viernes, 24 de abril de 2015

Noticias de Berlín. Crónicas de Alemania antes y después de la caída del Muro

Noticias de Berlín

Cees Nooteboom
Siruela, 2014
392 pp.

Cees Nooteboom le pide al lector que se deje llevar, a través de disgresiones variadas, por los rincones más diversos del paisaje alemán y a cambio le ofrecerá la sensación de haberse aproximado un poco mejor al alma de Alemania, si es que eso del alma de los países existe de verdad.


Cees Nooteboom
Siruela, 2014
392 pp.





Cees Nooteboom les ha dedicado a Alemania y a Berlín un buen número de años de su vida. Los suficientes para conocer bien el país y para haberse familiarizado con esa ciudad mítica que es su capital. Como periodista, como conferenciante, como escritor Ces Nooteboom pasó, durante años, largos períodos en Alemania y asistió a situaciones entonces tan dramáticas como el sofocante encierro en el interior del muro que cercaba la capital y la aislaba del resto del mundo. Y vivió también experiencias tan extraordinarias como la inesperada caída de este mismo muro que abría las puertas a un tiempo totalmente nuevo.

Estamos en el corazón de Europa y hablamos de acontecimientos que forman parte de la historia reciente y que siguen vivos todavía. Las noticias de Berlín que anuncia el título que nos trae Nooteboom van a refrescarnos la memoria y a poner en contexto hechos que, vividos en el momento, eran difíciles de abarcar con la suficiente perspectiva. Y van a poner en contexto también la cascada de artículos, documentales y demás referencias que, con motivo del cincuenta aniversario de la caída del Muro, han ocupado un espacio preferente en los medios de comunicación.

El relato que hace Cees Nooteboom es casi un diario. Es el recuento de lo que pasa en Berlín contado mes a mes, con la perspectiva del momento y con la extraña sensación de absurdo de estar en un país sobre el que pesa un pasado reciente y traumático como es el nazismo y un presente tenso y abrumador como es la partición que no solo es geográfica y política sino y sobre todo humana. Humana porque separa a familias, pero también porque cercena al individuo parte de sus raíces y lo introduce en una atmósfera de desasosiego abrumador.

La Alemania de hoy, poderosa y próspera, mantiene en su recuerdo el desconcierto de un país desencajado. "¿Cómo se vive en Berlín?" se interroga el autor cuando reflexiona sobre este país que para el resto del mundo es el milagro alemán y responde: "Es una buena pregunta, pero a menudo no se qué contestar.  'Se está'  me gustaría responder."

Como en el relato de cualquier expedicionario, la opinión que transmite al lector Cees Nooteboom  no es la de la población que estudia y que lo acoge. Es la visión de un extranjero que está sobre el terreno pero mira desde la distancia. Es la visión condicionada también por los horrores del nazismo -no en vano los sufrió Holanda, su país- pero sobre todo afectada por un poso cultural que afila su sensibilidad y lo mantiene alerta a los acontecimientos y a las sensaciones.
Sensación de encierro, sensación de incertidumbre, sensación de pérdida cuando se mira al pasado, sensaciones de desconfianza y de desconcierto...

Cees Nooteboom bucea en la historia de Alemania y de Europa y rescata, para entenderla a personajes que hemos olvidado ya o que conocíamos mal. Habla de Rosa Luxemburgo, de los protagonistas de la revolución socialista que acabó en la Alemania de Weimar, a Adorno, a Max Ernst y también a San Agustin, a Plotino, a Bergson, a Averroes, a Goethe y a Madame de Stael.

Las noticias que trae Cees Nooteboom de esa época de plomo están llenas de matices y todos los nombres que aparecen en ellas no son más que ángulos que permiten definir el perfil de una ciudad compleja. Compleja y brutal al mismo tiempo, tal y como muestra el ubicuo Muro y la parafernalia trivial que acompaña la vida oficial de la Alemania del Este. Desde el paso de la frontera con colas de transeúntes frente a funcionarios desabridos hasta los actos protocolarios de las autoridades más encumbradas, todo se desenvuelve en el límite entre la realidad y la ficción porque todo es artificial y forzado.

