán, al margen de los episodios que aparecen en los periódicos y esa es la imagen que Khaled Hosseini transmite para hacer conocer al lector que existe también un país amable donde florecen los sentimientos.

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miércoles, 26 de marzo de 2014

El héroe discreto

El héroe discreto

Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2013
392 pp.

Perú y una buena ración de excelente literatura se combinan en 'El héroe discreto' para placer del lector ...


Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2013
392 pp.





Si hay alguien que no necesita reseñas porque sus libros ocupan espacio en periódicos y revistas culturales incluso antes de llegar a las librerías es Vargas Llosa. Vaya pues por delante que no se trata aquí de dar noticia de un libro de sobras conocido y aireado por todos los medios de comunicación. Un libro, por lo demás, excelentemente escrito, con una trama que despierta interés desde el principio y que se sigue, con una lectura ágil, hasta el final.

Hay quien dice que el libro pierde intensidad a medida que avanza. Puede ser. Pero en mi opinión, la curiosidad por el desenlace sigue viva de principio a fin y, a lo largo de sus páginas, el libro ofrece al lector todo el placer que destila la buena literatura.

¿Por qué, pues, seguir hablando de este ‘héroe discreto’ cuando hace ya meses que apareció publicado? La respuesta, para un espacio dedicado a la literatura de viajes como es éste, es que resulta un magistral ejercicio ‘creación’ de un país -Perú en este caso- para introducir al lector en él y sumergirlo en su ambiente. No hace falta leer más que unas pocas páginas para que a través de las palabras se construya la sólida imagen de la vida tanto en una ciudad de provincias como en la capital peruana con la atmósfera cargada de matices que la rodea.

No estamos hablando del Perú en general. Hablamos de la vida de unos personajes a través de la cual descubrimos un Perú que da la impresión de ser el que ven y sienten los mismos peruanos. No hay una descripción del país. El país surge del día a día, de los accidentes y los incidentes, de las relaciones, de los contactos, de los encuentros, de los recuerdos que rodean a los personajes y que van dibujando tanto la trama como el escenario –Perú- por el que discurre la novela.

Pero la eficacia con la que Vargas Llosa introduce al lector en la atmósfera de su país da la impresión de que no es sólo un ejercicio de buena literatura sino además el resultado de una intención premeditada. Por supuesto el autor es un excelente observador y por ello mismo capaz de recrear la realidad que envuelve a sus personajes.

Pone nombre a restaurantes y a comidas. Cuenta del ambiente de la calle, de los almacenes que bordean las aceras, del discurrir en la comisaría de policía, de los tenderetes callejeros con sus platos de tamales y su Inka Kola. Descubre Vargas Llosa el interior de las tiendas modestas de los barrios humildes a los que el viajero nunca llegará. Repara en las telarañas, en las estanterías ‘añosas’, en las bolsitas de hierbas para vender a los clientes, en los cachivaches y las vírgenes que componen el precario abanico de mercancías que se ofrecen al comprador. Aquí y allá, con apuntes de la realidad de la calle o de la vida, va asentando un paisaje que cobra fuerza casi inmediatamente.

Pero que se apoya, sobre todo, en el recurso a palabras que inmediatamente agitan la imaginación del lector. Vargas Llosa juega con ello porque su hablar no es el de un escritor a secas, es el de un peruano. Los nombres que elige para sus personajes son para el lector pura esencia de Perú: Felícito, Tiburcio, Lituma, Rigoberto, Edilberto, Lucindo, Floralisa… Y los lugares de los que habla vuelven a remitir a las raíces del país andino con nombres del estilo de la Cruz de Chalpón, Las Huaringas, Huancabamba, Jirón de Carabaya, Pucusama, Catacaos o el río Zanjón.

Vargas Llosa no ahorra recursos a la hora de emplear el lenguaje para construir su escena utilizando ese habla peruana que tan determinante resulta. Palabras que sorprenden a cada poco al lector español, que necesita un instante de reflexión para comprenderlas: farrearse, chambear, churre, lisura, descachalandrada, yanacón, chulucano… Ni tampoco elude el uso de esos diminutivos tan ajenos al duro castellano peninsular y que hacen del español un idioma suave y que entiende de afectos: lluviecita, fiestecitas, blanquito, hembrita.

