lunes, 27 de junio de 2016

Patria o Muerte

Patria o Muerte

Alberto Barrera Tyszka
Tusquets, 2015
246 pp

Alberto Barrera, con su novela Patria o Muerte, nos lleva a la Venezuela de hoy de la que han desaparecido el Caribe, la selva y toda poesía, en un thriller político lleno de intriga.


Alberto Barrera Tyszka
Tusquets, 2015
246 pp






¿Y qué fue de Venezuela? Dónde están Chichiribiche, una especie de paraíso marginal en el Caribe, o el delta del Orinoco con sus pueblos perdidos entre regueros de agua envueltos en la selva, o Los Llanos con sus espacios enormes y aislados, o Canaima y los misteriosos tepuys? ¿Qué pasó con un destino que los viajeros acababan de descubrir y que de pronto quedó en nada? Que quedó en el olvido porque desapareció de los programas de las agencias de viajes como por ensalmo y de la imaginación de cualquier viajero.

Alberto Barrera nos lleva a la Venezuela de hoy. Una Venezuela sin ron ni islas Margarita que traigan los aromas de ese trópico que anhelamos en Europa, lleno de vida y bendecido por la naturaleza. Porque ese país, al menos en el imaginario colectivo, desapareció inmerso en un pulso feroz -en una guerra, para muchos- contra el imperialismo opresor que ejercían las potencias de afuera y los ricos de adentro a costa de la mayoría desheredada y abatida antes de la ascensión de Chávez al poder.

Como en una obra teatral, un cambio de decorado hace visible una realidad diferente, crea en el mismo espacio que antes conocía el espectador un lugar nuevo, y puestos a hablar de Venezuela un país distinto. En este cambio de escenario, en este trastrueque de ambientes y de luces está Alberto Barrera con su novela Patria o Muerte que nos lleva a la Venezuela de hoy de la que han desaparecido el Caribe, la selva y toda poesía. Una Venezuela partida por la línea que separa el oficialismo y la oposición e impregnada por una atmósfera de hostilidad, de sospecha, de temor de unos frente a otros bajo la mano férrea de lo que no es más que una dictadura militar.

Pero Alberto Barrera está muy lejos del panfleto. Nada en su novela suena a soflama política, aunque por supuesto su posición es clara a través de la narración y de sus personajes. Estamos ante una novela de intriga. Una novela política que si no fuera el reflejo declarado de una realidad nos haría hablar de una intriga policial. Todo transcurre durante los últimos meses de la vida de Chávez, aquejado de una enfermedad que lo lleva a Cuba y que es fuente de toda clase de rumores. Una atmósfera de desasosiego es lo que ahora da color al país y marca a cada uno de los bandos que intenta leer en ella, en esa incertidumbre que envuelve la vida del caudillo, tanto como el futuro el presente.

Personajes muy distintos se cruzan en el desarrollo de la trama y ponen en marcha lo que parece una simulación a escala menor de lo que resulta Venezuela entera.  Una especie de metáfora del país. Un médico, un periodista, un alto funcionario, unas militantes del chavismo, una víctima de la delincuencia común, la policía y el propio Chávez, sobre todo el propio Chávez se ponen en movimiento para representar una escena de amplio espectro que habla de la Venezuela de hoy.

Sin duda, el lector que tome en sus manos el libro tendrá sus opiniones formadas acerca del tema. Y es probable que no sean muy buenas en lo que a Chávez se refiere si las ha formado de lo que llega a través de los medios de comunicación. La Venezuela chavista espoleada por un líder marrullero, un militar golpista, un genio de la predicación televisiva y un incontinente verbal no puede dejar buen sabor a casi nadie. Pero he aquí que nuestro autor se muestra mucho más afinado de lo que dan a entender los trazos gruesos de una descripción tan abrumadoramente negativa. Y promueve la idea de que Venezuela no es solamente un circo.

