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lunes, 14 de diciembre de 2015

Historia de Inglaterra

Historia de Inglaterra

André Maurois
Ariel, 2015
620 pp.

¿A alguien le suena la batalla de Hastings? Bien, tanto si la respuesta es que si como si es que no, va a ser un disfrute leer esta "Historia de Inglaterra" que se ha convertido en un clásico.


André Maurois
Ariel, 2015
620 pp.






Seiscientas veinte páginas de historia pueden parecer muchas para quienes nos hemos acostumbrado a la brevedad que imponen la información en internet y el protagonismo que les hemos dado a los titulares. Pero quien empiece el libro verá enseguida que despierta el interés del lector desde la primera página y que solo arrancar le sugiere unas cuantas ideas que le llamarán la atención y le moverán a seguir leyendo.

Es muy probable que una buena parte del secreto del libro esté en el perfil del autor. Empecemos diciendo que André Maurois no es historiador. Lo suyo es la novela. Y digamos también que quizás es esto lo que lo hace tan atractivo y lo que explica que esta historia de Inglaterra figure entre los clásicos. La Historia de Maurois es tanto una historia como una interpretación de la historia. Es cierto que todas las historias son ambas cosas, pero en el caso que nos concierne el lado de la interpretación tiene más peso y seguramente por ello el libro tiene tanto interés.

El discurso de Maurois es casi el de un profesor ocupado tanto en desvelar la línea argumental del devenir de Inglaterra como su entorno para situarla en contexto, hacerla más inteligible y proyectarla en un espacio tan amplio que consigue ponerla en relación con los intereses que preocupan hoy. La Historia de Inglaterra de Maurois es también una introducción al presente.

¿Quién mejor que un francés para narrar de un modo distinto el curso de la historia inglesa? ¿Quién mejor que alguien del continente para percibir la extraordinaria importancia que tuvo para Inglaterra el ser una isla? Porque Inglaterra, cristiana, que conserva su conocimiento en latín como heredera también de Roma, es tan europea como Francia o Alemania y sin embargo emprende un desarrollo en lo político y en lo económico singular y que se adelanta a cualquier otro país de su entorno. En Inglaterra nace la democracia moderna, se inicia la industrialización y se construye un imperio que llegará al siglo XX con una vitalidad que no tendrá competencia.

La insularidad que convierte a los ingleses en ciudadanos de un mundo aparte y permite, tras la tormenta que los deja incomunicados de Francia, aquella frase célebre de 'El continente aislado' es la misma que los protege y les permite ensayar lo que ningún otro país ha podido todavía. Maurois, que busca las causas de que Inglaterra haya tenido un desarrollo tan distinto al de Francia, explica que "Inglaterra, resguardada de las invasiones extranjeras por su cinturón líquido (...), no tiene como preocupación básica la de proteger sus fronteras contra la invasión ni sus provincias contra la anarquía, sino la de defender la libertad, la prosperidad y la religión de sus súbditos contra los ataques de un gobierno arbitrario."

Y ahí empieza la andadura hacia ese experimento que es encontrar una forma de gobierno novedosa donde el pueblo tenga la primera palabra.  Los ingleses pueden sacudirse el peso del gobierno de un rey, que los protege menos de lo que los oprime, porque no exigen buena parte de esa protección y pueden permitirse un estado débil desde el que construir un sistema moderno basado en un parlamento que los representa.

La Inglaterra primitiva y celta, invadida por las tribus sajonas con orígenes nórdicos gira hacia Europa en un episodio fundamental para el país y para el continente. ¿Habían ustedes oído hablar de la batalla de Hastings? Bien, tanto si la respuesta es que si como si es que no, disfrutarán con esta Historia de Inglaterra con la que sin duda ampliarán su conocimiento del país y hallarán muchas pistas para descubrir las raíces del presente.

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viernes, 31 de enero de 2014

Capital

Capital

John Lanchester
Anagrama, 2013
608 pp.

Haciendo un guiño a El Capital de Marx, Lanchester, con toda la socarronería, juega con la capitalidad que enaltece a Londres y con la crítica feroz al sistema de valores que la sostiene ...



John Lanchester
Anagrama, 2013
608 pp.





