lunes, 16 de enero de 2017

El Mar Negro. Del siglo de Pericles a la actualidad

El Mar Negro. Del siglo de Pericles a la actualidad

Neal Ascherson
Tusquets, 2016
356 pp.

Muchos han sido los protagonistas de la compleja historia vivida a orillas del Mar Negro. Neal Ascherson habla de ellos con detalle en este libro que retiene la atención del lector desde la primera página hasta el final.


Neal Ascherson
Tusquets, 2016
356 pp.





El mar negro es y ha sido a lo largo del tiempo un espacio en permanente agitación. Una agitación atemperada en algunos momentos, viva en muchos otros, en la han tenido parte pueblos, comunidades, razas diversas que  convivieron o que chocaron, que se establecieron y desplazaron en el curso de la historia. Su situación como puente entre Asia y Europa convirtió a este mar y a su contorno no sólo en un espacio de paso sino también en tierra de frontera que disputaron y defendieron imperios y reinos diversos. Y que aprovecharon, con los vientos volubles de la fortuna, los pueblos que se asentaron en sus orillas y en los lugares próximos.

El subtitulo: 'Del siglo de Pericles a la actualidad', da la medida de la ambición del libro y también de su gran interés. Casi tres mil años de historia es mucho aunque se hable de lo que parece un extremo de Europa y que sin embargo ha sido fundamental en el devenir del continente entero. Lo ha sido tanto en el pasado como lo está siendo en el presente. Desde los griegos, los pueblos que del centro de Asia se movieron hacia occidente y penetraron hasta su extremo en la península Ibérica, los romanos, en esa prolongación histórica que fue el imperio bizantino, los otomanos, los rusos, incluso los polacos... todos tuvieron fuerte presencia en el lugar y todos siguen pesando hoy, en un presente que no solamente continúa siendo inestable sino que es un peligroso foco de conflictos. Crimea, el Cáucaso, Ucrania, la misma Turquía, Armenia, Georgia parecen asomadas a un volcán de comportamiento imprevisible.

Este Mar Negro que acaba de publicarse es la afortunada reedición del mismo libro, agotado hace unos pocos años y que reaparece con alguna actualización porque la región no ha dejado de moverse y  acontecimientos como la anexión de Crimea por parte de Rusia han modificado la configuración de los poderes y creado momentos de fortísima tensión hace bien poco.

Neal Ascherson, el autor, es un profundo conocedor de la región, de su historia y también de su realidad presente. Pero no es solo una abrumadora cantidad de información la que aporta al lector sino, y sobre todo, una muestra de fina sensibilidad para la interpretar la historia. Una historia tan compleja como diversos fueron los orígenes de los pueblos que tuvieron presencia en el lugar. Baste pensar en los griegos, de un lado, y en los escitas y los sármatas, de otro, nómadas procedentes de las estepas asiáticas, con los que los primeros comerciaron, convivieron y se mezclaron. "Durante tres mil años, interrumpidos por conflagraciones y oscuridad, los habitantes de estos lugares han llevado cuentas, leído y escrito libros, aplicado medidas urbanísticas aplicando la geometría, discutido asuntos literarios y políticos de alguna lejana metrópoli, se han encarcelado unos a otros, se han repartido terrenos para construir templos de religiones incompatibles, han adelantado el pago de la remesa de esclavos de la temporada siguiente..." nos cuenta el autor.

Esta ha sido la historia del Mar Negro hasta hoy. ¿Los griegos? Lo de los griegos fue hace mucho tiempo aunque Neal Ascherson se detiene en ellos y nos los acerca. Pero también profundiza en los turcos y por supuesto en los rusos que desde Catalina la Grande empujaron las fronteras de Rusia hasta las orillas del mar y dieron comienzo a una era de fricciones con Turquía que terminarían una y otra vez en guerras. Y hasta Putin, pasando por el malhadado Beria y por Stalin, georgianos ambos y responsables del desplazamiento de tártaros y de cosacos que vuelven a asomar ahora la cabeza con el conflicto de Crimea.

La realidad es que el Mar Negro ha sido un crisol donde se han fundido innumerables historias y la labor de Neal Ascherson ha consistido en investigar en su interior, extrayendo los elementos que lo conforman, para desvelar la identidad y el devenir de los numerosos pueblos que vivieron en su entorno. Pero también para llamar la atención sobre lo incierto que resulta hablar de identidades y sobre la fragilidad de los hilos que definen a etnias y a naciones.