¿Qué es Alemania? Es casi un azar si se escucha lo que Nooteboom ha visto desde su atalaya en Berlín. Nada hace pensar en la reunificación y no son pocos los que desean evitarla. Los alemanes del este ya no son hermanos para muchos de los del oeste, cargan con el estigma de los pobres y con la imagen amenazadora del emigrante al que habrá que mantener. Cargan para muchos con el contagio de lo eslavo o de lo sajón que no interesa ya a una sociedad que ha virado hacia occidente. Y pueden resucitar  las aspiraciones de una Gran Alemania que para los que ahora viven en el lado occidental fue el peor de los herrores: una hecatombe.

Brutalidad y sorpresa inimaginable transmite Cees Nooteboom cuando en cuestión de días se abren las puertas del Muro y los hombres armados de uno y otro lado asisten incrédulos al fin de una época y a la marea de berlineses exultantes cruzando de un lado a otro.

Noticias de Berlín es un libro de gestación larga. Desde principios de 1989 el autor ha ido acumulando en él impresiones y opiniones hasta llegar a 2012, cuando un Berlín dinámico, joven y en constante cambio no se reconoce ya en aquel otro, apesadumbrado y tenso, que ocupaba el horizonte entero del libro en sus páginas iniciales. Noticias sobre Berlín requiere una lectura pausada y atenta, pide al lector que se deje llevar, a través de disgresiones variadas, por los rincones más diversos del paisaje alemán y a cambio, dejará, a este mismo lector, la sensación de haberse aproximado un poco mejor al alma de Alemania, si es que eso del alma de los países existe de verdad.

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viernes, 17 de abril de 2015

Underground

Underground

Haruki Murakami
Tusquets, 2014
560 pp

¿El atentado del metro de Tokio fue un caso tan imprevisible como irrepetible o la sociedad japonesa conserva en su interior el germen que podría dar lugar a otro caso semejante? Esta es la pregunta que nos deja Murakami tras su radiografía de Japón en Underground.



Haruki Murakami
Tusquets, 2014
560 pp





Las circunstancias extremas difícilmente reflejan la realidad de un país. Pero hay que reconocer que ponen de relieve muchos rasgos que en situaciones normales pasarían desapercibidos y que constituyen componentes importantes de su carácter y de su identidad.

Esta advertencia tiene sentido cuando hablamos de Underground, el libro que Murakami dedicó al tremendo atentado que se produjo en el metro de Tokio con gas sarín y que representó un trauma para el país entero, además de para aquellas personas que se vieron afectadas directamente por el suceso.

En 1985, por la mañana, en un día soleado, un pequeño grupo de personas adeptas a la secta Aum, en una operación coordinada, liberaron en varias unidades del metro un gas extremadamente venenoso que afectó a quienes en estos momentos se dirigían a sus trabajos y a los empleados que sin saber lo que estaba ocurriendo se pusieron en contacto con el gas.

Muertos y heridos en mayor o menor grado fueron atendidos en medio de una importante confusión ante un hecho tan inesperado como insólito frente al cual no había experiencia anterior.

Murakami, que también había dedicado su atención al terremoto de Kobe, cambia esta vez su mirada y abandona la ficción para centrarse en la más estricta realidad. Quiere entender qué ha pasado, cómo pudo ocurrir y qué secuelas ha dejado en quienes vivieron el atentado de cerca. Casí podría decirse que se convierte en notario en su afán de ajustarse a la realidad y de no contaminarla con opiniones propias y con juicios ajenos. Murakami escucha y toma nota. Poco más.