Londres. ¿Cómo es hoy Londres, cómo es su gente, qué les mueve todas las mañanas al levantarse, cómo son sus vecinos, en qué piensan? Hay un montón de novelas que, cada una a su manera, podrían dar respuesta a estas preguntas. Novelas ambientadas en la ciudad y en una época para ofrecer un fresco de la vida de sus habitantes, de sus preocupaciones y de su particular manera de ser. Y Capital podría ser una más entre todas ellas. Una más, aunque hay que decir que muy  especial y singularmente amena.

Capital es una caricatura del Londres de hoy. De un Londres que podría ser cualquier otra capital, al menos en algunos aspectos, porque la globalización nos ha hecho a todos sino iguales muy parecidos. Las caricaturas, las buenas caricaturas, si son ácidas mucho mejor. Y Capital lo es. Y si el lector conoce las claves para sacarles el jugo a las distorsiones con las que el autor redibuja la realidad para exagerarla, mejor todavía. Y el lector dispone de ellas porque si de algo sirve la globalización es para que nos parezcamos cada vez más los unos a los otros.

Una calle en un barrio cualquiera de Londres sirve de escenario al arranque de la novela. Una calle que ha ido a más y que por ello reúne a vecinos de extracciones muy distintas: una viuda anciana que ha vivido allí toda la vida, un ‘broker’ envuelto en los tejemanejes del dinero en la city, una estrella en potencia del fútbol llegado de un país africano con un contrato millonario, el tendero de la esquina, musulmán y con una corte de parientes…

John Lanchester, el autor, es un virtuoso de sacarle punta a las situaciones y de ir extendiendo la trama como se extiende la mala hierba, lenta pero inexorablemente. Poco a poco, la pequeña colección de personajes con los que arranca la novela se va ampliando y da entrada a otros nuevos que van complicando el argumento, o mejor los argumentos porque hay muchos. Y sin que el lector se de cuenta crean lo que es el ‘suelo’ sobre el que se apoya la novela: el caos.

Pero no. No es un caos espectacular y explícito. Es un caos interno, subterráneo, esencial que conduce la realidad al absurdo y que crea en el lector la sensación de que va a ser inmanejable. Es decir, como la realidad misma. Caos en la entrega de los pedidos por Internet, caos en el metro, caos en el despertar del tendero, caos en la vida de nuestro futbolista arrancado de un pueblo de África por un club de primera división de Londres, caos en las cuentas del broker con un nivel de vida tan estratosférico como insostenible.

La visión de John Lanchester es cínica y coloca al lector ante acontecimientos que conoce por los periódicos o por su propia experiencia. Lo coloca ante estas situaciones que forman todas juntas los polvos de los que acaban por salir estos lodos que componen el paisaje de todos los días. Con habilidad y con un humor que está siempre presente en el libro, Lanchester extiende hasta el dominio de la moral el caos que parece gobernar el mundo físico y la sociedad. Otra vez un caos sutil, digamos incierto, confuso mas bien, pero suficiente para dibujar una realidad perversa donde no se sabe dónde están los ‘buenos’ y todos quedan marcados por el ridículo de llevar en su interior mucho de lo que hace malos a los ‘malos’.

La sociedad desaforadamente opulenta de la que venimos está en el origen de este Londres jocosamente desquiciado que encontramos hoy. ‘Había algo básicamente fallido –dice Lanchester- en una cultura que disponía de tanto trabajo y tanta riqueza sobrante, (…) casi como si el dinero cayera del cielo”.  Una cultura que ha creado a este monstruo a mitad divertido y a mitad despiadado que son estas sociedades que nos dan cobijo.

Marx escribió el más exhaustivo análisis crítico del capitalismo de su época y lo llamó El Capital. Lanchester, con toda la socarronería, ha jugado con la ambigüedad de la capitalidad que enaltece a Londres y de un análisis igualmente radical del sistema de valores y de la economía que tortura a la gran ciudad. Quien quiera asomarse a la catástrofe con una sonrisa y alguna que otra carcajada tiene ahora la mejor ocasión para hacerlo.

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domingo, 4 de mayo de 2008

Londres victoriano



Juan Benet
Herce, 2008
211 pp.





No es un libro para quien desee encontrar una guía de monumentos, barrios o calles construidos en la capital inglesa a lo largo de la mayor parte del s. XIX. Pero sí será la lectura indicada para quien -como parte de una visita a Londres o para satisfacer su curiosidad- quiera asomarse a un pasado reciente y conocer muchos de los elementeos que dieron a Londres la personalidad y la grandeza de la que presume hoy.

