lunes, 6 de julio de 2015

El camino cruel

El camino cruel

Ella Maillart
La línea del horizonte, 2015
226 pp.

Apasionante el viaje de Ella Mallart por Turquía, Persia y Afganistán y su relato lleno de sensibilidad y de inteligencia.


Ella Maillart
La línea del horizonte, 2015
226 pp.






No hay dos viajes iguales, del mismo modo que tampoco ha y dos libros de viajes iguales, aunque el recorrido sea el mismo y sean escritores de talento y experimentados quienes hablen de él.

El autor, o en este caso la autora, es especialmente relevante porque su relato mezcla a la persona con el viaje y es esta combinación 'esencial' la que añade profundidad al libro, le da sentido y le da también su carácter extraordinario. Es decir la que lo convierte en un relato único.

Hablemos un momento de la autora, porque 'El camino cruel' se enmarca en esta literatura escrita por viajeros ingleses y centroeuropeos que se asoman al mundo cuando todavía eran pocos los que viajaban, cuando podíamos hablar de una aristocracia viajera compuesta por escritores cultos, pero sobre todo, personalidades singulares que miran casi siempre a Oriente tratando de alcanzar el mito o el misterio de algo que Europa perdió en su carrera hacia el progreso o que nunca tuvo, porque su cultura resulta menos sabía de lo que imaginábamos.

Ella Maillart forma parte del selecto grupo de estas personalidades únicas. Nace en Suiza a principios del siglo XX y muy pronto se va a vivir a Francia, a Inglaterra y a Alemania. Se dedica al deporte, en una época en que pocos hombres y menos mujeres aún lo hacían, y participa en los Juegos Olímpicos de 1924. Viaja, todavía joven, por este mundo cerrado que era la Unión Soviética y abre con ello la puerta a una serie de viajes extraordinarios que efectuará por Asia.

¿Por qué un camino cruel? Porque el viaje por Asia del que nos habla la autora no va a ser un camino fácil a pesar de la ilusión con que lo emprende. El objetivo, llegar a Hindu Kush desde Suiza en un flamante Ford para investigar una tribu perdida entre montañas, resulta embriagador. Una aventura apasionante, llena de retos, de incertidumbres y de promesas, se abre ante una viajera que ya no es tan joven a pesar de su espíritu atrevido.

Pero la intensa emoción del viaje encierra el profundo desasosiego de una huída, de dejar atrás una Europa amenazada por el inicio inminente de la Segunda Guerra Mundial. Una guerra que se siente tan próxima que empieza a vivirse ya y enturbia la ilusión de cualquier proyecto. Y aún hay más: la autora viaja con su amiga y amante, depresiva e inestable para quien el viaje es también una huida y una promesa de recuperación como si de un bálsamo se tratara.

El viaje de Ella Maillart es un viaje profundo y en su relato aflora toda su inteligencia y su desbordante sensibilidad. No es sólo la historia personal que lleva a cuestas lo que condiciona y da vida a su relato. Es además la larga y extraordinaria historia que encierra el camino que recorre -Turquía, Persia y Afganistán- lo que añade nuevas dimensiones a todo lo que cuenta.

No es la primera vez que Maillart hace este viaje. Lo ha hecho antes a la sombra de su dedicación a la etnología y de misiones arqueológicas que le han permitido conocer a fondo la historia, la cultura y las gentes de este viejo crisol de civilizaciones que es la ruta entre Europa y Asia, en el que dejaron huella los más diversos pueblos.

Ahora Maillart vuelve cuenta su experiencia con la intensidad de quien vive cada momento y con la admiración de quien se sabe en la cresta de una aventura como es la de dos mujeres solas en coche por caminos donde todo es azaroso y donde la suerte y la picardía intervienen en el día a día para seguir camino adelante.

Ella Maillart se mueve por países y por ambientes que en buena medida son hoy diferentes aunque hayan heredado muchos de los rasgos que ella descubrió. Impresiona el modo como cuenta la atmósfera turbadora que la desborda en el mausoleo del Imán Reza en la ciudad santa de Mashad. Una abrumadora expresión de religiosidad que la envuelve, cargada de misterio y de amenazas, sofocante pero al mismo tiempo que desvela la profundidad de un islam que el extranjero nunca alcanza a comprender porque parte de raíces distintas a las suyas y no tiene los medios para introducirse en él.