Con la apariencia de ser un trabajo simple, el bucear en la tragedia resulta complejo y delicado al mismo tiempo. No es fácil que todo el mundo quiera hablar ni que todos deseen o estén en condiciones de contar la verdad. Algunas personas están gravemente traumatizadas y simplemente quieren enterrar cualquier recuerdo que las haga regresar a aquel día negro. Otras, sienten miedo de ser objeto de un nuevo ataque y declinan colaborar en la investigación. Otras, por fin, son poco fiables y Murakami quiere hacer una selección de personas que le permitan trabajar con rigor.

¿Y cuál es el resultado? El resultado es un extenso abanico de entrevistas a gente normal enfrentada a una situación absolutamente excepcional que se ha colado de repente en sus vidas y que las ha desplazado de su cotidianidad de forma violenta y las ha herido profundamente.

Que se trate de gente normal es lo más llamativo y lo más revelador. En la conversación con Murakami hablan de sus vidas y de sus reacciones inmediatas ante lo imprevisto. Y hablan también de quienes en la calle, sin comprender nada de la catástrofe, pasan de largo sin prestar atención a los heridos por la inhalación del gas. Hablan de su compromiso con el trabajo, del sentido de responsabilidad, de la fidelidad hacia sus compañeros, del modo como han digerido su papel de víctimas y la existencia de culpables plenamente identificados.

Pero no sólo hablan las víctimas. Habla también un experto en el tratamiento de los efectos sobre la mente de los traumas severos que anidan en quienes han sufrido experiencias negativas de intensidad excepcional que ni su cerebro y su cultura están preparados para digerir.

Y sobre todo hablan algunos exadeptos de la secta Aum cuyos dirigentes promovieron el atentado. De nuevo, se trata de gente normal, con inclinaciones religiosas o místicas, pero siempre personas aparentemente integradas en la sociedad, con trabajos, carreras universitarias y familias perfectamente estructuradas. Para muchas de ellas, el Japón de la burbuja económica, del enriquecimiento rápido, de la locura del consumo y de la hiperactividad fue el elemento desestabilizador que les hizo buscar en el mundo del espíritu un espacio de recuperación de los valores morales y de la paz que la cultura tradicional había transmitido hasta las generaciones recientes. Para otras, el mantra de la obediencia -de esa obediencia que había supuesto para padres y abuelos un empleo o una posición social para toda la vida- resultaba una liberación. Para otras, en fin, la responsabilidad en el ejercicio de un cargo dentro de la secta resultaba una obligación que era difícil traicionar.

Un Japón al borde del abismo es el objetivo que se propone reseñar Murakami y del que trata de extraer lecciones en el capítulo final del libro, cuando sus interlocutores han apagado sus voces. ¿El atentado del metro de Tokio fue un caso tan imprevisible como irrepetible o la sociedad japonesa conserva en su interior el germen que podría dar lugar a otro caso semejante, probablemente esta vez sin gas sarín? La respuesta no es contundente, se mueve en términos de una reflexión y unas hipótesis, pero el lector habrá aprendido entre tanto a leer entre líneas muchos aspectos que desconocía del alma de los japoneses y de una sociedad que se debate entre los extremos de la tradición del pasado y de la más rabiosa modernidad.

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jueves, 9 de abril de 2015

Los siete hermanos

Los siete hermanos

Aleksis Kivi
Nórdica libros, 2014
391 pp.

La novela de Aleksis Kivi es un clásico en la literatura finlandesa. Es un relato costumbrista, socarrón y con propósito pedagógico que se lee como una curiosidad y como un juego divertido de justificaciones, de alianzas y amigables desencuentros entre los personajes.



Aleksis Kivi
Nórdica libros, 2014
391 pp.





La novela de Aleksis Kivi es un clásico en la literatura finlandesa. Una novela que se desarrolla en alguna medida como una obra de teatro. Los diálogos entre personajes son una parte esencial del texto y llevan al lector a sentirse espectador y a los personajes a convertirse en actores de una comedia, de tono contenido, que gira en torno a siete hermanos unidos por lazos intensos y, como es de esperar, con líneas de fuga divergentes sobre las que se articula la trama.

