lunes, 3 de septiembre de 2018

Japón perdido

Japón perdido

Japón perdido
Alex Kerr
Alpha Decay, 2017
297 pp.

"Japón se ha convertido en uno de los países más feos del mundo". Quien dice esto, sin pelos en la lengua, es Alex Kerr un gran conocedor de Japón y de la cultura tradicional japonesa, y un enamorado del país. En "Japón perdido" nos cuenta el por qué de sus palabras.


Japón perdido
Alex Kerr
Alpha Decay, 2017
297 pp.





"Japón se ha convertido en uno de los países más feos del mundo." Quien dice esto, sin pelos en la lengua, es un gran conocedor de Japón y de la cultura tradicional japonesa, y un enamorado del país.

Basta con empezar la lectura de la introducción de este ‘Japón Perdido’ para que la sensibilidad del lector despierte y se deje llevar por el entusiasmo contenido y melancólico del autor cuando habla de Japón. En muy pocas palabras Alex Kerr contagia su interés, o mejor, su amor por Japón, enfrentado a un cambio irreversible porque todo lo antiguo que dio a la cultura japonesa tanto relieve y tanta riqueza de expresiones y matices está al borde de la desaparición o se perdió ya para siempre.

Kerr es un profundo conocedor de Japón, pero no es un académico al uso ni un estudioso nostálgico. Como él mismo cuenta, dedicó parte de su actividad al negocio inmobiliario y a la compraventa de antigüedades. Pero entre sus anhelos estaba el conocimiento de la cultura japonesa y de la china y lo que pudo no haber sido más que un trabajo le sirvió también de atalaya desde la que conocer Japón y contemplar los cambios enormes que estaba sufriendo en las últimas décadas.

En pocos años una ola de modernización imparable cambió el país entero para renunciar al pasado como una planta arrancada del suelo y separada de sus raíces. La sistemática demolición de las casas tradicionales, la pérdida del paisaje urbano que había dado carácter a pueblos y ciudades, la del paisaje natural también intervenido por el ansia de progreso, las formas de vida y la cultura que guiaron al país hasta el presente se vieron arrinconadas cuando no sustituidas por entero.

Nostalgia y sentido de la realidad se mezclan en este Japón perdido donde el autor, abordando distintos temas, promete no ser el llorón o el gruñón de turno aunque se permita alguna expresión de disgusto al comprobar la pérdida de un tesoro tan preciado.

Hay que empezar diciendo que Alex Kerr conoció Japón de joven. Un Japón que se parecía mucho más a aquel del que hablaban los viajeros de comienzos del siglo XX que el que acabó siendo cuando estaba a punto de empezar el siglo XXI. Su experiencia de lo que fue Japón es lo que le permite hablar del Japón de ahora.

La ‘apisonadora de la modernidad’ de la que habla no es solamente para él una frase bien encontrada. Es el resultado de su propia experiencia después de haber visto desaparecer ese mar de tejados que hacía únicos a sus pueblos y ciudades o los kimonos que todavía llevaban la mayoría de mujeres maduras y los zuecos de madera que resonaban en las calles y creaban una atmósfera como de cuento.

Y si habla de ciudades, Alex Kerr habla también de la naturaleza de lo que podía ser el país más bello del mundo, mágica en tantos aspectos y llena de misterio. Una naturaleza que ha cedido ante la acción del hombre y que, siendo extraordinaria todavía, ha perdido buena parte de su alma y de su profundo secreto.

¿Qué le pasó a Japón para que haya perdido la consistencia de una cultura armónica y extraordinariamente depurada? ¿Cuál es el motivo para que viva hoy envuelto en lo que llama una cultura Frankenstein hecha de retazos cosidos improvisadamente en lo que parece una deriva errática y sin sentido. A diferencia de occidente donde la revolución industrial se hizo en siglos y permitió ir adaptando pasado y presente, dice Kerr, en Japón se produjo en muy pocos años y el resultado no fue una adaptación sino simplemente una sustitución, un barrido sin matices a favor de un mundo lanzado hacia la occidentalización y el futuro.

Sin duda, es la condición de extranjero la que permite a Alex Kerr abordar su análisis desde la distancia. Y es también su condición de estudioso y de enamorado de Japón lo que le lleva a profundizar en ese tesoro perdido y valioso como el de una especie en extinción.