Aunque el país se ha polarizado hasta convertirse en una caricatura burda, enrocada en los extremos, el carisma de Chávez es un prodigio de trabajo de manipulación y de inteligencia. Inteligencia mezclada con milimétrica ingeniería, pasión combinada con una lúcida intuición acerca de lo que esperan las masas desheredadas, conocimiento real y fina política expresada en forma de bravatas y groserías para crear una imagen cercana al pueblo y activamente opuesta a quienes fueron los amos de Venezuela antes del advenimiento de la revolución bolivariana.

Patria o Muerte es una excelente novela política que retrata un país donde todo fue eclipsado excepto la política. Un país que hace su vida partido en dos e irreconciliable. Hoy, al hablar de Venezuela vemos sobre todo eso y por este motivo resulta relevante, además de enormemente entretenida, la novela de Alberto Barrera que nos lleva a los entresijos de la actualidad y nos asoma a una realidad que casi parece una ficción.

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martes, 7 de junio de 2016

Estambul otomano

Estambul otomano

Juan Goytisolo
Península, 2015
142 pp.

El imperio otomano fue para occidente un gran desconocido. Envuelto en el misterio, las noticias que llegaban de él estaban más cerca de la fantasía que de la realidad. Con 'Estambul otomano', Goytisolo se propone abrir una puerta a la realidad.


Juan Goytisolo
Península, 2015
142 pp.





No es un secreto que Juan Goytisolo conoce el mundo musulmán sobradamente, ha escrito sobre él y da la impresión de sentirse a gusto en sus recovecos, sus particularidades y contradicciones. Y también, que ha dedicado a Turquía y al imperio y la cultura otomanas una atención muy especial. Es un maestro y su voz está cargada siempre de interés.

Estambul otomano forma parte de este universo en el que Goytisolo bucea para entresacar lo que hay de realidad en el relato confuso que ha llegado a nosotros a base de prejuicios, fabulaciones, viejas habladurías, escritos de viajeros pretéritos y demás invenciones que resultaron de la necesidad de dar rienda suelta a la fantasía.

El gran imperio que durante cerca de quinientos años reinó en lo que fueron tierras bizantinas, que sustituyó la cultura, las costumbres y la religión de orígenes clásicos que fueron las bases de Bizancio y que se convirtió en amenaza y al mismo tiempo en materia de admiración para Europa, fue, al fin y al cabo un gran desconocido.

Goytisolo, en este Estambul otomano que se reedita ahora, se propone poner las cosas en su sitio. Quiere matizar o desmentir tantos bulos como corrieron acerca del gran imperio del Levante y servirse de su capital para ir destacando temas que arrojen luz sobre ese mundo velado que fue Turquía hasta principios del siglo XX cuando se convirtió en república.

Estambul no se construyó en un día y como capital de los turcos fue una metrópoli espléndida durante siglos. Además, la distancia entre la vida del bazar y la del exclusivo entorno del sultán era absoluta. A lo largo de siglos y con tan abrumadoras diferencias no es de extrañar que la misma ciudad cambiara y que las noticias que llegaban de ella y de sus gentes fueran diversas y a menudo contradictorias. Pero tanto como el tiempo o las diferencias, influyó a la hora de transmitir a occidente una imagen distorsionada de la capital otomana, la desconfianza con que era vista aquella poderosa ciudad, capital de una nación enemiga, estandarte de una religión hostil y tan encerrada en sí misma que el viajero o el diplomático que regresaba después de haberla visitado acababa hablando de ella más por intuición o por lo que le contaron que como resultado de una experiencia real.

Para salir de tanto entuerto, Juan Goytisolo opta por la pedagogía, por ir poniendo en orden las ideas paso a paso. Y para ello, nos habla del imperio y de la concepción del poder que había tras él, nos habla de las costumbres que podían causar consternación y curiosidad por igual en Europa -el harén, el trato a las mujeres, la vestimenta, la fidelidad, la crueldad...- y nos habla de la combinación del mundo musulmán y del turco, que da lugar a ese curioso y temido ejército que fue el de los jenízaros o al florecimiento de derviches y de sectas que tanto marcaron ese imperio que creció bajo la protección absoluta del sultán.