Aunque escrita en el siglo XIX, la actualidad de la novela y el interés que se le reconoce todavía hoy, proceden de que permite aproximarse a lo que se puede llamar el alma de Finlandia, un poso de relaciones, convicciones y comportamientos que desvela las raíces del país cuando, se supone, era todavía virgen, su universo no alcanzaba más allá del mundo rural y la población vivía del campo, de lo cual no hace tampoco tanto tiempo.

Los siete hermanos es un relato costumbrista, socarrón y con propósito pedagógico. Compartiendo algunos rasgos de la novela picaresca, es un discurso moral, en forma de caricatura, que genera la sonrisa del lector por ingenuo y simple al mismo tiempo. Siete hermanos, cada uno con su carácter y sus aspiraciones, amantísimos como corresponde a buenos cristianos, perezosos como es propio de su condición juvenil y enfrentados a un futuro incierto y a las responsabilidades propias de dar los primeros pasos para hacerse hombres, sostienen la novela. Y se encuentran ese momento crítico del fin de la adolescencia que sirve de punto de partida para que el coro de voces poco afinado de los hermanos se exprese y debata sobre temas importantes de la vida.

Por supuesto, temas que pillan hoy muy lejos de las preocupaciones del lector aquí y en Finlandia, y que se ven como una curiosidad y como un juego divertido de justificaciones, de alianzas y amigables desencuentros entre los hermanos.

No es evidente la importancia que tiene esta novela todavía hoy en el país nórdico, ni la insistencia de quienes la comentan sobre el hecho de que recoge de manera singular las esencias del alma del país.  Finlandia es un país de existencia muy reciente. Sueca desde el final de la edad media y rusa desde principios de XIX, necesitaba construir señas de identidad que le dieran cohesión nacional para afrontar su independencia y para mantenerlas en el recuerdo hasta hoy. Los siete hermanos forma parte de este patrimonio histórico, de esa aportación de la cultura a la nación, y es todavía el reflejo de la Finlandia de cuando no era más que un Ducado de Rusia y se preparaba para convertirse en el país independiente, con identidad propia, que conocemos hoy.

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domingo, 22 de marzo de 2015

Abecedario de pólvora

Abecedario de pólvora

Yordán Radíchkov
Automática editorial, 2014
244 pp.

Héroes sin serlo, personajes ingenuos, pequeñas tradiciones y fantasías del mundo rural de los Balcanes componen un relato que nos acerca a las raíces de Bulgaria y de sus gentes en tiempos de la 2ª Guerra Mundial.




Yordán Radíchkov
Automática editorial, 2014
244 pp.





Yordán Radíchkov es una celebridad en las letras búlgaras. Lo era en época de la Bulgaria socialista y lo sigue siendo ahora.

Abecedario de pólvora se publicó en 1969. Y, sin serlo, se diría que es una colección de cuentos, cada uno centrado en un personaje distinto y cada uno contado en primera persona. Lo que ocurre es que el lector se da enseguida cuenta de que el personaje que habla y centra el relato en cada uno de estos cuentos es uno de los personajes que apareció en los cuentos anteriores y que el juego que este artificio permite es mostrar una parte de la realidad que los otros personajes del relato no sabían o no podían ver.

El juego de Radíchkov estimula enseguida la curiosidad porque el lector es consciente de que cada escena es parcial y que los distintos acontecimientos se desarrollarán más adelante bajo miradas diversas y tomarán tonalidades y significados diferentes. El juego es entretenido como lo es el tema y el lenguaje del que echa mano el autor para desarrollarlo.

La Bulgaria rural es el territorio que ha elegido Radíchkov para hablar de su país. Y su gente la que da vida a esta pequeña novela. Gente natural, bondadosa como si de una Arcadia hubieran salido, y además humilde y envuelta en penalidades que no transforman su carácter en maldad, sino, a lo más, en sencilla malicia.