El arte de la caligrafía, por poner un ejemplo, le sirve para sumergirse en el mundo de la exquisita sensibilidad de la cultura tradicional, lo mismo que su condición de coleccionista le abre las puertas a distinguir los matices de un orden y una armonía que definen la extrema sutileza del aprecio de la belleza destilada a lo largo de los siglos.

El kabuki, por poner un ejemplo más, se convierte en un nuevo ángulo desde el que mirar al Japón antiguo y descubrir la complejidad de sus matices y la sabiduría que contiene, más allá de lo que puede percibir una simple mirada. Un universo de convenciones encierra el teatro tradicional, en curso de disolución,  por el que aflora el alma de Japón de forma singular y con enorme riqueza.

Japón perdido es una pequeña joya para los interesados en Japón y sobre todo para los amantes de la cultura japonesa. Describe tanto el curso de esta última a lo largo de las últimas décadas, como sus raíces, su velada complejidad, su depurada riqueza y el enorme caudal que ha fluido por ella y que se agota arrollado por la marea del progreso.

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miércoles, 4 de julio de 2018

Colombia sobrevive. Crónica de una paz incierta

Colombia sobrevive. Crónica de una paz incierta

Aitor Sáez
Círculo de Tiza, 2018
380 pp.

Guerra revolucionaria y narcotráfico. Trescientos mil muertos y siete millones de desplazados no son cosa que permita mirar hacia otro lado. De esto es de lo que nos habla Aitor Sáez en Colombia sobrevive, Crónica de una paz incierta. Un excelente libro, lleno de interés para quienes deseen saber más de Colombia.


Aitor Sáez
Círculo de Tiza, 2018
380 pp.






Como no puede ser de otro modo, las situaciones traumáticas dejan en la literatura de los países una huella que perdura y aflora a la superficie una y otra vez. En el caso de Colombia, el conflicto, en forma de guerra abierta, que ha mantenido durante más de cincuenta años, ha marcado el país. No sólo ha dejado su impronta en las conciencias de los colombianos sino que modificó la realidad del país entero.

Para los visitantes, el paisaje y las ciudades siguieron siendo las de la Colombia de siempre, pero para la población la cotidiana cosecha de cadáveres transportada por el agua de los ríos, la inseguridad en los caminos, la constante aparición de noticias en los periódicos o la televisión relativas al conflicto y la contaminación de la política como consecuencia del mismo creó una realidad distinta y mucho más dura.

Trescientos mil muertos y siete millones de desplazados no son cosa que permita mirar hacia otro lado o que deje libre de salpicaduras a nadie. Pero esas salpicaduras no fueron iguales para todos, no generaron una posición común en la población respecto a la guerra y respecto a la paz. Unos vivieron el conflicto arriesgando diariamente sus vidas, con el miedo de quienes están en primera línea, y otros desde el análisis lejano, desde el fastidio, a veces, de quien asiste a una situación absurda e incómoda, costosa en términos económicos, impuesta desde fuera a la que hay que derrotar.

El libro de Aitor Sáez nace en este punto, en el momento en que se han firmado unos acuerdos de paz que el país, en referéndum, ha tardado pocas semanas en rechazar para sorpresa de casi todos. ¿Qué pasa en Colombia, cómo es el país que rechaza el fin de una guerra que el ejército ha sido incapaz de terminar después de varias décadas?.

 “Colombia siempre ha sido un manojo de contradicciones, una paradoja en forma de república (…)”, cuenta en un periódico el escritor Juan Gabriel Vásquez. “En el último medio siglo, este país que ha vivido en estado de guerra permanente ha sido también el único de su vecindario que ha sabido evitar las autocracias y las dictaduras (…) con su cultura de corrupción y su mentalidad mafiosa, es también un país de instituciones que misteriosamente han seguido funcionando, y que han logrado, aun en los momentos más críticos, producir sus propios anticuerpos”.

Es más, y ahora quién lo dice es el autor del libro: “Colombia había sufrido el conflicto interno más extenso y uno de los más sangrientos de todos los tiempos. Sin embargo los colombianos aparecían siempre en las primeras posiciones de los países más felices”.