Vargas Llosa es un maestro del lenguaje y en este caso también de la construcción de la intriga. Una intriga provinciana, de trazos más groseros o quizás más humildes, que corre en paralelo con otra intriga, de ambiente capitalino, centrado en familias pudientes y cultas, que parecen desarrollarse como novelas distintas y casi extremas en esa línea que une los polos de una sociedad por naturaleza desigual. La intriga es lo que mueve la novela del mismo modo que la dignidad y la rectitud de los personajes ponen los límites a su desarrollo para convertir el libro entero en una especie de cuento moral con el que Vargas Llosa se permite la licencia de aleccionar, través de la literatura, amparado en la autoridad que dan la madurez y las canas.

No hay que perderse este ‘héroe discreto’, ni la oportunidad de disfrutar de la escritura de un maestro y de unas aventuras que tendrán al lector en vilo a lo largo de todas las páginas del libro.

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viernes, 7 de marzo de 2014

La venganza de la geografía

La venganza de la geografía

Robert Kaplan
RBA, 2013
478 pp.

Hay algunos hilos que tiran de la realidad y conducen su desarrollo. ¿Qué les parecería un libro de instrucciones que ayudara a verlos? ¿Cómo verían que alguien les diera las claves para interpretar, cuando viajan, la vida de la gente y de los países que recorren?...



Robert Kaplan
RBA, 2013
478 pp.





El presente, a pesar de lo abrumador y permanente que puede parecer, es fugaz. Pero se sostiene sobre unas líneas de fuerza de las que no somos conscientes pero lo condicionan y le dan una continuidad que suele ser difícil de doblegar. Esas líneas explican muchas cosas y alguien debiera contarnos dónde están y cómo actúan.

Vistas así las cosas, dispuestos a reconocer que hay algunos hilos que tiran de la realidad y conducen su desarrollo ¿qué les parecería un libro de instrucciones que ayudara a verlos, que sirviera para conocer, mirando desde las bambalinas, el mundo tal como es? ¿Cómo verían que alguien les diera las claves para interpretar cuando viajan la vida de la gente y de los países que recorren?

La venganza de la geografía es de lo más revelador para el lector que no ejerce de estratega o de diplomático sino de viajero, de amante de los viajes y de los países que visita.

Para aclararnos, La venganza de la geografía no es que sea un libro de instrucciones al uso. Es un profunda reflexión y un análisis de las diferencias entre pueblos y países a lo largo del tiempo y en el amplio y variado solar que es el planeta tierra. Es casi un libro de teoría. Pero acaba por aguzar la sensibilidad del lector y por darle los argumentos para comprender el dónde y el porqué de las fronteras. Para explicar las diferencias que han hecho distinta la historia de unos lugares y de otros y que son la expresión de unos genes cuyo ADN reside en la geografía, en las montañas, los ríos, las llanuras y clima que envuelve a la tierra.

Kaplan, además de viajero o de escritor, es un experto en estrategia. La cobertura que ha hecho como periodista de lugares en conflicto muestra -y ha desarrollado también- su interés por la geopolítica y por la búsqueda de las raíces que sustentan el presente y están condicionando el futuro. "Aunque seamos capaces de enviar un satélite más allá del sistema solar, el Hindu Kush sigue siendo una barrera formidable" , nos advierte, y de esta y otras barreras debemos aprender para saber cómo es el mundo hoy y cuáles son los caminos por donde evolucionará mañana.

Porque, asegura Kaplan, el olvido de una geografía que levanta barreras y dibuja caminos ha sido reciente. Se produjo en época cercana cuando la tecnología dio la impresión que podía superar cualquier condicionante y sobre todo con la caída del Muro de Berlín, cuando pareció que el fin de las fronteras había llegado y se iniciaba una era donde países y pueblos iban a poder avanzar sin los lastres del pasado. Incluso los expertos habían caído en el error de no distinguir entre fronteras naturales y artificiales, entre barreras provisionales que construyó el hombre y grandes barreras históricas que estableció la geografía.