Y no es fácil mantener el tono calmado cuando el momento en que todo ocurre es en plena Guerra Mundial, con Bulgaria invadida por los alemanes y los personajes de Radíchkov enredados en la resistencia.

Radíchkov, nadando en lo más humano del mundo campesino de Bulgaria, interesado en la picardía de la gente de campo y en su resignación inteligente a caminar entre las dificultades de la vida con ánimo paciente y buena cara, perdió la oportunidad de haber hecho un relato heroico. Y se ganó el reproche de la crítica oficial -estamos hablando de la época socialista- empeñada en que no hubiera literatura que no fuera para ensalzar las virtudes populares y proletarias sin matices y voz en grito.

Del grito es justamente de lo que huye Radíchkov, como huye también de las virtudes radicales. En sus personajes todo parece ligero y discreto, todo es frágil y humano, y todo está teñido por el tono irónico de quien bordea la miseria y sabe que vive de prestado. A la autoridad hay que respetarla por si acaso, venga de donde venga, y a la posibilidad de engañarla hay que considerarla también porque para vivir hay que buscar atajos que no están en el reglamento y que dan un poco de aire a la vida de quienes lo tienen casi todo en contra.

Héroes sin serlo, personajes ingenuos, pequeñas tradiciones y fantasías del mundo rural de los Balcanes siembran de vida y de pequeñas emociones este Abecedario de pólvora. Un relato que nos asoma a las raíces de Bulgaria y de sus gentes y del que Magris comenta que "excava la sabiduría en el fondo del candor cotidiano, la inteligencia oculta bajo las apariencias de la simpleza, la locura poética disfrazada de sencillísimo sentido común y áspera tozudez".

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martes, 3 de marzo de 2015

El dios del desierto

El dios del desierto

Wilbur Smith
Duomo, 2015
434 pp

'El dios del desierto' es un entretenimiento. Bien fundado históricamente y en tono de aventura, busca mantener viva la atención del lector en un Egipto que sólo conocemos por la arqueología.


Wilbur Smith
Duomo, 2015
434 pp





Egipto es para el viajero al 50% un país real y al otro 50% un país anclado en el pasado. Dos mil años de imperio faraónico, una sólida civilización que se mantuvo en época romana y un legado arqueológico desbordante hacen de este país remoto algo real, al alcance de nuestras miradas y que podemos tocar aún hoy con nuestras propias manos.

Pero ese algo real resulta ahora parte de la arqueología, dominio de los estudiosos encargados de mantener y de revisar las teorías sobre un viejo patrimonio atrapado en el pasado. El Egipto faraónico es sobre todo un Egipto muerto. Y sin embargo se hace inevitable preguntarse ¿cómo fue la vida de quienes construyeron todo aquello?¿Cómo fue realmente ese imperio y cómo lo vieron quienes vivieron en él?¿Qué sentido tuvo, al margen de esa visión arqueológica que parece haberlo congelado en un pasado lejano y haber ocultado el lado humano que sin duda tuvo?

Wilbur Smith es un clásico de la novela histórica convertida en bestseller y ha encontrado en Egipto una fuente de inspiración. Su libro, El dios del desierto, es propiamente un libro de acción que se sitúa en torno al siglo XVIII a.C. Relata las aventuras que se desarrollan con ell objeto de recuperar el dominio del norte de Egipto del que ha sido expulsado el pueblo egipcio tras la invasión de los hicsos. No estamos ante un relato de vida cotidiana. El foco que dirige la mirada del autor no es el del pueblo. Es el del entorno del faraón, después de su derrota frente a un pueblo extranjero más poderoso pero menos culto y a ojos de los egipcios inferior. Los asuntos de estado, que vienen a ser la diplomacia y la guerra, alimentan el desarrollo de la aventura que capta enseguida el interés del lector. Y la perspicacia y aguda personalidad de quienes mueven los hilos de la trama dan sabor a la historia y añaden intriga a la continua sucesión de acontecimientos.

