lunes 12 de marzo de 2012

Rusia imaginada. Diez viajes por el paisaje ruso

Rusia imaginada

VV.AA. Edición de Care Santos
Nevsky Prospects, 2011
314 pp.

Es a través de la ficción como acerca Rusia a los lectores este Rusia imaginada, tan llamativo como variado. Consta de diez cuentos, a cada cual más diverso...




VV.AA. Edición de Care Santos
Nevsky Prospects, 2011
314 pp.





Es a través de la ficción como acerca Rusia a los lectores este Rusia imaginada, tan llamativo como variado. Consta de diez cuentos, a cada cual más diverso, donde aparece Rusia más o menos dibujada mediante un ejercicio de creación que maneja cada autor con libertad. A través de una especie de viaje, tal como señala el subtítulo, es como cada uno de los escritores construye alguna parte del país.

Digo que es un libro llamativo por la idea misma que lo sostiene. Diez autores españoles escriben sendos relatos ambientados en Rusia, y referidos a algún lugar desconocido. Un singular juego de ficción y de realidad se abre ante los escritores que deben, así, crear con las palabras el escenario donde desarrollan sus historias y mostrarnos desde el ángulo que elijan a esa Rusia que, como un hilo, sirve de hilván al conjunto del libro.

Cada cuento tiene su propio trasfondo, cada autor busca en raíces distintas la savia que da vida a su relato, cada historia tiene un pulso propio y da lugar, al final, a un abanico de experiencias, todas imaginadas, variado y rico.

Los viejos temas aparecen en el libro, lo mismo que otros nuevos que transportan a la Rusia de hoy. De ellos y del por qué los han elegido, hablan los autores al final del libro, en un epílogo curioso que desvela al lector algo de la trama que hay detrás de cada historia. Una lectura que ha dejado huella, una noticia, el desgarro que produce alguna situación, el anhelo que suscita esa cultura profunda que es la rusa son algunos de los motivos que hierven bajo los cuentos que componen esta Rusia imaginada.

Cuentos graves, algunos, y jocosos otros, cuentos directos que describen la realidad –ficticia siempre- y cuentos más etéreos donde la bruma envuelve las reflexiones y desdibuja la historia con sus filtros de luces.

La música, la amistad, la naturaleza, la quiebra tras la caída del estado soviético, el mundo de los zares, Chechenia –no podía faltar Chechenia, ni tampoco Chernobil- aparecen en escena, con mayor o menor protagonismo, y dan una imagen de Rusia sostenida en la imaginación.

¿Todo ficción? Apunta la contraportada del libro que cuanto más se conoce, más difícil se hace hablar de Rusia y de su compleja existencia. Si ello fuera cierto, habría que reconocer también la sabiduría que anima al experimento que supone reunir a diez autores contemporáneos y proponerles el ejercicio de crear diez historias: diez viajes por el paisaje ruso. Tal vez, sea la ficción, el único refugio seguro desde el que atreverse a escribir de esta Rusia tan contradictoria, variada y esquiva.

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martes 6 de marzo de 2012

Sólo para gigantes

Sólo para gigantes

Gabi Martínez
Alfaguara, 2011
399 pp.

La aventura está servida, en un libro que mantiene desde el principio un vivo pulso narrativo y un tono poco habitual en la literatura de viajes: el del suspense...



Gabi Martínez
Alfaguara, 2011
399 pp.





La aventura está servida, en un libro que mantiene desde el principio un vivo pulso narrativo y un tono poco habitual en la literatura de viajes: el del suspense.
Estamos aquí en el relato de una aventura real como la vida misma, a la que pone el guión –podría hacerse de ella una película- Gabi Martínez. Gabi es un escritor de éxito, premiado, autor de unos cuantos libros alabados por los críticos y bendecido por un montón de seguidores incondicionales. Que Alfaguara le haya hecho un hueco en su apreciada colección es un buen indicio.

Sólo para gigantes es un libro de investigación y, además, de acción. ¿Yqué investiga? Gabi Martínez investiga la vida de un personaje del que el lector seguramente no habá oído nunca hablar. Jordi Magraner, con un nombre tan catalán, era francés, al menos de adopción. Se crió, se educó y vivió en Francia la mayor parte de su vida. Y murió joven.