"Los que reivindican la 'pureza' del linaje en sentido genético -dice- son mestizos en mayor o menor medida. Incluso los pueblos montañeses aislados, encontrarían en su árbol genealógico (...) una criada griega, un mercachifle judío, un tratante de ganado mingreliano, una viuda de oficial ruso, un leñador armenio, una esclava circasiana, un bandido alano oriental, un refugiado persa, un magistrado árabe."

Todos ellos forman el entramado que sostiene la historia del Mar Negro, todos son sus protagonistas y todos están unidos por lazos más o menos fuertes de familia. Todos han dejado de una u otra manera su huella y juntos nos ayudan a entender algo mejor lo que se mueve en este enclave apasionante donde se encuentran Europa y Asia. Neal Ascherson lo cuenta con detalle en este libro que retiene la atención del lector desde la primera página hasta el final.

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jueves, 5 de enero de 2017

La aventura, justo una idea

La aventura, justo una idea

Edición a cargo de Pilar Rubio
La Línea del Horizonte, 2016
295 pp.

'La aventura, justo una idea' es un libro para la reflexión. Con él, los aficionados a los viajes tendrán la ocasión de moverse entre las bambalinas de este espectáculo emocionante que resulta viajar.



Edición a cargo de Pilar Rubio
La Línea del Horizonte, 2016
295 pp.





La aventura es…  La aventura es muchas cosas y todas ellas relacionadas con la inclinación a avanzar hacia lo desconocido, hacia los espacios donde reina la incertidumbre y por caminos en cuyo extremo se adivina una recompensa que justifica el riesgo.

La aventura es casi como la vida y ha formado parte del espíritu de los viajeros, de aquí que La Línea del Horizonte haya dedicado la atención a entrar más a fondo en el tema y a tratar de desvelar lo que se halla en las raíces de esa inclinación que ha empujado al hombre a atreverse más allá de lo conocido, más allá de la rutina o de lo convencional a lo largo de la historia.

Tantos son los espacios -intelectuales, geográficos, económicos…- por los que puede transcurrir la aventura y tantas las razones y los matices que están tras el motor que empuja a los hombres a emprenderla que no es fácil llegar a una conclusión que resulte de un solo punto de vista. De ahí que el libro que comentamos haya preferido presentarse como un compendio de escritos por parte de autores muy distintos que aportan tantas visiones como ángulos pueden encontrarse para abordar el tema.

Y de ahí también este sugerente ‘justo una idea’ que acompaña al título y que predispone al lector a ampliar sus horizontes para entender que el desafío que acompaña a la aventura tiene componentes diversas que modulan su naturaleza y la hacen distinta en cada caso. El aventurero, el profesional que saca un provecho económico de su empresa, no es lo mismo que quien se aventura con el ánimo de explorar lo desconocido o de descubrir sus propios límites. Lo que espera cada uno es distinto y lo que le empuja también.

Los filósofos se ocuparon de la aventura, lo mismo que los novelistas, antropólogos y sociólogos y que los viajeros que escribieron sobre sus propias experiencias. Por ello, el libro que nos ocupa ha reunido a unos cuantos de los autores más significativos interesados en el tema, eligiendo también una variedad de puntos de vista y de sensibilidades que ayudan al lector a contemplar un universo lo más amplio posible.

Los textos de Simmel y Vladimir Jankélévitch, entre los filósofos, comparten espacio con un escrito breve de Conrad, con las reflexiones de Carlos Muñoz, Fernando Savater o Rafael Argullol, por hablar de autores más próximos, y con las aportaciones de escritores más cercanos a la literatura de viajes actual como Javier Reverte, Patricia Almarcegui, Javier Cacho, Juan Pimentel….

La aventura, justo una idea es un mosaico de textos para la reflexión. Para entrar en el meollo de esa disposición que ha acompañado al género humano desde sus orígenes y que ha sido fundamental para alimentar el interés por viajar y por vivir, a través de la literatura, los complejos sentimientos de quienes cedieron al impulso de lanzarse a lo desconocido. Los aficionados a los viajes tienen en La aventura, justo una idea la ocasión de moverse entre las bambalinas de ese espectáculo que resulta viajar (o si se quiere vivir) para comprender un poco mejor aquello que lo mueve. Y tendrán la ocasión de ponerse en la piel de sus autores favoritos cuando, con un libro en las manos, viajen con ellos a través de sus relatos.