Londres victoriano goza, de entreda, de un atractivo especial. Su autor, Juan Benet, es un escritor sobresaliente que marca con su estilo y su personalidad el libro desde la primera página. Probablemente es este rasgo de escritor el que le permite tomar distancia respecto a los hechos e interpretarlos de forma que el lector reconoce tan certera como poco complaciente con lo que acostumbra a conocerse como la "versión oficial".

Bonet avisa para no llevar al lector a engaño:
"Me reconozco culpable de no haber hecho un plan previo, de no haber ponderado la importancia de los diferentes acontecimientos y personajes, para dar cuenta solamente de los más sifninficartivos y haberme atenido, a la falta de una regla más rigurosa, a mis particulares conocimientos y preferencias. El resultado puede ser muy arbitrario y muy poco formativo pero me conformaría con que fuese ameno, una virtud que rara vez logro conseguir."

Benet lo consigue: consigue ser ameno. Y , por supuesto, consigue ser formativo aunque en una línea no del todo ortodoxa. En todo caso, y con esta declaración de principios, el lector se acerca a Londres y al reinado de la reina Victoria sabiendo que la voz irónica de Juan Benet lo alejará de las alabanzas sin fisuras a la ciudad y a la más grande de las reinas modernas, para ajustar a ambas las cuentas con una realidad menos gloriosa y más humana también de lo que se ha escrito.

Para empezar, se entera el lector de que Londres, a principios del s. XIX era poco menos que una aglomeración pueblerina, desordenada, carente de atractivos para los propios ingleses y donde las dificultades para vivir eran mucho mayores que cualquiera de las ventajas.

Empezar desmitificando a Londres es el mejor tributo a la ciudad que antes de terminar el siglo se ha convertido en la capital del mundo. Y recorrer esta trayectoria insólita siguiendo el hilo del reinado de Victoria supone ir dosificando los acontecimientos y las razones que hacen posible esta evolución mucho más allá que una historia contada como acumulación de riqueza y de colonias.

La compleja evolución de la política en la época victoriana la administra Benet con soltura para hacerla explicativa y no confusa. Pero sobre todo la salpica de personajes, sucesos y anécdotas que la bajan de las alturas para ponerle el contrapeso de realidad y de humildad que convierten en medio-caricatura lo que desde la versión oficial aparece como cosa de dioses.

La evolución de los movimientos artísticos y de algunos de los personajes que anduvieron tras ellos, sin aura alguna de mitificación, la construcción casi heróica de las grandes obras públicas, la hipocresía de una sociedad sujeta a normas tan absurdas como imposibles, las diversiones, las grandes aspiraciones de la sociedad, las distintas guerras... forman un sinnúmero de escenas y de temas que pasan frente al lector y que componen una historia convincente y curiosa para explicar con mucho más acierto que cualquier tratado histórico lo que se cuece en el Londres y en el mundo de la época.

Londres victoriano ayuda a conocer Londres, pero también hace un retrato a base de reflejos de la reina Victoria. Un retrato que resulta favorecedor. Un Juan Benet sin deudas ni tributos hacia la reina podía haber compuesto un personaje más próximo a la imagen mohina, encorsetada y falta de atractivo que ha prevalecido en España y con la que se la mira en la actualidad. Pero no ha sido así. La reina que se va dibujando en el curso de la lectura es un peronaje sólido, prudente, merecedor de respeto y de afecto. Es, en última instancia, la artífice de este Londres majestuoso e inigualable que sobreponiéndose a pequeñas historias y a realidades indignas se convirtió en la capital del mundo y sigue, hasta el día de hoy, causando admiración.

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lunes, 21 de abril de 2008

Naturaleza virgen



Robert MacFarlane
Alba, 2008
348 pp.




La búsqueda de lugares salvajes, intactos, ha sido siempre uno de los impulsos de las exploraciones y los viajeros más intrépidos. Es una búsqueda asociada a parajes remotos, condiciones extremas y experiencias físicas. Con este espíritu comienza su viaje Robert MacFarlane, que se propone descubrir los lugares salvajes que sobreviven en la muy poblada y civilizada Gran Bretaña.