Rebelde, autodidacta, arrojado, movido por un espíritu científico –aunque no académico- se interesó por la biología que le fascinó desde niño y para la que tenía una singular predisposición. Apasionado, marcho al Himalaya y allí siguió la pista de la leyenda del ‘yeti’, convencido de que contenía elementos objetivos de realidad. Magraner no es que fuera un visionario, es que conocía la historia de descubrimientos en pleno siglo XX de especies animales nunca vistas por científicos y sabía que en la inmensa cordillera asiática podía perfectamente hallarse un homínido en vías de extinción, aislado y huidizo que sólo aparecería si se emprendía una búsqueda laboriosa y sistemática. Su empresa consistía en encontrar una aguja en un pajar.

La historia se corta con el asesinato de Jordi Magraner, afincado para sus estudios en un lugar remoto en Pakistán. Y tras caer en el olvido, emerge de la mano de Gabi Martínez que se siente fascinado por ella y por el personaje que la encarna.

Magraner, decidido, enérgico e intratable en muchos aspectos, proyecta su empresa con atención, establece contactos con Francia, crea sus bases de apoyo y deja mucha documentación. A través de todo ello, Gabi Martínez se abre camino. Va al encuentro de la familia que guarda cartas y documentos, se entrevista con personas que lo acompañaron en sus expediciones y busca hablar con personajes que descubre siguiendo el rastro de lo que le han contado o de lo que ha leído.

En términos cinematográficos el libro de Gabi Martínez es un docudrama. Levanta para el lector el escenario de los hechos y reconstruye en él al personaje que se perdió y a su vida de novela. Encuentra en Jordi Magraner a  un hombre absolutamente excepcional, duro, a pesar de su juventud, inteligente, reservado, irascible hasta la crueldad, racional y de un saber casi enciclopédico en aquello que le interesa. Y puede rastrear su vida casi al detalle en sus andanzas en busca del esquivo yeti a través de las pistas que deja, Pero la reserva con que se mueve Magraner deja espacios oscuros que Gabi Martínez no acierta a iluminar.

Magraner es un extrajero en una región que fue idílica no hace tanto, y que vivió aislada. Los valles del Himalaya, fronterizos con Rusia, Pakistán, Afganistán, China, se habían mantenido sin cambios desde tiempos antiguos. Pero la intervención soviética primero en Afganistán y el auge de los talibanes después supuso cambios en la población y amenazas hasta hacía poco inéditas. El integrismo islamista hace de Magraner más extranjero todavía de lo que era, las operaciones de desestabilización pusieron en juego a los servicios secretos de occidente y del propio Pakistán y pusieron en su punto de mira a Magraner. Comunidades de etnias distintas que habían convivido durante siglos se vieron enfrentadas por sospechas mutuas y por una ola de intolerancia.

La muerte de Magraner recorre en segundo plano el libro de Gabi Martínez que termina con hipótesis sobre las que a día de hoy no es posible concluir. ¿Fue una acción concebida por los talibanes con apoyo de gentes que vivían próximas a él? Seguramente. La investigación oficial no prosperó y no parece que hubiera intención de que tocara fondo. La de Gabi Martínez, en cambio ha sido exhaustiva aunque ha dejado inconcluso el episodio de la muerte de Jordi Magraner sobre el que hay un muro de silencio.

Envuelta en este final de misterio la peripecia de Jordi Magraner despierta desde la primera página el interés del lector. Le descubre a un personaje fuera de lo corriente, le asoma a una aventura –la de buscar al yeti- que parece de ficción, y le transporta a un mundo, el de los valles del Himalaya con sus gentes, su compleja historia y su vida rigurosa, del que hay pocas noticias que vengan de personas establecidas en ellos y que las cuenten de primera mano.

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lunes 27 de febrero de 2012

El prisionero del Cáucaso y otros relatos

El prisionero del Cáucaso y otros relatos

Vladimir Makanin
El Acantidado, 2011
261 pp.

Rusia, desde su frontera con Europa hasta su orilla oriental bañada por el Pacífico, es más que un país. Es un universo hecho de realidades tan distintas que no consigue, ninguna de ellas, abarcar una parte suficiente de la totalidad como para pensar que refleja al conjunto....



Vladimir Makanin
El Acantidado, 2011
261 pp.






Rusia, desde su frontera con Europa hasta su orilla oriental bañada por el Pacífico, es más que un país. Es un universo hecho de realidades tan distintas que no consigue, ninguna de ellas, abarcar una parte suficiente de la totalidad como para pensar que refleja al conjunto.