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martes, 29 de noviembre de 2016

Crónicas de Islandia, el mejor país del mundo

Crónicas de Islandia, el mejor país del mundo

John Carlin
La Línea del Horizonte, 2016
134 pp.

En 'Crónicas de Islandia' John Carlin ofrece al lector una visión sobre el país tan imprescindible como entretenida y amena.



John Carlin
La Línea del Horizonte, 2016
134 pp.





Islandia es un país excepcional. Se encuentra en el límite de los territorios habitables porque su clima extremo hace difícil la supervivencia en un ambiente frío y oscuro la mayor parte del año. Y por si ello fuera poco, su geología de carácter volcánico ha dado origen a un suelo cubierto de lava, allí donde el hielo y la nieve no se han instalado, que impide prácticamente todo cultivo además de hacer sumamente difícil la cría de ganado.

Los volcanes exterminaron con sus gases en varias ocasiones a buena parte de la población animal y humana. Estimularon la imaginación de Julio Verne, que situó en la isla el punto de entrada a su Viaje al centro de la tierra. Y crearon unos paisajes absolutamente extraordinarios que no paran de producir sorpresa en todos aquellos que viajan al país.

En Islandia los paisajes son tan llamativos que ocupan la atención entera de quienes la visitan. Pero conocer un país va mucho más allá de quedarse extasiado por lo que hay en su superficie, por una naturaleza que muchas veces se diría extraterrestre. Es también conocer a su gente y su modo de vida. Su pasado y sobre todo su presente.

Ocurre en Islandia que con sólo trescientos mil habitantes, concentrados casi todos ellos alrededor de su capital Rejkiavik, da muchas veces la impresión de ser un país deshabitado. Y el paso por Rejkiavik resulta el encuentro con una ciudad tranquila, de personas amables, con un dominio del inglés perfecto, que solo deja una huella pasajera en el visitante y una cierta sensación de envidia por la placidez que reina en todos sus rincones.

John Carlin ha ido más allá en estas Crónicas de Islandia y en lugar de hablarnos de paisajes decide hacerlo de personas, para bucear en lo que descubre que es una sociedad única, extrañamente feliz y próspera, segura de sí misma, culta, vital y creativa.

Carlin acude a Islandia lleno de curiosidad y con la mirada del periodista que quiere desentrañar el secreto de un pequeño grupo humano miserable hasta el extremo hasta bien entrado el s. XX y que ha conseguido unos niveles de desarrollo que la sitúan en los primeros lugares del mundo sea cual sea el índice desde la que se observe.

Encuentra en el país gente de espíritu extraordinariamente joven, con independencia de su edad. Gente sumamente comunicativa y abierta con quienes hablar. Y gente, sobre todo, satisfecha de ella misma y de su país. Quizás su primera sorpresa sea la disposición de todo el mundo a hablar con él, sea el político de mayor rango que lo recibe de manera cordial y sin afectación alguna, sea un escritor o cualquier otro personaje. Uno a uno, sus entrevistados desvelan unos rasgos de carácter que parecen compartir y que ayudan a dibujar una sociedad llamativamente viva.

"Vivimos -dice una de las personas con quienes se encuentra- desde hace mil cien años en una naturaleza extrema y exigente, aunque asombrosamente bella. Para sobrevivir tuvimos que luchar contra el frío y la oscuridad en una tierra en la que la agricultura se reduce a criar ovejas y alguna que otra vaca. Y sobrevivimos la mayor parte de estos mil cien años, aunque fuimos espantosamente pobres hasta hace cuarenta. Cuando yo era niño no veíamos la fruta. Siempre me quedaba con hambre salvo en Navidad. Siempre nos hemos considerado duros y curtidos, pero pese a ello hemos creado una cultura peculiar basada en el amor a la literatura. Eso es un islandés"

Muchos rasgos del carácter y las costumbres que apuntalan la sociedad islandesa parecen proceder de los vikingos. Con seguridad, lo más importante, según cuenta Carlin, ha sido la extraordinaria importancia que han tenido en todos los aspectos de la vida, doméstica y pública, las mujeres. Una sociedad mucho más equilibrada, más femenina, más rica en matices y en sensibilidad ha permitido llegar a lugares a donde una cultura masculina no hubiera alcanzado jamás. Y ha sido fundamental para sacar al país de la crisis.