Pero Goytisolo además de atender a estos trazos profundos que afectan a la cultura, a la religión o al poder, también mira a la calle, esa calle donde conviven con los musulmanes los judíos y cristianos, los funcionarios y comerciantes, los artesanos y marinos. Y le dedica atención al bazar, a los gremios y a los oficios diversos que daban vida a sus calles y que marcaron 'por abajo' la vida de Estambul como lo hizo 'por arriba' el sultán y toda la corte.

El tono de Goytisolo en este libro tiene mucho del que correspondería a un pequeño estudio académico, ordenado en la sucesión de asuntos por los que transita, acompañado de citas que explican o justifican su relato, equilibrado y bien medido de forma que ninguno de los temas resulta al lector abrumador. Más bien al contrario, breve y sin más extensión de la necesaria para darle un conocimiento justo y rico en contenido. Estambul otomano no es una guía al uso. No sirve para encontrar un monumento o informar sobre él a quien visite Estambul. Pero sí es una luz que ilumina la capital y buscando en sus raíces destaca esas esencias que hacen de la capital turca la ciudad más extraordinaria.

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miércoles, 25 de mayo de 2016

Una breve historia de los árabes

Una breve historia de los árabes

John McHugo
Turner, 2015
371 pp.

¿Qué hay detrás de mundo árabe para que resulte tan incomprensible a quienes nacieron en el mundo cristiano? "Una breve historia de los árabes" contribuye con singular acierto a responder a esta pregunta.



John McHugo
Turner, 2015
371 pp.






Con signos de urgencia y envuelto en el conflicto, el mundo árabe ha irrumpido en la actualidad de occidente como una forma de amenaza y sobre todo como una incógnita. ¿Qué hay detrás de ese mundo para que resulte tan ajeno e incomprensible a quienes nacieron en la órbita cristiana? En primer término, el mundo árabe ha pasado de ser un exotismo a convertirse en una realidad próxima y con muchas más variables que las de la simple imagen del desorden en un zoco o de la extraña melodía del muecín llamando al rezo desde lo alto de un minarete. El mundo árabe ha entrado en escena para occidente y la difícil relación entre ambos suscita interrogantes tanto en una como en otra parte.

Para comprender algo mejor lo que hay detrás de la superficie de ese universo complejo que es el de los países árabes merece la pena dejarse llevar por este libro apasionante, exhaustivo en información y ligero en lectura, que echa sus raíces en la Arabia sobre la que Mahoma sembró las semillas del islam y avanza en el tiempo hasta llegar a hoy y a los problemas que el mundo árabe plantea y tiene planteados.

Nada mejor que recoger el párrafo inicial del prefacio de esta 'breve historia de los árabes'  para escuchar cuál es el propósito del autor al plantearse este libro, absolutamente recomendable y que retendrá la atención del lector de la primera a la última página.

"Este libro examina la larga historia de los árabes para ver cómo ha conducido a los problemas que padece su mundo hoy, y por qué ese mundo resulta a menudo hostil e incomprensible para muchas personas en "occidente". ¿Los actuales disturbios distanciarán aún más a occidente y al mundo árabe, o son parte de un proceso purgativo que pudiera en última instancia exorcizar los demonios que se han interpuesto entre nosotros? El mundo árabe se halla en período de transición, pero por ahora es difícil ver hacia dónde se dirige."

John McHugo, el autor retrocede a los tiempos de Mahoma porque el islam discurre y se mezcla con el pueblo árabe y forma con él una alianza compleja y no siempre libre de contradicciones. ¿Qué le ocurrió a la cultura árabe para abandonar la posición de vanguardia de la que gozó, con pensadores liberales capaces de recuperar la cultura clásica de griegos y romanos antes de que la descubriera occidente?¿Dónde están los orígenes de la involución que desde principios de siglo XX se produce en una cultura que se abría a la europea con voluntad de progreso y como signo de modernización?¿Qué supuso el derrumbamiento de un imperio no árabe como fue el otomano y cuál está siendo el coste real de un conflicto como el palestino sobre el que gravitan intereses de lo más diversos y que ha generado las heridas más profundas?