Y una muestra del abanico de realidades cubierto por este inmenso paraguas que es Rusia es lo que recoge El prisionero del Cáucaso.

Estamos ante cuatro relatos de vida cotidiana, pero no de vida ‘normal’. Se trata de situaciones marginales. Aunque hay que matizar la afirmación de que no corresponden a la vida normal. Vladimir Makanin, el autor, dispara en direcciones bien distintas para traernos imágenes que de alguna manera nos hablan de los restos de un naufragio.

En los relatos de Makanin, late la sombra de un fracaso que envuelve a Rusia y que seguramente recoge esa melancolía que ha sido un ingrediente histórico del alma rusa. Expresamente ha elegido Makanin temas oscuros, alejados de esa aurora que podía significar la salida del yugo comunista.

La Rusia que vemos en El prisionero del Cáucaso no es una recién nacida. No es el país libre que vio la luz tras la glasnost y tras la perestroika, sino la heredera del largo penar comunista y, más lejos aún, del oscuro tiempo de los zares. Pero no hay realidad que no sea contradictoria y por ello mismo, ese material de derribo que por todas partes aparece en el paisaje que dibuja Makanin deja espacio a la vida permite escapatorias a la desesperanza. Deja que el futuro abra ventanas y que el presente encuentre escapatorias que no son más que los infinitos recursos de la vida cotidiana para economizar el sufrimiento y encontrar en la vida satisfacción y calor.

La guerra en el Cáucaso abre la serie de cuatro relatos que componen el libro. Más que la guerra, habría que hablar de la costumbre de la guerra, de esa vida diaria que diluye el terror en la rutina y lo proyecta en forma de hechos corrientes en una cotidianidad donde todo pierde trascendencia. ¿Hechos corrientes? La muerte, la corrupción, el miedo, la dura supervivencia... Lo normal, cuando se está en una guerra.

Después, es la locura, callada pero tenaz, de la gente normal, sumisa durante demasiado tiempo pero harta e incapaz de contener su rebelión la que traza el camino del siguiente relato. Luego, Siberia es la que toma el relevo. La Siberia olvidada de un campo de trabajo de la época soviética. De un campo marginal cuya vida roza el surrealismo, poblada de personajes absurdos cuyos papeles -condenados, jefecillos, vigilantes, soldados, comisarios...- siempre desencajados, reflejan el disparate de la sociedad entera. Y finalmente una historia, teóricamente de amor, cierra el recorrido por esta especie de comedia humana apoyada en personajes que tuvieron que adaptarse a las convenciones de la sociedad comunista, primero, para abrirse camino y que han tenido, con diversa fortuna, que rehacer su itinerario a una edad en la que es difícil volver a empezar para hallar un hueco en la Rusia nueva donde -como también ocurría en la antigua- casi todo vale.

Excelente literatura, fuerza en el relato, cinismo y compasión también y una constante referencia a los viejos demonios que sobreviven en la Rusia de hoy es lo que encontramos en esta colección de cuatro relatos que encabeza El prisionero del Cáucaso y que nos lleva a una Rusia inquietante, llena de pequeñas tragedias y de heridas por las que se cuela la vida y un futuro denso, condicionado por el pasado, todavía por definir.

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domingo 19 de febrero de 2012

Luuanda

Luuanda

José Luandino Vieira
Sol de Ícaro, 2011
126 pp

Un libro modesto como las historias que cuenta, como los personajes que las animan. Esto es Luuanda, la sucesión de tres relatos cortos de José Luandino Vieira que tienen como escenario la capital de Angola...



José Luandino Vieira
Sol de Ícaro, 2011
126 pp





Un libro modesto como las historias que cuenta, como los personajes que las animan. Esto es Luuanda, la sucesión de tres relatos cortos de José Luandino Vieira que tienen como escenario la capital de Angola.

¿Y cómo es la capital de Angola? Pues, casi no es. Y no es, porque para un angoleño queda sumida en la pura cotidianidad. Es lo que hay y el lugar donde transcurre la vida. Algo en lo que tan siquiera se repara, porque lo que llama la atención son los acontecimientos.

Y los acontecimientos están contenidos en tres historias, que el autor llama ‘estorias’ porque así es como habla la gente. Y lo que él cuenta, de tal modo forma parte de la piel de estas personas que protagonizan el relato, que solo pueden expresarse como se expresan ellas.