Para acercarse a la Colombia del hoy, para desvelar lo que el viajero o el simple lector de periódicos no puede ver y sin embargo conforma la realidad del país, es para lo que Aitor Sáez emprende la aventura de escribir su libro. Porque Colombia sobrevive es una aventura que seguramente desborda al propio autor. Y ojalá sea así. Porque la posición de Aitor Sáez sobre el presente y el futuro de Colombia es poco halagüeña, está cargada de amenazas y el lector va a desear que sea la dureza de lo que ha sido el pasado lo que empaña el optimismo del autor más que el peso de los retos que el país afronta en la nueva etapa de empeño a favor de la paz. El subtítulo del libro, Crónica de una paz incierta, destaca las dudas del autor sobre un final feliz en el proceso de pacificación emprendido.

La situación de quiebra de Colombia como estado ‘normal’ viene de lejos. Viene de los tiempos cuando América Latina entera estaba envuelta en guerras alimentadas por los distintos bandos de la guerra fría. Y la investigación de Aitor Sáez, pues de eso se trata, se apoya en testigos que vivieron los diversos episodios de la violencia y en el análisis de la situación de cada uno de los momentos. No es nada sencilla esta aventura de la que hablamos.

Las víctimas más directas del conflicto muestran la brutalidad escalofriante de lo sucedido y ponen números a lo que ha resultado ser una matanza que nunca pudo ser perseguida en los tribunales internacionales porque la ‘desaparición’ de los muertos libraba de pruebas y de cargos con que acusar a los asesinos. Pero no son sólo las víctimas las que aparecen en ese panorama del horror. Aitor Sáez se introduce en los vericuetos de los violentos y rebeldes y consigue entrevistar a paramilitares que cuentan su punto de vista lo mismo que a miembros de las FARC, a campesinos, a soldados, a secuestrados, a políticos….

Y penetra en el crisol donde se amalgaman -o se confunden- la violencia y la vida en apariencia limpia de la política y los negocios, con personajes de corbata que resultan la punta de un iceberg cuyas profundidades albergan un mundo dantesco.

El tema del ‘narco’ es casi un libro dentro del libro porque, conectado con las raíces de la violencia y convertido en su alimento principal, nace de un negocio tan singular como el de la droga, lejos de la selva, en las ciudades, y se desarrolla hasta apoderarse, si no del todo sí de una buena parte, del estado. Sus personajes, con la increíble vida de Pablo Escobar en primer término, su estrategia y el éxito de su proyecto componen la base de una atalaya más desde la que mirar a Colombia y desde la que prestar atención a voces que hablan en el mismo idioma que el lector como la del sicario que cuenta, de primera mano, la experiencia de una vida hecha a base de muertos.

Aitor Sáez termina su libro contando algunos detalles de la negociación entre el gobierno y las FARC y de la implantación por las partes de las condiciones pactadas en el proceso de paz. Detalles escamoteados al público, sumamente interesantes y sustentados, como en el resto de temas, en entrevistas -que no debió ser fácil conseguir- y que muestran una cara oculta en la labor de muchos de los protagonistas. El autor muestra una realidad llena de contradicciones donde el empeño humanitario de conseguir la paz se envuelve en una atmósfera espesa propia de jugadores de un póker endiablado, desconfiados de sus compañeros de partida y dispuestos a ir de farol en compromisos y propuestas sin mover un músculo de la cara.

Excelente es el libro de este periodista joven e incansable perseguidor de la realidad. Y sumamente interesante para el lector, que a lo mejor recuerda aquella ‘Noticia de un secuestro’ que escribió García Márquez, y que no había vuelto a tener ocasión de retomar el contacto con el detalle para darse cuenta de cómo sucedieron las cosas en Colombia.

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viernes, 1 de junio de 2018

La vida desde una mecedora. Un viaje a Cuba

La vida desde una mecedora. Un viaje a Cuba

Juan Ramón Menéndez
Fussion Editorial, 2017
626 pp.

Cuba vive hoy momentos difíciles. Los viven los cubanos. A esos cubanos y a esos momentos son a los que dedica 'La vida desde una mecedora' Juan Ramón Menéndez.


Juan Ramón Menéndez
Fussion Editorial, 2017
626 pp.