Es del todo imposible dar respuesta a todo y la lectura de esta 'breve historia de los árabes' pondrá de relieve la extraordinaria complejidad que supone abordar la maraña de temas que se dan cita en ella. Pero por ello mismo resulta tan estimulante este libro que consigue trazar con claridad y de manera todo el tiempo interesante la trayectoria de un mundo cuya situación hoy acaba siendo tan complicado de entender.

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martes, 17 de mayo de 2016

Autostop. El manual para viajar a dedo por el mundo

Autostop. El manual para viajar a dedo por el mundo

Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino
La Editorial Viajera, 2016
125 pp.

"Autostop, el manual para viajar a dedo por el mundo" no es sólo un manual. Es una invitación a un modo de viajar habitual hace años entre los jóvenes y que sigue estando vivo.


Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino
La Editorial Viajera, 2016
125 pp.





Autostop, el manual para viajar a dedo por el mundo no es sólo un manual. Empieza por ser una invitación a un modo de viajar habitual hace años entre los jóvenes y caído en desuso en alguna medida por la inseguridad y sobre todo por la comodidad de viajar sin ninguna incertidumbre, con todo o casi todo planificado de antemano.

"El autostop -nos dicen los autores- entrega al viajero un mundo sin maquillajes donde la vida cotidiana se presenta desnuda de todo truco o preparación". No es un inconveniente, es la esencia misma del viaje. Es el modo de facilitar el contacto con otras personas, de hacer amistades, de gozar de la hospitalidad de los demás y de entrar en la vida de quienes viven en otros países de una manera distendida en un encuentro dictado por el azar.

Para el viajero hecho al avión, con los vuelos reservados y con un programa definido día a día, el pequeño libro que ahora aparece resulta el aviso -o mejor el recuerdo- de que hay otras maneras de viajar, gratas, enriquecedoras y llenas de experiencias inolvidables. Aunque lo hayamos olvidado, se sigue viajando en autostop y quienes eligen esta fórmula para el viaje siguen disfrutando como disfrutaban los jóvenes hace  cincuenta años.

Los autores del libro son, por supuesto, expertos en el tema. Expertos por reconocerles con este término una dilatada experiencia en recorrer el mundo a base de colocarse en un arcén y invitar a los conductores a llevarles. Pero no son profesionales del dejarse llevar. Lo suyo es conocer a la gente de cada lugar, es la conversación que fluye y aporta un sin fin de noticias, de confidencias y anécdotas, de informaciones sobre cómo se vive, como se siente y cómo se percibe el mundo allí donde se está.

Visto así, no es poco lo que ofrece el autostop, que exige, de quien lo practica, disponer de tiempo y perderle el miedo a tener que improvisar. Y porque no es poco, también es cierto que siguen con una vida saludable los colectivos en todo el mundo que apuestan por el método de levantar el dedo y que ofrecen apoyo a los aficionados.

Apoyo es seguramente lo más importante para quienes deciden lanzarse a esa piscina y todavía no lo han hecho. Porque tal y como avisan los autores de este manual, en el autostop más que la suerte influye la preparación. Cuenta un montón de pequeñas indicaciones que facilitan el viaje y rebajan o suprimen los inconvenientes que nacen del desconocimiento. "Esta guía -nos dicen- resumen quince años de experiencia en el viaje en autostop y desmenuza punto por punto todos los consejos imaginables, desde cómo situarse, cómo elegir la mejor ruta entre dos ciudades, cómo pedir pasaje en una estación de servicio o qué hacer una vez se está dentro del vehículo".