Luuanda es, por supuesto, una ‘declinación’ de Luanda y un indicador de que estamos en el plano de la ficción. ¿Hace falta avisarlo? Pues, de alguna manera, sí hace falta para que el lector sintonice desde el principio con el discurrir de unas vidas inventadas, pero tan pegadas a la realidad que podrían ser reales. El título avisa de que el texto, se separa, se desliza por encima de la realidad.

No son amables las ‘estorias’ que cuenta José Luandino Vieira. Pero son entrañables de puro directas, por lo inmediatos que hacen sentir a los personajes y por el afecto que despiertan sus miserias. No es nada fácil la vida en Luanda, cuando todavía Angola forma parte del mapa ampliado de Portugal. Y no aparece fácil, a la mirada del lector, porque José Luandino fija la atención en las barriadas pobres donde la vida transcurre a salto de mata y donde las personas se agarran a un clavo ardiendo para seguir en pie.

Pero no es un drama exactamente lo que nos trae el Luandino Vieira. Más bien al contrario, pues la adversidad da pie a forzar la inteligencia, la del autor, la de los personajes y la del lector que si no anda listo, por ejemplo en algunas de las páginas de la ‘historia del ladrón y el papagayo’, pierde pie y no caza las medias palabras, las intenciones y las maldades puestas de refilón en la escena para que las cace el buen entendedor.

Un recuerdo a la maliciosa prosa de Quevedo se abre paso en este libro, humilde solo en apariencia. Y puede hacerlo porque José Luandino Vieira es un escritor tan desconocido para el gran público como reconocido en el mundo de la literatura. Un escritor angoleño cargado de premios y sobresaliente en el entorno de las letras portuguesas.

Háganme el favor y lean esta frase con cuidado:
“Así como, a veces, por donde el sol se zambulle en el mar, una pequeña y gruesa nube negra aparece para recorrer el cielo azul y, en la carrera, empieza a hacerse grande, a extender los brazos por todas partes, esos brazos que se convierten en otros brazos y ésos aún en otros más finos, y no tan negros, y todo ese apresurado caminar de la nube en el cielo parece el espeso ramaje lleno de hojas de una ‘mulemba’, con barba y todo, con las hojas de muchos colores, algunas secas con el colorido que el sol les da y al final, ya nadie sabe cómo nacieron, donde empezaron, donde acabaron esas locas hijas de la nube corriendo sobre la ciudad, dejando ir el agua pesada y caliente que traían, riendo con  largos y tuertos relámpagos, hablando con la voz grave de sus truenos, así, en esta tarde tranquila, empezó la confusión.”

Ni un solo punto, ni seguido ni aparte. Puro sentido común. Puro sentido. Poesía elemental y a ras de suelo. Simple y compleja, a la vez, de puro natural.

Es difícil reparar en Luuanda, publicado, además, por una pequeñísima editorial. Pero merece la pena hacerle un hueco entre otros libros con mayor presencia, para acercarse a Angola y para asomarse a estas ‘estorias’ trazadas con nervio, con humor también, con ternura y con mucha inteligencia.

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miércoles 15 de febrero de 2012

Islandia, revolución bajo el volcán

Islandia, revolución bajo el volcán

Xavier Moret
Alba, 2011
252 pp.

"…había algunas cifras preocupantes: la Bolsa multiplicó por nueve su valor entre 2003 y 2007 y se triplicó el precio de los pisos. Vivíamos en una burbuja."...



Xavier Moret
Alba, 2011
252 pp.


29635001



"…había algunas cifras preocupantes: la Bolsa multiplicó por nueve su valor entre 2003 y 2007 y se triplicó el precio de los pisos. Vivíamos en una burbuja."

Un capítulo de introducción, titulado La revolución silenciada, abre el libro de Xavier Moret, el segundo que dedica a Islandia y que es, de alguna forma la continuación del primero. Con Islandia, isla secreta, Moret ganó el premio Grandes Viajeros, pero sobre todo, nos trajo noticias de un país tan poco conocido por nosotros como singular. Un país a todas luces extraordinario y ejemplar en casi todos los sentidos. Culto, rico, trabajador, atento a la conservación de la naturaleza y, además, extraordinariamente bello.