El dios del desierto es un entretenimiento. Bien fundado históricamente, busca mantener viva la atención del lector creando para él una entretenida aventura. Pero es también un relato vivo y lleno de personajes que sin duda añadirán a ojos de quien lo haya leído una dimensión humana al espectáculo espléndido pero impersonal que ofrecen los magníficos restos que se conservan de la antigua civilización egipcia.

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sábado, 14 de febrero de 2015

Las cuatro estaciones de Atenas. Crónicas desde un país ahogado por su rescate

Las cuatro estaciones de Atenas.

Mariangela Paone
Libros del K.O., 2014
159 pp.

Entender hoy Grecia pasa menos por conocer la mitología clásica o las mejores islas que por conectar con la calle. Las cuatro estaciones de Atenas buscan esto último. Y lo consiguen en un libro corto, claro y de lectura tan ilustrativa como entretenida.


Mariangela Paone
Libros del K.O., 2014
159 pp.






Tras las primeras páginas, el lector no puede evitar la sensación de haberse equivocado de libro. Al menos de libro para un blog de literatura de viajes. Un prólogo sobre la crisis en la que entró Grecia y un análisis no exhaustivo, pero riguroso del tema, llevan a pensar que ese será el tono y el enfoque que ocupará las páginas del libro y que su contenido va a ser más propio de un análisis económico y político que de un relato que nos hable de Grecia y nos aproxime a cómo es hoy el país y cómo vive su gente.

El prólogo, es de Joaquín Estefanía y, dado el cambio que se ha producido en el país heleno, lo que busca es poner en contexto lo ocurrido y anotar no sólo las causas y los resultados inevitables que se derivaron de ellas, sino también las consecuencias para la población inevitables en muchos aspectos y evitables en otros.

Viajar a Grecia es de algún modo viajar a un país enfermo. El comisario Jaritos, el entrañable policía de las novelas de Markaris, ha mostrado a los lectores desde la ficción, la profundidad de estos cambios. Lo de Grecia no estaba previsto en Europa. La Unión Europea era un proyecto de futuro. Era, al fin, tomar asiento en un tren que iba a llevar a todos por igual por el camino del progreso. Era hacer causa común con Europa y ser aceptado en un proyecto compartido.

Pero los colegas de Jaritos ya no son de esta opinión. Saben que no podrán pagar el máster a sus hijos cuando terminen la universidad. Saben que les bajarán el sueldo de manera drástica. Y saben que incluso su trabajo se verá afectado por los recortes, por lo difícil que se ha vuelto el día a día y por el nacimiento de una nueva delincuencia que es el signo de los tiempos.

Las cuatro estaciones de Atenas sin acudir a la ficción pero fijándose también en la vida de las personas viene a contar lo mismo. Por supuesto, la lente por la que mira la autora es otra. Lo que cuenta es pura realidad, como si se tratara de un reportaje, pero el país es el mismo y el relato que nos hace Mariangela Paone  sigue siendo un modo de conectar con esa Grecia real que es la de la calle. Una Grecia que parece no tener nada que ver con el relato de la Grecia clásica con la que sueña el turista o con el paraíso mediterráneo de atmósfera luminosa y de mar azul y transparente que la propaganda -y la realidad también- atribuyen a las virtudes esenciales del país heleno.

La calle de Atenas es el mejor escaparate de un cambio de tendencia que ha quebrado la euforia de los griegos que vieron en sus juegos olímpicos la prueba de que estaban en el camino del progreso. Ahora los jóvenes viven de contratos basura y sin perspectivas de salir del bache. Los mayores que perdieron su empleo gastan en el día a día sus ahorros porque las pensiones de miseria que les quedan no son suficiente ni para llevar la vida más humilde. Y todos explican y se explican cuál es la situación y los porqués que la alimentan cuando Maiangela Paone los aborda y les pregunta.