Son muchos los asuntos de los que trata el libro que tenemos entre manos. Siempre de manera concisa, sensata y orientada a la práctica. Y algunas veces, insertando el relato de algún viajero, a modo de anécdota, que ilustra el tema con una experiencia real ocurrida en cualquier parte del mundo. Los manuales son a veces un compendio de trivialidades. No es este el caso, aunque todo lo que se dice está lleno de sentido común. Lo que ocurre es que el sentido común cuando ampara a un contenido bien elegido, contado de manera económica y clara, y que apunta a ofrecer un servicio al lector se convierte en una virtud que facilita la lectura y ayuda a retener cada punto en el que se detienen los autores para reflexionar sobre él y ofrecer sus consejos.

Si por el tamaño fuera, el Autostop que escriben Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino pasaría seguramente desapercibido en el escaparate de cualquier librería. Es un libro de formato pequeño y de no muchas páginas. Pero no hablamos aquí de tamaño sino de interés y en ese aspecto es seguro que resultará más que atractivo para cualquiera que tenga en mente iniciarse en el viaje en autostop o para iniciados que dejaron la práctica hace tiempo y la recuerdan ahora con nostalgia.

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viernes, 6 de mayo de 2016

Viaje sin mapas: una aventura por el corazón de Liberia

Viaje sin mapas

Graham Green
Península, 2015
340 pp.

En 'Viaje sin mapas' Graham Green habla de un viaje casi a ciegas en pleno siglo XX. Sin noticias ciertas, preguntando a cada paso, por senderos poco o nada transitados el autor se adentra en un África que hubiera podido ser, en muchas etapas, la del siglo XVI.



Graham Green
Península, 2015
340 pp.





Por la misma razón que cuesta hacerse a la idea de un viaje sin un mapa que lo sitúe, cuesta entrar en este libro de Graham Green que desconcierta al lector y que lo deja, al principio desorientado.

Habría que preguntarle al autor si ha buscado a propósito o no la sensación de desconcierto que crea en este relato, cuyo arranque me atrevo a calificar de confuso, en torno a un viaje por la costa occidental de África, que acaba por llevarlo hasta Liberia. Adelanto que el término confuso no es necesariamente negativo. Hablo de un relato confuso con toda la prudencia sabiendo que Graham Green es uno de los escritores importantes en lengua inglesa del siglo XX. Confuso es El corazón de las tinieblas y acaba uno por concluir que la confusión es un atributo inseparable de África, de un continente donde las sombras desdibujan la aparente claridad del contorno y donde siempre hay algo oscuro y amenazante -la violencia, la enfermedad, la opacidad que rodea a lo desconocido- que condiciona el ambiente.

Graham Green con esas raíces católicas a las que no renuncia y con la sensibilidad moral que subyace a su escritura, contempla un continente enfermo donde es difícil descubrir rayos de esperanza. Enfermo como consecuencia de la destrucción de su forma de vida: como resultado de la imposición de una cultura europea que arrasó sus raíces. Los ingleses, dice al referirse a Freetown "habían plantado su sórdida civilización y luego habían escapado de ella todo lo lejos que habían podido. Todo lo feo era europeo (...) si había algo bello en el lugar era indígena". Y no es sólo la apariencia lo que delata la miseria que en África han sembrado los blancos. Es en lo más profundo del hombre donde su veneno ha hecho mella y ha destruido las virtudes naturales de los africanos. Green se indigna cuando denuncia que la administración colonial disfruta viendo como sus súbditos se convierten en bufones. De los negros "se esperaba que representasen el papel como hombres blancos y cuanto más copiaban a los hombres blancos, más cómicos les resultaban a los prefectos".  El resultado de la aventura colonial -dice- es que la figura del criollo ha acabado pareciéndose a la de un "chimpancé tomando el té".

Si algo desea no parecer Graham es pretencioso. No presume de las penalidades del viaje ni quiere construirse un papel de héroe explorando la desconocida África. Como viajero se reconoce un don nadie. "Era la primera vez que salía de Europa; era un completo aficionado (...) no tenía ni idea de la ruta que iba a seguir ni de las condiciones con que me encontraría". Por eso, sin un mapa preciso, sin más objetivo que el de terminar en Monrovia, el viaje que hace Green, y que nos cuenta, es el compuesto por una sucesión de lugares, imprevistos muchas veces, donde se detiene camino a su objetivo final.