Pero con el tiempo se había producido un cataclismo que justificaba volver a hablar de él, no para contar lo que había quedado pendiente en la redacción del primer libro, sino los acontecimientos nuevos que parecían poner en cuestión la imagen de Islandia. Para hablar de lo que los islandeses denominaron kreppa y que significa la catástrofe.

La introducción a la que me refiero centra enseguida la atención del lector y lo pone frente a una visión general de la situación nacida de la quiebra económica, que se produce casi de un día para otro. Una quiebra que pone en cuestión el modelo de país y que plantea el reto formidable de recuperar la senda de progreso comprometida por el hundimiento del sector financiero. Islandia era el primer eslabón de la cascada de países en caída libre que iba a producirse a continuación. Y como primer episodio de esta serie de descalabros, un acontecimiento tempranamente olvidado, superado como noticia por la amenaza de quiebra de economías mucho más grandes.

Dispuesta a modo de prólogo, la introducción de la que hablamos resulta una pastilla concentrada del caldo que va a venir después. Tan concentrada que, saboreada al principio, deja un poco insulsas las páginas que vienen a continuación. Esto es, obliga al lector a adaptarse al ritmo que toma el libro una vez adquiere su velocidad de crucero, mucho más pausado, más descriptivo, dedicado a los detalles del discurrir cotidiano de la vida en la Islandia de hoy, y a distancia de esas grandes cuestiones que tienen que ver con la crisis y disparan la adrenalina que acompaña al vértigo de una economía en caída libre.

Pero que el relato se calme y descienda a un plano más pegado a tierra, no significa que pierda contenido. La vida diaria se abre paso a lo largo de las páginas a través de conversaciones, de encuentros y de situaciones que permiten al autor mostrar las particularidades de Islandia, que son muchas y muy llamativas.

Tres son los ángulos que Moret elige para mirar a esta Islandia que vive la entrada en la segunda década del siglo en una especie de régimen de excepción. El primero hace referencia al volcán Eyjafiallajökull cuya erupción puso patas arriba al tráfico aéreo en Europa. Una erupción que replica en términos geológicos la sacudida económica que sintieron los islandeses, pero que sirve sobre todo para mostrar que la vida en Islandia no ha sido nunca fácil. Sus habitantes han tenido que desenvolverse siempre en un entorno peligroso que ha forjado su carácter. Todo ha sido difícil en Islandia desde que hay memoria de los primeros pobladores y por ello mismo ninguna catástrofe se afronta como un hecho insuperable. El pueblo islandés es duro, está acostumbrado a los sustos y por ello mismo a enfrentarse con ánimo a la adversidad.

El segundo de los aspectos en los que Moret fija la atención es el respeto por la naturaleza, una naturaleza indómita y peligrosa, pero al mismo tiempo precaria y que obliga a los seres vivos que dependen de ella cuidarla con esmero. Poco ayuda al desarrollo de la vida en un entorno tan hostil. Frío extremo, volcanes, un paisaje desértico hecho de hielo y de lava soporta a una población que tradicionalmente cree en los espíritus que nacen de las entrañas misteriosas de la tierra y que ven en el entorno natural un delicado equilibrio que hay que conservar. El desarrollo de la cultura, el de la economía y el de la sociedad entera deben ajustarse a la conservación de la naturaleza si se pretende que tengan duración en el futuro. “Vender nuestra naturaleza –dice un personaje con los que habla Xavier Moret- a cambio de dinero no puede traer nada bueno.”

Y finalmente la crisis económica aparece como tercera de las patas que sostienen el relato que sobre Islandia hace el autor. Un país feliz, avanzado, con más escritores por metro cuadrado que ningún otro en el mundo, con innumerables músicos clásicos y de vanguardia, con las costumbres más progresistas, tolerante, trabajador, emprendedor… se enfrenta al derrumbe de su economía y aun panorama que parece de ficción. De repente, el país amanece en la ruina y descubre que las noticias que hablaban de una economía que estaba a punto de comerse el mundo eran en realidad puro espejismo y que alguien –banqueros, políticos…- había mantenido una ficción que llevaba sin remedio al naufragio.

Islandia, revolución bajo el volcán es una crónica del presente. Habla de hoy y de unos temas que para todos son de la mayor actualidad. Y lo hace poniendo la mirada en un pequeño país, de poco más de trescientos mil habitantes, extraordinariamente singular, escuchando a los personajes más distintos –escritores, granjeros, políticos, músicos, empresarios o simplemente gente de la calle- para dar una visión viva, actual e interesante a lo largo de todas las páginas.