Impresiona también su arrebato ante el aparentemente sencillo dibujo de los azulejos persas en los que ve un destello de perfección que refleja, lo mismo que la armonía en la música o el rigor de la lógica, la fascinante complejidad de la arquitectura de la inteligencia humana.

E impresiona su embelesamiento ante el carácter de los afganos, salvaje e íntegro como en ningún otro lugar puede hallarse, y que hace de Afganistán un país tan excepcional en el entorno de Asia como lo es Suiza en el de Europa.

Reflexiones profundas, consistentes y siempre oportunas discurren y al lado de las incidencias prácticas -que son muchas- a lo largo del viaje. El paso de las fronteras, el hacer de los funcionarios, el alojamiento tantas veces precario, la gente... y el encuentro con paisajes poderosos y con monumentos -los malogrados budas de Bamián- que ya eran míticos entonces, componen, junto a tantas reflexiones, el relato de esta experiencia apasionante. Una experiencia, como resalta la autora, también cruel porque las dificultades de la vida y todas sus contradicciones asoman a lo largo de todo el relato y muestran la torturada complejidad de la inteligencia humana.

Apasionante el viaje de Ella Maillart y su relato. Oportunísima la reedición del libro ahora, cuando dábamos por leídos a los clásicos y habíamos casi olvidado su gran atractivo. Y especialmente interesante el regreso a los años cuarenta en países como Afganistán, Irán y Turquía que hoy son el centro de atención por tantos motivos.

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martes, 23 de junio de 2015

Océano África

Océano África

Xavier Aldekoa
Península, 2014
296 pp.

No hay lloriqueo en Océano África, hay reflexión, hay información, hay la experiencia de un viajero acostumbrado a contar y a extraer de cuanto ve mucho más que un puro suceder de acontecimientos.



Xavier Aldekoa
Península, 2014
296 pp.





Xavier Aldekoa tiene la habilidad de contar sus viajes como si fueran cuentos. Lo suyo es jugar con la realidad y con la ilusión de haber encontrado lo desconocido, es aproximarse a lo terrenal y al mito que el viajero tiene en mente. Un mito del que saca ánimo para ir más allá y alcanzar horizontes nuevos. Aldekoa cuenta que pertenece a dos familias, la de los reporteros y la de los viajeros. Dos familias que podrían confundirse aunque son distintas porque a una la mueve la realidad y a la otra la curiosidad.

Hay algo de recuerdo infantil en Xavier Aldekoa. Algo que no desmerece sino todo lo contrario. Es el aroma de la seducción que el lector sentía al escuchar los cuentos de pequeño y que ahora ve aflorar al recorrer las calles de una ciudad que no es la suya, al escuchar los murmullos y las voces de gentes desconocidas al hablar, al sentirse envuelto en un mundo de colores, de olores y de luces que no son los suyos porque pertenecen a otro lugar, porque le son desconocidos.

Pero el relato de Xavier Aldekoa, con todo el encanto que pueda tener el hecho de poner un pie en lo desconocido, no es un relato necesariamente amable. Es África y el continente africano no es algo que se pueda mirar bajo foco de una sola luz. Los lados oscuros son muchos y nuestro autor los conoce bien.

Xavier Aldekoa ha vivido en África y ha ejercido allí de corresponsal en guerras, en países que las sufrieron no hace mucho y en países que las han tenido menos cerca y no por ello se puede decir que estén en paz consigo mismos. África es un continente duro y amable a la vez, extremadamente cruel y humano, un continente donde el miedo profundo y la alegría se dan la mano y conviven a veces a lo largo de generaciones.

Océano África es eso. Es, en primer lugar, el reconocimiento de la inmensidad y de la hondura que posee todo cuanto encierra en su territorio. Y es, a través del título, el homenaje y el reconocimiento a un continente ignorado y a menudo maltratado.

Un recorrido por buen número de países a lo ancho y lo largo de las tierras africanas articula el libro de Aldekoa. Un recorrido que al lector le da la sensación, a cada poco, de estar empezando un libro distinto y de estar aprendiendo cosas nuevas contemplando este inacabable abanico de realidades a las que se asoma en su lectura.