De manera diletante, cambiando el foco de atención de un tema a otro, Graham Green va siguiendo un hilo que se hace evidente a medida que avanza el relato. Las escalas de su viaje a Liberia, sus paradas distintas van marcando el discurrir de su libro y dibujando esta perversa destrucción que descubre paso a paso y que acompaña el fondo del relato.

Pero hay mucho más y muy interesante en el relato de Green más allá de la visión general de la decadencia africana, porque su viaje, el viaje por tierra con un equipo de criados y porteadores por caminos de los que no hay noticias están llenos de situaciones y de experiencias que hablan -a pesar de estar en los años 30- de un África remota donde la civilización europea ha rozado la piel pero lo africano conserva una presencia abrumadora.

Las dificultades del viaje -dificultades físicas que imponen el clima y la geografía-, las dificultades de la organización, con el descontento de los porteadores inquietos a medida que avanza la expedición, la incertidumbre de los encuentros en las distintas poblaciones que atraviesa a lo largo del camino, el contacto con culturas extrañas con un fondo de espiritualidad casi clandestino, la duda constante sobre cómo continuar el camino hasta el destino final en Monrovia transforman la narración en un libro de aventuras. Un libro de aventuras cuyo protagonista ya no es un lejano Livingstone o un Stanley sino un viajero contemporáneo que habla desde un ayer muy cercano e igualmente sorprendente.

El de Graham Green es efectivamente un viaje sin mapas. Un viaje casi a ciegas en pleno siglo XX. Sin noticias ciertas, preguntando a cada paso, por senderos poco o nada transitados se adentra en un África que hubiera podido ser, en muchas etapas, la del siglo XVI, con sus comerciantes musulmanes venidos algunos de tierras lejanas, con sus jefes y sus hechiceros, con las penalidades de las tierras de naturaleza poderosa y en buena medida vírgenes. Viaje sin mapas resulta un libro apasionante. Nada mejor que empezar sus primeras páginas para introducir al lector en una aventura por este continente, misterioso y no domado todavía, que ha sido África hasta prácticamente hoy día.

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miércoles, 20 de abril de 2016

Tirana blues

Tirana blues

Fatos Kongoli
Siruela, 2015
206 pp.

Con 'Tirana Blues', Fatos Kongoli rompe el silencio que mantiene a Albania en la sombra y nos acerca a algunas escenas actuales ambientadas en su capital.


Fatos Kongoli
Siruela, 2015
206 pp.





Hay países de los que parece que no se puede hablar. Países que existen y están en el mapa, pero ocultos tras un persistente muro de silencio. Albania es uno de ellos. A orillas del Mediterráneo, parece no estar. Parece no emitir ninguna señal que se reciba fuera de sus fronteras. Parece no formar parte de esos países balcánicos, de carácter abrupto, encajados entre montañas, pero que se han abierto al exterior y han afirmado en Europa su existencia.

¿Será que a Albania le falta una guerra que la ponga en el mapa, tal como ahora se dice?¿Será que su socialismo radical que la mantuvo aislada, bajo el férreo gobierno del viejo presidente Hoscka, no era un capricho de la historia sino el reflejo de un ADN que el país llevaba en los genes?

Fatos Kongali rompe el silencio. Tirana Blues, su última novela publicada en español, se ambienta en la capital de Albania y habla del presente. Nada de regresar al pasado con los viejos fantasmas de un socialismo que quedó superado y del que nadie quiere saber ya nada. Tirana blues dibuja una imagen de hoy. Pero Albania sigue estando ausente. Hay que leer entre líneas para componer una imagen del país. Lo que Fatos Kongali nos muestra es un microcosmos compuesto por personajes marginales o directamente estrambóticos que al lector le sirven de metáfora para deducir, por su cuenta, una realidad más amplia. Para imaginar, a partir del relato que nos hace, una parte de la Albania real.