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lunes 6 de febrero de 2012

El Nilo Azul. Testimonio de un mundo olvidado

El Nilo Azul. Testimonio de un mundo olvidado

Javier Gozálbez
Altair, 2011
559 pp.

Javier Gozálbez protestaría si se le presentara como una de las personas que mejor conoce Etiopía. Pero lo cierto es que ha recorrido el país en todas direcciones desde hace muchos años...



Javier Gozálbez
Altair, 2011
559 pp.






Javier Gozálbez a buen seguro protestaría si se le presentara como una de las personas que mejor conoce Etiopía. Insistiría en que lo suyo es más el resultado de una inclinación vocacional que de un trabajo profesional y que por ello no tiene la importancia de lo bendecido por el rigor académico o por alguna institución de postín.

Pero lo cierto es que Javier conoce Etiopía en profundidad, ocupa un lugar relevante entre los estudiosos del tema, ha recorrido el país en todas direcciones desde hace muchos años, se ha convertido en un estudioso de su historia, de su geografía y de su cultura y ha acreditado su profundo saber en un libro imprescindible para quien esté interesado en el tema como es Etiopía. Un rostro con tres miradas.

Pero Etiopía parece ser un pozo sin fondo, cuya historia se pierde en una nebulosa y cuyo presente hereda del pasado trazos que conviene explicar y que exigen una reflexión detenida. Situada en África, Etiopía es un mundo aparte y enlaza con un pasado de complejidad extraordinaria. De aquí que Javier Gozálbez dé un paso atrás y para tomar perspectiva primero, pero también dejándose seducir por el enorme peso que ha tenido en la historia y que tiene en el presente, ponga la mirada en el Nilo y haga de él el eje alrededor del que gira su nuevo libro.

Da la impresión de que el conocimiento de Javier Gozálbez es enciclopédico. Pero es al mismo tiempo crítico y busca reafirmarse en la realidad. De aquí que los viajes que Javier emprende para escribir su libro sean viajes de comprobación. Quiere asegurarse de que lo que sabe es cierto y de que sus lagunas pueden rellenarse si pregunta a las gentes o si se mueve lo suficiente como para recoger la información que le falta. Javier Gozálbez trabaja como un explorador de la época dorada y así lo transmite al lector en su libro. Un lector que sigue los pasos del viajero y que comparte con él –además del calor, el cansancio, los sentimientos de afecto y de admiración, y a veces el mal humor- las dudas y las certezas que surgen en torno a lo que busca y a lo que ve.

Y por qué tantas dudas y tanta necesidad de confirmar lo que han dicho otros viajeros o lo que dice la tradición. Porque la historia de estos territorios por los que transita el Nilo Azul es tan larga y enmarañada y ha sido reescrita tantas veces a la medida de pueblos, de linajes o de poderes con intereses que defender, que hoy resuena a los oídos de forma confusa y necesita aclarase para poner a cada cosa en su sitio. Y porque el conocimiento es poder y un país como Etiopía necesita desvelar su pasado. La historia, avisa Javier Gozálbez, no es inocente y la que rodea al Nilo Azul es la que afecta a pueblos que siempre estuvieron “en la parte perdedora”.

“Mi intención –dice el autor- es rastrear el presente de los pueblos (que habitan junto al Nilo Azul) teniendo en mente su pasado, pasa así poder rescatar del olvido el universo que los envuelve. El río iba a ser mi hilo conductor y sus aguas también tenían una memoria que ha permanecido, y que pervive, olvidada bajo la losa del silencio o las argucias de la manipulación”.

El Nilo Azul es en realidad el resultado de varios viajes, en buena parte realizados en coche, pero muchas veces también a pie, en pequeñas expediciones con algún amigo local, un guía y a veces un miliciano armado prestado por las autoridades como protección y seguramente también como cortesía. La intención del autor es seguir el recorrido del Nilo Azul desde su nacimiento cerca del lago Tana hasta su encuentro con el Nilo Blanco en Sudán. Y su principal interés es hablar con quienes viven a sus orillas, ver cómo viven  y escarbar en su memoria. Los paisajes, las plantas, los árboles, los cultivos… aparecen en las páginas del libro, lo mismo que el trabajo cotidiano de los campesinos, de hombres y mujeres esforzados en extremo –sobre todo ellas. Las costumbres, los rituales de la hospitalidad, los alimentos, los vestidos y mil detalles más muestran de primera mano la vida de pueblos que siguen las tradiciones y las rigurosas exigencias del mundo en el que les ha tocado vivir.