Cuba es hoy un país contradictorio. Un país anclado en unas profundas ganas de vivir y desesperanzado también. De él nos habla Juan Ramón Menéndez en el libro que ha publicado recientemente.

Rebobinemos. No hace falta haber visitado Cuba para darse cuenta de que es un país absolutamente singular. Y quien haya visitado la isla no hará más que confirmar esta singularidad que radica en las personas. Cuba es Caribe (mar, vegetación tropical, ciudades coloniales…) Pero es sobre todo lo que son los cubanos. Gente culta, industriosa, comunicativa, cordial y extremadamente digna a pesar del enorme sacrificio que supone la situación en la que viven.

He dicho culta. La música de Cuba, la música ‘popular’, la cantada y tocada a la guitarra con humor y entre sonrisas es de una brillantez sorprendente y no tiene parecido en ningún lugar de lo que fue la antigua América española. ¿Recuerdan a Xavier Cugat? Nació en Gerona pero se crio en Cuba en una familia modesta de emigrantes. A los 12 años era violín de la Orquesta Sinfónica del Teatro Nacional de Cuba. Compay Segundo, los Valdés, Bola de Nieve… Todos pasaron por el conservatorio. Con apariencia de música callejera y desenfadada, en todos los casos ha habido disciplina, trabajo, conocimiento, además de buen humor y amor por la vida.

Pero Juan Ramón nos habla también de otra Cuba, que parece superar a esta de la que hablamos. Una Cuba desarbolada, como hecha de los restos de un naufragio, envuelta en mentiras, poco fiable y donde incluso la música suena mal. Es una Cuba varada, que ve pasar la vida sentada en una mecedora, pero no con ilusión y una sonrisa en los labios, sino con desánimo.

Para los españoles Cuba fue más que ‘la perla del Caribe’. Fue una auténtica devoción. Y podemos preguntarnos si fue la llamativa particularidad de la que hablábamos antes la que sedujo y despertó el amor de los españoles. O fue al revés. Si no sería el amor de los españoles a una tierra bella y sonriente el que sembró las semillas de esta Cuba extraordinaria y que se convirtió en perla.

Cuba vive hoy momentos difíciles. Los viven los cubanos. A esos cubanos y a esos momentos son a los que dedica su libro Juan Ramón Menéndez. Un libro escrito desde una gran capacidad de observación, con un interés por el detalle que lleva al lector hasta el interior de cada escena, y también con humor y socarronería que sirve para llevar al texto aires refrescantes de distensión y de humanidad.

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lunes, 21 de mayo de 2018

Mabuhay. Bienvenidos a Filipinas

Mabuhay. Bienvenidos a Filipinas

Ramón Vilaró
Penísula, 2017
268 pp.

Filipinas se está poniendo de moda entre los viajeros. Si es así, 'Mabuhay' será el libro que están esperando tanto quienes tienen el propósito decidido de viajar al país como quienes buscan destinos nuevos que añadir a su lista de lugares a visitar.


Ramón Vilaró
Penísula, 2017
268 pp.





Filipinas fue la colonia menos española de las que España tuvo y la más alejada. Situada en el extremo oriente, nunca tuvo para España la proximidad emocional ni la importancia que tuvo Hispanoamérica. El famoso galeón de Manila era el cordón umbilical que, con un viaje al año, la mantenía en contacto con la Península, al menos hasta la apertura del Canal de Suez. Con él se ahorró el largo recorrido que suponía rodear el continente africano y se redujo drásticamente el tiempo del viaje.

Pero cuando ello ocurrió ya era tarde. La población española asentada en Filipinas era muy pequeña comparada con la que emigró a América. Vivía aislada en la ciudad vieja de Manila o recluida en los conventos de las órdenes religiosas. El español nunca se impuso sobre el tagalo. Y el final de la colonia se resolvió con una 'ocupación' norteamericana que trabajó para dejar en el olvido la débil huella que había impreso España al otro lado del mundo.

Ramón Vilaró conoce bien Filipinas. Como periodista y como corresponsal de televisión viajó repetidamente al país para cubrir acontecimientos importantes de su historia reciente y a través de sus contactos y de su experiencia se familiarizó también con su historia pasada, con su presente y con sus gentes.