El 'nuevo' libro de Carlin es en realidad un compendio de artículos que escribió para el diario El País y que se publicaron a partir de 2006. Los primeros hablan de una Islandia exultante y exitosa cualquiera que fuera el ángulo por el que se la viera. Una Islandia segura de sí misma e inconsciente de sus debilidades. Los últimos hablan de una crisis que rompió el espejo de la prosperidad sin límites y enfrentó al país y a sus pocos habitantes a una inesperada derrota. Quizás aquí es donde el papel de las mujeres resultó más decisivo y el carácter islandés probó de nuevo su capacidad para afrontar la adversidad.

En medio del inmenso trauma de una bancarrota, las mujeres ocuparon algunos de los lugares clave que hasta el momento habían ocupado los hombres, orientaron el país en una dirección más sensata, más sostenible, alejada de una ambición desmedida y absurda y mantuvieron el mismo espíritu coherente, confiado en los resultados del trabajo y emprendedor que había sostenido el país desde hacía siglos.

Carlin desvela con la frescura habitual que encontramos en todos sus escritos las interioridades de una sociedad tan particular como ejemplar. Una sociedad moderna, abierta y cordial que ha velado por la cultura y ha logrado la felicidad de sus miembros como ninguna otra. Conocer Islandia más allá de su asombrosa naturaleza es entrar en los hogares, en los lugares de trabajo y los despachos y conversar con su gente. El libro de John Carlin da ocasión de hacerlo y ofrece al lector una visión tan imprescindible sobre el país como entretenida y amena.

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lunes, 14 de noviembre de 2016

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Viaje al Ártico y cuatro relatos del norte

Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.

Un jovencísimo Conan Doyle embarca como cirujano en un ballenero. Está lejos de terminar la carrera de medicina y lo que más lo atrae es la aventura. En 'Viaje al 'Ártico' nos la cuenta



Arthur Conan Doyle
Confluencias, 2016
260 pp.





Si hubiera un club de personajes polifacéticos Conan Doyle pertenecería a él por méritos más que sobrados.
El creador de Sherlock Holmes y del doctor Watson fue muchas cosas más que eso, aunque ambos personajes fueron quienes le dieron la fama que ha mantenido hasta hoy. Es más, para el célebre escritor sus novelas de detectives fueron casi un accidente del que obtuvo más reconocimiento que satisfacción.

Al mismo tiempo que se iniciaba en la literatura como aprendiz, Conan Doyle cursaba estudios de medicina y tenía la mente menos puesta en los estudios que en la posibilidad de emprender una aventura que diera más emoción a su vida. Y la oportunidad apareció cuando, sin haberse licenciado aún, con sólo veinte años, le ofrecieron embarcarse como cirujano en un barco ballenero que faenaba en el Ártico. Estamos a finales del siglo xix y al comienzo de una carrera llena de éxitos y reconocimiento.

Pero aquí, en el libro al que nos referimos, el que cuenta su aventura es todavía un chaval, consciente de su bisoñez y encantado de haberse 'colado' en un entorno duro, en medio de un clima extremo y envuelto en una labor tan áspera como peligrosa.

Porque nuestro hombre, además de médico, se presta a actuar de arponero como el resto de la tripulación y a mezclarse en una actividad salvaje de persecución y de muerte sin tregua de focas, morsas y ballenas.

El joven Conan Doyle escribe un diario. Escribe para él y para su recuerdo. Un diario que da cuerpo este volumen que ahora publica Confluencias, en una edición que recupera el gusto por el libro objeto, de diseño esmerado y animado por los dibujos con que el propio autor ilustró su escrito.

Hablamos de dibujos que dan frescura al texto pero que reflejan también su tono. Un tono informal y con un punto ingenuo de quien sabe que a pesar de su puesto de cirujano y de su  relación cordial con el capitán, es más un grumete en una expedición compuesta por rudos marineros, que un igual en lo que a méritos y experiencia se refiere. Más tarde un Conan Doyle más maduro se alegraría de no haber tenido que atender ningún accidente grave, de los muchos que amenazaban la caza de las ballenas, con unos conocimientos médicos tan precarios como los que tenía cuando embarcó.