La historia está en una parte del origen de este rigor. Una historia que parece de novela y que Javier Gozálbez cuenta tan sucinta como admirablemente para acercar al lector a las raíces de una tierra cuyas semillas germinaron hace miles de años. La religión, en manos de la iglesia ortodoxa etíope, que Javier encara con mirada sumamente crítica, es también responsable del atraso y de las dificultades que la población tiene para prosperar. El clima, por supuesto, contribuye a los rigores que soportan las gentes. Y también la mano extranjera que a través de viejos tratados ha sustraído el agua del Nilo Azul del control de Etiopía para hacer únicos beneficiarios a Sudán y a Egipto, piezas del imperio colonial británico y fuentes del suministro del algodón que precisaba la industria en la metrópoli.

Crítica profunda, pero también algo de humor se van desgranando a lo largo del curso de este río único. Javier persigue hasta el final sus pesquisas dejando casi su piel en ellas. Busca los orígenes de Santa Arsema –una santa casi desconocida hasta encontrar sus raíces en Armenia- como si le fuera la vida en ello. Pero sabe que se mueve en un medio que no entiende de tanta precisión como él busca. Cuenta con que los etíopes son dados a cambiar de conversación cuando les pregunta por algo que no saben o que les incomoda y le dejarán con un palmo de narices haciendo como que no han escuchado. Sabe que la previsión de los problemas no es su fuerte y que llegado el momento se arruinará el día por no haber tomado las precauciones necesarias y que ese es un mal al que hay que acostumbrarse. Es consciente de que como extranjero comete errores en las cosas más simples que lo hunden en la miseria y que ponen de relieve su torpeza de blanco e inexperto. El ataque de abejas atraídas por el olor de una toallita refrescante o el descalabro de la tienda de campaña instalada en medio de las vacas revela también la componente de absurdo inevitable en la convivencia de mundos tan distintos como el local y el europeo.

Imposible en poco espacio alcanzar todo el abanico de temas, lugares y acontecimientos que aparecen en las páginas de este Nilo Azul. Después de Etiopía se abre el capítulo de Sudán, un país hermanado al etíope por viejas raíces y sin embargo radicalmente distinto hoy. Y con él un montón de asuntos nuevos. Hay que leer El Nilo Azul para seguirlo desde su nacimiento. Sus orillas y sus aguas son la excusa para profundizar en todo lo que rodea a unas tierras cuya historia enlaza con el rey Salomón y con los faraones y nos lleva hasta la actualidad. Javier Gozálbez nos cuenta esta historia y nos habla de las aguas y las orillas que conoce tan bien. Merece la pena seguir su viaje a través del libro y disfrutar leyendo de una aventura tan enriquecedora como singular.

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lunes 30 de enero de 2012

París insólito

París insólito

Jean-Paul Clébert y Patrice Molinard
Seix Barral, 2011
351 pp.

Estamos ante un libro muy singular, una extraña joya. Eso que ahora se llama un libro ‘de culto’. Además estamos ante un libro que debiera llevar un breve folleto de instrucciones....




Jean-Paul Clébert y Patrice Molinard
Seix Barral, 2011
351 pp.





Estamos ante un libro muy singular, una extraña joya. Eso que ahora se llama un libro ‘de culto’. Además estamos ante un libro que debiera llevar un breve folleto de instrucciones. Imprescindible avisar que hay que leerlo con el ordenador encendido o con la tableta a mano, con google maps abierto y el plano de París bien ampliado en pantalla.

Jean-Paul Clébert es el autor, el autor del texto. Un tipo marginal, bohemio, de aspecto miserable, voluntariamente rebajado a eso que la gente de bien llama pobres y holgazanes. Su foto ilustra la portada del libro. Un tipo interesante, duro, joven aún y de vestir desastrado. Irónico, sabe lo que quiere. “Mi aspecto –dice- me preserva por fortuna de la ofensiva denominación de intelectual o, lo que es peor, de existencialista”.