"Yo viajo a África -dice el autor- para explicar que una niña congolesa se ata bolsas de plastico en los pies porque no tiene zapatos (...). Para intentar entender que en el Congo la gente no mata por salvajismo, mata por interés (...) y para contar también que hay gente que no mata, que decide proteger a los suyos, arriesgándose a ayudar al vecino y aceptar que puede morir en el intento".

Mali, primero, el Congo después, luego Sudáfrica, a continuación Angola, después Camerún y la República Centroafricana... y así hasta cubrir veinte países distintos. Ninguno de ellos con una vida fácil, aunque tampoco vistos desde la óptica del pesimismo.

Allí donde el encuentro con el mundo moderno ha sido lento, se mantuvo el aire de esa África tradicional con sus tradiciones y su sabiduría. Cuando el encuentro fue más brusco, el resultado fue más traumático también y más desestabilizador porque el deseo de progreso de grandes masas de población se ha visto defraudado y ha creado el caldo de cultivo de toda clase de excesos y de aventuras por donde se abre paso la violencia.

Con todos los matices, África es un continente traumatizado. Si en Europa el optimismo es el resultado de la razón, porque la experiencia muestra que la sociedad entera ha seguido una senda de progreso, en África el optimismo nace del deseo, del deseo de alcanzar una vida mejor a pesar de la dura realidad sobre la que se asienta la vida de todos los días.

No hay lloriqueo en Océano África, hay reflexión, hay información, hay la experiencia de un viajero acostumbrado a contar y a extraer de cuanto ve mucho más que un puro suceder de acontecimientos. Y hay un lugar para el optimismo allí donde se abren espacios para que aflore una vida más humana. Leer Océano África es para el lector un encuentro con el África de hoy, con sus problemas, con sus herencias, sus amenazas... Es una pequeña lección acerca de lo que ocurre al continente que tenemos más próximo, dosificada con acierto y contada por una voz a la vez experta y cálida.

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miércoles, 17 de junio de 2015

La India

La India

Vicente Blasco Ibáñez
Gadir, 2014
263 pp.

En esta mirada sobre la India, Blasco Ibáñez ofrece un relato lleno de interés, un relato que se lee de corrido y en el que se reconoce a un país que ha cambiado con los años pero sigue fiel a sus raíces.


Vicente Blasco Ibáñez
Gadir, 2014
263 pp.





“Existen tantas Indias como religiones y las religiones son los grupos humanos que más difícilmente llegan a entenderse para marchar juntos”

Muchos son los libros que hablan de la India, hasta el punto de que uno más acaba pareciendo innecesario. Y más todavía si se escribió hace casi cien años, cuando el país del que se nos habla poco parece que tenga que ver con el que hoy nos interesa.

Pero hablemos del autor, porque seguramente el secreto de esta India que tenemos entre manos está ahí, en la personalidad y el talento de quien la ha escrito. Los que estudiaron a Blasco Ibáñez a través de la asignatura de literatura en el bachillerato es muy probable que tengan una opinión poco estimulante de él. Pero la realidad es que fue uno de los grandes de la literatura de su tiempo, no en España sino en el mundo entero. Fue, por poner un ejemplo, el lider de ventas en los EE.UU. en el año 1919 con su novela Los Cuatro jinetes de la Apocalipsis. Cuentan que fue el propio presidente de la República Francesa quien le pidió que escribiera sobre la Primera Guerra Mundial. Nuestro autor triunfó en Hollywood con su novela en una película que protagonizó Rodolfo Valetino y de la que se hizo una remake protagonizada por John Ford. Fue nombrado doctor honoris causa por la universidad de Washington y, con una fortuna considerable, se compró un Rolls Royce, capricho que se han podido permitir muy pocos de los que se han dedicado a la literatura.

Blasco Ibáñez fue un hombre de mundo, viajero y trabajador incansable. Y fue un hombre de una curiosidad infinita. De aquí que en los años 20 decidiera decidiera embarcarse en el Franconia para dar la vuelta al mundo y conocer de primera mano lo que luego contaría en La vuelta al mundo de un novelista del que La India, el libro del que tratamos ahora, es una de las partes.