La exploración del Ártico la hicieron unas pocas expediciones de unos contados países europeos. Pero quienes se adentraron en el mar y mejor lo conocieron fueron los balleneros que persiguiendo a sus presas se adentraron hacia el norte entre témpanos de hielo, por los resquicios que dejaba abiertos la banquisa y tratando de avanzar más y más para llenar sus bodegas de aceite, carne y pieles de los animales que cazaban. La caza, sanguinaria y peligrosa era al mismo tiempo excitante y agotadora. La persecución de una enorme ballena echando botes al agua para acercarse a ella y arponearla, en un clima helador, administrando el riesgo y con la adrenalina a flor de piel era la cruz de una moneda cuya cara consistía en largos días de inactividad en un mar poco amigo, catalejo en mano a la espera de alguna señal que anunciara la presencia de un cetáceo.

Conan Doyle describe este ambiente, con poco que contar muchos días y con muchas observaciones y detalles sobre la pesca cuando había zafarrancho de combate y la tripulación entera salía en persecución de la pieza a la que se había puesto el ojo. Pero siempre con indicaciones sobre cómo era la vida en los balleneros, en los puertos donde la industria de la pesca de las ballenas era o había sido una actividad relevante y sobre la industria ballenera que estaba decayendo y en la que quedaban solamente escoceses y noruegos  cuando en los buenos tiempos, pocos años atrás, navegaban también por las aguas del Ártico holandeses, daneses, franceses y vascos.

Cierran el libro cuatro relatos más de Conan Doyle que recogen sus experiencias de ese viaje juvenil al Ártico que dio lugar a artículos en periódicos y conferencias de gran éxito y reconocimiento para el autor. Tres de estos artículos forman parte de estos relatos donde la narración deja de tener la forma de un diario y se vuelve màs explicativa. Y un corto episodio de la serie de Sherlok Holmes compone el cuarto, basado en un misterioso asesinato en el que se ve envuelto el capitán de un barco ballenero.

Mucho ha cambiado el asunto de las ballenas desde el momento en que Conan Doyle hizo su iniciático viaje y mucho también se ha avanzado en el conocimiento de un Ártico que se derrite y ha abierto vías navegables en un hielo que había permanecido intacto durante siglos y siglos. Pero por eso mismo se lee con interés lo que cuenta un testigo tan singular como nuestro autor al descubrirnos lo que fue un modo de vida y cómo era un territorio en los límites de lo conocido, a través de un viaje envuelto en penalidades, en una opaca incertidumbre y en un espeso misterio.

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viernes, 28 de octubre de 2016

Japón, el paisaje del alma

Japón, el paisaje del alma

Rudyard Kiping y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.
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Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad.


Rudyard Kiping y Inazo Nitobe
Círculo de Tiza, 2016
410 pp.






Dos textos dan vida a este libro magnifico que el lector verá como un regalo para la vista, para el tacto y para la lectura. Un libro cuidadísimo y lleno de sensibilidad que encaja a la perfección con el tema del que trata: Japón y su personalidad singular, llena de sutilezas y de refinamiento.

Hablamos de dos textos publicados ya en otras ocasiones, porque se trata de clásicos, de dos visiones contemporáneas pero desde ángulos totalmente distintos, escritos con intenciones y con un interés diferentes y por autores cuyas trayectorias poco tienen que ver, aunque quisieron ambos dar a conocer Japón a sus lectores y trasladar a occidente los secretos de un país y de una cultura muy poco conocida. Escriben ambos a finales del siglo XIX cuando Japón se abre al exterior después de haber estado encerrado dentro de sus fronteras, aislado y con la voluntad activa de evitar el contacto con el mundo que lo rodeaba.

Como introducción, cuenta el prólogo del libro lo siguiente: "el 11 de febrero de 1889 se promulgó la primera Constitución japonesa, destinada a acabar definitivamente con el régimen feudal que había imperado durante siglos en el país, proclamando la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. A las pocas semanas arribó al puerto de Nagasaki el joven periodista angloindio Rudyard Kipling, quien hacía escala en Japón como parte de un largo periplo que lo llevaría hasta Estados Unidos, escribiendo crónicas de sus impresiones para el diario hindú The Pioneer.  (...) Por aquellos días, en la ciudad alemana de Bonn, un joven economista japonés se proponía escribir un libro que le ayudara a explicar a sus amigos europeos y norteamericanos, y a su futura esposa Maty Elkinton, los principios que regían los valores morales del Japón tradicional, tan ajenos y difíciles de entender para la mentalidad de Occidente."