Gente normal, gente que ha trabajado toda la vida o jóvenes que esperaban hacerlo cuentan cómo es el universo que hoy los envuelve. Como lo cuentan también profesionales que se enfrentan a su trabajo en condiciones penosas para ellos y para quienes dependen de ellos. Los médicos con jornadas laborales cada vez más largas y con medios cada vez más escasos son víctimas de la crisis tanto como los enfermos que acuden a ellos en busca de alivio.

Y en ese universo maltrecho prosperan interpretaciones de todos los colores y recetas que aspiran a poner orden y a recuperar lo perdido, incluida la dignidad. ¿La violencia? Por qué no, cuando no queda otra salida. El reproche a la Europa rica se hace inevitable y se extiende por la sociedad con fuerza cuando resulta que entre todos, Alemania a la cabeza, contemplaron la catástrofe y participaron en su 'construcción' mientras dio beneficios y luego cargaron sin piedad los costes en el pueblo llano. Y la búsqueda de una causa inmediata y visible, como son los inmigrantes que han dejado a los griegos sin trabajo y acaparan los servicios sociales, cobra carta de naturaleza y genera un discurso xenófobo al que se apunta cada vez más gente convencida de que sin extranjeros Grecia recuperaría la salud perdida.

Cuatro estaciones, primavera, verano, otoño e invierno, reflejan cuatro viajes efectuados a lo largo de un año para pulsar el ambiente de Atenas en cuatro momentos distintos. En cada uno de ellos, Mariangela Paone va al encuentro de sus informantes, gente distinta, con puntos de vista variados y en situación diversa frente a lo que ella denomina la Gran Depresión. Y como si dispusiera también el decorado necesario para cada escena, se refiere además al entorno político europeo, a las exigencias de la famosa troika y a los partidos nacionales que trapichean en la situación buscando sus propios intereses o tratando de salir del embrollo.

Seguramente hoy entender Grecia pasa menos por conocer la mitología clásica o las mejores islas que por conectar con la calle. Las cuatro estaciones de Atenas buscan esto último. Y lo consiguen en un libro corto, claro y de lectura tan ilustrativa como entretenida.

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jueves, 22 de enero de 2015

Las vacas de Stalin

Las vacas de Stalin

Sofi Oksanen
451 Editores
474 pp.

'Las vacas de Stalin' no es un ajuste de cuentas con paraíso comunista que nada tuvo de paraíso, es más bien una reconciliación entre la nueva Estonia y la Estonia que fue años atrás.


Sofi Oksanen
451 Editores
474 pp.





Una atmósfera confusa y un relato que va desgranando indicios para que el lector componga, a lo largo de las páginas iniciales del libro, la escena donde transcurre la acción, acompañan el comienzo de Las Vacas de Stalin, una novela que va proyectando su luz sobre Estonia, la vieja Estonia comunista y la Estonia más reciente después de recuperar su independencia. Y también sobre Finlandia, una especie de hermana afortunada que se emancipó para vivir las mieles del mundo capitalista en lugar de sufrir la penuria del imperio soviético.

Sofi Oksanen, la autora, se hizo popular con Purga, su primer libro publicado en español, articulado en torno a una fugitiva enfrentada al pasado y al duro presente de los países afectados por el naufragio del mundo comunista. Ahora, con Las Vacas de Stalin, asistimos desde un ángulo bien distinto al mismo naufragio. Asistimos, a medida que se va haciendo luz, a través de la vida de la protagonista, a la vida en Estonia y al ambiente perverso pero soportable de una cotidianidad impuesta por Rusia y su modelo soviético.