El autor regresa ahora libre de obligaciones y con el ánimo que impulsa al viajero. Un viajero sin más equipaje que una mochila para sentirse libre de ir de un lugar a otro sin más restricciones que las que dicta su interés por conocer lugares nuevos y personas a las que preguntar y con las que compartir conversaciones. Porque a pesar de todo, a Vilaró no le ha abandonado su vocación de periodista y la de andar detrás de las apariencias para rebuscar algo más en el fondo. Un abanico de personajes importantes -el dueño de un pequeño hotel, el responsable de un museo, un descendiente de españoles- le sirven a Vilaró para tocar tierra en sus distintas paradas y pulsar el ambiente local.

El fondo del que hablamos es por supuesto, la presencia española. Una presencia que, con trescientos años, resulta que sí ha dejado rastros y sí mantiene una actualidad que el relato pone de relieve. Sin anotar fechas ni anunciarlo explícitamente Mabuhay es en realidad un diario de viajes. Es el relato detallado de lo que Vilaró apunta en su cuaderno a lo largo de su periplo: el transporte, los encuentros, la comida, los paisajes... además de esa historia, con España al fondo, que pone en contexto a las Filipinas de hoy.

De una ciudad a otra, de un pueblo a otro y más allá, Ramón Vilaró va descubriendo al lector un país que de lejano se va convirtiendo, a medida que pasan las páginas en próximo. Y le va despertando el interés por visitar lo que acaba por resultar un mundo más cercano de lo espèrado, tan variado y atractivo como interesante.

El viaje, que Ramón Vilaró comparte con el lector, está lleno de sugerencias y es seguramente el que a cualquiera le apetecería hacer: sin prisa, descubriendo todos los días cosas nuevas y disfrutando de cada etapa. En definitiva abriendo los ojos a un país lejano y distinto donde resuenan ecos que se reconocen como propios. Dicen que Filipinas se está poniendo de moda entre los viajeros. Si es así, Mabuhay será el libro que están esperando tanto quienes tienen el propósito de viajar al país como quienes buscan destinos nuevos que añadir a su lista de lugares a visitar.

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jueves, 3 de mayo de 2018

Estirpe

Estirpe

Marcello Fois
Hoja de Lata, 2017
297 pp.

Una Cerdeña discreta y contenida, dibujada al detalle en los sentimientos y en los pequeños asuntos de la vida cotidiana, se mezcla con la brutalidad de los acontecimientos y con giros inesperados que mantienen vivo todo el tiempo el interés del lector.


Marcello Fois
Hoja de Lata, 2017
297 pp.





A pesar del título, nada que ver con Dinastía o Falcon Crest y sus excesos de riqueza y de maldades. Aquí todo es más contenido, todo discurre más a flor de tierra, más humildemente porque estamos en Cerdeña y la naturaleza y las gentes son discretas por definición. No hay lugar para el despilfarro, ni en las cosas de comer o de vivir, ni en los sentimientos. El perfil bajo, como se diría ahora, es una virtud porque la exposición excesiva ofende y el decoro pasa por la modestia en una sociedad, de la que habla el libro, que sólo empieza a salir del oscuro atraso de una isla donde poco se conoce del progreso.

Estirpe contempla el paso de dos, o según se mire tres, generaciones de una familia, pequeña, en la pequeña también ciudad de Nuoro. Un Nuoro rural, de población campesina y de algún artesano, que vive en el pasado al borde de la miseria y que irá despertando cuando el continente, es decir Italia, se acuerda de ella a golpe de guerras y de aconteceres políticos que cambian el rostro de la sociedad. Estamos al final del siglo XIX y en el primer tercio del XX, cuando termina un siglo, estalla la Gran Guerra y aparece el fascismo.

Marcello Fois, el autor, juega con las ideas y las palabras y sobre todo con la escritura para crear un ambiente singular. Elige el tiempo presente para narrar su historia y al hacerlo sorprende y a la vez conduce al lector al borde mismo de la escena, lo acerca a los acontecimientos que pasan para él como de frente mientras lee. El detalle en los sentimientos y en los pequeños asuntos de la vida cotidiana se mezcla con la brutalidad de los acontecimientos y con giros inesperados del relato que mantienen vivo todo el tiempo el interés del lector hasta el final.