La venganza de la geografía es tanto un libro de historia como de prospectiva basado en grandes tendencias. Pero no es un libro fácil, porque está lleno de contradicciones. El pentagrama que representa la geografía y que sujeta los trazos de escritura de la historia se ve continuamente forzado por la acción de los hombres y los pueblos. Uno y otros compiten juegan con el curso de los acontecimientos. Y por ello es tan difícil deducir la fuerza resultante que determinará el futuro.

Kaplan plantea la realidad de Europa considerando un arco de tiempo que va desde las invasiones bárbaras hasta el futuro al que nos asomamos, con objeto de entender lo que es hoy el pequeño continente europeo, dónde está su centro de gravedad y dónde estuvo, cuáles son regiones consolidadas y cuáles regiones de constitución más fluida... Habla de Rusia, de China, de Irán, de los países del Próximo Oriente por los que se extendió el imperio otomano, de India y de México, para tener ocasión de hacer una referencia detallada a América.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los viajeros? Tiene mucho que ver porque construye el contexto que ayuda a comprender las diferencias profundas que distinguen a unos países de otros y que no están claramente a la vista. Pero, además, para el viajero representa una importante llamada de atención. La sensación de que el mundo es cada vez más igual, que desaparecen las fronteras y que las mismas tiendas de las mismas marcas están lo mismo en Shanghai, que en París o en Buenos Aires puede haber creado el mismo espejismo que creó en los expertos la caída del Muro de Berlín. Kaplan nos avisa que no, que por debajo de las apariencias, los países siguen siendo distintos y que hay que saberlos mirar para seguir viendo en ellos el carácter diferencial y un presente y un futuro que los distingue de los demás. Una lección detallada, y al mismo tiempo apasionante, que merece la pena aprovechar.

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lunes, 24 de febrero de 2014

Historia de Rusia

Historia de Rusia

Paul Bushkovitch
Akal, 2013
507 pp.

La lectura de Historia de Rusia no puede ser más interesante y cualquiera que desee visitar el país o simplemente conocerlo algo mejor encontrará en ella a un excelente aliado...



Paul Bushkovitch
Akal, 2013
507 pp.





No se pierdan esta Historia de Rusia, tanto si piensan viajar a Rusia como si no. Los países de Mediterráneo y más los del extremo occidental de Europa hemos visto siempre a Rusia como algo extraño, situado en una esquina del mundo. Resulta curioso que nuestra mirada a Asia transcurre antes por Turquía, por el Oriente Próximo, por la Ruta de la Seda y por el sur del mar Caspio que por ese enorme corredor natural que recorrieron las grandes invasiones de los mongoles y sus parientes, que conecta de lleno con Europa y que sitúa en un lugar estratégico ese territorio que hoy llamamos Rusia.

Los fenicios, los griegos, los romanos, y los árabes están más cerca de nosotros que los lejanos rusos de quienes tenemos conocimientos muy confusos y muy mediatizados por la singular trayectoria que emprendieron en a lo largo del siglo XX y que los convirtió en un mundo excepcional tanto cuando su enorme territorio se convirtió en la URSS como cuando al final del siglo y del experimento emprendió el complejo camino de desmontar el régimen comunista para convertirse en un país ‘normal’.

¿Qué es Rusia además de una potencia emergente de la que se hablará en el futuro tanto como como se habla de China ahora en cuanto se desperece y recupere el lugar que le corresponde?

Paul Bushkovitch, catedrático en la Universidad de Yale cuenta la historia de Rusia desde el principio, o casi. Empieza en el siglo X cuando el país no existe como tal y es la suma de diversos principados más o menos agrupados bajo la tutela de otro príncipe mejor colocado que los demás en la escala de poder y que permite hablar de una cierta unidad política. ¿Apasionante? Pues aunque parezca mentira sí.

Apasionante por la habilidad del autor para contar la construcción de un imperio de manera clara y de conjugar la enorme diversidad de elementos que explican ese complicado proceso. Un proceso que se desarrolla en el interior de esa semilla que empezó llamándose Rus pero que se movió empujado por todo lo que sucedía a lo largo de sus fronteras. Los mongoles, los mismos que se establecerían en Irán o en India, gobernaron Rusia. Más tarde, los polacos, los lituanos y los ucranianos crearon una potencia que marcó los lìmites de la expansión de Rusia hacia occidente, lo mismo que hicieron los cruzados alemanes cuando regresaron de sus aventuras por el Mediterráneo y por el norte se propusieron intervenir en Rusia para cristianizarla.