El resultado del propósito de cada uno iba a ser dos textos que han conservado todo su interés hasta hoy. De la narración de Kipling hemos hablado aquí y con elogios. Ya poco queda, en la superficie, del Japón tradicional que él encontró y que se hallaba ya en el curso de una transformación profunda que conduciría al país hasta la modernidad. Pero mirando al Japón de hoy y más allá de su epidermis, el lector reconoce en lo que cuenta Kipling una cultura, una sensibilidad y unas formas de vida que definen todavía al país oriental.

El economista japonés del que habla el prólogo es Inazo Nitobe, nacido en el seno de una familia aristocrática, diplomático y que ocupó el puesto de subsecretario de la Sociedad de Naciones. Su texto busca resumir de forma clara los elementos culturales y morales que sostuvieron a esa institución que vertebró el Japón feudal que fueron los samuráis. Hombres con inclinación militar que constituyeron una aristocracia y que cultivaron un complejo código de virtudes, derechos y obligaciones y que definieron un entorno espiritual que acabó por marcar la cultura entera de Japón y establecer los principios de las relaciones por las que debían regirse los miembros de la sociedad.

El Bushido, que es el nombre por el que se conoce el texto de Nitobe, está, como el texto de Kipling, cargado todavía de interés y permite penetrar en lo más profundo del alma de Japón, en su compleja sutileza y en muchas de las costumbres y de las formas del comportamiento de los japoneses que siguen aún vivas.

Casi tanto como el contenido de lo que relatan los autores, llamará al lector la atención la personalidad de los autores mismos. Kipling tiene solamente 23 años cuando pisa Japón y sorprende su agudeza, la madurez y la profundidad de su mirada. Y Nitobe, poco más mayor, impresiona por su conocimiento de la cultura occidental y por esa erudición que le permite citar a autores contemporáneos y clásicos europeos para trazar paralelismos y diferencias entre Japón y occidente y para transmitir las ideas llenas de contradicciones y matices que sostienen el universo de la cultura samurái en términos y utilizando conceptos familiares a los occidentales para facilitar su comprensión.

Japón, el paisaje del alma es un libro singular, agradable de sostener entre las manos. Y representa una excelente ocasión para regresar a las raíces de Japón y a su cultura, siempre llamativas y nunca acabadas de asimilar por quienes las contemplamos desde la lejanía como algo ajeno, sutil y complejo al mismo tiempo.

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lunes, 10 de octubre de 2016

El africano de Groenlandia

El africano de Groenlandia

Tété-Michel Kpomassie
Turner, 2016
324 pp.

El africano de Groenlandia es la extraordinaria aventura de un adolescente, salido Togo y obsesionado por Groenlandia, a lo largo del viaje a un mundo desconocido y sorprendente que cautivará al lector.


Tété-Michel Kpomassie
Turner, 2016
324 pp.





Es hora de agradecer a Turner su extraordinaria y a la vez selecta colección de títulos en el ámbito de la literatura de viajes, que no para de ampliar para gusto de los aficionados al tema. Un género extenso, el de los viajes, de confines difusos, donde conviven a gusto la cultura, la historia, el encuentro con países y con gentes diversas, la exploración y otros asuntos cuyo denominador común podría resumirse en el hecho de que ensanchan nuestro conocimiento del mundo.

Le toca ahora el turno a una aventura del todo singular a la que, desde mi punto de vista, el título no hace justicia ni tampoco el prólogo. Pero que me apresuro a adelantar que merece la pena leer y que va a sorprender y a entretener al lector. Hablamos de Un africano en Groenlandia.

He empezado diciendo que el título no hace justicia al libro porque en mi opinión se queda en la anécdota, remite a un hecho caprichoso, por no decir absurdo, cuando la realidad va mucho más allá. El libro es el relato de una aventura extraordinaria que abrirá los ojos al lector sobre realidades que seguramente desconoce, la de la vida cotidiana en Groenlandia y también la de una comunidad tradicional en África, alojada en chozas, cuando el barro y la selva no habían todavía sucumbido bajo el dominio del asfalto y el hormigón.