Blasco Ibáñez es un hombre de 'izquierdas'. Republicano, liberal, anticlerical, partidario de los aliados durante la guerra del 14 y comprometido con la educación de las clases populares. Y ello haría esperar que de su visita a la India y a Ceilán el relato resultante fuera un panfleto contra el colonialismo. Pero el hecho es que ha visto demasiadas cosas como para comprometerse de manera excesiva y cargar contra una Inglaterra que ha hecho en la India una obra colosal. El autor se centra en un libro de viajes a la manera moderna. Su texto es casi el de un periodista atento a la realidad, a asimilar información y a transmitirla, a describir lo que ve y a centrarse en lo que le sorprende que es aquello que lo diferencia de nuestro mundo.

El humor, discreto, pero humor al fin y al cabo, acompaña a sus descripciones. Sin duda forma parte de la personalidad de Blasco Ibáñez, pero es también un recurso para tratar las diferencias entre el mundo occidental del que procede y el oriental, amalgamado con elementos de la civilización inglesa, contradictorio y difícil de asimilar para un europeo.
Si Blasco Ibáñez destaca escenas o hechos que hoy pueden parecer triviales es porque sabe que está escribiendo para un público para quien las noticias de la India son tan extrañas como lo serían si se estuviera hablando de marte.

Cuenta Blasco Ibáñez a sus lectores su sorpresa ante la violencia que pueden ejercer los indios sobre sus congéneres y en contraposición el extendido rechazo a matar a un insecto debido a su convicción de que la vida es un bien intocable. Habla de la curiosa tolerancia que existe ante cualquier vaca sagrada que se cruza en el camino en ciudades donde el automóvil debiera ser un signo de modernidad que rompiera con los tabús heredados de otros tiempos. Contempla con una sonrisa el discutible éxito de los ingleses empeñados en llevar la civilización a un pueblo con una civilización propia a la que regresa tan pronto se aleja del entorno colonial y vuelve a su barrio o entra en su casa.

El curso del viaje por la India da pie al autor a hablar de numerosos temas. Temas de los que se ha informado y en los que, sin entrar en profundidades, tampoco es tan ligero como para resultar superficial. Se refiere a asuntos tan dispares como el de los matrimonios entre niños, el vestido de mujeres y de hombres, los encantadores de serpientes,  los dioses y las sorprendentes formas de devoción de la población, la cremación de los difuntos, las grandes ciudades y la vida en ellas, los cristianos de Goa y los musulmanes de Delhi...

En esta mirada sobre la India, Blasco Ibáñez consigue ofrecernos un relato lleno de interés, un relato que se lee de corrido y en el que se reconoce a un país que ha cambiado con los años pero sigue fiel a sus raíces. Asomándose a esa India colonial el lector se acercará a una cultura que perdura y sigue, todavía hoy, tan viva como en el pasado y se dará cuenta de que mucho de lo que encontramos en la India de nuestros días es el fruto de unas semillas que estaban plantadas ya en los tiempos de los que el autor nos trae noticias en este singular libro.

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viernes, 29 de mayo de 2015

El huérfano

El huérfano

Adam Johnson
Seix Barral, 2014
616 pp

Para divertirse un rato, El huérfano cumplirá su papel en la categoría de literatura relajante, de lectura rápida y como una manera de aproximarse a Corea del Norte tan entretenida como fantasiosa.



Adam Johnson
Seix Barral, 2014
616 pp





Arropada por un premio Pulitzer nos llega esta novela que promete emoción y la posibilidad de descubrir algo nuevo porque su trama transcurre nada menos que en Corea del Norte. Relatos sobre la Corea al norte del paralelo 38 habían llegado con un sabor de documental o con un sabor de denuncia. Pero novela, pura novela de ficción, resulta una novedad y por ello, también, una explicación del gozo con el que ha sido recibida El huérfano.