Hay algo de tragedia griega, de Mediterráneo sombrío, en la historia que cuenta el autor porque parece como si el destino golpeara arbitrariamente para compensar los dones de la felicidad y del éxito con una derrota y un infortunio aún mayores. Como si quisiera eludir el progreso y mostrar el peso que sobrevive de aquella Cerdeña atrasada, sombría, amarrada al sufrimiento.

Una vida de gente trabajadora, de buenos sentimientos, de vivir discreto es lo que fabula Marcello Fois cuando sigue la existencia de la familia del herrero de Nuoro, con su aparente simpleza, pero con la enorme complejidad que se ocupa de añadir la condición humana y los azares que a lo largo del tiempo se van cruzando con ella.

Una Cerdeña tan poco aparatosa y tan discreta como la vida de los personajes a los que dedica su atención la novela es la que aparece como gran decorado y la que pone en su sitio y da sentido a cada escena. Una Cerdeña de tierra adentro, alejada del mar, de suelo reseco, de arbustos y de vides para quienes buscan recuperar el sabor mediterráneo y la atmósfera de cuando las playas, a diferencia de ahora, eran tierra yerma, de escaso valor y la vida transcurría en el interior, en los modestos pueblos donde se afincaba la población dedicada a sus quehaceres de siempre.

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martes, 17 de abril de 2018

América

América

Manuel Vilas
Círculo de Tiza, 2017
217 pp.

Nada puede decirse de América que no se haya dicho ya. Pero Manuel Vilas, en su 'América' consigue sorprender y atrapar la atención del lector con sus guiños, sus intuiciones y su aguda mirada.


Manuel Vilas
Círculo de Tiza, 2017
217 pp.





Una cubierta llena de estrellas deja bien claro que la América de la que hablamos es Norteamérica, los Estados Unidos. El autor, Manuel Vilas, escribe mirando al presente para hablarnos de una América viva y sobre todo vivida. Una América de fuerte personalidad, llena de manías y singularidades, atractiva y envidiable. Pero una América contradictoria y oscura también, que en el momento de entregar el autor al editor el libro terminado, deshoja la margarita de si mirarse al ombligo, renunciar a su virtud y elegir a Trump como presidente. Nada está escrito. Ni siquiera que América, la envidiable y estimulante América, tenga el camino claro y sepa a dónde va.

En Manuel Vilas llama la atención la forma de decir, de llegar a la idea por un camino tortuoso, sorprendente y brillante a la vez. Sus licencias cobran sentido bordeando siempre la exageración. La aproximación de Vilas a América, a su América, porque ha vivido en ella y la conoce bien, es creativa, e inesperada y contradictoria. De ahí el gozo que el lector experimenta a lo largo de su lectura.

Malabarista de ideas y de palabras, seguramente, el secreto que esconde Vilas es que es un poeta. Un poeta de verdad dedicado a la poesía, aunque para tranquilidad de los posibles lectores de su libro, lo que cuenta de esta América es pura prosa. Prosa animada, eso sí, por una singular disposición a hallar huecos y ángulos imprevistos y a hacer piruetas que son la sal y la pimienta del relato.

Los olores en América, esos sótanos de las casas americanas que aparecen en las películas para lo bueno y para lo malo, los almacenes Walmart o los lavabos de los aeropuertos son incidencias que componen la abigarrada y tantas veces divertida visión de Vilas sobre América. Pero son incidencias por las que asoman una y otra vez la literatura, la música y la capacidad creativa que tanta personalidad han dado a Norteamérica, que tanto interesan al autor y que tanto contribuyen a definir la modernidad de la cultura norteamericana. Lou Reed y David Bowie están ahí como lo está Warhol marcando su impronta en el presente americano. Y marcando también el contradictorio suceso de ver -en el momento de terminar el libro- a Trump a las puertas de la Casa Blanca.

Trump, según Vilas, lo mismo que los Simpson, ofrece al americano medio un bálsamo y un consuelo, aunque sea hiriente, para que todos sigan siendo dichosos en medio de las ruinas del capitalismo de empresa familiar. La clase media empobrecida se ve reflejada en un entorno que la invita a ser feliz arropada por los valores tradicionales. Provocador, el buceo en el alma americana que propone Vilas saca a la superficie conexiones inéditas que ayudan a comprender un país tan contradictorio. Los pueblerinos Simpson, bocazas muchas veces, añorantes del calor de la familia y en el fondo de las virtudes americanas coinciden con un fenómeno como es Trump que predica y defiende desde la realidad el mismo patrón que da vida a los entrañables personajes de la tele-serie.