El París del que Clébert nos habla es el de inmediatamente después de la Guerra. ¿Y qué interés puede tener ese París que tanto ha cambiado después de cincuenta años? De entrada el de la capacidad narrativa del propio Clébert. Clébert es un prodigio de expresividad y lo es también de observación. Y lo es de atrevimiento por elegir el París al borde de la ruina como tema de su libro. París insólito. Podía haber elegido, como singularidad cualquier otro rasgo que no fuera el París más humilde y también el más débil. El primero que caería cuando la ciudad se levantara, curara las heridas del pasado -las de la guerra y otras que llevaba a cuestas- y lavara su aspecto para recuperar el puesto de capital opulenta y moderna comparable a las más ricas del mundo.

Clébert, que de chaval se escapa del colegio y que malvive escondido y fugitivo por las calles de París enrolado en la resistencia, no abandona ya las calles que lo atraen y en las que se siente como en casa. Recorre cada palmo de París, sin más objetivo que el de vagabundear. Con el propósito de no dejarse absorber por la sociedad trabajadora y ordenada que pone obligaciones y límites a la natural aspiración de ser cada cual dueño de sí mismo. Y toma apuntes sin parar, porque no es un hombre amigo de la disciplina, pero sí es un escritor.

“Tengo tantas notas tomadas en dos o tres años de vagabundeo –dice al empezar el libro- tantos rostros, diálogos, decorados de fondo, vistas de los barrios bajos donde la vida es animal, peligrosa, oculta….”  Notas que alcanzan a París entero, barrio por barrio y que nunca se refieren a las grandes avenidas, a los edificios monumentales o al París ‘oficial’. Lo suyo son las calles estrechas, las tabernas, las casas de comida donde se reúne la gente y discurre la vida de una población de la que no habla nadie porque en el discurso de la riqueza y del progreso que anima a una sociedad entera, la miseria, la vieja y tan extendida miseria, tiene poco de ejemplar.

El París subterráneo del que habla Clébert está, en realidad bajo el sol. Está al lado del otro, del que brilla y del que se tiene noticias. Por ello es por lo que el lector conviene que vaya provisto de un buen mapa. Para poder seguir los pasos de su guía y saber en qué rincones se detiene, dónde está el bistrot del que da noticias, dónde paran esas mujeres de mejor o peor vida con las que es encuentra, o esos hombres que se entretienen con él jugando a cartas y charlando o que mira en la distancia con respeto y a veces con temor.

Está claro, como asegura Clébert que su libro está lejos de ser “un Baedeker para el turista”. Mucho más que las piedras, más que las casas le interesan, tal y como reconoce, “sus habitantes, tipos extravagantes, curiosos, insólitos e inesperados”.  Tipos que para él no son la escoria. Son personajes que mueven su afecto y que reivindica como valiosos, depositarios de una sabiduría ancestral, virtuosos a su manera porque lo suyo es vivir y dar vida a un París que desaparece.

Clébert es un poeta, de pluma agilísima y de ‘estar’ generoso. Se siente un privilegiado en cada rincón de su ciudad y con el deseo de abrir los ojos a quienes pasan de largo de este mundo que conoce, incapaces de dejar de mirar a otro lado. “Los parisinos aman pero no conocen su ciudad. La verdadera vida de una ciudad está vedada al publico, reservada para los iniciados, para los contadísimos poetas, para los numerosísimos vagabundos…”.

Poeta, vagabundo, escritor –aunque nunca intelectual-, hombre amable y generoso Clébert se mueve por esta corte de los milagros que se entremezcla con la gran capital. Escribe su libro y para una segunda edición repite sus paseos del brazo de Patrice Molinard que prepara una soberbia colección de fotografías. Fotografías sin concesiones, lo mismo que el texto, en blanco y negro, tomadas al paso, de rincones desolados muchas veces y de la gente humilde que los frecuenta. Extraordinarias todas ellas, sintéticas. Económicas en su expresión pero tan sugerentes y llenas de contenido como el texto de Clébert.

Seix Barral edita ahora este libro que bien se merece el apelativo ‘de culto’, en una edición tan sobria, como cuidadosa. Nadie que busque en París la Ciudad de las Luces debe perderse en este magnífico libro. No es un Baedecker, como dice Clebért. Pero quien sienta admiración por esta capital enorme y con tantas vidas como es París disfrutará con la lectura lenta y extensa y con las imágenes sobre unas gentes y una vida que han quedado en el recuerdo y que forman también parte del mito de la ciudad.

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