Lo de Corea -del Norte, se entiende- tiene el aliciente de lo incomprensible. Millones de personas dominadas como si fueran miembros de una secta, con la voluntad secuestrada y los sentimientos polarizados por una extraña energía hacia un Olimpo donde reinan, por este orden, el Presidente Eterno, el Querido Líder y el Líder Supremo resulta cuando menos una rareza que despierta a partes iguales incredulidad y temor. De ahí que cualquier perspectiva que ayude a penetrar en el misterio del país más cerrado del mundo es bien venida y vista con especial interés.

El huérfano, en su condición de novela, se beneficia de no estar limitada por los cánones de los discursos del análisis social o de la literatura de denuncia. Es libre de fabular dentro de ese oscuro caldo que es Corea y de crear una historia cuyo desarrollo pone de relieve,  mirando en mil y una direcciones, cómo es el país.

La propuesta es, pues, interesante y el argumento es perfecto para mantener entretenido al lector. Todas las negruras del régimen dictatorial se ponen en juego para crear el retrato de un mundo de pesadilla donde no hay más objetivo que la obediencia a unas órdenes perversas cuyos fines son tan oscuros como los medios empleados para conseguirlos.  Un joven, crecido en un orfanato y entrenado para la guerra en la más completa oscuridad es reclutado para realizar misiones secretas, a cada cual más dura y sacrificada y más inconfesable también.

¿Y cuál es el problema? Pues, depende. Si lo que se espera del libro es encontrar una novela de aventuras con sus dosis de suspense y de emoción en un entorno desconocido donde además todo es posible de puro absurdo, El huérfano cumple a la perfección su cometido. Pero si lo que se espera es un poco de luz sobre Corea y un poco de sensación de realidad, es probable que pensemos que nos hemos equivocado de libro, que el autor se ha pasado de la raya.

Por absurdo que sea el régimen de Corea del Norte, nadie puede pensar que es el resultado de una improvisación  o de una secuencia de chapuzas encadenadas una a la otra. Ni se construye una bomba atómica a base de alambres y cordeles ni se levanta un régimen que parece no tener fisuras a base de cuatro aficionados sin recursos y sin horizontes claros. Y ahí es donde el lector se encontrará y deberá decidir si le importa o no le importa esa licencia que se toma el autor de presentar una Corea rematadamente malvada, hecha con decorados de cartón piedra.

El huérfano no trata de bombas nucleares, ni de la ideología del régimen porque no es ese su objetivo. Pero en su deseo de buscar la aventura y un poco de adrenalina, ese contexto que hace de Corea algo realmente singular y convierte en misterioso todo lo que ocurre en el país, se difumina. En el libro del que estamos hablando, no se percibe la huella de una maquinaria ciega que mueve, bien o mal, los hilos de un país entero. Todo está contado en clave individual, todo parece obra de unos marginados dedicados a sus maquinaciones. Las complicadas acciones secretas encargadas a nuestro hombre resultan, fuera de cualquier contexto, simple fantasía, todo improvisación y chapuzas mayúsculas. Los enfrentamientos con el enemigo son, de puro disparatados, inverosímiles y maldad del régimen aparece tan ingenua como la de las películas mudas donde la caricatura ocupaba el espacio de la realidad.

Para divertirse un rato, tomando prestado el espantajo de Corea del Norte, lo mismo que a los niños se les asusta con el hombre del saco, El huérfano cumplirá su papel como literatura relajante, de lectura rápida y con el aliciente de averiguar qué va a pasar en la siguiente página. Como una manera de aproximarse a Corea del Norte y comprender mejor que es lo que se cuece en el país, el lector encontrará en otros libros noticias más ajustadas e informaciones con un contenido menos delirante para satisfacer su interés.

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jueves, 21 de mayo de 2015

Déjame en paz

Déjame en paz

Murong Xuecun
Kailas, 2014
272 pp.

Los que quieran asomarse al patio de vecinos y no les importe escuchar más de una ordinariez, tendrán ocasión de contemplar una China que quizás intuían pero que muy probablemente les quedaba aún por descubrir.


Murong Xuecun
Kailas, 2014
272 pp.






No es como Torrente porque en China la cultura es antigua y a todas luces más refinada que la nuestra y aseguran además que Confucio vela todavía por mantener los valores básicos de la vida. Sea eso o que el extraño régimen de Pekín no está todavía para creaciones literarias demasiado inconvenientes, el caso es que Déjame en paz tiene algo que se parece a nuestra película más taquillera aunque su vuelo sea un poco más bajo -quiero decir un poco menos estridente.