La construcción de Europa se mueve en paralelo con la de Rusia que, atenta a los riesgos de su frontera asiática, amenazada por los búlgaros –sí, por los búlgaros del Volga- y los tártaros, está en conflicto también con los pueblos turcos y tiene que afrontar en su flanco occidental el empuje de Suecia en el norte, además de Inglaterra, de Francia y de Austria, según el momento, y de esos reinos incómodos que son Polonia o Prusia.

Nada es fácil para Rusia y por ello mismo lo que cuenta Paul Bushkovitch se hace cada vez más interesante. Rusia bascula entre sus rasgos originales y los de una Europa que se mueve a gran velocidad. Debe conjugar el carácter particular de su nobleza, de la iglesia ortodoxa, de una administración mal adaptada a la enormidad de su territorio, del ejercicio del poder sobre población cada vez más diversa y más extensa y al mismo tiempo debe apostar por la modernidad que viene de las ideas de la ilustración primero y luego de las del liberalismo, la industrialización y la intelectualidad que desborda Europa.

Y no queda todo ahí, porque, en medio de las dificultades, en los siglos XVIII y XIX, personajes como Catalina I, Pedro el Grande, Catalina II, Alejandro I… llevan a Rusia el nivel de gran potencia capaz de vencer a Napoleón. Paul Bushkovitch, no quiere sin embargo quedarse en el pasado, quiere llegar hasta hoy o casi hasta hoy. Y por ello entra también en el período en el que se cuece el fermento revolucionario que acabará con los zares en 1917 y sigue analizando los distintos momentos que marcaron la evolución del régimen comunista, los primeros años de la URSS, la segunda Guerra Mundial, la guerra fría, las disensiones, las relaciones con occidente, la sociedad y la cultura soviéticas… hasta el fin de la URSS.

Preguntaba al principio si podía ser apasionante el tema. La respuesta no tiene duda. Lo es y es además extremadamente oportuno, porque la apertura de Rusia hacia occidente y la de occidente hacia Rusia pone a este enorme país en el mapa de nuestros vecinos de Europa. Rusia deja de estar en un territorio de exclusión. La lectura de Historia de Rusia no puede ser más interesante y cualquiera que desee visitar el país o simplemente conocerlo algo mejor encontrará en ella a un excelente aliado.

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lunes, 10 de febrero de 2014

Alma roja, sangre azul. Así me conquistó Corea del Norte

Alma roja, sangre azul. Así me conquistó Corea del Norte

Alejandro Cao de Benós
Editorial Base, 2013
190 pp.

Hoy Corea del Norte es quizás el lugar más cerrado y exótico del mundo. En Alma roja, sangre azul Alejandro Cao de Benós cuenta por qué y cómo se enamoró del país...



Alejandro Cao de Benós
Editorial Base, 2013
190 pp.






Cuando digo que hemos hablado en ocasiones de Corea del Norte lo hago consciente de que lo hemos hecho de una manera muy particular. Nos hemos referido más a la situación política y a ese sistema en apariencia insostenible que es el único régimen comunista a la vieja usanza, que a las montañas, los valles, los pueblos y las gentes que acostumbra a ser el tema que corresponde a la literatura de viajes.

Hemos hablado de libros y todos ellos han sido críticos sin compasión con la deriva del país y con ese extraño sistema lleno de secretos y de amenazas. Hoy Corea del Norte es quizás el lugar más exótico del mundo, pero no porque sus gentes vistan los viejos trajes regionales y en sus mercados o en las calles de algunos pueblos se conserve el mismo ambiente que hubo muchos siglos atrás. Hoy el exotismo exagerado procede de algo construido en los últimos cincuenta años y que no tiene parangón en ningún otro país.

Lo que se desprende de los libros que nos llegan y que dan noticias de Corea del Norte es que el país es una especie de parque temático nacido de un delirio y regido por la más férrea de las dictaduras.