Y aviso también sobre el prólogo que de puro intelectual puede transmitir un mensaje confuso sobre lo que el libro es y no es. Digamos ya que el libro del que hablamos no tiene nada de intelectual, si por ello se entiende condicionado por conceptos académicos o científicos de ninguna clase. Justamente ese es uno de sus grandes atractivos, una sorpresa para el lector y el origen de una admiración hacia el autor que irá creciendo a lo largo de la lectura.

Tété-Michel Kpomassie ha sido galardonado con un importante premio literario en Francia, ha sido finalista del premio Thomas Cook de libros de viajes, ha dado conferencias y escrito en periódicos... y sin embargo, sus orígenes fueron los de cualquier niño africano nacido en un entorno tradicional. Su libro empieza ahí, porque es ahí donde comienza su aventura, entre cocoteros y serpientes, en una familia numerosa con un padre, unas cuantas madres y una caterva de hermanos. Y con una educación, si por educación entendemos escuela, mínima. Poco más que leer y escribir.

Con estos mimbres, a los dieciséis años, nuestro autor abandona, sin recursos de ninguna clase, su casa con el único objetivo de conocer Groenlandia de donde ha tenido noticias a través de un libro que cayó en sus manos. Y con extraordinario afán y también inteligencia consigue su propósito de alcanzar la gran isla helada al borde de Norteamérica. Su libro relata esta prodigiosa aventura. La de su infancia primero, la de llegar a Groenlandia y, finalmente, la de la vida en un lugar tan inhóspito durante un año conviviendo con los habitantes de los lugares donde se fue estableciendo y compartiendo sus casas, su comida y sus actividades como uno más.

Transparencia podría ser el término que mejor define la mirada de Tété-Michel Kpomassie en todo lo que cuenta. La transparencia propia de un diario donde se anota lo que los ojos ven, las incidencias de cada día, las anécdotas y las sensaciones más simples. Ninguna pretensión  de hacer antropología sobre un pueblo extraño ni de interpretar las costumbres o las formas de vida de los esquimales con los que vive. Porque en la distancia que separa a su Togo natal de su nueva tierra de acogida, las diferencias son tan enormes que sólo hay espacio para describir la vida, para sorprenderse del clima, para interesarse por la pesca y por la caza, para darse cuenta de hasta dónde llega la hospitalidad, para ver cómo discurren los amoríos, las fiestas y el infinito y enloquecedor aburrimiento del otoño cuando el día se acorta y el hielo todavía no ha hecho su aparición sobre el mar para cubrir el paisaje entero.

Sin querer, el lector acabará dándose cuenta de que se encuentra ante dos relatos igualmente apasionantes: el que cuenta la vida de quienes viven en Groenlandia y el que cuenta la aventura del autor a lo largo de esa prodigiosa pirueta que ha sido salir de Togo y vivir a lo largo de un año en el lugar más frío e inhóspito del planeta. Tété-Michel Kpomassie se escapa sin avisar de su casa a los dieciséis años y regresa a los veintisiete. Es muy joven todavía pero su viaje ha sido extraordinario. Regresa, naturalmente, para no quedarse porque ha visto demasiado mundo para permanecer quieto en un lugar, pero vuelve a África para contar su aventura en escuelas y salas de conferencias para animar a la juventud africana a salir de su mundo y a mirar al exterior. Para decirles que la exploración del mundo y del conocimiento no era solo cosa de blancos sino una oportunidad abierta a todos que había que aprovechar.

Esto ocurría en los años sesenta del pasado siglo. Pero el relato que el autor hace de su aventura sigue vivo. Cautivó entonces a expertos de instituciones muy diversas y dio lugar a un libro magnífico que se reedita ahora

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jueves, 15 de septiembre de 2016

La forma de las ruinas

La forma de las ruinas

Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2016
553 pp.

En "La forma de las ruinas" Juan Gabriel Vásquez bucea en el lado oscuro de Colombia a través de una novela que confunde al lector que no sabe si está ante una realidad o una ficción.



Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara, 2016
553 pp.