Queda advertido el lector, con todos los matices, del tono del libro y también de su interés. Entendámonos, superado el primer sofoco, el espectador debe reconocer que Torrente es un reflejo de España. Un reflejo casposo y exagerado, pero un reflejo al fin y al cabo cuyos excesos acentúan una realidad con la que nos habíamos acostumbrado y de cuya brutalidad habíamos dejado de darnos cuenta.

Déjame en paz sigue el mismo camino porque refleja una realidad de China que después de tanto análisis y de tanta noticia en el periódico hemos empezado a interiorizar y a considerar que es lo que es. China es así. Pues bien, es así pero aquí nos la cuentan al detalle y sin sonrojo, con un desparpajo y una falta de contención que no puede más que asombrar y que despertar en el lector alguna risa.

Nada como prescindir desde la primera línea de toda referencia moral, para colocar el relato en un nivel de ficción que permite a la trama discurrir por los senderos más caprichosos y desmelenados. Nada como decretar que hay barra libre, para que todo sea posible y para que la realidad se convierta en un disparate. Murong Xuecun, el autor de la novela, no es un comediante. Es un disidente, condición que en China tampoco debe ser tan difícil de conseguir si se propone uno hablar sin pelos en la lengua. Y las chanzas y bromas que se suceden en Déjame en paz son el recurso para mostrar un país en pleno desafuero donde nadie, o mejor, donde unos cuantos que seguramente son muchos medran y hacen su vida en la mayor impunidad y sin la menor vergüenza.

El sexo acompaña la acción de la novela sin que nadie se corte lo más mínimo como una parodia del éxito y de la necesidad de exprimir el momento para sacarle todo el jugo como sea. En el todo vale, nada es grave porque todo se mezcla en ese nivel aceptable de los comportamientos pícaros donde quien más quien menos debe colocarse si quiere prosperar.

Por supuesto, el sexo y sus devaneos son el lado divertido del relato. Pero lo demás, el funcionamiento de la sociedad, de la policía y la corrupción que lo envuelve todo resultan igualmente divertidos, porque sin contención moral de ninguna clase, todo se convierte en el juego de quién es el más listo y acaba por llevarse el gato al agua.

Entre disparate y disparate, da la impresión de que la corrupción es el auténtico cáncer que corroe el país. El que ha anidado en las generaciones jóvenes que han vivido en un mundo muy distinto del que vivieron sus padres. Padres que no entienden y que sufren y que son, entre otros,  la sombra que permite a Murong Xuecun sazonar con sabor amargo el pretendido éxito de tanto desenfreno. La loca juventud se carga de lados oscuros que acaban por hacerse presentes en el relato. El jolgorio se acompaña también de las facturas que en plena marcha nadie pensó que habría un día que pagar. Y asoma, en algún lugar de la conciencia un anticipo de ese mensaje Game Over que da fin a la loca aventura de los videojuegos.

Déjame en paz es una caricatura sobre la sociedad China lanzada al enriquecimiento y es una novela indudablemente divertida. Si es uno partidario de relacionarse solo con cosas políticamente correctas debería ahorrarse la lectura. Pero si quiere asomarse al patio de vecinos y no le importa escuchar más de una ordinariez, tendrá ocasión de contemplar una China que quizás intuía pero que muy probablemente le quedaba aún por descubrir.

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jueves, 7 de mayo de 2015

Viajeros lejanos

Viajeros lejanos

Antonio Picazo
Ediciones del Viento, 2015
265 pp.

Antonio Picazo nos sorprende esta vez con una edición especialmente cuidada de un libro en el que habla menos de los viajes que de los viajeros que los llevaron a cabo.



Antonio Picazo
Ediciones del Viento, 2015
265 pp.






Antonio Picazo nos tiene acostumbrados a un goteo lento pero regular y estimulante de libros, lo mismo que a sucesivas llamadas de atención sobre nuevos focos de interés.