Pero hagamos un esfuerzo para cambiar de punto de vista. Para no dejarnos llevar por prejuicios ni por una actitud crítica en una sola dirección. Bajemos nuestras defensas y con los ojos limpios acerquémonos a la realidad. Después de todo lo que sabemos y tras haber perdido la confianza incluso en los nuestros, no nos dé apuro reconocer las cosas tal como son. Como se dijo hace tiempo de Rusia, y como nos cuenta el libro del que hablamos, no les demos la espalda a los hechos y convenzámonos, nosotros también, de que Corea es buena. La del norte, me refiero.

Para hacer este giro radical, que los que estudiaron ciencias dirían de 180 grados y a mi me parece que al menos es de tres o cuatro veces más, hay que escuchar a Alejandro Cao de Benós, el personaje que hizo la andadura desde la Tarragona de su infancia hasta Corea del Norte de la que se ha convertido en portavoz y sobre todo de la que se ha enamorado.

Es importante situar al autor, porque cualquier disparate puede encontrar a un chalado que lo sostenga. Pero el caso de Alejandro Cao no es el de un chalado, ni parece que Corea del Norte sea un país al que se pueda tomar el pelo aunque se descuelgue uno escribiendo un libro. Nuestro autor tiene un lugar en el escalafón de las autoridades coreanas, tiene un puesto reconocido en su ejército y entra y sale del país como si fuera su casa para promover su imagen internacional. ¿Sorprendente? Sin duda. Y por ello tiene interés lo que explica.

¿Se han enamorado ustedes alguna vez?¿Han sentido o alguien les ha contado lo que es un flechazo? Pues bueno, lo de Alejandro Cao es una historia de amor sustentada en una capacidad de iniciativa absolutamente extraordinaria y en un afán sin límites de justicia y de hacer realidad los ideales socialistas.

Empieza Alejandro siendo un joven extraordinariamente precoz, un joven radical si por ello entendemos alguien que va a la raíz de las cosas y que es ahí donde pone su corazón. ¿Se deja ganar por la propaganda de los pérfidos coreanos? Qué va. Su mundo es un mundo de afectos. Quien lo gana es un diplomático medio camuflado que lo recibe como a un hijo y que es paciente y dedicado con él. Un hombre que le muestra que existe una sociedad solidaria, compasiva, trabajadora, rigurosa y empeñada en no perder sus valores cueste lo que cueste. Con el que aprende –y tendrá ocasión de comprobarlo- que la condición para ascender en la cadena de mando es ser a cada escalón más benevolente, porque quien manda lo que debe, sobre todo, es ser un padre. Que le abre la puerta a una sociedad modesta, pero igualitaria, alejada de la intoxicación del consumo, feliz y trabajadora y sufriente también por el coste que soporta bajo la inhumana agresión imperialista.

Alejandro Cao se explica con sencillez y sinceridad al mismo tiempo. Y se explica en un lenguaje que a los españoles nos parecerá absolutamente normal. Es de los nuestros. ¿Vendido al oro de Pyongyang? Ni por asomo. Por dejar las cosas claras, ni siquiera cobra.  Enamorado, repito. Y consciente él mismo de que es el afecto el que decanta la vida de las personas. El que le hace sentir a los coreanos del norte sus hermanos y al Gran Líder también su padre. Y el que explica que un país entero salga a la calle desconsolado cuando se queda huérfano.

Creo que he cumplido con mi intención de no ser crítico y creo que el mayor valor del libro es que ofrece la ocasión escuchar una voz que viene del otro lado, con tono amable y próximo. Tras la lectura cada cual hará su propio juicio. Me da la impresión que no van a ser muchos los lectores que se lancen a los brazos de la amada Corea. Y sin embargo sí creo que la mayoría verá en el país matices que no había visto antes y quizás entenderá un poco mejor algo que, como la demostración de la conjetura de Fermat, está sólo al alcance de unos pocos.

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viernes, 31 de enero de 2014

Capital

Capital

John Lanchester
Anagrama, 2013
608 pp.

Haciendo un guiño a El Capital de Marx, Lanchester, con toda la socarronería, juega con la capitalidad que enaltece a Londres y con la crítica feroz al sistema de valores que la sostiene ...