Amor y rechazo destila la visión de América que nos trae Vilas. Pero sobre todo amor y reconocimiento incluso por la comida rápida que tantas reservas suscita entre los europeos. En su discurso Vilas busca un horizonte lo más amplio posible para moverse a lo largo y a lo ancho con admirable libertad. Neruda y Santa Teresa de Jesús aparecen en las páginas del libro lo mismo que Dalí y Buñuel, que se enzarzaron de mala manera en el Moma. Y lo mismo que la Coca Cola, objeto de un encendido y brillante elogio para divertimento de todos.

Nada puede decirse de América que no se haya dicho ya o se esté diciendo ahora mismo. Estrecho parece el espacio para sorprender al lector hablando del tema. Pero el hecho es que Manuel Vilas consigue sorprender y atrapar la atención con sus guiños, sus intuiciones y su aguda mirada. Seguramente, hay que repetir que su oficio de poeta lo convierte en un espectador nada habitual de la realidad y al mismo tiempo le da la llamativa soltura que desborda cada página del libro.

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jueves, 22 de marzo de 2018

Dios no vive en La Habana

Dios no vive en La Habana

Yasmina Khadra
Alianza, 2017
274 pp.

Una Cuba construida sobre la ficción y centrada en el microcosmos de un cantante en decadencia compone 'Dios no vive en La Habana', una novela ligera, fluida y que se lee de un tirón.


Yasmina Khadra
Alianza, 2017
274 pp.





No debe ser habitual que las traducciones superen a las versiones originales de los libros, pero en esta ocasión es muy probable que sea así porque el traductor, cubano, introduce ese modo de hablar tan propio de la isla del Caribe a la novela, escrita originalmente en francés, y centrada en la Habana.

Cuba es la protagonista de la historia, que nos cuenta Yasmina Khadra, y por la que no fluye nada más que la vida misma, que no es poco.

Una vida cuyos aderezos resultan cien por cien cubanos y que son, con todas las licencias de la ficción, un espejo de ese mundo tan particular como es el de Cuba en el presente.

La música, cómo no, aparece en primer plano de la mano de un artista, digamos que de segunda división, pero de éxito y que vive para ella. El curso de los acontecimientos sigue el ritmo de un país donde la burocracia se tiñe de política y de influencias marcadas por los afectos y las frustraciones. La vida cotidiana se las apaña con las penalidades de un progreso encallado en el fracaso. Una vida donde la miseria ronda por todas partes y la gente se refugia en su mecedora a la espera de verla pasar. Y el amor, ese amor caribeño, desbordante que es la luz de la vida y que contiene también sus desgarros no vaya a ser que la felicidad arruine la sombra de desconsuelo que a todo lo cubre.

Yasmina Khadra, procedente él mismo de un país castigado por la deriva del presente -Argelia- y dominado también por un partido, sino único, casi único, ha sabido captar las entrañas de esta Cuba terminal cuya población se empeña en vivir y en buscar la felicidad que sigue colándose por estrechos resquicios. Y de esta Cuba donde el ‘oficialismo’ marca las pautas del día a día sin demasiadas sorpresas porque lo más que puede esperarse de su empeño es que todo siga igual.

Son pocos los mimbres que sostienen el curso de la historia que nos cuenta el autor. Y sin embargo la intriga despega con la potente imagen de ese músico mediocre e incombustible al mismo tiempo. Yasmina Khadra juega con habilidad y demuestra que no hacen falta esos golpes de efecto a que nos tienen acostumbrados las series televisivas para armar un relato que atraiga. Suavemente, paso a paso construye una novela que se lee de un tirón, con la cabeza del lector puesta en el qué pasará y con el sabor de ese ambiente cubano que resuena al compás de su música.

Una Cuba construida sobre la ficción y centrada en el microcosmos del personaje principal de la trama compone una novela ligera y fluida. Y se convierte en un balcón desde el que asomarse a un pequeño mundo donde afloran las miserias y también las grandezas de este país extraordinario que es Cuba.

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