Esta vez, nos habla menos de viajes que de viajeros, y nos sorprende con una edición especialmente cuidada, desde el papel, a las tintas y a las imágenes, que nos avisa que estamos ante un libro distinto. Un libro de sensibilidad especial, hecho para sentarse en un sillón y disfrutar con él resiguiendo la historia de quienes se atrevieron a perderse por estos mundos de dios cuando los caminos poco o nada conocidos y las incertidumbres del viaje grandes.

Con Picazo regresamos en alguna medida al viaje romántico, al de los grandes esforzados, al de la pasión y la necesidad que alimentan el impulso de seguir dando pasos más y más allá. ¿Pero he dicho romántico? El viajero, a menudo, tiene mucho de romántico, pero Picazo como buen descreído se guía más por los hechos y por su propio criterio que por las emociones y se apoya en una visión aguda y a veces irónica que resultan la sal y la pimienta de todo lo que cuenta.

El 'antiprólogo' con que encabeza el libro es un aviso de que el autor se va a mover con libertad a lo largo del libro y de sus historias, eludiendo las restricciones que suelen impedir expresarse a las anchas y sin cortes . Y es un aviso también al lector de que hallará en el libro flexibilidad y cintura, sobre un fondo distendido, sin mojigatería, además de un relato todo el tiempo interesante, rebosante de información de la que sin duda va a aprender.

Viajeros lejanos recoge algo de la vida -porque la vida entera hubiera sido imposible- de sesenta viajeros de todos los tiempos y pelajes. Son microbiografías excelentemente compuestas que sitúan al personaje en el contexto histórico que le toco vivir, proyecta luz sobre la motivación de su aventura y cuenta las particularidades que hacen única a la persona y a las hazañas en las que ha fijado su atención.

En realidad, estas pequeñas biografías se publicaron una a una y a lo largo del tiempo en la revista Altair como una secuencia de artículos destinados a poner luz sobre la historia del viaje y de los viajeros. Pero ahora las ha recogido el autor en un solo volumen, las ha homogeneizado y en alguna manera reescrito. Y el resultado no puede ser mejor.

"He propuesto un viaje con muchos y buenos viajeros -nos dice Antonio Picazo-. Caminando con tan excelente comitiva, quien quiera acompañarla podrá tener una idea de cómo viajaban los clásicos, e incluso algunos contemporáneos, y hasta dónde de lejos se puede llegar con ánimo, que este libro es un catálogo de emociones, una feria de vanidades, una asamblea de ambiciones y, claro, una galería de generosidades; así de a chorros fluye la verdadera pasión de vivir."  Y de viajar, y también de saciar la curiosidad de conocer cómo es el mundo, podríamos añadir nosotros.

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viernes, 24 de abril de 2015

Noticias de Berlín. Crónicas de Alemania antes y después de la caída del Muro

Noticias de Berlín

Cees Nooteboom
Siruela, 2014
392 pp.

Cees Nooteboom le pide al lector que se deje llevar, a través de disgresiones variadas, por los rincones más diversos del paisaje alemán y a cambio le ofrecerá la sensación de haberse aproximado un poco mejor al alma de Alemania, si es que eso del alma de los países existe de verdad.


Cees Nooteboom
Siruela, 2014
392 pp.





Cees Nooteboom les ha dedicado a Alemania y a Berlín un buen número de años de su vida. Los suficientes para conocer bien el país y para haberse familiarizado con esa ciudad mítica que es su capital. Como periodista, como conferenciante, como escritor Ces Nooteboom pasó, durante años, largos períodos en Alemania y asistió a situaciones entonces tan dramáticas como el sofocante encierro en el interior del muro que cercaba la capital y la aislaba del resto del mundo. Y vivió también experiencias tan extraordinarias como la inesperada caída de este mismo muro que abría las puertas a un tiempo totalmente nuevo.

Estamos en el corazón de Europa y hablamos de acontecimientos que forman parte de la historia reciente y que siguen vivos todavía. Las noticias de Berlín que anuncia el título que nos trae Nooteboom van a refrescarnos la memoria y a poner en contexto hechos que, vividos en el momento, eran difíciles de abarcar con la suficiente perspectiva. Y van a poner en contexto también la cascada de artículos, documentales y demás referencias que, con motivo del cincuenta aniversario de la caída del Muro, han ocupado un espacio preferente en los medios de comunicación.