El paisaje que sirve de escenario a Tirana blues es contradictorio porque en su relato se mezclan, al menos, dos historias que componen una especie de curioso esperpento. Gente 'guapa', desamores, funcionarios en el papel de policías, un cadáver, delincuentes…

El panorama que nos muestra resulta en buena parte estremecedor. Estremecedor, más que por dramático, por lóbrego y desesperanzado. Parte del relato se sitúa en un espacio marginal de la capital albana. Un espacio donde el desorden urbano predomina, donde las casas han ido arañando una periferia aún no habitada y donde la fealdad es la ley que rige el entorno. Chechenia es como conocen los vecinos a este barrio desquerido donde, sin embargo, se desarrolla la vida como en cualquier otro y donde las reglas del juego se alimentan de la miseria y de la brutalidad que exige el echar adelante.

El otro entorno que sostiene la novela es más 'burgués', más profesional y exitoso, pero igualmente fracasado, envuelto en el reproche y en una cotidianidad perversa, construida a base de desamores y de cuentas pendientes.

¿Es la vida con horizontes tan poco estimulantes el mejor retrato que se puede hacer de Albania?¿Lo es la precariedad que se debate entre vivir fuera de la ley -y por consiguiente fuera de la senda del progreso- o miserablemente dentro de ella lo que pone en riesgo el presente y el futuro del país? No cabe duda de que Albania es mucho más que estos guetos que Kongoli dibuja: uno el del país moderno y otro el de una esquina de la capital, donde transcurre la acción de la novela. Pero tampoco cabe duda de que esta Chechenia urbana es un reflejo del país y que con ella el autor ha querido lanzar un mensaje de largo alcance.

Con estos mimbres, el lector podría esperar un relato de corte dramático. Tirana blues, sin embargo, evita la dureza de la situación. La evita como la evita la vida misma cuando los personajes tienen que enfrentarla todos los días. La evita con el cinismo del que debe echar mano quien tiene que nadar en aguas revueltas para no ahogarse en ellas y con un tono burlón que la inteligencia ofrece a quien busca una salida a una realidad tan desastrada.

Uno de los personajes de la novela, un chaval llegado de algún pueblo al barrio, con más aspiraciones que medios para alcanzarlas, es otro más de esa legión de supervivientes, apaleados y afortunados a partes iguales, que tratan de hacer frente a la adversidad para no ahogarse en ella. Otros son personajes urbanos, exitosos a su manera pero insatisfechos y se podría pensar que contaminados por un ambiente tóxico apto para el cultivo de cualquier cosa menos la felicidad.

Tirana blues, que replica el título del famoso Tokio blues de Murakami, tiene la indudable melancolía de una vida donde no parece haber estímulos, donde la cotidianidad no tiene más objetivo que el ir consumiendo los días. Pero tiene la chispa que le dan cada uno de los personajes, condenados a buscarse horizontes por donde ver la luz y abrir un cauce para la vida. ¿Es eso la Albania de hoy?¿Con tan poco puede el lector componer el rompecabezas de un país entero? Nada como pasar un buen rato leyendo el libro para salir de dudas y en todo caso para tener noticia de algo tan esquivo como resulta Albania.

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viernes, 8 de abril de 2016

El último tren a la zona verde

El último tren a la zona verde

Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.

Con 'El último tren a la zona verde' Paul Theroux vuelve a seducirnos. Es su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.


Paul Theroux
Alfaguara, 2015
360 pp.






Paul Theroux vuelve a seducirnos con su último libro de viajes. Último, porque es el de publicación más reciente, y último porque como él mismo deja entrever en el título resulta un punto final en su larga carrera como viajero.

El último tren a la zona verde relata el viaje del autor por tierras sudafricanas y por esa África pegada al Atlántico que componen Namibia y Angola. Un libro de viajes, aunque no uno más porque está lleno de conocimiento, de sensibilidad y de experiencia.  Y porque en sus raíces hay un deje de humildad que le da al relato un tono especialmente humano.