En sus propias palabras:
“Decidí además que en el curso del viaje dibujaría un mapa para compararlo con el mapa de carreteras. Un mapa en prosa que devolviera la visibilidad a algunos de los lugares salvajes del archipiélago o al menos los registrara antes de su extinción. Confiaba en que mi mapa no conectara ciudades, pueblos, hoteles y aeropuertos. Relacionaría por el contrario cabos, acantilados, playas, cumbres, sierras, bosques, desembocaduras fluviales y saltos de agua. Este libro es ese mapa.”

Sus vagabundeos por montañas, picos y marismas van cambiando su perspectiva de los lugares salvajes (Wild Places literalmente lugar salvajes es el título original). Armado con la intrepidez de un montañero y la sabiduría de un estudioso, Mac Farlane es un guía que tiene respuestas para todas las preguntas y enseña con sencillez y sin un átomo de pedantería por qué algunos árboles enrojecen en otoño y qué fenómeno físico hace que en determinadas zonas el aire sea más transparente. Pero además introduce referencias culturales muy variadas, que enriquecen la naturaleza y la pueblan con recuerdos, experiencias y voces de las personas que lo amaron o vivieron en él. En el libro aparecen los poemas que compuso Auden, la pasión por los árboles de El barón rampante de Italo Calvino y la profunda resonancia que despiertan en cada uno de nosotros determinados lugares.

Es esta mezcla de multiples disciplinas y fuentes, esa mirada a la vez cultural y de experiencia física, la que hace apasionante el libro, que además se lee con facilidad y es muy ameno. Mac Farlane elogia la fuerza de la naturaleza para superar nuestros destrozos –en los estanques de refrigeración de Chernobil nadan ahora siluros de 25 centímetros y por la desierta ciudad merodean manadas de lobos, alces, ciervos y jabalíes – y descubre que la naturaleza está en todas partes, no solo en los lugares salvajes y remotos. En las últimas páginas del libro escribe
“Mi percepción de la naturaleza se había modificado o se había ampliado a medida que me desplazaba hacia el sur. Mi visión inicial de un espacio natural como un lugar remoto, sin historia y sin huellas, me parecía ahora impropiamente parcial.”

Naturaleza virgen desprende amor por la naturaleza y reflexiona con sensatez sobre su importancia en nuestras vidas individuales. Es una placentera introducción a los libros sobre la naturaleza, escasos y poco reconocidos en nuestro país, pero con una larga tradición en otros países.

Sobre Robert Mac Farlane la editorial ha escrito:
Robert Macfarlane, nacido en 1976, es miembro del Emmanuel College de Cambridge. Es colaborador habitual de Times Litterary Supplement, London Review of Books, The Sunday Times y The New York Times. Su primer libro, "Las montañas de la mente" (publicado en esta misma colección, TRAYECTOS, 2005), obtuvo, entre otros galardones, el Premio al Mejor Primer Libro del año 2003 otorgado por The Guardian, y fue elegido Libro del Año por The New York Times y The Economist. Fue asimismo la base de un documental de la BBC. Sobre "Naturaleza virgen" la prensa ha dicho: «Un escritor poderosamente dotado para la descripción» (The Sunday Times); «Es un libro que respira el zeitgeist, así como el aire fresco, del campo abierto» (The Guardian); «Hermoso e inspirador… Un libro profundamente emocionante» (The Independent).

Una interesante entevista (en inglés) en The Guardian

Reseña de la editorial
El nuevo libro de Robert Macfarlane cubre de forma autobiográfica el interés y la búsqueda de la naturaleza salvaje, en una crónica de experiencias en zonas remotas principalmente de Escocia e Irlanda. Pintores, escritores, fenómenos atmosféricos, datos geográficos, aves migratorias, tipos de minerales... todo ello respalda un brillante discurso sobre el amor del hombre a la naturaleza.. 

Paisajes descritos con la intensidad que sólo puede surgir de la experiencia se combinan con la historia de las gentes que los visitaron, poblaron o admiraron. El recorrido guarda innumerables misterios, inesperadas sorpresas: hay también un «paisaje invisible» en una raíz que rompe el asfalto de la carretera o en la hierba que crece en una fábrica en ruinas. «Hay tanto por aprender en media hectárea de bosque de la periferia de cualquier ciudad como en la inhóspita cumbre del Ben Hope.»


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