Nada es lo que parece. Y si hablamos de Colombia, cuando la paz con la guerrilla no estaba ni en el horizonte, menos. La historia reciente de Colombia se desarrolla en el desbarajuste. Atentados, mentiras, corrupción, actividades ilícitas, desórdenes... son las piezas que dan forma al rompecabezas que ha compuesto la realidad del país. O que más bien la ha descompuesto. De ahí que la confusión que rodea a los hechos haga de Colombia un país todavía menos claro de lo que en la superficie parece.

Juan Gabriel Vásquez, uno de los escritores colombianos de más éxito, entra en este terreno oscuro de las entrañas de la historia y se sumerge en el mar de las dudas. Dudas y posibilidades, no aclaradas, que afronta quien rasca un poco en los acontecimientos que se sucedieron en el siglo XX y que nos llevan hasta la Colombia de hoy.

Vásquez habla en primera persona y construye, a través del libro, una especie de autobiografía. O mejor, escribe la crónica de unos acontecimientos de los que es testigo y de los que habla en primera persona, como si al hacerlo, al contar los recovecos por los que discurren los hechos y explicar cómo los va desentrañando para sacarlos a la luz, legitimara con mayor fuerza la veracidad del relato. Se diría que Vásquez emprende y se ve envuelto en una aventura detectivesca que lo pone en relación con el pasado y con alguno de sus episodios más oscuros.

El asesinato -totalmente real- de un candidato a la presidencia del gobierno ocurrido en 1948 y la explicación oficial que se da a su muerte sirve para tirar de un hilo que es en realidad una colección de cabos sueltos de donde nacen toda clase de sospechas. Sospechas que por otros caminos adquieren tintes de realidad y que quedan sepultadas por quién sabe qué intereses ocultos.

El detalle de la narración, los hechos ocurridos hace tiempo y los que ocurren ahora para dar argumentos y pistas al autor sobre los que construir su relato y la gravedad de sus descubrimientos llevan al lector a dudar de si la misma mentira que rodea la política de Colombia no flota también sobre el libro. La teoría de la conspiración que ha servido para construir la Colombia actual hace preguntarse al lector sobre la objetividad de lo que nos cuenta Vásquez y le hace dudar de si esta autobiografía no será un juego.

Pero Colombia no es un país fácil. Han ocurrido demasiadas cosas como para descartar que haya habido conspiraciones numerosas y que la conspiración no haya sido un método sistemático que ha condicionado la conducta del poder en el país, lo mismo que las mafias o los cárteles lo han hecho en otros lugares. El inmenso poder del narcotráfico, la opacidad que ha rodeado al ejército, la cotidianidad de los secuestros durante mucho tiempo, la impunidad general que ha ocultado tantos y tantos delitos da alas al relato de Vásquez, que duda él mismo de si lo que ve y lo que le cuentan ha ocurrido de verdad o es el resultado de alguna obsesión.

A punto de terminar el texto, Vásquez reconoce. "No sé cuándo comencé a darme cuenta de que el pasado de mi país me resultaba incomprensible y oscuro, un verdadero terreno de tinieblas, ni puedo recordar el momento preciso en que todo aquello que yo había creído tan confiable y predecible se empezó a convertir en un lugar de sombras(....) Todo esto que yo creía tan claro (...) resulta ahora lleno de dobleces y de intenciones ocultas , como un amigo que nos traiciona".

Colombia parece abrir el cofre de sus secretos de la mano de Vásquez, a lo largo de un intrigante relato que encadena hechos reales de los que existe abundante documentación con agujeros negros que dan pie a múltiples suposiciones. Agujeros negros que son de suma importancia porque, como el lector confirma al final, resultan los huecos por los que entra en escena el novelista para deslizar elementos de ficción que descubren que no todo lo contado era cierto y que hemos estado en realidad ante una excelente novela.

Vásquez al final lo deja claro para declinar cualquier responsabilidad que pudiera nacer de la duda. La forma de las ruinas es una obra de ficción. Los personajes, incidentes, documentos y episodios de la realidad, presente o pasada, se usan aquí de forma novelada y con las libertades propias de la imaginación literaria. El lector que quiera encontrar en este libro coincidencias con la vida real lo hará bajo su propia responsabilidad". No se puede ser más claro, a menos que el lector se haya apuntado él también a la teoría de la conspiración y entienda que la aclaración del autor no es otra cosa más que una cortina de humo.

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