El relato que hace Cees Nooteboom es casi un diario. Es el recuento de lo que pasa en Berlín contado mes a mes, con la perspectiva del momento y con la extraña sensación de absurdo de estar en un país sobre el que pesa un pasado reciente y traumático como es el nazismo y un presente tenso y abrumador como es la partición que no solo es geográfica y política sino y sobre todo humana. Humana porque separa a familias, pero también porque cercena al individuo parte de sus raíces y lo introduce en una atmósfera de desasosiego abrumador.

La Alemania de hoy, poderosa y próspera, mantiene en su recuerdo el desconcierto de un país desencajado. "¿Cómo se vive en Berlín?" se interroga el autor cuando reflexiona sobre este país que para el resto del mundo es el milagro alemán y responde: "Es una buena pregunta, pero a menudo no se qué contestar.  'Se está'  me gustaría responder."

Como en el relato de cualquier expedicionario, la opinión que transmite al lector Cees Nooteboom  no es la de la población que estudia y que lo acoge. Es la visión de un extranjero que está sobre el terreno pero mira desde la distancia. Es la visión condicionada también por los horrores del nazismo -no en vano los sufrió Holanda, su país- pero sobre todo afectada por un poso cultural que afila su sensibilidad y lo mantiene alerta a los acontecimientos y a las sensaciones.
Sensación de encierro, sensación de incertidumbre, sensación de pérdida cuando se mira al pasado, sensaciones de desconfianza y de desconcierto...

Cees Nooteboom bucea en la historia de Alemania y de Europa y rescata, para entenderla a personajes que hemos olvidado ya o que conocíamos mal. Habla de Rosa Luxemburgo, de los protagonistas de la revolución socialista que acabó en la Alemania de Weimar, a Adorno, a Max Ernst y también a San Agustin, a Plotino, a Bergson, a Averroes, a Goethe y a Madame de Stael.

Las noticias que trae Cees Nooteboom de esa época de plomo están llenas de matices y todos los nombres que aparecen en ellas no son más que ángulos que permiten definir el perfil de una ciudad compleja. Compleja y brutal al mismo tiempo, tal y como muestra el ubicuo Muro y la parafernalia trivial que acompaña la vida oficial de la Alemania del Este. Desde el paso de la frontera con colas de transeúntes frente a funcionarios desabridos hasta los actos protocolarios de las autoridades más encumbradas, todo se desenvuelve en el límite entre la realidad y la ficción porque todo es artificial y forzado.

¿Qué es Alemania? Es casi un azar si se escucha lo que Nooteboom ha visto desde su atalaya en Berlín. Nada hace pensar en la reunificación y no son pocos los que desean evitarla. Los alemanes del este ya no son hermanos para muchos de los del oeste, cargan con el estigma de los pobres y con la imagen amenazadora del emigrante al que habrá que mantener. Cargan para muchos con el contagio de lo eslavo o de lo sajón que no interesa ya a una sociedad que ha virado hacia occidente. Y pueden resucitar  las aspiraciones de una Gran Alemania que para los que ahora viven en el lado occidental fue el peor de los herrores: una hecatombe.

Brutalidad y sorpresa inimaginable transmite Cees Nooteboom cuando en cuestión de días se abren las puertas del Muro y los hombres armados de uno y otro lado asisten incrédulos al fin de una época y a la marea de berlineses exultantes cruzando de un lado a otro.

Noticias de Berlín es un libro de gestación larga. Desde principios de 1989 el autor ha ido acumulando en él impresiones y opiniones hasta llegar a 2012, cuando un Berlín dinámico, joven y en constante cambio no se reconoce ya en aquel otro, apesadumbrado y tenso, que ocupaba el horizonte entero del libro en sus páginas iniciales. Noticias sobre Berlín requiere una lectura pausada y atenta, pide al lector que se deje llevar, a través de disgresiones variadas, por los rincones más diversos del paisaje alemán y a cambio, dejará, a este mismo lector, la sensación de haberse aproximado un poco mejor al alma de Alemania, si es que eso del alma de los países existe de verdad.

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