Paul Theroux, el gran viajero y exitoso escritor, se ha hecho mayor para seguir andando por estos mundos. La edad le pesa y la energía no es la misma que la de años atrás. No soy yo quien lo dice. Es él. Es el hombre que quiere mostrar que el tiempo pasa y que su sensibilidad es quizás otra: más trascendental, de perspectiva más larga y más profunda de lo que fue antes, y seguramente más desesperanzada.

Dos preocupaciones sobrevuelan el libro y de alguna manera le dan un sabor especial. No es que estas preocupaciones sean un lastre para el viaje desde Ciudad del Cabo hacia el norte siguiendo el perfil occidental de África. Pero sí que articulan su mirada y las reflexiones que hace llegar al lector.

Una de ellas es personal e íntima. Es la que tiene que ver con la vejez y con los miedos que con ella se generan.  No es un ataque de melancolía de quien descubre que ya no es joven. Es un ejercicio de realidad, una especie de balance que resulta interesante por la personalidad de Theroux y por la perspectiva que aporta quien ha sido un viajero impenitente desde su juventud.
La otra preocupación que revela el libro tiene un carácter más social o más político. En definitiva más actual y que revela el gran dilema que plantea África: tras los últimos cincuenta años, y una vez hemos llegado al presente. ¿Cuál es el resultado de este balance?¿el continente avanza o ha retrocedido? No es fácil contestar a estas preguntas porque son muchos los elementos que intervienen en el juicio. Pero muchas son las informaciones que nos llevan a concluir que estamos ante una catástrofe.

'Mi bisabuelo, el difunto jefe Kabazembi, nunca fue a la escuela pero tenía veinticinco mil cabezas de ganado en 1903, antes de que nos conquistaran. Yo tengo un título universitario pero no soy dueño ni de una gallina' figura en la declaración de un miembro de la etnia herero ante una comisión de la ONU en Dar es Salam.
El viaje que emprende Paul Theroux persigue, entre otros asuntos, ver en qué han quedado las tribus bosquímanas que habitan el África meridional. Unas tribus que han tenido un valor incalculable para la antropología porque resultaban el eslabón humano más próximo a la vida en la edad de piedra. Se trataba de comunidades enraizadas en un mundo que había desaparecido ya del resto del mundo pero que seguía vivo y sostenía a una comunidad humana culta estructurada y autosuficiente.

El mundo de los bosquímanos es solo un ejemplo de un proceso de exterminio y de expolio que ha afectado al continente entero con resultados devastadores. Y que es una pérdida para el conjunto de la humanidad. Theroux es lector tanto como escritor. Conoce la historia y el trabajo de los antropólogos. Sabe lo que encontraron los primeros que se adentraron en el continente y lo estudiaron en el siglo XIX y conoce lo que sucesivamente han escrito los que vinieron detrás.

Los encuentros con personas son el empedrado sobre el que discurren los libros de viajes. Pero en este caso, dichos encuentros encuentran a un testigo informado, atento a lo que escribieron otros y a lo que sus ojos ven, y sin las urgencias de un escritor joven por destacar, jugando con los hechos o las penalidades del viaje.

La miseria que acompaña a estos pueblos 'primitivos' que resultan auténticos monumentos del patrimonio humano, la dureza del clima y las penalidades que pesan sobre los lugares más perdidos pesan también sobre aquellos donde la modernidad supuestamente ha triunfado. A Theroux le puede la curiosidad y las ganas de salir del camino trillado. Por ello las ciudades aparentemente exitosas le descubren -y descubren al lector- sus enormes deficiencias. Se diría que de la mano de Theroux nada es lo que parece.

Pero no tema el lector. El último tren a la zona verde no es para nada un libro apesadumbrado. Y menos aún un panfleto de denuncia. Es un libro ponderado, que huye de los aspavientos, pero que plantea una realidad que invita a una profunda y grave reflexión y que contribuye de manera muy positiva a tomar posición sobre muchos de los problemas que padece África.

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