John Lanchester
Anagrama, 2013
608 pp.





Londres. ¿Cómo es hoy Londres, cómo es su gente, qué les mueve todas las mañanas al levantarse, cómo son sus vecinos, en qué piensan? Hay un montón de novelas que, cada una a su manera, podrían dar respuesta a estas preguntas. Novelas ambientadas en la ciudad y en una época para ofrecer un fresco de la vida de sus habitantes, de sus preocupaciones y de su particular manera de ser. Y Capital podría ser una más entre todas ellas. Una más, aunque hay que decir que muy  especial y singularmente amena.

Capital es una caricatura del Londres de hoy. De un Londres que podría ser cualquier otra capital, al menos en algunos aspectos, porque la globalización nos ha hecho a todos sino iguales muy parecidos. Las caricaturas, las buenas caricaturas, si son ácidas mucho mejor. Y Capital lo es. Y si el lector conoce las claves para sacarles el jugo a las distorsiones con las que el autor redibuja la realidad para exagerarla, mejor todavía. Y el lector dispone de ellas porque si de algo sirve la globalización es para que nos parezcamos cada vez más los unos a los otros.

Una calle en un barrio cualquiera de Londres sirve de escenario al arranque de la novela. Una calle que ha ido a más y que por ello reúne a vecinos de extracciones muy distintas: una viuda anciana que ha vivido allí toda la vida, un ‘broker’ envuelto en los tejemanejes del dinero en la city, una estrella en potencia del fútbol llegado de un país africano con un contrato millonario, el tendero de la esquina, musulmán y con una corte de parientes…

John Lanchester, el autor, es un virtuoso de sacarle punta a las situaciones y de ir extendiendo la trama como se extiende la mala hierba, lenta pero inexorablemente. Poco a poco, la pequeña colección de personajes con los que arranca la novela se va ampliando y da entrada a otros nuevos que van complicando el argumento, o mejor los argumentos porque hay muchos. Y sin que el lector se de cuenta crean lo que es el ‘suelo’ sobre el que se apoya la novela: el caos.

Pero no. No es un caos espectacular y explícito. Es un caos interno, subterráneo, esencial que conduce la realidad al absurdo y que crea en el lector la sensación de que va a ser inmanejable. Es decir, como la realidad misma. Caos en la entrega de los pedidos por Internet, caos en el metro, caos en el despertar del tendero, caos en la vida de nuestro futbolista arrancado de un pueblo de África por un club de primera división de Londres, caos en las cuentas del broker con un nivel de vida tan estratosférico como insostenible.

La visión de John Lanchester es cínica y coloca al lector ante acontecimientos que conoce por los periódicos o por su propia experiencia. Lo coloca ante estas situaciones que forman todas juntas los polvos de los que acaban por salir estos lodos que componen el paisaje de todos los días. Con habilidad y con un humor que está siempre presente en el libro, Lanchester extiende hasta el dominio de la moral el caos que parece gobernar el mundo físico y la sociedad. Otra vez un caos sutil, digamos incierto, confuso mas bien, pero suficiente para dibujar una realidad perversa donde no se sabe dónde están los ‘buenos’ y todos quedan marcados por el ridículo de llevar en su interior mucho de lo que hace malos a los ‘malos’.

La sociedad desaforadamente opulenta de la que venimos está en el origen de este Londres jocosamente desquiciado que encontramos hoy. ‘Había algo básicamente fallido –dice Lanchester- en una cultura que disponía de tanto trabajo y tanta riqueza sobrante, (…) casi como si el dinero cayera del cielo”.  Una cultura que ha creado a este monstruo a mitad divertido y a mitad despiadado que son estas sociedades que nos dan cobijo.

Marx escribió el más exhaustivo análisis crítico del capitalismo de su época y lo llamó El Capital. Lanchester, con toda la socarronería, ha jugado con la ambigüedad de la capitalidad que enaltece a Londres y de un análisis igualmente radical del sistema de valores y de la economía que tortura a la gran ciudad. Quien quiera asomarse a la catástrofe con una sonrisa y alguna que otra carcajada tiene ahora la mejor ocasión para hacerlo.

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