Ni Estonia ni Finlandia aparecen de primeras en el relato de Sofi Oksanen, o al menos con suficiente claridad para que el lector las perciba. La protagonista es una joven bulímica más afectada por sus problemas de alimentación que por otra cosa. Ella, tal y como también era el personaje principal de Purga, vuelve a ser una fugitiva. Como paso a paso el lector intuirá, todos en Estonia son de alguna manera fugitivos. Todos soportan el peso de un entorno oscuro, que obliga al disimulo, que fuerza en las personas una alerta permanente, que obliga a protegerse para no caer en mayor desgracia de la que trae de por sí el día a día. A su manera todos viven en la desconfianza y todos asumen cierto grado de clandestinidad.

Los desarreglos de Anna, nuestro personaje, son una premonición para el lector, son el síntoma de los males que aquejan a un país y que poco a poco se lirán haciendo más claros. Y también un síntoma de los males que soportan las gentes que buscan sobrevivir y caen en las miserias que la situación les impone.

La bulimia que afecta al personaje que da vida al libro está presente todo el tiempo como la punta de un iceberg que reclama la atención y oculta cuanto hay debajo de ella. Pero el desasosiego del comer y del no comer se alimenta de los desasosiegos de una vida degradada donde no hay puerto seguro, ni identidad a la que agarrarse. Hablamos de la Estonia socialista donde crecieron las últimas generaciones y que sigue pesando todavía en ellas, a pesar de la nueva independencia. Como en todos los países que han vivido una historia traumática, cada momento se observa teñido por la luz de unas circunstancias que dejaron mella en las conciencias de las personas.

‘En todas partes hay que hacer cola -recuerda nuestra protagonista-  en las paradas de taxis, en la tienda de telas, en las cafeterías...’, incluso para llegar al mostrador vacío de la carnicería. Como recuerda también las angustias de cruzar la frontera ocultando siempre algo comprado en el extranjero que en la aduana se pudiera descubrir. Algo que ponía fuera de la ley a cualquiera porque la supervivencia obligaba a los trapicheos que aquí o allá pudieran hacer más fácil la vida, la vida propia o la de algún familiar o la de un amigo al que devolver un favor.

La desventura de la bulimia que se apodera obsesivamente de Anna es un secreto celosamente guardado, algo que ocultar, que no puede hacerse visible a los demás, lo mismo que tampoco es fácil de confesar la condiciòn de estonio, ciudadano de un país miserable, un país que sólo cuenta para que los finlandeses se emborrachen a cuenta de un alcohol a precio de saldo, y se diviertan con las mujeres dispuestas a cualquier cosa a cambio de unos pantys traídos de occidente. En definitiva un país del que sentir vergüenza.

Sin embargo Las vacas de Stalin no es lo que pudiera parecer. No es un ajuste de cuentas con paraíso comunista que nada tuvo de paraíso. Discurriendo por un camino hecho de síntomas -el hambre, los vómitos, los silencios, la medicaciòn, los alimentos seguros y los no seguros…- es en realidad un relato íntimo y por ello mismo complejo. Un relato de amor y de odio hacia Estonia. Hacia una Estonia que ha evolucionado ella también para acercarse a Europa y para ganar y, al mismo tiempo, perder en el camino. Para ganar en modernidad y en libertades y para perder sus aromas añejos, para cambiar en nombre de la modernidad una parte de esa alma enraizada en el pasado y que forma parte también de las esencias de un pueblo entero.

Confirmando los cambios ocurridos tras la independencia de Rusia, nuestra protagonista señala que ahora ‘el Pradva ya no sirve de papel higiénico’. Pero esta liberación no supone transmitirle al lector una visión idílica de una Estonia capaz al fin de ser ella misma. El pasado, como no podía ser de otra manera, pesa y forma también parte del presente. Y por ello la Estonia que nos trae Sofi Oksanen es tanto el resultado de una ruptura como de un encuentro. Un encuentro donde, a pesar de las diferencias entre unos y otros y de las tensiones entre lo nuevo y lo viejo, hay, sobre todo, una reconciliación.

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